La costa croata más allá de Dubrovnik sigue estando repleta de lugares maravillosos que visitar, desde la Split de esplendoroso legado romano, nacida alrededor del palacio de retiro del Emperador Diocleciano, hasta las estrechas y serpenteantes callejuelas medievales del enclave isleño de Korcula. Desde las impresionantes murallas de la población de Ston, hasta la bella Trogir, que se remonta a un antiguo asentamiento del período helenístico y ha sido embellecida por los sucesivos gobernantes, añadiendo desde fortalezas a iglesias románicas o palacios barrocos de estilo veneciano.
Nota: El viaje a Croacia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la entrada previa a ésta en el siguiente link.
Día 3 – Ston y Orebic
El tercer día levantábamos el campamento, dejando atrás el hotel que nos había acogido las dos últimas noches. Nuestro primer destino del día fue la pequeña población de Ston. Lo más llamativo de este pequeño pueblo son sus impresionantes murallas. Fueron construidas en 1333 cuando Ston pertenecía a la República de Dubrovnik para proteger este enclave de enorme importancia económica por sus importantes salinas. Se trata de la fortificación más larga de Europa con 5 kilómetros y medio de longitud y en maravilloso estado de conservación.
La verdad es que no disponíamos del tiempo, ni el calzado adecuado para recorrer los más de 5 kilómetros de la muralla (ya que la guía nos había comentado que cogiéramos ropa de playa e íbamos con chancletas), así que nos tuvimos que contentar con recorrer la muralla interior de apenas 1 kilómetro (eso sí, todo de empinada subida). Pero hay que reconocer que valió la pena, porque desde lo alto de sus murallas se tienen unas vistas espectaculares de la península de Peljesac, y en concreto de las famosas salinas de la población que brillan cual espejos bajo los rayos del astro rey.
Tras abandonar Ston continuamos hasta Orebic, una población de costa que sería nuestro centro de operaciones en los siguientes días. Comimos allí en el mismo buffet del hotel para dirigirnos por la tarde al embarcadero de la población para esa “sorpresa playera” que nos había prometido nuestra guía.
La verdad es que la sorpresa superó con creces nuestras expectativas ya que el grupo entero nos montamos en un pequeño velero que nos dio un paseo por entre las islas que salpican la costa dálmata, la mayoría diminutas y deshabitadas, pero de una belleza paisajística alucinante. Al final del trayecto, el barco lanzó el ancla en medio del mar, relativamente cerca de dos pequeñas islas deshabitadas y los viajeros pudimos pasar la tarde nadando y jugando en las aguas azul turquesa de la costa dálmata. ¡Una experiencia única!
Día 4 – Korcula
A la mañana siguiente, tras desayunar, nos dirigimos de nuevo hacia el pequeño embarcadero del hotel. Allí nos estaba esperando una pequeña barca local que nos llevaría a la cercana isla de Korcula y en concreto a su población más importante, que precisamente es la que da el nombre a la isla.
Bajamos en el pequeño puerto pesquero de Korcula a media mañana e iniciamos la visita, que esta vez no era guiada por nuestra cuenta.
Korcula es una pequeña ciudad famosa por su centro histórico, vestigio de la antigua dominación veneciana de la isla. El centro histórico está rodeado por una recia muralla, a cuyo interior se puede acceder por la Puerta de Tierra, enclavada en un achaparrado bastión defensivo.
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| La ciudad de Korcula vista desde el mar |
El casco antiguo de Korcula conforma un abigarrado laberinto de callejas con edificios de piedra, arcos y escalones medievales, que en verano rebosan de turistas. Los estrechos callejones que confluyen en las calles principales están diseñados de tal manera que el impacto del molesto viento que azota la isla queda reducido a su mínima expresión.
El conjunto está perlado de edificios históricos de influencia veneciana. El principal edificio de Korcula es la Catedral de San Marcos, un precioso edificio de obligada visita, cerca del cual se encuentran muchos otros arquitectónicamente interesantes, como el Palacio Episcopal, o Casa del Abad, y otras iglesias como la de Todos los Santos, San Miguel o de Nuestra Señora.
A parte de todo ello Korcula es conocida por ser, se supone, la ciudad natal del explorador Marco Polo, aunque hay dudas al respecto. Parece ser que Marco Polo, igual que Cristóbal Colón, son personajes tan sumamente importantes que todo el mundo quiere apuntarse como su ciudad de nacimiento.
De acuerdo a una tradición local, Marco Polo nació en Korcula en 1254 en una familia establecida de mercaderes, aunque no hay pruebas de esa historia. El caso es que aprovechando la cuestión se ha restaurado la casa en la que se supone que nació el explorador, y se ha creado un museo dedicado a su vida. Estuvimos con María valorando si merecía la pena entrar o no, ya que realmente las pocas casas-museo dedicadas a un personaje en concreto que habíamos visitado no nos habían convencido. Al final descartamos la visita y lo cambiamos por un paseo al pie de las murallas con las olas rompiendo a nuestros pies. El paseo fue romántico y precioso, aunque no sabremos nunca si mejor o peor que el dichoso museo. Quizás algún día alguien lo visite y nos saque de dudas.
Después de comer continuamos la visita por los barrios más modernos de la población. Bonitos, con jardines cuidados y preciosas vistas al mar, pero sin nada reseñable que destacar.
A media tarde la misma barca nos recogió de nuevo en el puerto para llevarnos de nuevo a Orebic. Hacía viento y la mar estaba picada, con lo que el retorno fue una experiencia un tanto mareante.
Aún así, llegamos sin problemas a destino donde aún disponíamos de un par de horas de sol, que gastamos como auténticos guiris en las tumbonas de la playa. María pegándose chapuzones y yo disfrutando de un buen libro de ciencia ficción.
Día 5 – Split y Trogir
Amaneció nuestro quinto día en Croacia y, después de un buen desayuno, continuamos por carretera en dirección a Split.
Llegamos a esta preciosa ciudad y aparcamos en el puerto deportivo de la ciudad, justo en frente de la Puerta de Bronce, una de las cuatro puertas que dan acceso al recinto amurallado que forma el casco histórico.
La Puerta de Bronce te lleva de cabeza hacia las bodegas del antiguo Palacio de Diocleciano, ya que en época romana esta puerta en sí no era un acceso al palacio, si no una entrada de mercancías que se dejaban aquí directamente desde los barcos atracados en el puerto. Se trata de un conjunto subterráneo de arcadas románicas que definen un amplio espacio sobre el cual se situaba la residencia del emperador. Actualmente no es más que un lugar en el que se agolpan los tenderetes de souvenirs.
Una vez cruzada la subestructura se suben unas escaleras que llevan de pleno al antiguo corazón de la ciudad de Split, donde se empiezan a desplegar los verdaderos tesoros de esta ciudad.
En muy poco espacio puede visitarse la Catedral, elevada sobre lo que era el mausoleo del propio emperador Diocleciano, el peristilo (o patio columnado) y el antiguo Templo de Júpiter (hoy en día también reconvertido en una iglesia cristiana). Pero no sólo eso, es que este casco antiguo es una auténtica delicia para los sentidos y probablemente de lo más bonito que vimos en Croacia. Personalmente, quitando el emplazamiento natural, me pareció más atractivo que Dubrovnik, pero claro está eso son gustos personales.
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| Paseo marítimo de Split |
Perdimos toda la mañana en el casco antiguo sólo saliendo un momento por la Puerta Áurea para hacer una pequeña excursión a la famosa y colosal estatua de Grgur Ninski (un obispo del siglo X) de la que dicen que si le tocas el pie te trae buena suerte e incluso puede cumplir un deseo. ¡Resulta curioso ver lo pulido que está ese pie respecto al resto de la estatua de tanto sobarlo!
Comimos bastante bien en una pizzería dentro del propio casco antiguo y posteriormente nos encaminamos hacia la Puerta de Hierro, la salida oeste del recinto amurallado. Pasamos por el camino por la que según el libro Guiness de los récords es la calle más estrecha del mundo. Curiosa como poco, ya que pese a ser muy cortita hay que reconocer que no puede pasar más de una persona a la vez.
Tras salir del casco histórico dimos una vuelta por los barrios cercanos, hasta acabar en la bonita Plaza de la República. Una plaza adoquinada y abierta al mar, rodeada por coloristas edificios con amplias arcadas frente a las cuales se sitúan numerosas terracitas donde poder tomar algo. Un lugar precioso.
Tras esto de vuelta al puerto, un pequeño paseo y de nuevo al autobús para dirigirnos a nuestro último destino: Trogir.
Trogir es una pequeña isla unida al continente por un puente y la extensión completa de la isla está ocupada por la población homónima. La población es patrimonio mundial de la UNESCO y remonta su historia al periodo helénico, embelleciéndose después con aportes de un montón de épocas y estilos.
El autobús nos dejó en un parking y tuvimos que caminar un poquito hasta la puerta de entrada de la ciudad, que es de estilo renacentista y contiene en lo más alto una escultura de san Ivan Orsini, que es el protector de la ciudad.
Continuamos la visita siguiendo la muralla, visitando la Fortaleza del Camerlengo y la Torre de San Marcos, dos fortificaciones defensivas una al lado de la otra, la primera medieval y la segunda renacentista. Ya en las almenas de esta última nos cayó la noche, así que tuvimos que dejar el turismo y dedicarnos simplemente a pasear por el puerto, cenar e ir a dormir.
Día 6 – De vuelta a casa
Nuestro último día en Croacia básicamente era para volver a casa, coger el autobús hasta Dubrovnik y de allí el vuelo de vuelta hasta Barcelona. Aún así, el autobús no salía hasta media mañana, así que aprovechamos para despertarnos pronto, desayunar frugalmente y continuar con la visita turística que la caída de la noche nos había interrumpido el día anterior.
En el poco tiempo del que disponíamos nos dio tiempo a visitar el ayuntamiento, la Catedral de St. Lovro o la iglesia de San Sebastián y sus plazoletas adyacentes. Fue algo con prisas y sin poder disfrutarlo con detenimiento, pero menos da una piedra, como mínimo no nos fuimos sin haberlos visto.
El viaje de retorno no tuvo mucha historia. Foto grupal, despedida de la guía, vuelo y a la hora de cenar en casita. Unas nuevas vacaciones que se evaporaban dejando sitio a la monotonía laboral, no sin antes dejarnos un buen sabor de boca y bonitos recuerdos.
Valoraciones
Buen viaje. Experiencia muy satisfactoria pese a ser un viaje organizado, cosa a la que no estábamos acostumbrados y nos daba algo de respeto. En todas las ciudades disponíamos de mucho tiempo libre para nosotros con lo que no tenías la sensación de ser uno más del rebaño del guía. Como país Croacia es precioso, aunque empieza a estar en ese límite en que el turismo ya se está imponiendo tanto que muchas partes del país están perdiendo parte de su encanto.
Lo mejor del viaje
- La tarde de recreo en las cascadas de Kravice
- Los cascos históricos en Split, Trogir y Dubrovnik. Para alguien enamorado de “lo medieval” no tienen precio.
- El chapuzón en medio del Adriático cuando nuestro barco particular tiró allí el ancla y nos permitió pasar un rato nadando libremente en medio de la nada.
Lo peor del viaje
- Hacer el recorrido de las murallas de Dubrovnik bajo el ajusticiante sol del mediodía
- La sensación de que la guía siempre nos paraba en los restaurantes de sus amigos y/o conocidos. Me dio la sensación que se podría haber mejorado considerablemente la selección gastronómica. Por suerte normalmente podíamos escoger libremente el sitio donde comer porque caía en los ratos de “tiempo libre”.
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