domingo, 22 de julio de 2018

Uzbekistán. En el corazón de la Ruta de la Seda 1/2

Uzbekistán es sin duda el lugar más exótico que hemos visitado en nuestros viajes. Alejado de todo el turismo masificado, tiene sin embargo una rica historia y una vistosa arquitectura heredada de cuando sus ciudades eran parada obligatoria en una de las rutas comerciales más longeva y provechosa de la historia de la humanidad: la Ruta de la Seda. Desde la irreductible Khiva a orillas del desierto, hasta la suntuosa Samarkanda, las ciudades de Uzbekistán se alzan orgullosas de su herencia, festoneadas de increíbles mezquitas, madrazas y minaretes cuyas brillantes cúpulas azules reflejan como espejos la abrasadora luz del sol que azota estas tierras.

Nota: El viaje a Uzbekistán, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca, Lourdes y Josep Maria
Duración del viaje: 8 días
Fecha: Julio de 2011

Destinos visitados: Tashkent, Khiva, Bukhara y Samarkanda.
Transporte: Avión y autobús.

Descripción del viaje

Este viaje era una prueba en sí mismo. Primera vez que íbamos a un lugar tan poco turístico, primera vez que hacíamos un viaje programado en su sentido más estricto (con todas las visitas programadas y sin apenas tiempo libre) y primera vez que yo personalmente viajaba con los suegros. Debo reconocer que no las tenía todas conmigo cuando partíamos desde Barcelona. Pero la verdad es que fue un viaje maravilloso, que siempre recordaré con cariño.

El primer día del viaje lo gastamos en el avión. Vuelo a Tashkent desde Barcelona con escala en Estambul. Salíamos al mediodía de El Prat y aterrizábamos a Tashkent pasadas la una de la madrugada, llegando al hotel pasadas las dos, para intentar dormir lo máximo que pudiéramos antes del día siguiente, en el que empezábamos a ver cosas bien temprano.

Miércoles 11-7-2011 - Tashkent y viaje a Khiva

A primera hora de la mañana nos dirigimos hasta el complejo arquitectónico Khazrati Imam que contienen prácticamente todas las joyas arqueológicas de la ciudad. Fue nuestro primer contacto con este tipo de arquitectura y, aunque una vez finalizado el viaje hay que reconocer que no son ni mucho menos las más espectaculares del país, he de reconocer que en aquel momento me sorprendieron mucho.

Quizás el edificio más conocido del complejo es la Madraza Barak Khan, construida en el siglo XVI por un descendiente de Tamerlán. Un muro de mosaicos azules e inscripciones coránicas da paso a un jardín de rosales a cuyo alrededor se agolpan 35 hujra (celdas para estudiantes).

Justo en frente de Barak Kan, se levantan la Mezquita del jeque Tilla y la madraza de Muy-Muborak. La primera es famosa porque, según reza la leyenda, guarda en sus paredes el cabello de oro del profeta Mahoma. La segunda lo es por conservar en su interior el Corán del Califa Osmán, uno de los incunables más sagrados del islam, que data del siglo VII y está escrito sobre piel de ciervo.

Por último, a apenas unos metros se encuentra la espectacular tumba de un santo del islam, Kaffal Shashi. La tumba no es la original si no una reconstruida en el siglo XVI y no se trata sólo de una tumba simple si no de un bello complejo que incluye su propia mezquita, celdas, jardines y altar.

La visita al Khazrati Imam nos llevó toda la mañana y de allí nos fuimos a comer a un restaurante italiano (de los pocos sitios que no eran de comida local que pisamos en el viaje).  Después de la comida, nos encaminamos al Bazar Chorsu, o bazar de los cuatro caminos, el mercado y lugar de encuentro principal de la capital y uno de los bazares más antiguos de Asia, del que se encuentran registros desde la Edad Media. El mercado se divide en tres secciones principales: comida, artesanía y ropa, de la que nos impresionó lo colorido de la parte de alimentos, con sus innumerables paradas llenas de frutas, especias y frutos secos. Además el bazar se encuentra en el medio de un pequeño complejo arquitectónico que data de los siglos XVI - XVIII y que incluye la madraza de Kukeldash y la mezquita Khodja Ahrar, que también procedimos a visitar.

Estuvimos un buen rato por la zona del bazar y desde allí el autobús nos recogió para ir directamente al aeropuerto, pues a media tarde salía nuestro vuelo para Ugrench. A la llegada a esta ciudad, nos esperaba otro autobús que nos condujo a Khiva, nuestro siguiente destino. Pero como era ya de noche a nuestra llegada, aprovechamos para cenar e irnos a dormir todos pronto y dejar la visita para el día siguiente al amanecer.

Jueves 12-7-2011 - Khiva y viaje a Bukhara

En Khiva nos levantamos al despuntar el alba, siguiendo la sugerencia de nuestro guía, que nos indicó que visitar la ciudad de madrugada era espectacular. Así, cuando toda la ciudad aún dormía, salimos de nuestro hotel, situado a apenas 300 metros de la ciudad histórica y nos acercamos caminando a las imponentes murallas que bordean la Itchan Kala, la antigua ciudadela interior fortificada. 

Bordeamos parte de los más de 2 kilómetros en los que se extiende esta enorme muralla de adobe, de unos 10 metros de altura y 5 de espesor, para acabar accediendo a la ciudadela por sus puertas occidentales, desde la que se accede a la calle principal de la ciudad, donde se agolpan los principales monumentos.

A esa hora de la mañana, nos limitamos a pasear tranquilamente por sus vacías calles, mientras los primeros rayos del sol empezaban a reflejarse en las azules cúpulas. Nos encontrábamos gente durmiendo en la calle, sacaban la cama a la puerta de su casa y dormían allí porque la temperatura allí era bastante fresca y agradable, más que los recalentados interiores de las casas que habían acumulado toda la solana del día. Nosotros pasábamos por en medio con nuestras cámaras, intentando no hacer demasiado ruido, sintiéndonos como unos incómodos visitantes un tanto fuera de lugar. La sensación era tan mágica que nos enamoró.

Ya más avanzada la mañana y después de haber desayunado un poco, nos juntamos con el resto del grupo (que no todo el mundo había querido pegarse el madrugón). Fue entonces cuando empezamos las visitas propiamente dichas y pudimos escuchar las explicaciones de nuestros guías,

Visitamos las dos residencias de los kanes de Khiva. Por un lado la Fortaleza Kunya-Ark y por el otro el Palacio de Tash Hauly. Ambos son relativamente modernos, de principios del s.XIX, el primero porque la fortaleza original fue arrasada en unas incursiones iranís y lo que vemos es una reconstrucción más reciente y el segundo porque fue directamente construido en esas épocas. Las salas de recepción a las embajadas extranjeras son de lo mejor de ambos palacios y sin duda dignas de detenerse en ellas. En Kunya-Ark, puedes subir a una de sus torres, lo que permite tener una bonita vista sobre todo el casco histórico.


Vistas de Khiva desde la torre de Kunya-Ark

En frente de la fortaleza Kunya-Ark, se elevan tanto la Madraza Mohamed Rahim como el Kalta Minar, un enorme minarete inconcluso, que estaba pensado que alcanzara los 80 metros, pero que por azares del destino (la prematura muerte de su promotor) se quedó en apenas poco más de 30, pero que resulta una de las siluetas más reconocibles de Khiva.

De minarete a minarete, este sí que finalizado, ya que tras Kalta Minar pasamos a visitar el complejo de Islam Khodja, formado por una pequeña madraza al lado de la cual se eleva el minarte más alto de la ciudad. Desde allí visitamos la Mezquita Juma, del siglo X, conocida como la de las infinitas columnas, aunque realmente sólo tenga 213 de las columnas de madera de las que ha heredado el nombre. Pese a su mal estado de conservación, para mi fue una de las visitas que más me marcaron en la ciudad, como si ese lugar emanara una espiritualidad difícil de entender y de plasmar en palabras.

El sol quemaba inmisericorde cerca del mediodía y daba la razón al guía que nos había insistido en que visitáramos la mayoría de cosas a primeras horas de la mañana. Poco antes de comer pues, visitábamos el último monumento, el Mausoleo de Pahlavan Mahmud, una especie de héroe popular de la zona, cuya sepultura se hizo un lugar de peregrinaje tan famoso que al final hasta los mismos kanes de Khiva acabaron pidiendo sepultura en ese recinto.

Tras eso, una comida copiosa pero no excesivamente suculenta antes de darnos una última hora libre, en la que acabaríamos de pasear por las laberínticas calles de la ciudadela, sorprendiéndonos el contraste entre las abigarradas calles atestadas de gente que nos encontrábamos a esa hora, con le estado casi fantasmagórico de las mismas a primera hora de la mañana.

Finalmente, nos juntamos todos de nuevo en el hotel porque esa misma tarde salía un autobús que nos llevaría hasta la ciudad de Bukhara, atravesando el desierto de Kyzyl-Kum. Esos 470 km en autobús, fueron una experiencia en sí mismos. Los hacíamos mediante una autopista que habían construido los soviéticos tiempo atrás en medio del desierto, pero que, ante la falta de conservación, estaba repleta de agujeros. No simples baches, si no boquetes de tal tamaño que había que esquivarlos porque de ahí el autobús no salía. En otras el desierto se había comido literalmente la carretera y el conductor debía casi imaginarse el trazado de la misma. En casi todo su recorrido la velocidad media no llegaba a los 40 Km/h, casi 14 horas tardamos, contando una larga parada en una gasolinera en el medio de la absoluta nada donde un calor de casi 50ºC nos dio al bajar del autobús, la bofetada más grande que nunca hemos recibido.

Viernes 13-7-2011 - Bukhara

En Bukhara hay mucho que ver y sólo disponíamos de un día efectivo. Así que nos levantamos pronto y con ganas de visitar cosas. Empezamos el día con algo ligero, la visita a un par de pequeños mausoleos.

El primero fue el Mausoleo Ismail Samaniy, el más antiguo de Bukhara (del siglo IX). Nada llamativo por fuera, apenas un edificio cúbico de ladrillo con una cúpula semiesférica, su interior es algo diferente del resto al contener símbolos y elementos zoroastros. Las explicaciones de nuestro guía sobre dicha religión fueron realmente lo mejor de la visita. De allí pasamos a visitar el Mausoleo Chamai Ayub, de aspecto algo raro ya que no deja de ser una mezcla de varios estilos. Es famoso en el lugar pues los creyentes musulmanes vienen a beber el agua de una de sus fuentes que se considera bendita y purificadora. Sin duda ambos mausoleos son de lo más prescindible de la ciudad.

Desde allí nos desplazamos a ver el complejo religioso Bolo Hauz, situado en el centro de la ciudad, al pie prácticamente de la ciudadela. El complejo había sido bastante grande, pero del mismo sólo quedan en pie una mezquita con su minarete y el antiguo depósito de agua. Sin duda lo más atrayente en sí es la mezquita, muy característica ya que en vez del típico pishtaq (si no sabéis qué es no seáis vagos y buscadlo en la Wikipedia) su entrada principal es por un porche sostenido sobre una doble hilera de columnas de madera de bellos capiteles. La mezquita está en uso y dependiendo de la hora no se puede acceder hasta que finalice el oficio correspondiente. Visita bastante recomendable.

Y pasamos de una visita recomendable a una que no lo es tanto, la Ciudadela Ark. Era la antigua fortaleza de la ciudad i residencia de los emires de Bukhara durante mucho tiempo. Su exterior no deja de ser impresionante y no está de más dar un paseo a los pies de sus gruesos y fotogénicos muros. Lo que es decepcionante es su interior. Muy poco es visitable, ya que la mayoría del antiguo palacio fue destrozado durante la ocupación rusa, y lo que se puede visitar es de escaso interés y está ocupado casi en su totalidad por tiendas de artesanía.

Tras eso fuimos a ver la auténtica joya de la ciudad y según mucha gente una de las más bellas de toda Asia Central, el complejo histórico alrededor de la plaza Poi-Kalon. El complejo está formado por la mezquita y el minarete de Kalon y la madraza Miri Arab. Aquí los tamaños de las construcciones quitan el hipo y parece inconcebible que en estructuras tan grandes puedan encontrarse tal profusión de detalles decorativos. El minarete es impresionante, tanto, que la leyenda dice que cuando Gengis Khan asaltó la ciudad, destruyó todo a su paso menos este minarete, ante el que se arrodilló como señal de respeto. Una leyenda poco creíble conociendo al personaje, pero que nos da una idea de la espectacularidad del minarete. La madraza es también muy bonita, aunque no se puede visitar más allá de su entrada principal ya que todavía está en uso en la actualidad.


El minarete de Kalon bajo el que se arrodilló Gengis Khan

Tras esa visita fuimos a comer que ya era tardísimo y, aún con la digestión en pleno auge, nos dirigimos a los particulares bazares de la ciudad. Originalmente eran calles normales que se cubrieron con un techo de vueltas para convertirlos en bazares permanentes. No sé si lo he dicho suficientes veces, pero no me gusta nada ir de compras durante mis viajes, así que esta parte se me hizo larga y pesada, pero vamos, es lo que tienen los viajes organizados, siempre hay cosas que cambiarías.

Acabamos desembocando en la segunda plaza en importancia de la ciudad, la Lyabi Hauz, rodeada de madrazas y mezquitas y en cuyo centro se encuentra un pequeño estanque artificial en el que los niños se bañaban (como si de una piscina pública se tratara) y alrededor de la cual se disponían varios bares cuyas terrazas estaban atestadas de lugareños charlando y pasando la tarde. Tanto las madrazas como la mezquita tenían un exterior bastante resultón, pero apenas nada reseñable en su interior. Acabamos en el interior de una de ellas, la madraza Nadir Divanbegi, cuyo patio interior se ha reconvertido en un restaurante en el que hacen espectáculos de bailes tradicionales. El folclore local le gustó más a mi mujer que a mi, pero en cualquier caso, después de las buenas caminatas a altas temperaturas, el descansar allí mientras cenábamos, compartiendo charlas y risas resultó una experiencia bastante agradable.

Galería de fotos


Uzbekistan 1

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