Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

domingo, 22 de julio de 2018

Uzbekistán. En el corazón de la Ruta de la Seda 2/2

"Es tal la abundancia y la riqueza de esta gran capital que observarlas es una maravilla". Éstas fueron las palabras del embajador castellano que llegó en 1404 a Samarkanda para rendir visita a Tamerlán, el conquistador que gobernaba sobre media Asia. Y 600 años después, los ecos de esas palabras siguen siendo tan reales como lo fueron en su momento, pues Samarkanda sigue exhibiéndose tan hermosa y exuberante como siempre lo ha hecho desde que fuera el corazón mismo de la Ruta de la Seda y cruce de caminos para comerciantes y guerreros de todas las épocas.

Nota: El viaje a Uzbekistán, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.

Sábado 14-7-2011 - Bukhara - Shakrisabs - Samarkanda

El día prácticamente estaba ocupado por el viaje en autobús desde Bukhara a Samarcanda, pero haciendo diversas "paradas técnicas" que hicieron el traslado bastante llevadero.

Empezamos por una última visita en la propia Bukhara, la madraza Chor Minor, una construcción más bien pequeña pero fotogénica, coronada por cuatro torreones de cúpulas azules. La verdad es que, aunque no lo parezca, se trata de una construcción reciente de apenas un par de siglos, pero que tiene un extraño magnetismo y encanto especial.

Desde Chor Minor cogemos el autobús que nos llevará a la visita que tenemos planeada de camino, Shakrisabs, localidad natal de Tamerlán, sin duda el personaje más legendario del país, que instalado posteriormente en Samarkanda conquistaría los territorios asiáticos desde la India a Turquía.

Shakrisabs está ubicada en un fértil valle entre montañas, a apenas 90 kilómetros de Samarcanda y es conocida como "la ciudad verde" por sus jardines. Al ser su ciudad natal, Tamerlán construyó allí en el siglo XIV su residencia de verano. Lo que se puede visitar hoy en día en la ciudad son las ruinas de ese palacio y de todos los edificios que se erigieron alrededor de éste.

Lo que más llama sin duda la atención son los restos del Palacio Ak Saray (palacio blanco) del que apenas queda nada hoy en día. Tamerlán decidió construir uno de los arcos de acceso más impresionantes del mundo para su palacio y en él situó la inscripción "Quienes duden de nuestro poder y magnificencia que miren nuestros edificios". Por desgracia el arco colapsó y ahora sólo pueden verse los pilones laterales que lo sostenían, pero que son suficientes para hacernos una idea de la enormidad de lo que fue aquel palacio.

Prácticamente al lado se encuentra el complejo Dorous Siadat, un mausoleo que mandó construir Tamerlán en ocasión de la muerte de su hijo predilecto. Allí también acabó enterrando a otro de sus hijos e incluso mandó construir un lugar para él, aunque al final nunca lo ocupó.

El último de los grandes sitios de esta pequeña ciudad es la Mezquita de Kok Gumbaz, fácilmente reconocible por su cúpula azul. Aquí cuando llegamos estaban en plena oración, así que lo más respetuosamente que pudimos, nos quedamos a compartir ese momento con los feligreses. De esos momentos que se te quedan en la memoria.

Tras la visita a Kok Gumbaz y la preceptiva comida, completamos el trayecto que nos llevaba a Samarkanda, a la que llegamos mediada la tarde. Esto nos permitió instalarnos en el hotel e ir a ver algunas de las cosas que visitaríamos al día siguiente. Esta es una experiencia que recomiendo encarecidamente, Samarkanda es sin duda la ciudad más preparada para el turismo y como tal, casi todos sus monumentos están bien iluminados y verlos de noche es una experiencia en sí misma, completamente diferente a ver los mismos durante el día.

Domingo 15-7-2011 - Samarkanda

Empezamos el día visitando el Mausoleo Guri Emir (Tumba del soberano) ya que quedaba a apenas 200 metros de nuestro hotel. Este lugar es conocido por ser la tumba de Tamerlán, el gran héroe y conquistador uzbeco. Lo que es curioso es que en verdad lo hizo construir no para él, si no para un nieto suyo. Tamerlán dejó escrito su deseo expreso de ser enterrado en su ciudad natal de Shakrisabs, en una tumba apenas ornamentada. Estaba claro que en vida nadie se atrevía a llevarle la contraria, pero una vez murió, su propio nieto le contradijo y le hizo enterrar aquí, en la tumba más fastuosa de todo el país.


Este edificio para mi es especial, porque no sólo es bello su exterior, si no que el interior de la enorme estancia donde reposan los restos de Tamerlán, dos de sus hijos y su nieto preferido, Ulug Beg, es también de una belleza exquisita. El ornamentado interior dorado de la gran cúpula de este mausoleo es una de la más impresionantes que yo haya visto.

Desde allí nos desplazamos a la que probablemente sea una de las plazas más bonitas del mundo, la Plaza del Registán. La que durante tanto tiempo fuera punto de encuentro de los diversos caminos de la Ruta de la Seda, ahora se encuentra enmarcada por tres enormes madrazas que representan la cúspide del poder del imperio timúrida: las madrazas de Ulug Beg, Sher Dor y Tilli-Kari. Son construcciones enormes de una belleza cautivadora. No soy ni mucho menos un especialista en historia del arte, así que poco os aportarían las descripciones que pudiera aportaros de cada una de las madrazas. Creo que las fotos que adjunte a la entrada harán mayor justicia que cualquier cosa que intente explicaros.

Sin duda el Registán es una parada obligatoria en cualquier viaje al país y merece la pena gastar el máximo de tiempo posible en su visita. Otro punto interesante a tener en cuenta es la presencia de gran cantidad de policías corruptos en la plaza, de tal forma que si deseas subir a uno de los minaretes a sacar alguna foto privilegiada, puede hacerse negociando un pequeño soborno con uno de los mismos. La verdad es que fue el único punto del país donde nos encontramos con esta situación.

Desde el Registán continuamos avanzando por una de las avenidas principales de la ciudad hasta llegar a la mezquita Bibi Khanum, otro edificio espectacular, aunque quizás en exceso restaurado (en algunos puntos parece "demasiado nuevo"). La mezquita la mandó construir una de las esposas de Tamerlán, empleando el generoso botín obtenido en el saqueo de la ciudad india de Delhi. Dice la leyenda que el arquitecto encargado de la obra se enamoró perdidamente de la reina y que para terminar la obra a tiempo (la reina quería que estuviera acabada para cuando Tamerlán regresara de Delhi) pidió a cambio un beso de la reina. Ésta tuvo que concedérselo y la mezquita se terminó en plazo. Al final, Tamerlán se enteró del trato y arrojó al osado arquitecto desde lo alto de uno de los minaretes que acababa de construir.


Mezquita Bibi Khanum
La tarde la teníamos libre, y decidimos emplearla en conocer un poco la Samarkanda real. En esta ciudad sí que tienes la sensación de que el gobierno uzbeco está haciendo esfuerzos para atraer el turismo, y parece que entre esos "esfuerzos" se encuentra el ocultar la pobreza de la verdadera Samarkanda. Las avenidas principales que comunican los grandes monumentos son muy modernas y las calles que salen de las mismas están cerradas con una especie de vallas de madera pintadas que tapan la visión de lo que hay detrás. En las vallas hay unas pequeñas portezuelas por las que acceden las personas que han de cruzar tan extraño elemento. El ver entrar y salir a gente de esas puertas nos extrañó tanto que decidimos investigar qué había detrás, qué era lo que intentaban ocultar. Pues justo algo increíblemente atrayente para cualquier viajero, el día a día de esas amables gentes, sus casas, talleres y hornos, los niños jugando en la calle, corriendo y riendo. No entiendo el porqué de intentar esconder eso.

Estuvimos toda la tarde paseando por allí, comprando en su panaderías un pan acabado de hornear que se fundía en la boca. Además pudimos aprovechar un rato cuando cayó la noche para volver alrededor de la plaza Registán y dialogar con una pareja joven local que hablaban inglés a buen nivel. La verdad es que los uzbekos son muy amables y abiertos y es una lástima que el inglés no esté muy extendido y haya esa clara barrera idiomática. Así, hablando tranquilamente bajo los iluminados monumentos de la Plaza del Registán disfrutamos de nuestra segunda noche en la antigua capital del Imperio Timúrida.

Lunes 16-7-2011 - Samarkanda

El día empieza con un pequeño trayecto en autobús que nos acerca a la pequeña colina sobre la que se puede encontrar el Museo de la ciudad antigua de Afrosiab. Afrosiab es el germen de Samarcanda, la original ciudad creada en ese lugar en el siglo VII a.C. por la dinastía Aqueménida.

El museo no es especialmente espectacular y sólo es recomendable si te gusta mucho la historia o dispones de tiempo de sobra en la ciudad y te apetece comprender al detalle su origen, historia y evolución, ya que en el mismo se puede comprender el paso de las diferentes civilizaciones que han dejado huella en esta ciudad, desde Alejandro Magno a los sátrapas persas, desde los mongoles de Gengis Khan a la dinastía timúrida y la ocupación soviética.

Mención aparte merece la pieza estrella del museo, un fresco de 3 paredes del siglo VII que representa al rey local recibiendo a un grupo de dignatarios extranjeros en su corte. Aunque dañado e incompleto da para hacerse una idea de la belleza que debía poseer originalmente. Lo mejor del museo sin duda.

Cerca del museo se encuentra nuestra segunda visita, el Observatorio Ulugh Beg. Ulugh Beg fue nieto de Tamerlán, matemático, astrónomo y poeta y probablemente la segunda personalidad en importancia en la historia uzbeca. Gran patrón de las ciencias y de las artes, mandó construir el sextante de piedra más grande del mundo para sus observaciones astrológicas y eso es precisamente lo que puede visitarse aquí. Un pequeño pedazo de la historia de la ciencia, aunque no es una visita excesivamente espectacular más allá de su significado histórico.

Si las visitas de la mañana fueron en cierto modo algo decepcionantes, lo que nos deparaba la tarde, fue sin duda todo lo contrario. Después de comer visitamos la necrópolis de Shah-i-Zinda un complejo de tumbas, templos y panteones que surgió en la edad media. Su nombre significa "Tumba del rey vivo" y viene derivado de una leyenda en la cual  se cuenta que en el siglo VII los árabes que habían traído el islam ya a Samarcanda se vieron sorprendidos por un ataque de seguidores del Zoroastro y Qusam Ibn-Abbas, primo del profeta Mahoma, fue herido y ocultado en un pozo para salvarle, en donde permanece vivo para la eternidad. Ése pozo, sito en Shah-i-Zinda, es el lugar de peregrinaje más sagrado de la ciudad.

Personalmente es la visita que más me impresionó en toda Samarkanda. Aquí no se observa la enormidad y majestuosidad del Registán, pero cada una de las innumerables tumbas que se extienden a lo largo Shah-i-Zinda es una explosión de refinado arte a base de esos mosaicos de turquesa y lapislázuli que tanto caracterizan a la arquitectura timúrida. Si sólo me dejaran volver a un sitio de todos los que visitamos en el viaje, probablemente escogería Shah-i-Zinda.

El resto de la tarde, que era libre, nos lo pasamos reposando en el hotel, ya que una pequeña gastroenteritis estaba haciendo mella en nuestro sistema digestivo y hacía algo incómodas las visitas. Es lo que tiene el amor, que compartes los virus aunque no quieras.

Martes 17-7-2011 - Hartang y Tashkent

Después del desayuno en el hotel, partimos de Samarkanda, parándonos en la pequeña villa de Hartang (está a apenas 25 kilómetros de Samarkanda) donde fuimos a visitar el Mausoleo del Imam Al-Bukhari, un famoso teólogo del s. IX y autor del segundo libro más importante para los musulmanes después de Corán.

Considerado un hombre santo, su tumba aquí en Hartang siempre había sido un lugar de peregrinación para muchos musulmanes, pero durante la época soviética se prohibió toda muestra de fervor religioso y la tumba cayó en el abandono y casi en el olvido. En 1998 tras la independencia de Uzbekistán, una de las primeras acciones del nuevo gobierno fue restaurar la memoria histórica de este lugar de peregrinación y con ello decidieron construir un maravilloso mausoleo al estilo timúrida, para lo que se trajeron a los mayores artesanos del país.

Así pues este mausoleo no es una obra histórica si no una que data del último cambio de siglo, pero que mantiene el mismo espíritu que el resto de grandes monumentos del país. Visitándolo te puedes hacer una idea de cómo debían ser los grandes monumentos uzbecos 500 años atrás, cuando se construyeron. El lugar es muy bonito y al estar bastante cerca de Samarkanda, sería una visita que recomendaría para todo aquél que tenga algo de tiempo para acercarse.


Artesanas locales en pleno trabajo

Cuando concluimos la visita, volvimos a coger al autobús para completar el círculo y volver a la capital, Tashkent. Allí aprovechamos la tarde para visitar algunas cosas que se nos habían quedado en el tintero la primera vez que estuvimos en la ciudad. Mientras que en nuestra primera estancia nos dedicamos a visitar la parte histórica de la misma, en ésta fuimos a ver la parte más moderna, básicamente las plazas de la Independencia y de Amir Temur que son los centros neurálgicos de la ciudad. Sitios de arquitectura con claras influencias soviéticas, donde los enormes espacios son la norma y se puede dar un agradable paseo mientras se visitan las diferentes estatuas y memoriales que salpican su amplia extensión.

Tampoco alargamos mucho el apacible paseo, pues al día siguiente debíamos levantarnos aún de madrugada para encaminarnos al aeropuerto. El viaje al exótico corazón de la Ruta de la Seda concluía aquí.

Valoraciones

Uzbekistán es un país único de entre los que hemos visitado. Su arquitectura es muy diferente de todo lo que hemos visto y eso hace el viaje especial en nuestra memoria. Uzbekistán resultó un descubrimiento, el asombrarse con las cosas que ves, que no deja de ser el auténtico espíritu del viajero.

Lo mejor del viaje

-  La visita al alba a una dormida ciudad de Khiva

-  Los sinuosos recovecos de la necrópolis de Shah-i-Zinda en Samarkanda
- Disponer de un guía con amplios conocimientos de historia, teología e historia del arte, que convertía cualquier visita en una pequeña y enriquecedora lección

Lo peor del viaje


-  El viaje en autocar desde Khiva a Bukhara, 14 horas que se hicieron eternas
-  Las corruptelas de los policías locales en la plaza del Registán, es algo que da una imagen pésima del país
-  Las aduanas en el aeropuerto de Tashkent eran complicadas, estrictas y muy tediosas de pasar. Nosotros tuvimos algunos problemas que alargaron innecesariamente el trámite.

Galería de fotos

Uzbekistan 2

Uzbekistán. En el corazón de la Ruta de la Seda 1/2

Uzbekistán es sin duda el lugar más exótico que hemos visitado en nuestros viajes. Alejado de todo el turismo masificado, tiene sin embargo una rica historia y una vistosa arquitectura heredada de cuando sus ciudades eran parada obligatoria en una de las rutas comerciales más longeva y provechosa de la historia de la humanidad: la Ruta de la Seda. Desde la irreductible Khiva a orillas del desierto, hasta la suntuosa Samarkanda, las ciudades de Uzbekistán se alzan orgullosas de su herencia, festoneadas de increíbles mezquitas, madrazas y minaretes cuyas brillantes cúpulas azules reflejan como espejos la abrasadora luz del sol que azota estas tierras.

Nota: El viaje a Uzbekistán, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca, Lourdes y Josep Maria
Duración del viaje: 8 días
Fecha: Julio de 2011

Destinos visitados: Tashkent, Khiva, Bukhara y Samarkanda.
Transporte: Avión y autobús.

Descripción del viaje

Este viaje era una prueba en sí mismo. Primera vez que íbamos a un lugar tan poco turístico, primera vez que hacíamos un viaje programado en su sentido más estricto (con todas las visitas programadas y sin apenas tiempo libre) y primera vez que yo personalmente viajaba con los suegros. Debo reconocer que no las tenía todas conmigo cuando partíamos desde Barcelona. Pero la verdad es que fue un viaje maravilloso, que siempre recordaré con cariño.

El primer día del viaje lo gastamos en el avión. Vuelo a Tashkent desde Barcelona con escala en Estambul. Salíamos al mediodía de El Prat y aterrizábamos a Tashkent pasadas la una de la madrugada, llegando al hotel pasadas las dos, para intentar dormir lo máximo que pudiéramos antes del día siguiente, en el que empezábamos a ver cosas bien temprano.

Miércoles 11-7-2011 - Tashkent y viaje a Khiva

A primera hora de la mañana nos dirigimos hasta el complejo arquitectónico Khazrati Imam que contienen prácticamente todas las joyas arqueológicas de la ciudad. Fue nuestro primer contacto con este tipo de arquitectura y, aunque una vez finalizado el viaje hay que reconocer que no son ni mucho menos las más espectaculares del país, he de reconocer que en aquel momento me sorprendieron mucho.

Quizás el edificio más conocido del complejo es la Madraza Barak Khan, construida en el siglo XVI por un descendiente de Tamerlán. Un muro de mosaicos azules e inscripciones coránicas da paso a un jardín de rosales a cuyo alrededor se agolpan 35 hujra (celdas para estudiantes).

Justo en frente de Barak Kan, se levantan la Mezquita del jeque Tilla y la madraza de Muy-Muborak. La primera es famosa porque, según reza la leyenda, guarda en sus paredes el cabello de oro del profeta Mahoma. La segunda lo es por conservar en su interior el Corán del Califa Osmán, uno de los incunables más sagrados del islam, que data del siglo VII y está escrito sobre piel de ciervo.

Por último, a apenas unos metros se encuentra la espectacular tumba de un santo del islam, Kaffal Shashi. La tumba no es la original si no una reconstruida en el siglo XVI y no se trata sólo de una tumba simple si no de un bello complejo que incluye su propia mezquita, celdas, jardines y altar.

La visita al Khazrati Imam nos llevó toda la mañana y de allí nos fuimos a comer a un restaurante italiano (de los pocos sitios que no eran de comida local que pisamos en el viaje).  Después de la comida, nos encaminamos al Bazar Chorsu, o bazar de los cuatro caminos, el mercado y lugar de encuentro principal de la capital y uno de los bazares más antiguos de Asia, del que se encuentran registros desde la Edad Media. El mercado se divide en tres secciones principales: comida, artesanía y ropa, de la que nos impresionó lo colorido de la parte de alimentos, con sus innumerables paradas llenas de frutas, especias y frutos secos. Además el bazar se encuentra en el medio de un pequeño complejo arquitectónico que data de los siglos XVI - XVIII y que incluye la madraza de Kukeldash y la mezquita Khodja Ahrar, que también procedimos a visitar.

Estuvimos un buen rato por la zona del bazar y desde allí el autobús nos recogió para ir directamente al aeropuerto, pues a media tarde salía nuestro vuelo para Ugrench. A la llegada a esta ciudad, nos esperaba otro autobús que nos condujo a Khiva, nuestro siguiente destino. Pero como era ya de noche a nuestra llegada, aprovechamos para cenar e irnos a dormir todos pronto y dejar la visita para el día siguiente al amanecer.

Jueves 12-7-2011 - Khiva y viaje a Bukhara

En Khiva nos levantamos al despuntar el alba, siguiendo la sugerencia de nuestro guía, que nos indicó que visitar la ciudad de madrugada era espectacular. Así, cuando toda la ciudad aún dormía, salimos de nuestro hotel, situado a apenas 300 metros de la ciudad histórica y nos acercamos caminando a las imponentes murallas que bordean la Itchan Kala, la antigua ciudadela interior fortificada. 

Bordeamos parte de los más de 2 kilómetros en los que se extiende esta enorme muralla de adobe, de unos 10 metros de altura y 5 de espesor, para acabar accediendo a la ciudadela por sus puertas occidentales, desde la que se accede a la calle principal de la ciudad, donde se agolpan los principales monumentos.

A esa hora de la mañana, nos limitamos a pasear tranquilamente por sus vacías calles, mientras los primeros rayos del sol empezaban a reflejarse en las azules cúpulas. Nos encontrábamos gente durmiendo en la calle, sacaban la cama a la puerta de su casa y dormían allí porque la temperatura allí era bastante fresca y agradable, más que los recalentados interiores de las casas que habían acumulado toda la solana del día. Nosotros pasábamos por en medio con nuestras cámaras, intentando no hacer demasiado ruido, sintiéndonos como unos incómodos visitantes un tanto fuera de lugar. La sensación era tan mágica que nos enamoró.

Ya más avanzada la mañana y después de haber desayunado un poco, nos juntamos con el resto del grupo (que no todo el mundo había querido pegarse el madrugón). Fue entonces cuando empezamos las visitas propiamente dichas y pudimos escuchar las explicaciones de nuestros guías,

Visitamos las dos residencias de los kanes de Khiva. Por un lado la Fortaleza Kunya-Ark y por el otro el Palacio de Tash Hauly. Ambos son relativamente modernos, de principios del s.XIX, el primero porque la fortaleza original fue arrasada en unas incursiones iranís y lo que vemos es una reconstrucción más reciente y el segundo porque fue directamente construido en esas épocas. Las salas de recepción a las embajadas extranjeras son de lo mejor de ambos palacios y sin duda dignas de detenerse en ellas. En Kunya-Ark, puedes subir a una de sus torres, lo que permite tener una bonita vista sobre todo el casco histórico.


Vistas de Khiva desde la torre de Kunya-Ark

En frente de la fortaleza Kunya-Ark, se elevan tanto la Madraza Mohamed Rahim como el Kalta Minar, un enorme minarete inconcluso, que estaba pensado que alcanzara los 80 metros, pero que por azares del destino (la prematura muerte de su promotor) se quedó en apenas poco más de 30, pero que resulta una de las siluetas más reconocibles de Khiva.

De minarete a minarete, este sí que finalizado, ya que tras Kalta Minar pasamos a visitar el complejo de Islam Khodja, formado por una pequeña madraza al lado de la cual se eleva el minarte más alto de la ciudad. Desde allí visitamos la Mezquita Juma, del siglo X, conocida como la de las infinitas columnas, aunque realmente sólo tenga 213 de las columnas de madera de las que ha heredado el nombre. Pese a su mal estado de conservación, para mi fue una de las visitas que más me marcaron en la ciudad, como si ese lugar emanara una espiritualidad difícil de entender y de plasmar en palabras.

El sol quemaba inmisericorde cerca del mediodía y daba la razón al guía que nos había insistido en que visitáramos la mayoría de cosas a primeras horas de la mañana. Poco antes de comer pues, visitábamos el último monumento, el Mausoleo de Pahlavan Mahmud, una especie de héroe popular de la zona, cuya sepultura se hizo un lugar de peregrinaje tan famoso que al final hasta los mismos kanes de Khiva acabaron pidiendo sepultura en ese recinto.

Tras eso, una comida copiosa pero no excesivamente suculenta antes de darnos una última hora libre, en la que acabaríamos de pasear por las laberínticas calles de la ciudadela, sorprendiéndonos el contraste entre las abigarradas calles atestadas de gente que nos encontrábamos a esa hora, con le estado casi fantasmagórico de las mismas a primera hora de la mañana.

Finalmente, nos juntamos todos de nuevo en el hotel porque esa misma tarde salía un autobús que nos llevaría hasta la ciudad de Bukhara, atravesando el desierto de Kyzyl-Kum. Esos 470 km en autobús, fueron una experiencia en sí mismos. Los hacíamos mediante una autopista que habían construido los soviéticos tiempo atrás en medio del desierto, pero que, ante la falta de conservación, estaba repleta de agujeros. No simples baches, si no boquetes de tal tamaño que había que esquivarlos porque de ahí el autobús no salía. En otras el desierto se había comido literalmente la carretera y el conductor debía casi imaginarse el trazado de la misma. En casi todo su recorrido la velocidad media no llegaba a los 40 Km/h, casi 14 horas tardamos, contando una larga parada en una gasolinera en el medio de la absoluta nada donde un calor de casi 50ºC nos dio al bajar del autobús, la bofetada más grande que nunca hemos recibido.

Viernes 13-7-2011 - Bukhara

En Bukhara hay mucho que ver y sólo disponíamos de un día efectivo. Así que nos levantamos pronto y con ganas de visitar cosas. Empezamos el día con algo ligero, la visita a un par de pequeños mausoleos.

El primero fue el Mausoleo Ismail Samaniy, el más antiguo de Bukhara (del siglo IX). Nada llamativo por fuera, apenas un edificio cúbico de ladrillo con una cúpula semiesférica, su interior es algo diferente del resto al contener símbolos y elementos zoroastros. Las explicaciones de nuestro guía sobre dicha religión fueron realmente lo mejor de la visita. De allí pasamos a visitar el Mausoleo Chamai Ayub, de aspecto algo raro ya que no deja de ser una mezcla de varios estilos. Es famoso en el lugar pues los creyentes musulmanes vienen a beber el agua de una de sus fuentes que se considera bendita y purificadora. Sin duda ambos mausoleos son de lo más prescindible de la ciudad.

Desde allí nos desplazamos a ver el complejo religioso Bolo Hauz, situado en el centro de la ciudad, al pie prácticamente de la ciudadela. El complejo había sido bastante grande, pero del mismo sólo quedan en pie una mezquita con su minarete y el antiguo depósito de agua. Sin duda lo más atrayente en sí es la mezquita, muy característica ya que en vez del típico pishtaq (si no sabéis qué es no seáis vagos y buscadlo en la Wikipedia) su entrada principal es por un porche sostenido sobre una doble hilera de columnas de madera de bellos capiteles. La mezquita está en uso y dependiendo de la hora no se puede acceder hasta que finalice el oficio correspondiente. Visita bastante recomendable.

Y pasamos de una visita recomendable a una que no lo es tanto, la Ciudadela Ark. Era la antigua fortaleza de la ciudad i residencia de los emires de Bukhara durante mucho tiempo. Su exterior no deja de ser impresionante y no está de más dar un paseo a los pies de sus gruesos y fotogénicos muros. Lo que es decepcionante es su interior. Muy poco es visitable, ya que la mayoría del antiguo palacio fue destrozado durante la ocupación rusa, y lo que se puede visitar es de escaso interés y está ocupado casi en su totalidad por tiendas de artesanía.

Tras eso fuimos a ver la auténtica joya de la ciudad y según mucha gente una de las más bellas de toda Asia Central, el complejo histórico alrededor de la plaza Poi-Kalon. El complejo está formado por la mezquita y el minarete de Kalon y la madraza Miri Arab. Aquí los tamaños de las construcciones quitan el hipo y parece inconcebible que en estructuras tan grandes puedan encontrarse tal profusión de detalles decorativos. El minarete es impresionante, tanto, que la leyenda dice que cuando Gengis Khan asaltó la ciudad, destruyó todo a su paso menos este minarete, ante el que se arrodilló como señal de respeto. Una leyenda poco creíble conociendo al personaje, pero que nos da una idea de la espectacularidad del minarete. La madraza es también muy bonita, aunque no se puede visitar más allá de su entrada principal ya que todavía está en uso en la actualidad.


El minarete de Kalon bajo el que se arrodilló Gengis Khan

Tras esa visita fuimos a comer que ya era tardísimo y, aún con la digestión en pleno auge, nos dirigimos a los particulares bazares de la ciudad. Originalmente eran calles normales que se cubrieron con un techo de vueltas para convertirlos en bazares permanentes. No sé si lo he dicho suficientes veces, pero no me gusta nada ir de compras durante mis viajes, así que esta parte se me hizo larga y pesada, pero vamos, es lo que tienen los viajes organizados, siempre hay cosas que cambiarías.

Acabamos desembocando en la segunda plaza en importancia de la ciudad, la Lyabi Hauz, rodeada de madrazas y mezquitas y en cuyo centro se encuentra un pequeño estanque artificial en el que los niños se bañaban (como si de una piscina pública se tratara) y alrededor de la cual se disponían varios bares cuyas terrazas estaban atestadas de lugareños charlando y pasando la tarde. Tanto las madrazas como la mezquita tenían un exterior bastante resultón, pero apenas nada reseñable en su interior. Acabamos en el interior de una de ellas, la madraza Nadir Divanbegi, cuyo patio interior se ha reconvertido en un restaurante en el que hacen espectáculos de bailes tradicionales. El folclore local le gustó más a mi mujer que a mi, pero en cualquier caso, después de las buenas caminatas a altas temperaturas, el descansar allí mientras cenábamos, compartiendo charlas y risas resultó una experiencia bastante agradable.

Galería de fotos


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