Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Croacia. La perla del Adriático 2/2

La costa croata más allá de Dubrovnik sigue estando repleta de lugares maravillosos que visitar, desde la Split de esplendoroso legado romano, nacida alrededor del palacio de retiro del Emperador Diocleciano, hasta las estrechas y serpenteantes callejuelas medievales del enclave isleño de Korcula. Desde las impresionantes murallas de la población de Ston, hasta la bella Trogir, que se remonta a un antiguo asentamiento del período helenístico y ha sido embellecida por los sucesivos gobernantes, añadiendo desde fortalezas a iglesias románicas o palacios barrocos de estilo veneciano. 

Nota: El viaje a Croacia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la entrada previa a ésta en el siguiente link.

Día 3 – Ston y Orebic

El tercer día levantábamos el campamento, dejando atrás el hotel que nos había acogido las dos últimas noches. Nuestro primer destino del día fue la pequeña población de Ston. Lo más llamativo de este pequeño pueblo son sus impresionantes murallas. Fueron construidas en 1333 cuando Ston pertenecía a la República de Dubrovnik para proteger este enclave de enorme importancia económica por sus importantes salinas. Se trata de la fortificación más larga de Europa con 5 kilómetros y medio de longitud y en maravilloso estado de conservación.

La verdad es que no disponíamos del tiempo, ni el calzado adecuado para recorrer los más de 5 kilómetros de la muralla (ya que la guía nos había comentado que cogiéramos ropa de playa e íbamos con chancletas), así que nos tuvimos que contentar con recorrer la muralla interior de apenas 1 kilómetro (eso sí, todo de empinada subida). Pero hay que reconocer que valió la pena, porque desde lo alto de sus murallas se tienen unas vistas espectaculares de la península de Peljesac, y en concreto de las famosas salinas de la población que brillan cual espejos bajo los rayos del astro rey.

Tras abandonar Ston continuamos hasta Orebic, una población de costa que sería nuestro centro de operaciones en los siguientes días. Comimos allí en el mismo buffet del hotel para dirigirnos por la tarde al embarcadero de la población para esa “sorpresa playera” que nos había prometido nuestra guía.
La verdad es que la sorpresa superó con creces nuestras expectativas ya que el grupo entero nos montamos en un pequeño velero que nos dio un paseo por entre las islas que salpican la costa dálmata, la mayoría diminutas y deshabitadas, pero de una belleza paisajística alucinante. Al final del trayecto, el barco lanzó el ancla en medio del mar, relativamente cerca de dos pequeñas islas deshabitadas y los viajeros pudimos pasar la tarde nadando y jugando en las aguas azul turquesa de la costa dálmata. ¡Una experiencia única!

Día 4 – Korcula

A la mañana siguiente, tras desayunar, nos dirigimos de nuevo hacia el pequeño embarcadero del hotel. Allí nos estaba esperando una pequeña barca local que nos llevaría a la cercana isla de Korcula y en concreto a su población más importante, que precisamente es la que da el nombre a la isla.

Bajamos en el pequeño puerto pesquero de Korcula a media mañana e iniciamos la visita, que esta vez no era guiada por nuestra cuenta.

Korcula es una pequeña ciudad famosa por su centro histórico, vestigio de la antigua dominación veneciana de la isla. El centro histórico está rodeado por una recia muralla, a cuyo interior se puede acceder por la Puerta de Tierra, enclavada en un achaparrado bastión defensivo.


La ciudad de Korcula vista desde el mar
El casco antiguo de Korcula conforma un abigarrado laberinto de callejas con edificios de piedra, arcos y escalones medievales, que en verano rebosan de turistas. Los estrechos callejones que confluyen en las calles principales están diseñados de tal manera que el impacto del molesto viento que azota la isla queda reducido a su mínima expresión.

El conjunto está perlado de edificios históricos de influencia veneciana. El principal edificio de Korcula es la Catedral de San Marcos, un precioso edificio de obligada visita, cerca del cual se encuentran muchos otros arquitectónicamente interesantes, como el Palacio Episcopal, o Casa del Abad, y otras iglesias como la de Todos los Santos, San Miguel o de Nuestra Señora.

A parte de todo ello Korcula es conocida por ser, se supone, la ciudad natal del explorador Marco Polo, aunque hay dudas al respecto. Parece ser que Marco Polo, igual que Cristóbal Colón, son personajes tan sumamente importantes que todo el mundo quiere apuntarse como su ciudad de nacimiento.

De acuerdo a una tradición local, Marco Polo nació en Korcula en 1254 en una familia establecida de mercaderes, aunque no hay pruebas de esa historia. El caso es que aprovechando la cuestión se ha restaurado la casa en la que se supone que nació el explorador, y se ha creado un museo dedicado a su vida. Estuvimos con María valorando si merecía la pena entrar o no, ya que realmente las pocas casas-museo dedicadas a un personaje en concreto que habíamos visitado no nos habían convencido. Al final descartamos la visita y lo cambiamos por un paseo al pie de las murallas con las olas rompiendo a nuestros pies. El paseo fue romántico y precioso, aunque no sabremos nunca si mejor o peor que el dichoso museo. Quizás algún día alguien lo visite y nos saque de dudas.

Después de comer continuamos la visita por los barrios más modernos de la población. Bonitos, con jardines cuidados y preciosas vistas al mar, pero sin nada reseñable que destacar.

A media tarde la misma barca nos recogió de nuevo en el puerto para llevarnos de nuevo a Orebic. Hacía viento y la mar estaba picada, con lo que el retorno fue una experiencia un tanto mareante.

Aún así, llegamos sin problemas a destino donde aún disponíamos de un par de horas de sol, que gastamos como auténticos guiris en las tumbonas de la playa. María pegándose chapuzones y yo disfrutando de un buen libro de ciencia ficción.

Día 5 – Split y Trogir

Amaneció nuestro quinto día en Croacia y, después de un buen desayuno, continuamos por carretera en dirección a Split.

Llegamos a esta preciosa ciudad y aparcamos en el puerto deportivo de la ciudad, justo en frente de la Puerta de Bronce, una de las cuatro puertas que dan acceso al recinto amurallado que forma el casco histórico.

La Puerta de Bronce te lleva de cabeza hacia las bodegas del antiguo Palacio de Diocleciano, ya que en época romana esta puerta en sí no era un acceso al palacio, si no una entrada de mercancías que se dejaban aquí directamente desde los barcos atracados en el puerto. Se trata de un conjunto subterráneo de arcadas románicas que definen un amplio espacio sobre el cual se situaba la residencia del emperador. Actualmente no es más que un lugar en el que se agolpan los tenderetes de souvenirs.

Una vez cruzada la subestructura se suben unas escaleras que llevan de pleno al antiguo corazón de la ciudad de Split, donde se empiezan a desplegar los verdaderos tesoros de esta ciudad.

En muy poco espacio puede visitarse la Catedral, elevada sobre lo que era el mausoleo del propio emperador Diocleciano, el peristilo (o patio columnado) y el antiguo Templo de Júpiter (hoy en día también reconvertido en una iglesia cristiana). Pero no sólo eso, es que este casco antiguo es una auténtica delicia para los sentidos y probablemente de lo más bonito que vimos en Croacia. Personalmente, quitando el emplazamiento natural, me pareció más atractivo que Dubrovnik, pero claro está eso son gustos personales.


Paseo marítimo de Split
Perdimos toda la mañana en el casco antiguo sólo saliendo un momento por la Puerta Áurea para hacer una pequeña excursión a la famosa y colosal estatua de Grgur Ninski (un obispo del siglo X) de la que dicen que si le tocas el pie te trae buena suerte e incluso puede cumplir un deseo. ¡Resulta curioso ver lo pulido que está ese pie respecto al resto de la estatua de tanto sobarlo!

Comimos bastante bien en una pizzería dentro del propio casco antiguo y posteriormente nos encaminamos hacia la Puerta de Hierro, la salida oeste del recinto amurallado. Pasamos por el camino por la que según el libro Guiness de los récords es la calle más estrecha del mundo. Curiosa como poco, ya que pese a ser muy cortita hay que reconocer que no puede pasar más de una persona a la vez.

Tras salir del casco histórico dimos una vuelta por los barrios cercanos, hasta acabar en la bonita Plaza de la República. Una plaza adoquinada y abierta al mar, rodeada por coloristas edificios con amplias arcadas frente a las cuales se sitúan numerosas terracitas donde poder tomar algo. Un lugar precioso.

Tras esto de vuelta al puerto, un pequeño paseo y de nuevo al autobús para dirigirnos a nuestro último destino: Trogir.

Trogir es una pequeña isla unida al continente por un puente y la extensión completa de la isla está ocupada por la población homónima. La población es patrimonio mundial de la UNESCO y remonta su historia al periodo helénico, embelleciéndose después con aportes de un montón de épocas y estilos.

El autobús nos dejó en un parking y tuvimos que caminar un poquito hasta la puerta de entrada de la ciudad, que es de estilo renacentista y contiene en lo más alto una escultura de san Ivan Orsini, que es el protector de la ciudad.

Continuamos la visita siguiendo la muralla, visitando la Fortaleza del Camerlengo y la Torre de San Marcos, dos fortificaciones defensivas una al lado de la otra, la primera medieval y la segunda renacentista. Ya en las almenas de esta última nos cayó la noche, así que tuvimos que dejar el turismo y dedicarnos simplemente a pasear por el puerto, cenar e ir a dormir.

Día 6 – De vuelta a casa

Nuestro último día en Croacia básicamente era para volver a casa, coger el autobús hasta Dubrovnik y de allí el vuelo de vuelta hasta Barcelona. Aún así, el autobús no salía hasta media mañana, así que aprovechamos para despertarnos pronto, desayunar frugalmente y continuar con la visita turística que la caída de la noche nos había interrumpido el día anterior.

En el poco tiempo del que disponíamos nos dio tiempo a visitar el ayuntamiento, la Catedral de St. Lovro o la iglesia de San Sebastián y sus plazoletas adyacentes. Fue algo con prisas y sin poder disfrutarlo con detenimiento, pero menos da una piedra, como mínimo no nos fuimos sin haberlos visto.

El viaje de retorno no tuvo mucha historia. Foto grupal, despedida de la guía, vuelo y a la hora de cenar en casita. Unas nuevas vacaciones que se evaporaban dejando sitio a la monotonía laboral, no sin antes dejarnos un buen sabor de boca y bonitos recuerdos.

Valoraciones

Buen viaje. Experiencia muy satisfactoria pese a ser un viaje organizado, cosa a la que no estábamos acostumbrados y nos daba algo de respeto. En todas las ciudades disponíamos de mucho tiempo libre para nosotros con lo que no tenías la sensación de ser uno más del rebaño del guía. Como país Croacia es precioso, aunque empieza a estar en ese límite en que el turismo ya se está imponiendo tanto que muchas partes del país están perdiendo parte de su encanto.

Lo mejor del viaje

- La tarde de recreo en las cascadas de Kravice
- Los cascos históricos en Split, Trogir y Dubrovnik. Para alguien enamorado de “lo medieval” no tienen precio.
- El chapuzón en medio del Adriático cuando nuestro barco particular tiró allí el ancla y nos permitió pasar un rato nadando libremente en medio de la nada.

Lo peor del viaje

- Hacer el recorrido de las murallas de Dubrovnik bajo el ajusticiante sol del mediodía
- La sensación de que la guía siempre nos paraba en los restaurantes de sus amigos y/o conocidos. Me dio la sensación que se podría haber mejorado considerablemente la selección gastronómica. Por suerte normalmente podíamos escoger libremente el sitio donde comer porque caía en los ratos de “tiempo libre”.

Galería de fotos


Croacia2

martes, 17 de diciembre de 2013

Croacia. La perla del Adriático 1/2

Dubrovnik, la perla de Croacia es una ciudad del todo imprescindible de la costa mediterránea. Dentro de sus poderosas murallas se palpa el poso de una historia de más de mil años que la ha adornado con palacios, cúpulas, conventos y callejas con mucho sabor que, tras una minuciosa restauración después de la guerra de los Balcanes, vuelven a lucir en todo su esplendor. Muy cerca, en la vecina Bosnia, el puente de Móstar se erige como testigo bipolar de la unión entre culturas y de las barbaries de la guerra.

Nota: El viaje a Croacia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda en este link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén y Maria de la Roca
Duración del viaje: 6 días
Fecha: Agosto de 2008
Destinos visitados: Sur de Croacia (Dubrovnik, Ston, Orebic, Korcula, Split y Trogir) y Bosnia-Herzegovina (Pocitelj, Mostar, Cascadas de Kravice)
Transporte: Avión y autobús

Descripción del viaje

Se acercaban peligrosamente las vacaciones de aquel verano del 2008 y no teníamos por desgracia aún idea de a dónde encaminar nuestros pasos de turistas intrépidos. Así pues, a última hora tocó hacer una búsqueda intensiva por Internet de posibles destinos. Muchos fueron los que miramos (Egipto, Turquía, Rusia…) pero los precios, por estar en plena temporada alta, estaban por las nubes. Al menos hasta que me encontré con una oferta last minute en una agencia que sólo opera por Internet de un corto viaje a Croacia con una precio más que competitivo. No nos lo pensamos dos veces, nos liamos la manta a la cabeza y cogimos ese pack sin pensárnoslo.

En menos de una semana (sí, como os dije ese año nos columpiamos mucho para cerrar las vacaciones) nos encontrábamos en el aeropuerto de El Prat cogiendo un vuelo hacia la capital de la costa dálmata, Dubrovnik.

Día 1 – Dubrovnik

Nuestro avión aterrizó en el aeropuerto de Dubrovnik a media mañana y allí teníamos esperando con el típico cartelito de la agencia de viajes a la que sería nuestra guía durante todo el viaje, una chica andaluza que se había sacado un novio croata y llevaba ya 6 años viviendo en la zona. Poco a poco nos fuimos juntando todos los que nos habíamos apuntado al viaje organizado y cuando estuvimos todos procedimos a montarnos en el autobús que nos conduciría a las distintas visitas que haríamos a lo largo de nuestro viaje. Como mínimo ya de inicio pudimos constatar que el grupo no era excesivamente numeroso, lo cual era sin duda una gran noticia.

El desplazamiento del aeropuerto a la ciudad de Dubrovnik era bastante corto y enseguida el autobús nos descargó en las postrimerías de la Puerta de Pile, donde nos reunimos con una historiadora local que nos haría una visita guiada por la ciudad, o al menos por el casco antiguo de la misma y que nos había fascinado desde las ventanillas del autobús mientras nos acercábamos a la ciudad. Una ciudad completamente amurallada, con todas las construcciones de estilo medieval y en un estado de conservación sublime (principalmente como supimos luego, por el esfuerzo restaurador del gobierno croata tras la reciente guerra), enclavada en un idílico saliente entre las cristalinas aguas del Adriático. Se entendía perfectamente por qué Lord Byron la definió como “la perla del Adriático”.

La visita guiada no fue muy larga, pero suficiente para ver lo más importante de la ciudad como la Fuente de Onofrio, la Torre del Reloj, la Columna de Roland, el Palacio del Rector y la Catedral mientras nuestra guía nos iba desgranando poco a poco la historia local, desde la más remota, la creación de la ciudad y su influencia en las travesías comerciales por el Mediterráneo, hasta la más reciente, con los efectos de la Guerra de los Balcanes sobre la ciudad. Sin duda apasionante y muy ilustrativo.

Tras una hora más o menos de esta visita guiada, disponíamos de 4 o 5 más para realizar la visita a nuestro aire por la ciudad. Así pues nos separamos del resto de compañeros de viaje y empezamos nuestra visita particular.

Dado que acabábamos de visitar los lugares más emblemáticos decidimos callejear un poco para impregnarnos del ambiente de la ciudad. Las calles tenían ese aroma medieval tan típico: empedradas, estrechas y sinuosas, y resultaban un excelente refugio contra la acuciante calor. Sin duda eran bonitas y merecía la pena pasearse por allí, pero resultaba imposible empaparse del aroma local, porque prácticamente todo el casco antiguo se había convertido en mercadillo gigante y casi todo el mundo que por allí pululaba eran turistas como nosotros (la mayoría provenientes de los numerosos cruceros atracados en el puerto de la ciudad).

Continuamos la visita en el puerto de la ciudad, entre las pequeñas barcas de recreo y tras ello nos decidimos por acercarnos a la que probablemente sea la mayor atracción de la ciudad, la visita a las murallas de la misma. Se accede a la murallas que circunvalan la ciudad medieval a través de unas escaleras situadas al lado de la Puerta de Pile y te permiten recorrer los dos kilómetros y medio de murallas y ver toda la ciudad y sus alrededores desde allí. Sin duda el pago de la entrada merece la pena.

Casco antiguo de Dubrovnik desde una aspillera de las murallas
Nosotros cometimos el error de hacer la visita a las murallas a pleno mediodía. El sol caía como una losa sobre nuestras cabezas, recalentando la piedra bajo nuestros pies y haciendo que el trayecto, que encima hicimos apenas sin agua, se hiciera en ciertos puntos algo agobiante. En contraprestación, éramos prácticamente los únicos locos que nos atrevimos a hacer el trayecto a esas horas, con lo que pudimos disfrutar en las murallas de una intimidad difícil de encontrar en la atiborrada Dubrovnik.

Al acabar el paseo por las murallas ya eran pasadas las tres de la tarde, así que nos afanamos en buscar un sitio donde comer. Nos decantamos por un pequeño local situado en un callejón no excesivamente transitado y pudimos disfrutar de un buen arroz negro que para nuestra sorpresa no nos salió excesivamente caro.

Al acabar de comer nos quedaba poco más de una hora antes de que tuviéramos que reunirnos con el resto de compañeros de viaje para partir de Dubrovnik. Una opción que teníamos era la de salir del casco antiguo y pasear por los barrios modernos de la ciudad, pero éstos según la información que teníamos no parecían tener excesivo encanto, así que optamos por pasar esa horita en una de las playas locales. Llamarle playa es quizás algo temerario, pues no dejan de ser calas rocosas al mismo pie de las murallas. Sin embargo el ambiente en el lugar era maravilloso. La brisa llegaba refrescante desde las aguas y el lugar estaba repleto de lugareños, que se zambullían en el agua, nadaban y jugaban a waterpolo, mientras en la orilla sonaba la música de un chiringuito donde cocían unas brochetas de carne de olor delicioso. Hay que reconocer que esa horita se nos pasó volando.

A la hora pactada nos reunimos todos de nuevo en la fuente de Onofrio y nos volvimos a montar en el autobús que nos llevaría a nuestro hotel, en una población cercana sin ningún interés particular (excepto probablemente ser más económica que la propia Dubrovnik), pero que como mínimo disponía de unas playas de arena bastante decentes en las que nos remojamos un poco antes de cenar y un bonito paseo marítimo para pasear tras la misma.

Día 2 – Bosnia-Herzegovina

El segundo día nos levantamos pronto y cogimos de nuevo el autobús, que cruzaría la frontera para internarse en el vecino país de Bosnia-Herzegovina. Nuestro principal destino del día era la ciudad de Mostar, pero de camino hicimos una parada en el pequeño pueblo de Pocitelj, en el valle del río Neretva, un pequeño pueblo declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a sus bien conservadas construcciones islámicas del siglo XVI.

En un reducido espacio puede visitarse la Mezquita de Hadzi Alija, que contiene una madraza, y que destaca por su estilizado minarete, los baños públicos (Haman) o la Torre del Reloj. Pero sin duda la visita estrella, a la que María y yo nos lanzamos como locos en el poco tiempo que teníamos en el pueblo, era la subida a la fortaleza ya cristiana que domina el pueblo desde las alturas y que permite unas vistas sobre el pueblo y su entorno natural que quitan el hipo.

Tomamos las preceptivas fotos y cogimos de nuevo el bus para llegar al poco rato a Mostar, donde aparcamos cerca de la Iglesia de los Franciscanos, en el lado cristiano de la ciudad donde nos encontramos con nuestra guía local. La cual empezó a contarnos un poco la historia de la ciudad mientras íbamos caminando hacia el famoso puente de Mostar. Sin embargo resultaba algo difícil seguir las explicaciones de la guía, ya que sin querer se te desviaba la mirada hacia varias casas que no habían sido reconstruidas y que aún se encontraban en el mismo estado en que acabaron la guerra. Las paredes estaban perforadas por los agujeros de bala y los impactos de obuses, dejando una visión dantesca que te revolvía un poco el estómago de pensar qué pasó allí realmente.

Al poco llegamos a la calle principal de la ciudad, una calle peatonal adoquinada que parte del lado cristiano, cruza el famoso puente de Mostar (el Stari Most) y acaba un poco más allá, ya en el lado musulmán. La calle está plagada de tenderetes de recuerdos para turistas y abarrotada de gente, resultando en parte agobiante. Sin embargo el puente en sí es una maravilla arquitectónica, y el hecho de que lo sepas una reconstrucción reciente (del 2004), debido a que las milicias croatas lo volaron durante la guerra, no le quita el mínimo interés a este puente originario del siglo XVI de 30 metros de longitud que cuelga orgulloso sobre el Neretva.

El famoso puente de Mostar
Al poco de internarnos en el barrio musulmán, y tras visitar la mezquita más importante de la ciudad, nuestra guía local terminó su explicación y por tanto nos separamos del grupo para iniciar la visita por nuestra cuenta. Nos alejamos de las multitudes para caminar por la parte menos turística del barrio musulmán. Si algo nos chocó fue sin duda el ver como en la ciudad, cada uno de los parques había sido convertido en un improvisado cementerio durante la guerra. La visión de las lápidas blancas amontonándose en un espacio que debería estar destinado a temas lúdicos (jardines o parques) resultaba como poco espantosa.

Por último nos encaminamos a la orilla del río, justo debajo del puente, para disfrutar del frescor de sus aguas. La verdad es que estaban heladas. María tuvo el arrojo de refrescarse los pies en ellas, yo he de reconocer que no encontré el valor para hacerlo pese al calor que hacía. Además desde allí pudimos entretenernos viendo como los jóvenes de Mostar se lanzaban desde el puente a las frías aguas del río (cosa que sólo hacían cuando un turista era lo suficientemente generoso para darles una propina por ello). Algo espectacular y digno de ver, porque del puente a las aguas del río hay 27 metros de altura.

Cerca de la hora de comer, pero aún sin haberlo hecho cogimos de nuevo el autocar, para que nos llevara a un paraje natural idílico, las cascadas de Kravice. Se trata de un conjunto de varias cascadas alimentadas con el agua del río Trebizat que desciende por la zona y a cuyo pie se encuentra una especie de enorme remanso del río de poca profundidad. Este remanso lo aprovechan los locales en verano como una especie de piscina natural, e incluso han abierto varios chiringuitos a su alrededor. En uno de ellos fue donde comimos y pude degustar por primera vez un Cevapcice que quitaba el aliento (aunque se me quedó un poco corto, la verdad, creo que debería haberme comido dos). Pasamos la tarde disfrutando de las cascadas, bañándonos y riéndonos, para poco después coger el autobús de nuevo hasta el hotel para pasar la noche.

Galería de fotos


Croacia1