Viajeros: Rubén, Maria de la Roca y Alba
Duración del viaje: 10 días
Fecha: Diciembre de 2016
Sábado 3-12-2016 - Llegada a Londres
Para aprovechar y hacer convenientemente el guiri, adelantamos el vuelo al sábado 3. Pese a eso, una calamitosa sucesión de infortunios incluyendo retrasos en el vuelo y problemas con el Gatwick Express, se comieron toda la mañana del sábado e hicieron que llegáramos al hotel pasadas las tres de la tarde.
El hotel no era nada del otro mundo, pero estaba bien ubicado, de tal forma que si Roca quería podía ir andando a trabajar desde allí. El hotel estaba situado en la orilla sur del Támesis, prácticamente al lado del Tate Modern Museum. La situación era más que correcta, porque además, nos dejaba relativamente cerca de los principales monumentos.
Comimos en uno de los pocos lugares abiertos a esas horas, un restaurante de una franquicia especializada en ramen y bordeando las 17:00, con la barriga llena, el check-in hecho y sin equipaje, decidimos partir para nuestro primer destino turístico. Queríamos llevar a Alba a ver el Winter Wonderland, una especie de feria que erigen cada época navideña en Hyde Park.
Íbamos en metro y ya al acercarnos, algo empezó a llamarnos la atención. Varios avisos por el sistema de megafonía nos indicaban que la parada de metro estaba cerrada y que debíamos bajarnos en la parada anterior. Cuando descendimos en Green Park pudimos comprobar de forma efectiva qué pasaba: medio Londres había decidido que pasar la tarde en el Winter Wonderland era un buena idea. Riadas de gente iban y venían hacia Hyde Park Corner. Tuvimos la moral de llegar hasta las puertas de acceso al Winter Wonderland. Las colas eran enormes pues, pese a que el acceso al recinto es gratuito, sí que controlan férreamente el aforo al mismo. Preguntando un poco a alguno de los controladores nos dijeron que había más de una hora de cola.
OK. Misión abortada gentlemen. Lección aprendida, no ir en hora punta en fin de semana a sitios así. Le prometí a Alba que la llevaría un día entre semana y con eso cerramos la fallida visita de la tarde. Al volver para la zona del hotel, el tiempo extra nos permitiría buscar un buen sitio para cenar relajadamente y también podríamos irnos a descansar pronto, que quieras que no, los viajes en avión siempre te dejan cansado.
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| Winter Wonderland. La atracción que no pudimos visitar ese primer día. |
Domingo 4-12-2016 - Saint Paul, Tower of London
Cuando la miríada de corredores nos dejó expedito el puente, pudimos cruzar el río y acabamos desembocando frente a la Catedral de Saint Paul. Aprovechamos para echarnos algunas fotos en el exterior de tan magnífico edificio. No pudimos visitar el interior, pues la iglesia está cerrada para visitas los domingos. Tampoco era un gran problema pues ambos ya la habíamos visitado en anteriores visitas a la ciudad (yo era la tercera vez que visitaba la ciudad y Roca había estado incluso más veces).
De allí encaminamos nuestros pasos hacia Gresham Street, donde se situaban las primeras de las dos oficinas en la que iba a trabajar Roca. Una vez localizada, vimos que ésta se encontraba prácticamente en frente del Guildhall, un imponente edificio medieval que era el centro administrativo de la City of London. Desde allí fuimos paseando tranquilamente por toda la City, degustando su moderna arquitectura. El distrito financiero de Londres parece otro en domingo, casi desértico y poco a poco acabamos llegando a Leadenhall, donde se ubicaban las oficinas que deberíamos visitar ambos la segunda semana de nuestra estancia en Londres.
Comimos allí cerca, en un restaurante de comida vegana situado bajo la enorme sombra de un rascacielos corporativo (extraño contraste). Era pronto, pero mejor empezar a acostumbrarse cuanto antes a los horarios ingleses. Así, a las 14:00 ya estábamos más que comidos y en las puertas de la Tower of London, preparados para visitarla. Curiosamente yo no la había visitado en ninguna de mis dos estancias previas en la ciudad.
Aunque se le conozca como Tower of London, en realidad es un castillo completo con doble muralla y cuyo complejo se tarda bastante en visitar (de 2 a 3 horas tranquilamente). Lo ideal es apuntarse a alguno de los tours guiados que son explicados por uno de los míticos Beefeaters, el cuerpo honorífico cuya función es cuidar del castillo y proteger las joyas de la Corona. Obviamente el tour es en el más pulcro de los ingleses, pero si dominas el idioma yo lo consideraría imprescindible, pues te cuentan un montón de anécdotas históricas y de forma bastante amena.
Pasamos toda la tarde allí y la verdad es que no se nos hizo para nada largo, el castillo tiene multitud de cosas interesantes y no llega a aburrir en ningún momento. Cuando salíamos el sol ya estaba poniéndose y las primeras sombras de la noche empezaban a ganar terreno. Como debíamos volver a la bancada sur del río, decidimos cruzar por el Tower Bridge que a esas horas ya empezaban a iluminar. El puente en sí es un espectáculo estético, siempre vale la pena acercarse a éste.
Caminamos por la ribera sur, siempre con el río a nuestra derecha, ya que ahí hay un pequeño paseo peatonal que permite avanzar con tranquilidad y buenas vistas (y también algo de frío porque la humedad del río te cala profundo allí). Buscamos por allí un lugar donde cenar, acabando en un italiano algo caro pero en el que se comía de lujo.
Lunes 5-12-2016 - Winter Wonderland, Buckingham, Trafalgar y Westminster
Llegó el lunes y con Roca dejándonos por primera vez para ir a trabajar, yo decidí cumplir con mi promesa y llevar a Alba al Winter Wonderland. Repetimos el trayecto del sábado, cogiendo el metro hasta alcanzar la parada de Green Park. Allí nos adentramos en el parque, donde pudimos perseguir a varias ardillas, que en los parques de Londres son tan comunes como aquí las palomas, pero que no por eso dejaban de ser menos atrayentes para Alba, ya que en Cataluña apenas se pueden ver.
Avanzamos por el parque, siempre en paralelo a Piccadilly, aprovechando para echar una corta visita a los monumentos que se erigen en éste, desde el Bomber Command Memorial al Arco de Wellington. Tras esto nos dirigimos a la entrada al recinto ferial, que se encuentra prácticamente al lado de la bocana de metro de Hyde Park Corner.
Todo lo que era gentío el sábado noche, era tranquilidad el lunes por la mañana. Winter Wonderland es tan grande y había tan poca gente que parecía que Alba y yo estuviéramos solos en el recinto. La visita me resultó un tanto contradictoria, pues como feria temporal que es no podía más que asombrarme por el tamaño y la espectacularidad de aquello. Por el contrario, visitar una feria de día y que está prácticamente vacía deja una extraña sensación de oportunidad perdida. Supongo que lo ideal allí es ir de tarde (alrededor de las 17:00) y quedarse a cenar en uno de sus innumerables puestos de comida un día entre semana, que seguro que hay ambiente pero sin llegar al nivel de agobio que vimos en fin de semana. Lección aprendida por si vamos otro año.
Aún así, Alba estaba encantada, encandilada por las luces y musiquitas de las atracciones. Ella se hubiera querido subir a todos lados, algo que dudo que mi economía hubiera aguantado. Suerte que con su edad aún se la podía "camelar" uno, pero si alguien va con niños algo mayores preparad la billetera.
Desde Hyde Park decidimos volver andando hasta el centro, haciendo paradas estratégicas para ver algunos de los monumentos que había por el camino, aunque sólo fuera sin entrar en ellos. Empezamos cruzando de nuevo Green Park, esta vez en diagonal hasta alcanzar la plazoleta que se erige a la entrada de Buckinham Palace. Alba estaba encantada con los guardias de palacio y con la explicación de que allí realmente vivía una reina.
Desde allí remontamos The Mall hasta llegar a Trafalgar Square. Mientras Alba se entretenía con un enorme belén que había allí expuesto, pude disfrutar una vez más de la bella arquitectura de la plaza. La obvia columna de Nelson, la National Gallery o el pórtico columnado de la iglesia de St. Martin-in-the-Fields. Y como no, el Admiralty Arch, que sin tener nada especial siempre que lo he visto me ha producido una atrayente fascinación difícil de explicar.
Desde Trafalgar bajamos hasta el río, a la zona donde se encuentra el Big Ben, el Parlamento y la Abadía de Westminster. Precisamente esta última era mi objetivo, pues era una cuenta pendiente que tenía de otras visitas previas a la ciudad. Tuve la mala suerte de que Alba se durmió cuando ya había comprado las entradas y yo no llevaba cochecito. Así que tuve que hacer toda la visita llevando a mi hija dormida en brazos. Os puedo asegurar que acabé reventado y con un dolor de brazos que me duraría varios días, pues la visita a Westminster es larga, puedes estarte entre hora y media y dos horas tranquilamente, perdiéndote en cada uno de sus maravillosos rincones. Westminster es preciosa y si vais a Londres no os la podéis perder.
Una vez finalizada la visita ya había oscurecido y decidimos ir a buscar a Roca a la salida del trabajo. Salió algo tarde, con lo que poco tiempo nos quedaba ya para hacer algo juntos. Básicamente fuimos a cenar a un buen restaurante y después fuimos paseando relajadamente para el hotel a descansar.
Martes 6-12-2016 - Museo de historia natural, Kensington Gardens y Forbidden Planet
Una típica mañana inglesa nos despertó ese día, cielo gris plomizo, pesado y lluvia muy ligera, apenas cuatro gotas, pero que no nos abandonaron en todo el día. Con esta climatología la verdad es que no apetecía en demasía la opción de hacer visitas outdoors, así que el plan familiar rápidamente mudó a visitar el Museo de Historia Natural, que parecía un lugar interesante para Alba.
Pese a ser un día entre semana, nadie nos libró de una pequeña cola para entrar, pero cuando estuvimos vi rápidamente que había sido una buena elección. En el primer hall de la entrada un enorme esqueleto de dinosaurio nos daba la bienvenida, dejando ya con la boca abierta a mi pequeña. El tiempo que puedes dedicarle a visitar este museo, como casi todos los grandes museos de Londres, es prácticamente infinito, no te lo acabas en un día ni aún queriendo, menos éste en concreto que es muy interactivo y didáctico, muy enfocado a niños. Aún así, la capacidad de una niña de dos años de mantener la atención es bastante reducida y pese a que empezó con mucha fuerza, probándolo todo, al cabo de un par de horas ya estaba revolcándose por el suelo y gritando que quería irse de allí. Quedaban muchas cosas por ver (desde el punto de vista de un adulto), pero cuando uno viaja con niños debe saber que una retirada a tiempo es una victoria.
Salimos del museo y comenzamos a remontar Exhibition Road hasta llegar al difuso límite que separa Hyde Park de los Kensington Gardens. Allí ya empecé a notar cuál había sido el motivo de las pataletas de Alba en el museo, empezó a posar su cabeza en mi hombro con la intención de dormirse. Aprovechando que la fina lluvia nos había dado una tregua, aprovechamos para sentarnos en un banco, a los pies de The Albert Memorial y con vistas al Royal Albert Hall. Después de la experiencia del día anterior, no pensaba moverme con la niña en brazos, así que nos abrigué bien y saqué el ebook para leer tranquilamente mientas Alba descansaba.
Cuando despertó, nos internamos en los Kensington Gardens, un parque bonito festoneado por Kensington Palace, una visita que no me llamaba para nada la atención. Nuestro objetivo estaba más allá, en la punta más alejada del parque desde donde veníamos, el Diana Memorial Playground, que como su nombre indica se trata de un parque infantil, como el que tu o yo podemos tener debajo de casa, pero muy cuidado, con un enorme barco pirata de madera, tiendas de indios, etc. Un auténtico paraíso para mi hija que no podía privarla de disfrutar.
Cuando se cansó de jugar, o más bien cuando el hambre fue más fuerte que sus ganas de jugar, buscamos un lugar donde comer, acabando en un restaurante "español" (porque así rezaba el cartel, pero realmente lo regentaban unos portugueses) que había al lado de la parada de metro de Queensway. El sitio era oscuro y algo deprimente, pero debo reconocer que la comida estaba muy buena.
Por la tarde me di un capricho personal. Como amante de los juegos de rol y de todo lo friki en general, no quería irme de Londres sin visitar una de sus catedrales del vicio, la tienda Forbidden Planet. Así que pillamos un metro y nos plantamos en Shaftesbury Avenue donde se ubica su megastore de Londres. Esa tarde lo pasé en grande, pero la verdad es que me esperaba algo aún más espectacular, debo reconocer que en estos temas en Barcelona estamos muy bien servidos y con nada que envidiar a la mega-urbe inglesa.
Desde allí volvimos para Gresham Street a reencontrarnos con Roca y algunos de los compañeros de trabajo, con los que fuimos a tomarnos la típica afterworks pint of beer. Dado que yo soy abstemio, tuve que pasar una afterworks diet coke, que tiene menos glamour pero hacía las funciones.
Miércoles 7-12-2016 - Downing Street, Big Ben, Houses of Parliament y London Eye
El miércoles fue uno de esos días que visto en retrospectiva, no entiendes muy bien cómo, pero se te escurre de los dedos sin hacer nada muy trascendente. Ya nos levantamos tarde con Alba y los días que una niña pequeña te deja dormir se han de aprovechar como el tesoro escaso que son. El almuerzo se alargó y aprovechamos las primeras horas para ir a hacer algunas compras (agua, algo de fruta y frutos secos para la niña, etc). Sin darnos cuenta nos habíamos comido ya media mañana cuando nos montamos en el vagón del metro que nos llevaría a la plaza Trafalgar.
Desde allí bajamos caminando a un ritmo pausado todo Parliament Street. Paramos primero en The Household Cavalry Museum. No entramos al museo en sí, que había leído que no vale demasiado la pena, pero a Alba le gustaba ver a la guardia montada con sus caballos engalanados y perdimos allí un buen rato.
Continuamos bajando la calle, sin saltarnos los típicos lugares que ningún guiri que se precie puede perderse, como el mítico número 10 de Downing Street, más gracioso por su significado y por haberlo visto en tantas series, películas y telediarios que por lo que ofrece su vista en sí.
Acabamos al final en la esquina más concurrida de Londres, allí donde se alza el legendario Big Ben. Vimos toda la zona por fuera, el mítico reloj, las Houses of the Parliament, paseando tranquilamente pero sin entrar a visitarlos (yo ya los había visto y Alba no estaba especialmente interesada).
Cuando acabamos cruzamos el Westminster Bridge y nos dirigimos hacia el London Eye, la enorme noria situada a orillas del Támesis. Hicimos una larga cola, pero que realmente avanzaba bastante rápido y al poco estábamos subidos a la gigantesca noria. He de reconocer que las vistas son buenas y que hace mucha gracia ver todo Londres a tus pies. Además la noria es lo suficientemente alta y gira lo suficientemente lenta para que la experiencia no se haga excesivamente corta. Aún así, se me antoja bastante caro para lo que obtienes en realidad. Supongo que es una experiencia de una sola vez y ya está.
Comimos allí, a los pies del Eye, unas ricas empanadas argentinas compradas en un puesto callejero y perdimos bastante tiempo escuchando a alguno de los muchos artistas callejeros que llenaban con su música la ribera del río. Alba bailaba contenta y poco más le pide un padre a la vida.
Roca nos encontró allí al salir del trabajo, que aquel día fue antes de lo previsto. Desde allí toda la familia volvimos andando a nuestro hotel, una larga caminata que nos ocupó lo que restaba de tarde, pero de ésas que te permiten mezclarte un poco con en Londres menos turístico (si es que hay alguna zona del centro de Londres que puedas considerar así).
Jueves 8-12-2016 - HMS Belfast y Shakespeare Globe
La visita que nos ocupó toda la mañana del jueves fue una de esas que te acaban resultando inesperadamente gratas dadas las bajas expectativas que llevas de inicio. Nos dirigimos después de desayunar a visitar el HMS Belfast, un crucero ligero de la Royal Navy que se encuentra varado en pleno Támesis, entre el London Bridge y el Tower Bridge.
El barco, botado en 1938 y partícipe en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Corea, fue retirado del servicio y convertido en un museo naval en el año 1971. La verdad es que el barco está muy bien conservado, y muchas partes se han restaurado y se les ha añadido unos cuidados maniquíes que recrean lo que era la vida cotidiana en un barco de esas características. La verdad es que es una visita ideal para niños, que se lo pasan en grande recorriendo sus laberínticos y angostos vericuetos, pero a mi también me gustó muchísimo, así que sería una visita que recomendaría a cualquier visitante de la ciudad.
| Recreaciones con maniquíes dentro del HMS Belfast |
Salimos de allí ya tarde y comimos en una pizzería cercana. Al poco nos reunimos con Roca y gastamos la tarde paseando por el paseo que discurre en paralelo al río, en su orilla sur. Es una zona que está repleta de pequeñas tiendas, restaurantes y bares y que la verdad es que tiene un ambiente muy agradable, que se complementa en navidades con varios puestecillos callejeros donde se vende todo tipo de comidas y accesorios.
En nuestro paseo acabamos llegando al Shakespeare Globe, una reconstrucción de lo que fuera el original teatro isabelino en el que el mayor dramaturgo de la historia estrenaba sus obras. Ya era tarde cuando llegamos y estaba cerrado para visitas, pero en un edificio anexo se representan hoy en día obras de todo tipo, con lo que es una zona concurrida y a su alrededor se agolpan muchos restaurantes. Escogimos uno de comida turca en el que tocaban música en directo. La comida era abundante y rica, aunque los precios eran más londinenses que turcos, creo que me entendéis.
Viernes 9-12-2016 - Crystal Palace Park
Dado que estaba tantos días solo con Alba, había buscado en diversas webs actividades para hacer en Londres con niños y una de las que había encontrado y que llamaron mi atención era la visita a Crystal Palace Park.
La verdad es que el lugar está donde Cristo perdió la alpargata. Después de un par de transbordos ý de innumerables paradas de metro, llegamos al parque en sí. La mañana era fría y poca gente parecía haber por la zona, y menos parecería aún cuando empezamos a internarnos en el parque en sí, dada la enormidad de éste.
El parque fue diseñado y construido por Sir Joseph Paxton para reubicar el famoso Crystal Palace que había construido para la Gran Exposición de 1851 y que era considerado uno de los elementos arquitectónicos más importantes de su época. Paxton trasladó su palacio a la cima de una colina y a su alrededor construyó un enorme parque. Muchos cambios ha sufrido el parque desde entonces, un incendio acabó con el enorme edificio que da nombre al parque, en su interior se construyó un circuito de carreras, un complejo multideportivo, etc.
Lo que queda ahora es un enorme parque a las afueras de Londres, que supongo que estará concurrido en fin de semana pero que estaba prácticamente vacío en ese frío día laborable de invierno. El parque nos brindaba diferentes actividades que aprovechamos con Alba. Empezamos por la visita al enorme lago y la búsqueda de las enormes estatuas de dinosaurios que se agolpan camufladas entre el follaje alrededor de éste.
Visitamos una pequeña granja escuela que hay dentro del propio parque, muy pequeña la verdad, pero cumplía con su objetivo. También hay un enorme laberinto, pero pasamos de él, porque era difícil que Alba lo disfrutara con su edad.
Por último nos acercamos también a un gran "playground" que hay cerca del lago, donde aprovechamos para comer unos bocadillos que habíamos preparado en el hotel. A esas horas, ya la afluencia de gente se notaba que iba aumentando. Supongo que, como aquí en España, mucha gente termina de trabajar el viernes al mediodía y querían aprovechar las pocas horas que quedaban de sol para ir al parque con los chiquillos.
Cuando la luz solar empezaba a desvanecerse, enfilamos de nuevo la retahíla de estaciones de metro de vuelta hacia la City. Nos juntábamos allí con Roca y con varios compañeros de trabajo, tanto españoles como ingleses, para hacer una nueva sesión de pub, cerveza, charla y algo de baile (lo del baile iba sobretodo a cargo de Alba, que encontró un hueco entre la muchedumbre y movía las caderas con jolgorio ante la música del bar). Después nos fuimos a cenar todos juntos en un restaurante de moda desde el que se disfrutaban de unas vistas maravillosas y que debía costar un buen pico, nunca lo supimos porque fuimos invitados por un proveedor.
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| La cena de empresa que hicimos los que fuimos a trabajar a Londres esa semana. |
Sábado 10-12-2016 - Chinatown, Regent Street, Soho y Covent Garden
El sábado habíamos quedado para comer con una amiga de Roca de la Universidad, que se mudó a Londres por motivos laborales. Para hacer tiempo hasta la hora de comer, decidimos darnos una vuelta toda la familia por el centro.
Nuestro primer destino era la zona comercial de Regent Street con su espectacular alumbrado navideño y sus riadas de gente. Para haceros una idea es el equivalente londinense al Portal de l'Àngel barcelonés. Hay tiendas muy interesantes, como la mítica juguetería Hamleys, un auténtico paraíso para los niños. Pero mi conocida aversión a las grandes aglomeraciones hizo que consiguiera que tras un rato, nos saliéramos de esa arteria principal para adentrarnos en el Chinatown de la capital inglesa.
Habiendo visto previamente el barrio chino de algunas ciudades americanas, éste de Londres se te queda bastante pequeño, pero sigue siendo pintoresco encontrarse ese pequeño trozo de Asia como aislado en medio de la gran metrópolis. Allí se puede ver la Chinatown Gate, una puerta ornamental al estilo de la Dinastía Qing que resulta poco menos que pintoresca.
Desde Chinatown continuamos hacia el norte para adentrarnos en el Soho, el barrio bohemio por antonomasia de la ciudad. Lleno de cafés, restaurantes, bares, locales de ambiente, tiendas de discos, ropa de segunda mano y otras cosas tan bizarras como peluquerías que por la noche abren como un bar más y sirven copas. Por la mañana es obvio que no te encuentras tanto ambiente, pero si el suficiente, el Soho en fin de semana está concurrido todo el día. Es uno de esos barrios que no tiene nada muy especial que ver, pero en los que siempre resulta gratificante perderse y pasear tranquilamente.
Terminamos nuestro paseo en el Covent Garden Apple Market, un pintoresco mercado donde muchos pequeños productores tienen puestecillos donde venden productos de artesanía, joyería, etc. El lugar tiene un encanto mágico, además de que suele haber siempre músicos callejeros amenizando el paseo por sus alrededores. Un lugar bastante recomendable si estás el suficiente tiempo en la ciudad como para salirte de los atractivos más típicos.
Al salir de allí ya no nos quedaba demasiado tiempo. Cogimos de nuevo el metro hasta la parada de Canada House donde hicimos trasbordo a la línea de cercanías que nos llevaría hasta casa de Nagore y Engel, en uno de los típico suburbs ingleses de pequeñas casas apareadas. Ellos serían nuestros anfitriones en la comida y la larga sobremesa que se alargó prácticamente toda la tarde, ya que después de comer se nos unieron algunos compañeros de trabajo de Nagore. Enlazando las conversaciones apenas nos dimos cuenta de que la noche se nos había echado encima. Supongo que el tiempo pasa rápido en buena compañía.
A la vuelta, aunque era un poco tarde, quisimos acercarnos a visitar el British Museum y sobretodo so colección arqueológica del Antiguo Egipto, una temática que me encanta. Pero al poco nos dimos cuenta que no había sido demasiado buena idea. Allí hay muchísimas piezas que no están en vitrinas y Alba no paraba de querer tocarlas, encaramarse a ellas, etc. Teníamos que estar todo el rato vigilándola y prohibiéndole hacer cosas que le apetecían, con lo que veíamos como su mosqueo iba in crescendo. Decidimos abortar la misión antes de que el problema fuera a mayores y volvernos para el hotel.
Londres aún me debe una visita en condiciones al British.
Domingo 11-12-2016 - Tate Modern y ribera del Támesis
Ya que nuestro hotel estaba justo al lado, decidimos pasar la mañana del domingo visitando el Tate Modern, el museo de arte contemporáneo de la ciudad. La verdad es que yo no soy un gran amante del arte contemporáneo, pero aún así hay que reconocer que el museo es espectacular.
El museo se ha erigido en el interior de lo que había sido la Bankside Power Station, una antigua estación de generación eléctrica a partir de combustión térmica que estuvo funcionando y proveyendo electricidad a la ciudad durante unos 100 años. La enorme sala central de la antigua planta le da un aire de enormidad al museo que impresiona al visitante nada más entrar.
Lo bueno es que la entrada a la exposición fija es gratuita y sólo se debe pagar para visitar las exposiciones temporales. Además como casi todos los museos modernos, tiene espacios destinados a los más pequeños y actividades organizadas que llenan de forma muy fácil una "mañana tonta".
Salimos de allí un poco antes de la hora de comer, pues habíamos quedado con Enric y Núria. Enric había sido el antiguo jefe de Roca cuando ella trabajaba en Accenture y mantienen todavía una gran relación pese a la distancia, ya que Enric se fue a trabajar también a Londres. Buscamos un lugar bastante "fashion" a orillas del río, famoso por su fish and chips y a eso que nos dedicamos. La verdad es que si el fish and chips es lo más famoso de la cocina inglesa, eso no habla excesivamente bien de la misma.
Tras comer fuimos paseando por la ribera del río Támesis, acabando en el interior del National Theater, donde paramos a hacer un café que se alargó casi toda la tarde. Lo mejor fue que Núria se ofreció a hacernos de canguro para el día siguiente, que era en el que los dos debíamos trabajar. Alba no iba a estar en mejor compañía, así que aceptamos encantados.
Al salir de allí y despedirnos de la pareja, ya había anochecido, así que decidimos dirigirnos a Sommerset House, donde en épocas navideñas instalan una pista de hielo para patinar. El ambiente allí es maravilloso, pero la verdad es que resulta prácticamente imposible encontrar un hueco si no llevas los tickets comprados con antelación. Teníamos que esperar una hora y media para encontrar el primer hueco, así que desistimos y abandonamos el lugar.
Volvimos sobre nuestros pasos, cruzando de nuevo el Waterloo Bridge pues habíamos visto que frente al National Theater habían desplegado un mercado callejero de libros de segunda mano. Roca quería buscar algunos cuentos en inglés para Alba y yo nunca digo que no a rebuscar entre montañas de libros. Así que después de un buen rato, cada uno salió con un pequeño regalo acorde con sus intereses (yo aún atesoro con gran cariño el libro sobre la historia de Jack El Destripador que compré allí).
Tras eso, con la niña exhausta, decidimos volver al hotel. Esa noche cenamos unas pizzas "a domicilio" y vimos una serie en el portátil. Un plan que de vez en cuando siempre viene bien.
Lunes 12-12-2016 - Embankment y por fin a trabajar
Por fin llegó el día que debía hacer mi presentación ante los usuarios de TSB. No la tenía hasta después de comer, alrededor de las 14:00, así que por la mañana aprovechamos con Alba para ir a visitar la zona de Enbankment, en la ribera norte del Támesis.
Es un paseo tranquilo, festoneado por algunos restos del antiguo Egipto que se trajeron a Londres durante la época colonial, como el obelisco conocido como la Aguja de Cleopatra o alguna esfinges que descansan tranquilamente cerca de los pequeños embarcaderos de la zona.
Luego fuimos caminando poco a poco hacia el Museum of London, donde habíamos quedado con Núria. Comimos allí mismo, en el restaurante del museo. Núria es un ángel y a parte de hacerle de canguro, había traído un montón de regalitos para Alba: una muñeca, un disfraz de princesa... Mi hija estaba encantada y la verdad es que no tuvo ningún problema en separarse de papá. Núria sabía cómo ganarse su confianza.
Desde el Museum of London me dirigí caminando hasta Leadenhall, el edificio en el que debía hacer la presentación. Por si os lo preguntáis después de daros la tabarra con la presentación durante toda la entrada, sí, ésta fue muy bien y los usuarios de TSB salieron encantados. Al finalizar, Roca y yo nos juntamos con Núria, que nos había traído a Alba a la puerta de la propia oficina. Nos despedimos allí de ella, porque desde allí nos salía un Uber que nos llevaría al aeropuerto. Nuestras extrañas pseudo-vacaciones londinenses terminaban allí.
Lo mejor del viaje
- Poder pasar tanto tiempo junto a mi hija Alba. Realmente este viaje estrechó mucho nuestro vínculo.
- Las visitas a la Tower of London y el HMS Belfalst.
- Poder encontrarse con viejos amigos en una ciudad tan distante.
Lo peor del viaje
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