Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

viernes, 20 de febrero de 2015

Indonesia - Luna de miel exótica 3 - Papúa



En un pequeño punto, en lo alto de las montañas de Papúa, esta un valle secreto, recorrido por el salvaje río Baliem. Visitar esta remota región es hacer un viaje en el tiempo. Es entrar en un mundo que no sólo está al otro lado del planeta. Está al otro lado de la historia. Un trekking por sus cumbres inaccesibles, por los puentes colgantes que cruzan el caudaloso río, por las aldeas con chozas de barro y cañas y escuelas abandonadas porque ningún profesor quiere ir allí. Un trekking entre tribus amables y sencillas cuya forma de vida no nos dejará indiferentes.

Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.


30/10/2013

Después de dos días de viaje y tres vuelos encadenados llegamos a Wamena, la "ciudad" más cercana a las montañas donde viven las tribus que son el principal aliciente de nuestro viaje. Al llegar a Wamena nos encontramos con el aeropuerto más cutre que hayamos visto en nuestros viajes. Para que os hagáis una idea no hay cintra transportadora para recoger las maletas. Éstas las traen un grupo de lugareños en un carro y las van dejando encima de una mesa de donde tú mismo las has de recoger.

La primera visión que tuvimos fue impactante, uno de los hombres de las tribus que trabajaba en el aeropuerto con su "atuendo" típico. Y entrecomillo lo de atuendo porque al final no dejan de ir bolas excepto por una calabaza seca con la que se cubren el pene y una corona circular de paja oscura que adorna su cabeza. Eso es todo.

La segunda visión que te encuentras en Wamena son los mosquitos. Manadas de mosquitos de un tamaño más que considerable. Aquí el Relec va que vuela.

La tarde que llegamos la teníamos libre ya que el trekking no empezaba hasta el día siguiente, así que decidimos salir a dar una vuelta. Aquí todos nos miran como si fuéramos un animal de feria. Obviamente es porque somos blancos (la etnia de Papúa es de piel negra) y además parece que la altura de Rubén les impresiona sobremanera. El sitio es pobre pero la gente es muy amable, rápidamente te sonríen y te sueltan un "Hello mister" que debe ser lo único que saben decir en inglés. Lo que está claro es que aquí no están muy acostumbrados al turismo, sin duda ésta es la parte de nuestro viaje más alejada de los circuitos tradicionales de Indonesia.

Al final fuimos a un centro comercial, el único de Wamena. Por lo que nos han contado lo construyeron hace 15 años con la intención de dinamizar la ciudad. Se ha quedado 14 años vacío y sólo ahora empiezan a instalarse las primeras tiendas. Estaba prácticamente vacío, parecía un edificio fantasma. Daba cosa pasearse por allí y todo.

No dudamos que estuvimos en el mejor hotel de la ciudad y sin duda éste dejaba bastante que desear en cuanto a sus habitaciones. La plaga de mosquitos del lavabo hacía que te pensaras una y dos veces lo de ir a mear.

Hoy estamos en Kilise. Hemos hecho trekking toda la mañana desde Wamena hasta aquí. Hemos pasado por pueblos y campos muy bien cultivados que parecen colgados de las empinadas laderas de las montañas. Los paisajes que nos rodean son preciosos. Estamos a unos 1800 metros de altitud, remontando las montañas que forman el valle de Bailem en cuyo fondo discurre el río del mismo nombre.

Nos acompañan Rufus, nuestro guía, y cinco porteadores. Hombres y mujeres que llevan nuestras mochilas, así como la comida y todo lo necesario para cocinar a lo largo de los 6 días que estaremos de trekking visitando a las tribus.

Kilise es precioso, con sus cabañas y flores por todas partes, rodeado por montañas salpicadas de los campos de cultivo de la gente del pueblo. Los niños están todo el rato a nuestro alrededor, jugando con una pelota a una especie de fútbol. Es idílico. Dormiremos en una cabaña, con nuestras esterillas y sacos desplegados sobre el suelo.

El alcalde de Kilise resulta ser uno de nuestros porteadores, precisamente el único que viste de la forma autóctona de las tribus de la región. Nos ha acompañado a dar una vuelta por el pueblo y se ha acabado encaramando a un árbol del que ha bajado varios frutos para que merendáramos. Se trata de una fruta de un color verdoso por fuera y amarilla por dentro. El interior es parecido en textura a una granada, pero con un cierto toque cítrico. Ellos le llaman marquina, pero por lo que hemos entendido es una especie emparentada con el maracuyá. Están realmente deliciosas.



Ezequiel, alcalde de Kilise y uno de nuestros porteadores 

31/10/2013

Después de dormir la primera noche en una cabaña de Kilise y recuperar energías hemos reemprendido el trekking. Por delante 4 horas de senderos de montaña hasta la aldea de Wamerek, que es desde donde escribo.

Es impresionante pensar que hay tantos pueblos desperdigados aquí en medio de las montañas que sólo se comunican con Wamena mediante unos pequeños senderos medio comidos por la vegetación salvaje. Caminos con subidas y bajadas agotadoras que los hombres y mujeres de la región recorren descalzos y cargados hasta arriba con los productos del campo con los que comercian.

Hoy especialmente nos hemos tirado toda la mañana enfrentándonos a unas bajadas de vértigo, por unos caminos tan estrechos que apenas caben los pies y con precipicios al lado. Hay que tener cuidado porque un pequeño resbalón puede jugarte una muy mala pasada. Rubén que es alto y pesado ha sufrido sobremanera con la bajada, mucho más que con la subida. Suerte de la ayuda de nuestros porteadores.

Es increíble cómo se manejan nuestros acompañantes en este entorno, como emplean cada cosa que tienen alrededor. Nos han enseñado que las hojas de una planta llamada Yelica son increíblemente refrescantes. Cuando estás subiendo por una de estas cuestas a pleno sol del mediodía os aseguro que saberlo es algo muy de agradecer. 

También es increíble qué poco necesitamos los humanos para comunicarnos si hay interés. Excepto el guía, los porteadores no hablan ni papa de inglés, pero es curioso lo que nos llegamos a reir comunicándonos a través de signos y sonidos varios. Nuestros porteadores son superalegres y siempre están cantando y haciéndose coñas entre ellos.

Ahora ya estamos en Wamerek, donde Rubén está siendo el chico más popular del pueblo. Acaba de sacar su iPad para hacer el resumen de la segunda lección de su curso de Egiptología y los niños del pueblo han acudido en tropel a ver ese extraño aparato. Hay una quincena a su alrededor mirando fascinados los videos. Creo que hoy no estudiará mucho pero no parece importarle demasiado.

01/11/2013

La noche en Wamerek ha sido horrorosa. Nos tocaba dormir en la que era la casa del maestro del pueblo. Un maestro que hace años que no pisa la escuela ni el pueblo con lo que la casa estaba en unas condiciones deplorables: sucia, con las ventanas rotas y, para colmo de males, empezó a llover una portente tormenta que nos hizo descubrir que también había goteras. No he podido dormir nada por la confluencia de sonidos de todo tipo: los truenos, el crujir de las maderas de la casa, las goteras y los animales moviéndose en el exterior de la casa. Suerte que Rubén se ha portado bien y me ha dado conversación para tranquilizarme toda la noche.

Hoy ha sido el día de trekking más duro, muchas horas de caminata y una subida increíble. Hemos empezado con una empinada y peligrosísima bajada que nos ha llevado hasta el propio río Bailem, el cual hemos cruzado por uno de los famosos puentes colgantes de la región. El puente parecía totalmente desvencijado y se mecía ligeramente con el viento, mientras bajo nuestros pies el río bajaba con enorme fuerza formando unos rápidos. La verdad es que acojonaba batante. Todo lo que venía después de eso ha sido una subida interminable hasta la cumbre de la montaña. Y aquí no son precisamente bajitas.

Allá por donde vamos nos encontramos con los miembros de las tribus. Todos y cada uno de ellos siempre nos saludan con una sonrisa en la boca y un apretón de manos que acompañan con un "Waaa" que es el saludo típico de la zona. Aquí la gente es muy pobre, pero es feliz y tranquila. En cierto modo es para envidiarles.

Comemos en el camino, donde nos pilla. Buscamos un lugar donde acomodonarnos, nuestro cocinero enciende una hoguera (a la antigua usanza, nada de mecheros) y hacemos una sopa bien condimentada con verduras y el agua de una fuente o río cercano. Toda una experiencia.

Esta tercera noche de ruta la pasaremos en el pueblo de Wesalep. Dormiremos en la escuela del pueblo, en el suelo sobre las esterillas. No es especialmente cómodo pero sí que está bastante limpio. Además hemos aprovechado para "ducharnos", que básicamente aquí consiste en tirarse cubos de agua de lluvia de un depósito, que está más fría que todo. Aquí a las 18:00 ya anochece, cenas y a las 19:30 a dormir. Luego nos despertamos sobre las 5:00 de la mañana, con la salida del sol. Extrañamente nos hemos acostumbrado rápido a este ritmo.

Wesalep recuerda en cierta medida a los paisajes de Heidi. Es la primera noche que no nos llueve y esto nos ha permitido disfrutar de una preciosa puesta de sol rosada entre los picos montañosos que rodean la escuela. Las montañas son prominentes y verdes. Aquí estamos a unos 2100 metros de altitud.


Vista desde una de las cumbres del Valle de Bailem 

Como hoy hemos ido a por faena y hemos llegado relativamente pronto a destino, hemos podido compartir una larga conversación con Rufus, nuestro guía, alrededor de una hoguera. Nos ha explicado muchas cosas interesantes sobre la isla de Papúa. Desde el porqué nos encontramos con tantas escuelas abandonadas en estos pueblos (básicamente porque los maestros se niegan a venir a estas aldeas totalmente aisladas) lo que hace que la mayoría de los niños de las tribus sean analfabetos, hasta la sensación que tienen en la isla de ser marginados políticamente por el gobierno central de Indonesia (cosa que me creo totalmente, ya que son de una etnia diferente y una religión diferente) que básicamente sólo se dedica a explotar los recursos naturales de la isla, pero no reinvierte prácticamente nada en infraestructuras en Papúa. Una conversación realmente interesante y agradable. Rufus es una persona muy culta con la que da gusto hablar.

02/11/2013

El siguiente día de trekking nos ha llevado desde Wesalep a Wuserem. Hemos empezado a caminar esta mañana un poco antes de las 8:00 y no hemos parado hasta bien bien la hora de cenar, sobre las 17:30. Ha sido sin duda el día más agotador pero también el más divertido. Es una excursión digna del programa "Humor amarillo". Hemos tenido que cruzar ríos saltando de piedra en piedra porque no había puente, caminado por senderos enfangados donde hacíamos equilibrios para no dar un paso en falso y acabar de bruces en el suelo (o peor, en un precipicio lateral), subidas y bajadas empinadísimas y resbaladizas, puentes que tiemblan y escaleras hechas con 4 maderos mal clavados que si pisas mal se desestabilizan y te llevan de nuevo al suelo. ¡Muy divertido!

Nos hemos integrado perfectamente y a todo el mundo que nos encontramos por los caminos les saludamos con una encajada de manos y un "Salamat pagi" (buenos días) o un "Waa" (hola). Los caminos, por estrechos y malos que sean bullen de vida y van llenos de personas, niños y grandes de las tribus que van a buscar agua, a cultivar sus campos, etc.



Hemos visto paisajes de una gran belleza que te hacen sentir como una hormiguita frente a la grandeza de la naturaleza. Hemos visto animales de todos los tipos y flores de todos los colores. Nuestros porteadores nos han hecho a mano unas pulseras con cañas entretejidas que nos han regalado. Hemos cantado canciones tribales en la cima de una montaña y en general nos hemos reído mucho y disfrutado de una experiencia rara (sobretodo para una luna de miel), única e inolvidable.

La última noche en las montañas la pasaremos en una casa particular. Tenemos delante nuestro la fiesta del pueblo (todos los lugareños congregados, charlando, riendo y cantando), algo que es un poco molesto porque queremos limpiarnos un poco (que os recuerdo que aquí que no hay lavabos, consiste en salir en bolas fuera de la casa a tirarse cubos de agua por encima) y aquí no se va nadie.

Nota del autor: Al final la "fiesta" se acabó en cuanto apagamos la luz de nuestra habitación que les iluminaba. Parece ser que es la única luz eléctrica del pueblo (y probablemente del valle) y para un día que alguien la encendía querían aprovecharlo al máximo.

04/11/2013

El último tramo que hicimos ayer nos condujo desde Wuserem de nuevo hasta Wamena que, en nuestras mentes y tras los días con las tribus, ha pasado de ser una ciudad de mala muerte a la cúspide de la civilización. El tramo era bastante sencillo pero a Rubén se le hizo especialmente largo y pesado. Ya tenía ganas de llegar.

A las 13:00 ya estábamos en el hotel preparados para una desinfección total. Hemos pedido en el hotel que nos hagan la colada (para lo que son los precios en Indonesia sale por un pico) y nosotros nos hemos duchado largo y tendido. Esta vez sí, con agua corriente y bien calentita.

Yo personalmente me he tenido que esmerar porque me he traído un polizón conmigo desde las montañas, una pulga. He estado contando y tengo 38 picaduras ¡la muy cabrona! Me he duchado 3 veces seguidas con agua lo más caliente que he podido soportar y hemos abandonado mi saco de dormir, pues intuimos que pueda estar allí instalada.

La tarde la aprovechamos para descansar y acercarnos a un supermercado a comprarnos algunas guarradas: chocolate, galletas, etc. Después de cinco días de trekking comiendo supersano, de verdad que apetecían cosas así.

Hoy nos hemos levantado tarde y nos hemos dirigido al aeropuerto. El avión ha salido con 2 horas de retraso, algo que parece bastante común por estos lares. A ver que nos depara nuestro próximo destino en la isla de Sulawesi.

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