Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

viernes, 5 de agosto de 2016

Suiza. Un país de montañas y ríos 2/2

Suiza aún nos deparaba grandes maravillas por ver, desde Lucerna y Berna, probablemente las ciudades más bellas de este país, hasta el impresionante recorrido entre paredes verticales de las gargantas del río Aare. De preciosos enclaves medievales como pueden ser Murten o Bellinzona, a maravillas paisajísticas como el valle de Meiental o las cristalinas aguas del río a los pies de Lavertezzo. Pero al final, independientemente de lo que fueras a ver, lo grande de este país es que cada rincón en el que posas tus ojos parece sacado de una postal.

Nota: El viaje a Suiza, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.


Sábado 23-7-2016 - Berna, Friburgo y Murten

El sábado era uno de los días destinados en su totalidad a visitar poblaciones, dejando algo de lado tanta cascada y lago. Un poco de cambio de aires nos vendría bien.

Nuestro primer destino fue la capital del país: Berna. Se trata ésta de una ciudad que puedes visitar en apenas un par de horas, sin mucho esfuerzo, ya que casi todo lo realmente importante de la ciudad se agolpa en una amplísima avenida que va desde la plaza de la estación hasta el famoso foso de los osos.

Nosotros empezamos la visita por la plaza de la estación y desde allí empezamos a avanzar por esta imponente avenida, deleitándonos con sus típicos soportales y con los locales que se localizan en sus sotanillos, algo que no había visto en ninguna otra ciudad de las que he estado.

El avance se ve amenizado cada pocos metros con una impresionante fuente ornamentada con una escultura lacada en vivos colores. Cada una es diferente y tiene su nombre propio que todos los berneses conocen: la fuente del gaitero, la fuente del ogro, etc. Si se sigue avanzando por la bulliciosa calle acabas topándote con la torre que contiene el famoso reloj astronómico. A las horas en punto se ponen en movimiento sus autómatas, pero nosotros no tuvimos la paciencia de quedarnos a esperar este evento.

Otros lugares de interés están en calles paralelas a esta avenida principal y se merecen como mínimo una visita rápida, desde la sede del parlamento suizo, hasta el ayuntamiento. También en una calle paralela se encuentra la catedral de la ciudad. Su interior es bastante anodino, sin embargo su puerta principal, adornada con un bajorrelieve que representa el juicio final es bastante bonita. Detrás de la misma se abre un amplio parque desde cuyas terrazas se tiene una magnífica vista del río Aare a su paso por la ciudad. Aunque menos conocido, también es recomendable una visita al "Kornhaus Keller", ahora reconvertido en un restaurante, pero al que se puede bajar a hacer algunas fotos sin problemas.

Al final, la amplia avenida cruza el río por un amplio puente hasta finalizar en el foso de los osos, el animal que según las leyendas da nombre a la ciudad. Esos animales siempre impresionan de ver, y Alba quedó realmente fascinada con los "cosos" como ella los llamaba.

Desde el foso de los osos a deshacer todo el camino hasta el coche, para dirigirnos conduciendo hasta la ciudad de Friburgo. He de reconocer que de lo visto en el viaje esta ciudad es de lo que más nos decepcionó. Cierto es que tiene algunos lugares que permiten sacar fotos realmente vistosas (como las que se obtienen desde el río enfocando hacia arriba, al ayuntamiento colgado en lo alto de la colina), pero en conjunto nos pareció bastante mediocre. Apenas salvaría la visita a la catedral y sus preciosas vidrieras.

El ayuntamiento de Friburgo desde las escaleras que bajan al río

Como la ciudad no nos acabó de gustar la abandonamos antes, con tiempo suficiente para acercarnos a la pintoresca villa de Murten. Y aquí nos pasó lo contrario, no habíamos leído mucho sobre ella y la teníamos en nuestra lista de visitas más como un "filler" que otra cosa, y sin embargo nos encantó de cabo a rabo. Se trata de una pequeña villa amurallada, en cuyo interior encuentras calles empedradas y bellas y ricas casas. Además, uno puede encaramarse a la muralla y recorrer su camino de ronda, que es realmente espectacular y con una magníficas villas. Si aceptáis mi consejo, borrad Friburgo de vuestros itinerarios y añadid Murten a los mismos.

Domingo 24-7-2016 - Gargantas del Aare, Ballenberg e Interlaken

El domingo empezaba por una de esas visitas que yo llevaba marcada en negrita desde casa, las Gargantas del río Aare, en las afueras del pueblo de Meiringen. Se trata de una impresionantes gargantas excavadas en la roca por la fuerza de las aguas del río Aare y es una maravilla de la naturaleza. Sólo puedo decir que mis expectativas eran muy altas y que en ningún momento me defraudaron, más bien al contrario. La visita es bastante asequible (aunque tiene sus tramos de escalera, así que los que vayáis con nichos mejor hacerla con mochila que con cochecito) y puede tomar entre una hora y hora y media en función del ritmo.


De allí nos dirigimos al museo Ballenberg, que queda muy cerca de Brienz. Es una visita que yo personalmente no hubiera hecho (un museo de arquitectura costumbrista no está dentro de mis aficiones) pero que mis suegros tenían especial ganas de ver y está claro que cuando viajas con más gente a veces toca hacer alguna cosa que no te apetece plenamente.

Avisaros también que el precio de la entrada al museo es bastante alto, 24CHF por cabeza, así que mejor que os aseguréis que os gusta el tema antes de ir allí. Pero una vez estás dentro, hay que reconocer que el lugar está muy bien montado y es enorme. Nosotros estuvimos un poco más de dos horas visitándolo y no vimos ni la mitad de lo que hay allí, así que si os gusta la temática asumid que os pasaréis allí prácticamente todo el día. A parte en ciertas zonas tienen algunos animales, a similitud de lo que sería una granja-escuela, así que ya os podéis imaginar que estuvimos haciendo María y yo con Alba mientras mi suegros se dedicaban a visitar las casas típicas.

Tras salir de Ballenberg nos dirigimos a Interlaken, la cual, aunque sabíamos que no tenía nada muy especial, nos apetecía visitar por ser la ciudad grande que había al lado de nuestro apartamento. Ciertamente no tiene mucho para ver, una amplia avenida comercial con muchísimo ambiente y un minúsculo casco histórico sin ningún atractivo especial. Sin embargo nos llenó una horita de nuestra agenda, que comiendo un helado durante la visita se nos pasó realmente rápido.

Salíamos de Interlaken que eran casi las 18:00, pero decidimos alagar un poco más el día y acercarnos a Spiez, que nos había quedado pendiente del día que circunvalamos el lago Thunersee. Pero Spiez resultó ser la ciudad maldita del viaje, pues cuando llegábamos a la misma, empezó a caer el diluvio universal, lo que nos hizo desistir de nuestro intento de visita, teniéndonos que contentar con ver su castillo de lejos y desde el coche.

Lunes 25-7-2016 - Lucerna y Zug

Este lunes era el que teníamos marcado en nuestra agenda como segundo día dedicado a visitar ciudades. Empezaríamos el día por Lucerna, la que según muchos de los blogs que habíamos leído era la ciudad más bonita de Suiza. No sé si por el hecho de llevar unas expectativas tan altas al final ésta nos decepcionó un poco, no porque no fuera una ciudad bonita, que sin duda lo es, si no porque no la vimos sustancialmente más atractiva que otras, incluso la mayoría de nuestra expedición convenía en que Berna nos había gustado más.

El día en Lucerna empezó con un plato fuerte, la visita a su mítico puente de madera, el Puente de la Capilla. Hay muchos puentes de este estilo por Suiza, pero éste es sin duda especialmente bonito, por su longitud, por tener una torre de piedra adosada emergiendo en mitad del río y por las preciosas pinturas que adornan su interior (ilustran escenas de la historia de la propia ciudad y del país, incluyendo la biografía de los santos patronos de la ciudad, Leodegardo y Mauricio). Muchos dicen que es el puente más bonito del mundo. No soy un especialista en puentes precisamente, pero aunque pueda parecerme una afirmación un tanto exagerada, este puente es una maravilla y sin duda una visita obligada si estás en Suiza.

Tras esto nos perdimos un rato por las callejuelas y plazas de su casco antiguo, desde la propia Plaza de la Capilla hasta las fachadas pintadas del Weinmarkt, para acabar volviendo a los pies de las aguas del río Reuss casi donde éste se encuentra con la antigua muralla de la ciudad. Desde allí deshicimos camino, pero esta vez yendo por las calles más comerciales y animadas de la ciudad (ojo a las suculentas pastelerías que se encuentran en estas calles), hasta alcanzar el parque donde se encuentra la famosa estatua del Leon moribundo (el Löwendenkmal). Se trata de un estatua espectacular y que tampoco deberéis perderos. El emplazamiento nos gustó tanto que sacamos allí los bocadillos y comimos a los pies de tan magnífica escultura.

Ya después de comer terminamos la visita a Lucerna pasándonos por su Catedral, que pese a no ser especialmente espectacular sí que merece la pena ser vista. Tras salir de la misma, nos dirigimos al aparcamiento cerca de la estación de tren donde teníamos nuestro coche de alquiler, para encaminarnos a nuestro segundo destino del día, la ciudad de Zug. Ya en el coche nos dimos cuenta de que nos habíamos ido de Lucerna sin visitar su también renombrada Iglesia de los Jesuitas. Deberemos dejarlo pues para otra ocasión.

Zug fue una de las gratas sorpresas de nuestro viaje. Se trata ésta de una ciudad que apenas tiene renombre entre los turistas y que por lo tanto apenas es visitada. Sin embargo, sin ser espectacular, sí que es una ciudad muy cuidada y coqueta, situada a orillas de un lago, lo que la hace muy agradable. Apenas hay turistas en la misma y es una gozada pasear tan tranquilo por sus calles, sin esos agobios y multitudes que caracterizan los lugares más turísticos. Si tenéis poco tiempo en Suiza, obviamente es un lugar de visita más que prescindible, pero sólo dejadme que os diga que si a día de hoy debiera replantearme el viaje a Suiza, pondría muy seriamente en la balanza el que Zug fuera nuestro campamento base.

Martes 26-7-2016 - El Tesino

Era nuestro último día al completo en Suiza y decidimos aprovecharlo al máximo, levantándonos a primera hora (las 6:00 a.m.) y volviendo tarde a casa (pasadas las 23:00), para visitar una de las zonas más peculiares de Suiza, el Tesino.

El viaje al Tesino es un viaje largo, de casi 3 horas, pero que es una experiencia en sí mismo y que no puedo dejar de recomendar. Desde Interlaken, en vez de ir todo el rato por autopista vía Lucerna, cogimos la carretera que cruza el Valle de Meiental, ascendiendo al puerto de Sustenpass. Os juro que es un paisaje que no olvidaréis, con decenas de cascadas cayendo por las laderas de las montañas hasta el valle que circula por debajo, viendo nacer un río en la cola de un glaciar. Es realmente espectacular. Y tras el paso por Meiental, empalmas con el mítico túnel de San Gotardo, otra cosa difícil de olvidar, pues un túnel de 17 kilómetros difícilmente pasa desapercibido.

Cuando pasas San Gotardo te encuentras ya en el Tesino, que hay que reconocer que es un mundo a parte del resto de Suiza, tanto el paisaje, como el ambiente y la comida son más italianos que suizos. Lo único que te recuerda que sigues en Suiza es el precio de las cosas, que en eso sí que están armonizados con el resto del país.

Nuestro primer destino fue la ciudad de Bellinzona. Otra que recomiendo encarecidamente, para mí una de las ciudades más bonitas de las que visitamos. Iniciamos la visita por el Castelgrande, el castillo principal de la ciudad, bonito y que puede visitarse gratuitamente (sólo te cobran si quieres entrar al pequeño museo histórico que hay en parte de sus estancias). En Bellinzona hay otros dos castillos, el de Montebello y el de Sasso Corbaro, aunque nosotros, dado que queríamos ver muchas cosas en el día decidimos no visitar todos los castillos si no el principal.

En lugar de visitar el resto de castillos nos decidimos a pasear por su casco histórico, en toda la zona histórica que va desde Piazza Nosetto hasta la Piazza del Governo. Es una zona muy bonita, adoquinada, con grandes mansiones, enormes y oscuras iglesias, patios restaurados, fuentes y monumentos, torres de inspiración italiana y el impresionante ayuntamiento rodeado de casas burguesas con balcones de hierro.

Tras esta visita cogimos de nuevo el coche, para desplazarnos hasta la ciudad de Locarno, donde lo primero que hicimos tras aparcar fue buscar un lugar donde comer. Tras llenar el estómago paseamos un poco por el casco antiguo, hasta acercarnos al Castello Visconteo el cual decidimos visitar. El castillo no está especialmente bien conservado y debo reconocer que es una visita prescindible, pero por otro lado tiene un aura de autenticidad difícil de explicar y que hizo que a nosotros nos gustara la visita.

De nuevo en coche, subimos las empinadas calles que llevan a Orselina para ir a visitar la gran atracción de Locarno, la iglesia de la Madonna del Sasso. Esta iglesia de espectacular ubicación, colgada de una roca desde la que se tienen espectaculares vistas del lago, justifica por si sola el acercarse a Locarno. Es una iglesia pequeña pero preciosa y que además puede visitarse gratuitamente. Ojo eso sí si viajáis con personas mayores o con movilidad reducida porque hay más de 100 escalones para acceder a la iglesia.

Al salir de allí ya era entrada la tarde, pero decidimos alargar el día un poco más, yendo a visitar el Valle de Verzasca, uno de los valles más bonitos de la zona según algunos blogs que había leído. Nuestra primera parada en el valle fue en la Diga di Verzasca, una impresionante presa (de las más altas de Europa) que se hizo famosa porque James Bond saltaba desde ella en la película Goldeneye. Ahora organizan allí saltos de puenting para emular al agente 007. Será que soy muy cobarde pero yo no me tiraba ni aunque me pagaran. Sólo mirar hacia abajo desde la plataforma de salto resulta mareante.

Seguimos remontando el valle hasta llegar al romántico pueblo de Lavertezzo, sin duda uno de los rincones más bonitos que he tenido el placer de visitar en mis viajes y que no os podéis perder si estáis mínimamente cerca. Ver las cristalinas aguas del Verzasca fluir como jade líquido entre los lechos de piedra del paisaje, con la pequeña iglesia de Lavertezzo y su mítico puente de piedra de doble arco de fondo, es una imagen que difícilmente olvidaréis.


Las preciosas aguas del Verzasca a la altura de Lavertezzo 

Contemplando las aguas del Verzasca se nos echaron encima tanto la lluvia como la oscuridad de la noche, signo inequívoco de que debíamos recogernos. Aún nos quedaban 3 horas de coche por delante hasta llegar a nuestro apartamento en Gridelwald, retorno que sí que hicimos por autopista, pues las curvas del Meiental de noche no parecían la mejor de las ideas.

Miércoles 27-7-2016 - El retorno

Nos habíamos reservado el último día para ver lo que pudiéramos de Ginebra, ya que teníamos que volver allí a tomar el avión que nos devolvería a casa. La verdad es que apenas pudimos ver nada de esta ciudad.

El palizón del día anterior en el Tesino pasó factura y al final nos levantamos bastante más tarde de lo deseable. Entre hacer maletas, saldar cuentas con los dueños del apartamento, salíamos de Grindelwald pasadas las 11:00, lo que nos llevó a llegar a Ginebra pasadas las 14:00.

Aparcamos en el centro, prácticamente al lado del Jet d'Eau, el famoso chorro de agua que propulsan 140 metros en vertical. En Ginebra apenas tuvimos tiempo de comer y ver un poco del animoso ambiente de sus calles más comerciales. Unas pocas fotos para certificar que habíamos estado en la ciudad pero apenas nada más, pues a las 15:45 salíamos de nuevo hacia el aeropuerto, a dejar el coche de alquiler y coger el avión de vuelta. Un vuelo de nuevo sin ningún tipo de problema. Alrededor de las 20:00 llegábamos a tierras catalanas de nuevo, dando por concluido nuestro viaje por tierras helvéticas.

Valoraciones

Suiza es el primer destino eminentemente paisajístico al que hemos viajado. Ir allí y dedicarse a visitar ciudades es perder el tiempo, porque hay cientos de lugares mejores para eso. Pero el verde de sus montañas, sus cumbres nevadas y el agua fluyendo desde los glaciares en impenitentes cascadas hasta cristalinos lagos es algo que todo viajero debe ver.

Lo mejor del viaje

- El viaje en coche al despuntar el Alba por el idílico valle de Meiental
- Las sombrías gargantas del Aare y las cascadas subterráneas de Trümmelbachfälle
- La preciosa villa de Lavertezzo. Si hay un enclave de ensueño es éste

Lo peor del viaje


- Lo prohibitivo de los precios para cualquier cosa que quieras hacer allí. Aunque no seas viajero de estilo mochilero acabas tirando de bocadillo y cualquier otra cosa que te permita ahorrar para que el presupuesto no se agote demasiado pronto. 
- Para nosotros Friburgo, una ciudad a la que no supimos encontrarle el encanto pese a venir precedida de buena fama
- Los horarios. Que muchas de las atracciones turísticas cierren en temporada alta a las 17:00 me parece una pésima política.

Galería de fotos


Suiza 2

viernes, 22 de julio de 2016

Suiza. Un país de montañas y ríos 1/2

Suiza es el país de la naturaleza. Sus paisajes son una delicia que no debe dejarse de degustar en ningún momento de los que pasas dentro de las fronteras de este país centroeuropeo. Allá donde estés tendrás las escarpadas montañas de cumbres nevadas cerca. Allá donde estés estará presente la más pura y cristalina de las aguas, sea en profundos y tranquilos lagos, o en bulliciosas y feroces cascadas. Allá donde mires verás el verde de su frondosa vegetación en contraste con el azul intenso de sus cielos. Allá donde mires no podrás dejar de enamorarte.


Nota: El viaje a Suiza, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca, Alba, Josep Maria y Lourdes
Duración del viaje: 9 días
Fecha: Julio de 2016

Destinos visitados: Región de Interlaken, Berna, Lucerna, Zug, Friburgo, Saint Gallen, Cataratas del Rin, Bellinzona...
Transporte: Avión y coche de alquiler

Descripción del viaje

Martes 19-7-2016 - Castillo de Chillon y Gruyeres

El viaje empezó de madrugada. Tocaba levantarse a las 4 de la mañana para poder coger el vuelo de Easyjet que nos llevaría de El Prat a Ginebra. La verdad es que la puntualidad y comodidad de esta compañía en este vuelo nos resultó a todos sorprendente. Muy satisfechos con la experiencia.

El día que nos esperaba en Ginebra era sorprendentemente caluroso. El sol picaba con fuerza y las temperaturas se elevaron hasta los 30 grados, algo que por lo que habíamos leído es poco común por estos lares.

Cogimos el coche de alquiler en el mismo aeropuerto, cargamos el maletero hasta arriba de nuestros bártulos y empezamos la ruta planeada. La visita a la propia ciudad de Ginebra la dejamos para más adelante, así que pillamos la autopista y nos encaminamos a la otra orilla del lago Leman, hasta la turística ciudad de Montreaux, en cuyas cercanías se erige el carimástico Castillo de Chillon. Hay que reconocer que conducir por Suiza, si vas armado con un GPS, es extremadamente sencillo y cómodo.

Este castillo es considerado una de las estampas más fotogénicas de Suiza y en cuanto lo ves entiendes el porqué. La fortaleza no es muy grande, pero es bastante bonita y su emplazamiento, con las turquesas aguas del lago Leman lamiendo las piedras de sus murallas, es simplemente idílica.

Al lado del castillo hay un parking donde se puede dejar el coche de forma gratuita durante 4 horas, tiempo más que sobrado para ver el castillo y sus alrededores. Del mismo aparcamiento salen unas pequeñas escaleras que bajan a un paseo que bordea el lago. Desde este paseo se puede ir al castillo y resulta especialmente recomendable ya que desde allí se pueden sacar algunas de las mejores estampas del castillo.

La visita al castillo es algo cara (pero qué no es caro en este país) aunque merece la pena y yo la recomendaría sin dudar. La visita empieza por la parte baja de la fortaleza, con sus bodegas, silos y prisiones (las que inspiraron la famosa obra de Lord Byron), hasta aquí nada especialmente espectacular a pesar de que el estado de conservación es notable. Pero conforme continúas la visita y vas ascendiendo hasta la parte más noble del edificio, ésta va mejorando exponencialmente, hasta terminar en el camino de ronda, cuyas vistas al lago son para perder un buen rato en su disfrute.

Al final, al ir con Alba, la visita se nos largó bastante (casi 3 horas) y nos ocupó toda la mañana, con lo que tuvimos que cambiar los planes y quedarnos a comer allí. Los restaurantes de allí cerca son bastante caros y nada del otro mundo, pero como ya era tarde para la niña no teníamos muchas más opciones. Al final hay que reconocer que comimos bastante bien.

Al terminar volvimos al coche para dirigirnos a nuestro siguiente destino: Gruyeres. Previamente, en el mismo Montreaux, vimos un Lidl y nos paramos a hacer unas compras allí. Es buena idea ya que es uno de los sitios más económicos donde se puede comprar en el país.

Gruyeres es un idílico pueblo medieval. Muy pequeño, apenas una calle principal que corona en el castillo de la población. El pueblo, pese a que cada casa es una tienda o restaurante, es muy bonito y merece la pena acercarse y pasar allí un rato. Pese a lo pequeño del pueblo, da bastante juego, con el castillo en el que suele haber una interesante exposición de arte y el museo Giger, que nosotros no visitamos por no acomodarse excesivamente a los gustos de mis compañeros de viaje. En cualquier caso, como digo, resulta una visita más que interesante.

De allí nos encaminamos ya directamente al apartamento que habíamos alquilado, en Grindelwald, cerca de Interlaken, en el corazón de Suiza, lo que nos permitiría tenerla como base de operaciones y montar todas la excursiones desde allí sin tener que movernos, algo que aprendimos de nuestra propia experiencia en Bélgica que resulta muy cómodo cuando viajas con niños.

El apartamento era bastante coqueto y perfectamente acondicionado, debo reconocer que no tengo ninguna queja del mismo, más bien al contrario. Cuando llegamos allí eran ya las 20:00, una hora lo suficientemente tardía para que nos planteáramos  quedarnos ya allí y descansar, que habiéndonos despertado a las 4 de la mañana había sido un día muy largo.

Miércoles 20-7-2016 - Jungfraujoch

Nuestro primer amanecer en Suiza vino acompañado de un sol tan radiante como el que nos había recibido el día anterior. El día se planteaba despejado y soleado así que tomamos rápidamente la decisión de utilizar el día en subir al Jungfraujoch. Habíamos leído en muchos foros y blogs que la visita era espectacular pero que sólo se disfrutaba plenamente si tenías un día despejado que te permitiera gozar de las espectaculares vistas. Sabíamos por la consulta de las páginas de predicciones meteorológicas que éste iba a ser nuestro mejor día en ese aspecto, así que, tras desayunar, caminamos apenas los 200 metros escasos que nos separaban de la estación y nos compramos los billetes para la cima del Jungfrau.

Como fue una decisión de última hora ya eran las 9:30 cuando nos plantamos en la estación, algo que pronto descubrimos que era una hora bastante tardía para la excursión. Si tuviera que recomendarlo a alguien le diría que intentara estar allí para coger los trenes que salen de 7:00 a 8:00, lo que le permitirá evitarse muchas colas.

El precio de la subida al Jungfraujoch es entre prohibitiva y escandalosa. Es mejor no pensar demasiado en lo que realmente te estás gastando para una excursión de un día. Si no andas muy boyante económicamente hablando, debo reconocer que es una excursión que puedes saltarte. Lo que se ve en la cima es espectacular, aunque resulta muy dudoso si vale todo lo que cuesta.

Vistas desde la cima del Jungfrau
Pero dejándonos de temas económicos y yendo directamente a lo que interesa, la subida al Jungfrau es una experiencia en sí misma. Las vistas de la primera parte del trayecto son realmente espectaculares. A partir de Kleine Scheidegg sin embargo, pasas a subir por un extensísimo túnel excavado en la roca de la montaña, con lo que ya no puedes disfrutar más de las mismas.

Cuando llegas a la cima te das cuenta de lo bien organizado que está eso montado (empresarialmente hablando). Desde restaurantes a tiendas, hasta una zona donde te puedes tirar con tirolina o bajar en trineo. A parte de eso hay cosas muy interesantes, como una gruta de hielo artificial en la que pueden verse unas preciosas esculturas de hielo y como es obvio, un seguido de miradores desde los que se tienen unas vistas espectaculares de los picos adyacentes, del glaciar y mucho más abajo, de los territorios de los diversos países que bordean suiza. Como decía María, allí te sientes de nuevo una particula microscópica respecto a este universo tan maravilloso en el que vivimos.

Nosotros empleamos unas 4 horitas en visitar todo lo que hay por allí arriba, eso yendo a ritmo de niña y teniendo que comer allí (en un self service que extrañamente tenía una comida bastante decente). Supongo que un visitante normal puede verlo todo en unas 2 horas y media.

Al final, entre colas en las estaciones, el trayecto en tren que supera la hora tanto en la subida como en la bajada y las 4 horas propiamente de la visita, nos tiramos todo el día con la visita al Jungfraujoch. Apenas llegamos a tiempo a Grindelwald para comprar algo en el supermercado antes de que cerraran, para poder cocinar la cena.

Jueves 21-7-2016 - Cataratas del Rin, Stein am Rhein y Saint Gallen

El jueves amaneció bastante más nublado y pese a que pequeños chubascos nos acompañaron a lo largo del día, tuvimos la suerte de que éstos siempre cayeron mientras nos desplazábamos en coche y nos respetaron las visitas que teníamos planeadas.

El primer desplazamiento fue el más largo de todos, pues nos fuimos directamente a las Cataratas del Rin, que se encuentran pegadas a la frontera, a 2h45' de nuestro apartamento. Pero sin duda el desplazamiento valió la pena porque estas cataratas son un espectáculo natural que uno no puede perderse si viene a Suiza.

No son estas unas cataratas muy espectaculares por tener una enorme caída de agua, más bien al contrario, el salto es bastante pequeño, pero el caudal del río es tan enorme y desciende allí con tanta fuerza que resulta un espectáculo abrumador.

Te cobran entrada por ver las cascadas (no es excesivamente cara) y eso te permite bajar un serie de escaleras hasta acercarte a una serie de plataformas prácticamente al pie de la cascada. Debo reconocer que si prefieres no gastar tanto (que suficientemente caro es todo en este país) puedes ahorrarte este gasto mirando las cascadas desde el otro lado, al que puede accederse mediante un puente de forma gratuita. Esto es algo menos espectacular porque no te permite acercarte tanto al salto de agua, pero te permite verlo perfectamente. Existen también unos barcos que te llevan prácticamente al pie mismo de la cascada. Sin duda las fotos que de allí pueden sacarse deben ser espectaculares pero nosotros decidimos no coger ninguno,

Desde las cataratas nos dirigimos a la población de Stein am Rhein, que no queda excesivamente lejos de allí. Se trata ésta de una población medieval característica por sus casas adornadas con frescos en sus fachadas. Básicamente son sólo dos o tres calles las que contienen las casas así ornamentadas, pero éstas son realmente espectaculares, auténticas obras de arte. Para mí esta población es un auténtico imprescindible en Suiza. La combinación de las cascadas del Rin y de esta preciosa población hizo que el panzón de coche mereciera completamente la pena.

Comimos allí mismo, en una pequeña crepería que se encuentra en la calle principal, no demasiado lejos de la puerta de entrada a la muralla. La verdad es que comimos muy bien y el precio era razonable para lo que es este país. Después de comer, acabamos de visitar la población y salimos hacia nuestro próximo destino. Éste lo decidimos allí mismo en el coche, ya que teníamos en mente el poder visitar tanto Winterthur, al que llaman la Florencia suiza, como Saint Gallen. Al final nos decidimos por éste último, ya que yo tenía un interés especial por visitar su famosa biblioteca.

El desplazamiento a Saint Gallen nos llevó una hora más en coche y para mi desgracia fue por nada, pues allí nos encontramos con la biblioteca que tanto ansiaba ver estaba cerrada. Fue la primera vez que dimos con una mala costumbre que tienen nuestros amigos los suizos, que es fastidiarle la vida a los turistas cerrando todo lo visitable a las 17:00.

Como consuelo, la catedral del mismo complejo abacial donde se encuentra la biblioteca sí que se podía visitar y ésta está decorada en el mismo estilo rococó que la biblioteca, con unos frescos pintados en el techo de una vistosidad y preciosismo inusitados.

Después aprovechamos para visitar el resto del casco histórico de la ciudad, que está muy cuidado y es realmente animado y bullicioso, pero que siendo sinceros, tampoco tiene nada que merezca especialmente la pena. Así que tras una rápida visita y alguna compra de última hora, nos recogimos para nuestro campo base, pues teníamos casi tres horas de viaje aún por delante.

Viernes 22-7-2016 - Trummenbachfalle, Mürren, Thun y Oberhofen

El viernes lo teníamos reservado para visitar cosas cerce de Grindelwald y amaneció con el cielo tapado por completo por una espesa capa de nubes grises. Enseguida se puso a llover, antes incluso de empezar nuestra primera visita. Una lluvia que no nos abandonaría en todo el día.

Nuestro primer destino fue el complejo de cascadas de Trummenbachfalle, cerca de la población de Lauterbrunnen. Es un complejo de 10 cascadas subterráneas, cuyo rápido caudal proviene de las nevadas cumbres de los enormes picos cercanos (el Jungfrau, el Eiger y el Monch). El sitio está muy bien acondicionado y acaba siendo una visita realmente espectacular que puede terminarse en apenas 30-40 minutos. Pero cada uno de los 11 francos que vale la entrada merece la pena pagarlos.

Si vais con niños pequeños tened en cuenta, eso sí, que por razones de seguridad está prohibida la entrada a niños menores de 4 años. Nosotros no lo sabíamos y fue un chasco cuando nos dijeron en la garita de compra de tickets que Alba no podía entrar. Lo salvamos entrando por turnos, primero mis suegros y cuando ellos acabaron la visita se quedaron con Alba y pudimos entrar María y yo. Pero claro, perdimos bastante tiempo con la jugada.

A apenas unos 5km de las cascadas, se encuentra la población de Stechelberg, desde la que se puede coger un funicular que sube hasta la cima del Schilthorn, famosa por que en ella hay un restaurante giratorio que salió en una película de James Bond (no me hagáis decir cuál que no soy muy fan de la saga del espía británico). Nosotros sin embargo no subimos hasta la cima si no que sólo llegamos hasta la pequeña población de Mürren. Se trata ésta de una aldea muy bien cuidada e increíblemente bucólica (de verdad que parece sacada de una postal), pero que no tiene nada especial a parte de sus magníficas vistas de los picos cercanos y el valle que se extiende a sus pies. No me arrepiento para nada de la visita, pero siendo sincero es una de las cosas más prescindibles si andáis escasos de tiempo.

El plan de la tarde era bastante más sencillo. Se trataba de ir bordeando por una carretera secundaria el lago Thunersee, con origen y final en Interlaken, para ver algunos de los interesantes pueblos que se encuentran a orillas de éste. Al final nos dio tiempo a visitar un par, la ciudad de Thun y el pueblo de Oberhofen, aunque en ambos sitios no pudimos ver el interior de sus respectivos castillos por cerrar éstos a las 17:00.

Castillo de Oberhofen
Oberhofen es una adinerada población de veraneo que a ojos del turista se resume básicamente en su precioso castillo cuyas murallas son lamidas por las aguas del lago (de forma similar a como pasa en Chillon). El castillo es muy bonito y realmente merece la pena hacer una parada y dedicarle unos minutos.

Thun es una ciudad bastante grande, cuyo casco histórico es espectacular, con su castillo y su iglesia encaramados a la cima de una colina que domina la ciudad, con sus características paredes encaladas de blanco. La zona es muy bonita, pero Thun no se queda ahí, siendo una ciudad muy animada, con rincones muy bonitos a la orilla del río que la cruza, plagados de cafés y restaurantes donde perder un buen rato. Personalmente me parece una visita más que recomendable.

Tras visitar estas dos poblaciones, la noche se nos echó encima acompañada de una fuerte tormenta, por lo que tuvimos que volvernos para el apartamento dejándonos en el tintero la visita a Spiez, que también teníamos en la lista de visitables.

Galería de fotos


Suiza 1

martes, 22 de marzo de 2016

Granada. El legado de Al-Andalus

Granada es realmente una de las joyas de España y uno de los lugares más visitados por los turistas de todo el mundo. La que fue por tanto tiempo capital de Al-Andalus, o la Andalucía mora, nos ofrece algunos de los más importantes recuerdos de esta época histórica española, con la mundialmente famosa Alhambra encabezando la lista. Una ciudad para perderse en ella, degustarla con calma y recrear en la imaginación el encanto de la época nazarí.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca, Antonio y Graciela
Duración del viaje: 6 días
Fecha: Febrero de 2011
Destinos visitados: Granada y la Alpujarra
Transporte: Avión y coche de alquiler

Descripción del viaje

Allá por el 2011 le regalamos a mis padres un viaje a Granada. Mi padre se acababa de prejubilar y era una forma de incentivarles a ver si se animaban a viajar. No sé cómo sucedió pero la cuestión es que María y yo acabamos viajando con ellos. Bueno, era una opción maravillosa de visitar la casi mística Alhambra. 

Jueves 10/02/2011

El viaje empezó a primera hora de la mañana cogiendo un vuelo de la compañía Vueling que nos llevó desde El Prat hasta Granada. Un autobús, nos permitiría desplazarnos hasta el centro de la ciudad, donde lo primero que hicimos fue buscar nuestro hotel (Hotel Vincci, sin grandes alardes pero con una buena relación calidad-precio) para dejar las maletas y poder empezar a desplazarnos por la ciudad con comodidad. Como siempre, estas cosas se toman su tiempo y entre pitos y flautas se nos hizo casi la hora de comer.

Así pues, lo primero que hicimos fue dirigirnos a buscar un sitio para comer. Y como buenos guiris nos encaminamos a una de las zonas más turísticas, la Calle de las Teterías en la parte baja del barrio del Albaicín. La comida no fue nada para recordar, pero la zona se ha de reconocer que tiene su encanto con ese aire de estilo musulmán tan particular. En sí, a mi me parece un ambiente un poco ficticio, poco natural, pensado más para turistas que para locales, pero eso no deja de ser una sensación mía particular basada en nada en concreto. El encanto no se le puede negar a la zona.

Después de comer nos dirigimos al centro histórico. Nuestro primer destino fue la Plaza del Carmen, en el que se erige el Ayuntamiento, un edificio bonito pero sin excesivo encanto, que es el resultado de la remodelación de un antiguo convento carmelita expropiado durante la desamortización.

Muy cerca del ayuntamiento se encuentra lo que sería nuestro primer destino de entidad: la Catedral de Granada. La catedral es bonita, sin duda una parada obligatoria si estás de visita en la ciudad. Sin embargo, si la comparamos con otras catedrales como la de Burgos, ésta no llega a la majestuosidad de aquellas. Supongo que en mi caso, que estoy algo empachado de catedrales ya que las visito todas en cada ciudad que voy, a estas alturas necesito algo muy espectacular para que se fije en mi memoria.

El siguiente paso fue acercarnos a la Capilla Real, adosada a la propia Catedral y de visita bastante interesante por la historia que encierra este regio lugar de reposo de los Reyes Católicos, sin duda los reyes más importantes de la historia de nuestro país, artífices de la Reconquista y el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Tras esta visita nos dirigimos a las afueras de la Catedral, donde callejeamos un buen rato por esas estrechas callejuelas repletas de tiendas de todos tipos (especialmente souvenirs) que la rodean. Al final acabamos desembocando en la plaza de Bib-Rambla, una concurrida y animada plaza con mucho ambiente en las terrazas de los bares y restaurantes que la pueblan y presidida por una bonita fuente en honor de Neptuno y los Gigantes. Allí descansamos un poco antes de iniciar de nuevo el camino que nos debía llevar a visitar la parte alta del barrio del Albaicín.

Retomamos pues camino. Primero pasamos por el Corral del Carbón, una antigua posada de mercaderes de época nazarí, por lo visto la única que queda en pie en toda Europa de sus características. Puedo entender su interés histórico pero personalmente su visita me pareció completamente prescindible. Seguimos pues dirigiéndonos hacia el Albaicín, por la llamada Carrera del Darro.

Y este punto requiere un alto en la explicación, y es que esta sinuosa calle semi-peatonal (el acceso a coches está restringido pero aún así pasan más de los deseable en un sitio tan turístico) es para mí el lugar con más encanto de Granada y sin duda uno de los sitios donde pararse, respirar con calma y disfrutar. A los pies de la calle corre el no excesivamente caudaloso río Darro y al otro lado del mismo la montaña se eleva a plomo y sobre ella se encuentra majestuosa la Alhambra. Por la calle por la que caminas se encuentran innumerables antiguas casas señoriales que ahora han sido reconvertidas en albergues, bares y restaurantes. Las terrazas de esta calle son uno de los mejores sitios donde relajarse en la ciudad (aunque nosotros eso lo dejamos para otro día).

Llegamos pues al final de la Carrera del Darro y empezamos la ascensión hacia la parte alta del barrio del Albaicín cuyo nombre, según he leído, significa "barrio en cuesta", un nombre que le va al pelo al lugar. La cuesta es dura pero merece la pena pues el barrio es muy bonito, con callejones que de repente se abren en un pequeño mirador con vistas a la Alhambra. Para al final, en la parte más alta, llegar al mirador con mayúsculas, el Mirador de San Nicolás, una explanada a los pies de una iglesia desde la que se ve una magnífica vista de la Alhambra con Sierra Nevada al fondo. Un sitio con encanto propio, siempre abarrotado tanto de turistas, como de locales que aprovechan para vender cualquier artesanía, top mantas o artistas callejeros. Dicen que el atardecer desde el mirador es de lo más bonito de Granada, aunque a nosotros nos quedaban varias horas hasta que se pusiera el sol, así que no podemos dar fe de ello.

Del Mirador nos movimos hasta la Placeta Cristo de las Azucenas, una plaza ajardinada con mucho ambiente local, en el que paramos a descansar y a merendar mientras escuchábamos de fondo a un par de artistas locales que estaban practicando la guitarra española en una de los bancos de la plaza.

Con las energías repuestas iniciamos el descenso por el otro lado del barrio, para acabar desembocando en la famosa Puerta de Elvira, la principal entrada al recinto amurallado de la época musulmana de la ciudad. Una puerta que impresiona por sus dimensiones y que no te esperas encontrar ahí, emplazada entre los edificios modernos.

Después de eso ya sólo faltó buscar un sitio donde cenar temprano y volver al hotel a descansar, pues el día siguiente había que madrugar que teníamos el plato fuerte, la visita a la Alhambra.

Viernes 11/02/2011

Nos despertamos que aún era de noche. Había reservado hora para la visita a los Palacios Nazaríes a primera hora de la mañana, motivo por el que nos tocaba madrugar. Nos informamos en el hotel de cuál era el bus que subía hasta la Alhambra, desayunamos algo en un bar cercano y al final subimos hacia el recinto monumental.

Llegamos con tiempo más que suficiente, lo cual nos permitió hacer unas visitas previas al plato fuerte. Lo primero que te llama la atención es la magnitud del recinto, no era consciente de que la Alhambra, más que un edificio, fuera realmente un complejo de fortalezas y palacios de enormes dimensiones.

Pasamos por delante de la iglesia de Santa María, que sólo degustamos por fuera y luego por debajo de la Puerta del Vino, para acercarnos hasta la fortaleza militar conocida como la Alcazaba. La Alcazaba es la parte más antigua de la Alhambra, un recinto fortificado que iniciaron los romanos y sobre las ruinas del cual posteriormente los musulmanes edificaron su fortaleza. En general lo que se observa en estos momentos se corresponde en su mayoría con las ampliaciones y remodelaciones de época nazarí (s. XII al XV).

La mayoría de lo que aquí queda son ruinas, de las casas castrenses, de mazmorras, patios de armas y depósitos de aguas. En cualquier caso, aquí has de tirar de imaginación para visualizar como era la vida dentro de la fortaleza. Lo que sí queda en pie e intacta es la impresionante Torre de la Vela, en cuya cima se encuentra la mítica campana que hasta hace no mucho marcaba el ritmo de la vida en la ciudad. Las vistas desde la terraza superior de la torre bien valen la visita.

Salimos de la Alcazaba y como ya quedaba poco para que nos llegara la hora de visita, decidimos esperar nuestro turno en la Plaza de los Aljibes, desde la cual había unas bonitas vistas del barrio del Albaicín y del Sacromonte, pero en la que el viento invernal nos castigaba inclementemente.

Al fin se abrieron las puertas de los Palacios Nazaríes y allí que nos dirigimos. Empiezas la visita por el Mexuar, lugar donde se realizaba la administración pública y los despachos de estado de los reyes musulmanes de Granada. Es quizás la parte que está peor conservada (o quizás simplemente es que ya originalmente era la zona menos exuberante) aunque pese a ello no deja de tener sus delicados rincones dignos de recrearse en ellos.

Pero de repente el laberíntico trayecto que hacen seguir a los visitantes te hace desembocar en la Fachada de Comares, una puerta conmemorativa alzada en honor de una de las últimas grandes victorias musulmanas en la Península y que da acceso al palacio homónimo, residencia real oficial. Aquí ya empieza a verse una ornamentación muchísimo más elaborada, que mima cada uno de los detalles, trenzando detalles naturales con caligrafía árabe en la que se graban pasajes del Corán.

Desde que entras por la puerta de la Fachada de Comares hasta que sales del recinto de los Palacios Nazaríes, tras visitar el tercero de los palacios, el de los Leones, donde estaban las estancias privadas y residía el harén, la visita es una auténtica delicia para los sentidos. Me encantó su rica ornamentación, las bóvedas que simulan tener múltiples estalactitas, los arabescos y mosaicos, la perfecta simetría geométrica que dibuja el agua en sus tranquilos jardines, etc.



Jardines del harén en el Palacio de los Leones de la Alhambra
Las horas pasaron inexorablemente en el interior de los palacios y cuando salimos de éstos ya era bien avanzada la mañana. Nuestro siguiente destino fue el Palacio de Carlos V. Se trata éste de un palacio que ordenó construir el Emperador Carlos V con intención de fijar su residencia permanente en la Alhambra y que contrasta fuertemente con el estilo minucioso y preciosista de sus vecinos los Palacios Nazaríes. Se trata de un palacio mastodóntico de planta cuadrada, pero cuyo rasgo principal es el enorme patio interior de forma redonda: la cuadratura del círculo. La verdad es que el sitio es bonito, pero allí, entre tanto arte árabe desentona bastante y te deja una sensación un poco extraña.

Por otro lado en el propio Palacio había una exposición temporal de un pintor bastante famoso, del que ahora por desgracia no recuerdo el nombre (problemas de escribir esta crónica bastante después del viaje) cuyo acceso era gratuito. María y mi madre disfrutaron bastante de la exposición, mi padre y yo entramos pero nos cansamos rápidamente de la misma, pues somos poco amantes del arte moderno, así que salimos y nos pusimos a disfrutar con más detenimiento de los detalles arquitectónicos mientras las mujeres acababan su visita cultural.

La última escala en nuestra visita a la Alhambra fueron el palacio y los jardines del Generalife. que no es más que una villa con huertas y jardines que los reyes musulmanes utilizaban para el retiro y el descanso y que originalmente se encontraba fuera del recinto amurallado de la Alhambra. Comparado con los Palacio Nazaríes, el Generalife destaca por su sobriedad y escasez ornamental. No fue concebido como un lugar para ostentar, si no para retirarse a descansar y eso se nota. Pese a la multitud de turistas que paseamos hoy en día por él, el lugar destila cierta aura de paz, con sus fuentes y canales, con sus flores y sus plantas (y eso que fuimos en febrero, en primavera debe ser un espectáculo floral). No sé como describir un lugar que no tiene nada especialmente destacable, pero que en cierta forma consiguió enamorarme.

Tras finalizar la visita al Generalife salimos del recinto de la Alhambra con la clara intención de buscar un sitio para comer, pues ya era entrada la tarde (alrededor de las 16:30) y no habíamos comido nada desde primerísima hora. Buscamos un sitio y cuando hubimos recuperado algo de fuerzas empezamos a pasear por el Barrio del Realejo, sin ánimo de ver nada en concreto si no disfrutando del ambiente de la ciudad. Poco a poco fuimos subiendo hasta llegar a nuestro siguiente destino, el Carmen de los Mártires. Pero nos lo encontramos cerrado, así que tuvimos que dejar la visita para otro día.

No era tarde, pero como nos habíamos despertado que aún no había despuntado el alba estábamos todos más que cansados, así que nos retiramos para el hotel y nos fuimos todos a dormir bastante pronto.


Sábado 12/02/2011

Después del desayuno, nuestro primer destino del día fue completar aquello que no pudimos hacer el día anterior, así que nos dirigimos de nuevo hacia el Carmen de los Mártires para encontrarlo, esta vez sí abierto. Tuvimos mucha suerte, porque al ir tan pronto el lugar estaba prácticamente vacío y el propio cuidador del Carmen se ofreció a hacernos una visita guiada mientras él hacía la ronda. Y la verdad es que fue una suerte, pues se trataba de un chico joven que era realmente un enamorado del lugar y que destilaba estaba pasión en cada uno de los comentarios que nos hacía.

 Desde el palacete hasta cada rincón de los ricos jardines del Carmen, fuimos descubriendo un oasis de paz en medio de la ciudad. Es un lugar realmente bonito, un amplísimo espacio donde se mezclan todo tipos de jardines de un romanticismo idílico: jardines de estilo inglés y francés, campos de palmeras y huertos de estilo nazarí. Una visita que recomiendo a todo el mundo que se acerque a esta ciudad.

Cuando acabamos la visita, que se extendió bastante pues nuestro improvisado guía se recreaba en detalles, volvimos sobre nuestros propios pasos, y cruzando el centro de la ciudad por detrás de la Catedral y por la plaza Romanillas, acabamos llegando al Monasterio de San Jerónimo, que era lo siguiente que deseábamos visitar.

El Monasterio de San Jerónimo fue promocionado por los Reyes Católicos para ser un gran convento pero acabó siendo donado a la viuda del Gran Capitán para que se sepultara allí a este gran héroe nacional. Desde entonces se empezaron a concentrar allí las capillas de sepultura de la aristocracia andaluza, lo que convirtió a este monasterio de sobrio exterior en uno de los más bellamente ornamentados de la región (sus retablos son impresionantes).

Después de la visita a San Jerónimo comimos y tras ello decidimos subirnos en el bus turístico. No suelo hacerlo, pero en este caso venía incluido en el pack de entradas que había comprado por internet para la Alhambra. Y tras acabar la visita me reafirmé en que nunca más volvería a montarme en un bus turístico. Me pareció una auténtica pérdida de tiempo, sin paliativos.

Descendimos del bus y para endulzarnos la tarde nos pasamos por una de las pastelerías más típicas del centro y nos decidimos a probar los típicos "piononos", unos pastelitos de bizcocho emborrachado con crema tostada por encima. Mi padre y yo, como buenos amantes del dulce le hicimos buen aprecio a esta repostería, que consiguió resarcirnos de la mala tarde. Luego volvimos al hotel y dedicamos lo que quedaba de tarde y noche a reposar: un baño caliente, un poco de lectura y algo de televisión. Eso también apetece en su justa medida en unas vacaciones.

Domingo 13/02/2011

El domingo nos lo tomamos con bastante calma. Nos despertamos tarde y nos levantamos con parsimonia para ir a desayunar copiosamente. Tras esto, buscamos un autobús que nos llevara al Monasterio de la Cartuja que sería nuestra visita matutina.

Aunque está algo alejado, si no andáis mal de tiempo no dudéis en acercaros a este monasterio, una maravilla del barroco español. Cuando llegas unos bellos mosaicos hechos con adoquines de dos colores te reciben a la entrada, y tras subir una bella escalinata accedes al monasterio en sí. Prácticamente todo el monasterio es visitable, aunque muchas de sus zonas no son especialmente atractivas pese a sí disponer de una colección pictórica interesante.

Pero la cosa cambia al llegar al Sancta Sanctorum del monasterio, de una belleza que quita la respiración, al menos si te gusta ese estilo tan sumamente recargado que fue el barroco. Desde cúpulas decoradas con frescos, hasta retablos y sillería, todo tiene cientos de elementos decorativos en los que puedes perderte descubriendo pequeños detalles uno detrás de otro. Sólo la visita a este recinto ya vale los 4 euros que te cobran por la entrada a la Cartuja.

Tras la visita a la Cartuja, pillamos el autobús de vuelta hacia el centro de la ciudad y nos dedicamos a investigar la zona sur de la misma. Bajamos por la Plaza del Salón, cerca de la cual buscamos un restaurante de menú en el que comer (bastante bien por cierto, lástima que no recuerde el nombre para poder recomendarlo) y acabamos a media tarde en el Parque de las Ciencias.

La lástima es que a ninguno se nos había ocurrido pensar que siendo domingo éste estaría totalmente cerrado. Así que no puedo deciros si la visita al lugar merece la pena o no (si acaso que alguien que lo haya visitado nos lo diga en los comentarios), porque lo que es nosotros sólo nos pudimos pasear un poco por los exteriores.

Con la tontería estábamos bastante lejos del hotel, sin nada especial que hacer y con una buena caminata por delante. Decidimos simplemente volver andando, por un trayecto diferente al que habíamos hecho para ir al Parque de las Ciencias, sin visitar nada en concreto, simplemente disfrutando del ambiente de la ciudad, el del día a día de la gente y no el de la zona turística.

Llegamos ya avanzada la tarde al hotel y aprovechamos el rato libre para gestionar por internet el alquiler de un coche para el día siguiente, en que teníamos intención de dirigirnos a la Apujarra.

Lunes 14/02/2011

El lunes nos dirigimos a recoger el coche que habíamos alquilado. Habíamos cogido el que estaba de oferta, un coche muy pequeñito en el que no tengo muy claro como conseguimos entrar 4 personas, entre ellas mi padre con 1,95m y yo que no soy tampoco precisamente pequeño.


No me preguntéis cómo conseguimos entrar los cuatro en esta lata de sardinas
Después del papeleo preceptivo, cogí el coche y conduje hasta la falda sur de Sierra Nevada donde se encuentran los pueblos más característicos de la Alpujarra. Son poco más de 100 kilómetros, pero como los últimos se hacen por una carretera de montaña llena de curvas, el trayecto se va hasta casi las 2 horas de conducción.

Al final acabamos llegando a nuestro primer destino, el pueblecito de Pampaneira. Dejamos el coche en uno de los aparcamientos públicos que se encuentran al principio del pueblo y nos dedicamos a pasear por él. Se trata de un pueblo muy bonito, con la mayoría de las calles en cuesta, característico por sus casas, todas de un color blanco níveo y por la disposición de sus calles, estrechas e intrincadas, que aún siguen el original trazado medieval musulmán.

En sí el pueblo no tiene nada especial que visitar, es uno de esos pueblos con encanto del que te enamoras de sus rincones. Nada te llama especialmente la atención pero el conjunto es bastante notable, con las maravillosas vistas de Sierra Nevada y sus cumbres enharinadas de fondo. Además, al estarlo visitando un día laboral de febrero, no había mucha gente y la sensación de tranquilidad que desprendía ese pueblo montañoso nos abrazaba a cada paso (dudo que en pleno agosto se pueda sentir una sensación tan placentera).

Continuamos el recorrido acabando de visitar los otros dos renombrados pueblos del barranco de Poqueira: Bubión y Capileira. No nos vamos a engañar, son más de lo mismo. Mismo tipo de casas, mismas calles con encanto, adoquinadas y empinadas, mismas vistas de Sierra Nevada. Como son pueblos pequeños que se visitan rápido, merece la pena hacer todo el tour completo, pero en verdad todos tienen los mismos encantos y ninguno destaca sobre los otros.

Finalmente nos acercamos hasta Trevélez, donde teníamos planeado comer. Un pueblo un poco más grande, repleto de restaurantes pues aquí hay suficiente espacio para que paren los autobuses. Lo que había que ver no cambiaba demasiado, así que primero nos dedicamos a buscar un sitio donde comer. Esquivamos no sin cierto arte, los lugares donde paraban los autobuses del IMSERSO (no merecía la pena entrar a un sitio y que antes que a ti tengan que servir a 60 ancianos) y acabamos en un restaurante típico, en el los hombres que no pudimos evitar el acabar pidiendo el típico "plato alpujarreño", que no deja de ser un plato típico de invierno compuesto de patatas a lo pobre, chorizo, morcilla, huevos fritos y jamón de Trevélez (vamos, colesterol en vena pero del rico-rico).

Una vez terminamos de comer, nos dispusimos a ver el pueblo de Trevélez con la calma (con todo lo que llevábamos en la panza un ritmo mayor resultaba inconcebible). De nuevo hay que decir que el pueblo es de un estilo similar a los otros tres que ya habíamos visitado, sin demasiadas novedades en ese aspecto. Especialmente bonitas para los amantes de la fotografía, las vistas que se pueden sacar del pueblo, al otro lado del río, si sigues por la carretera y cruzas el puente. Hay unos pequeños miradores desde los que las vistas al pueblo colgado de la ladera de la montaña son impresionantes. A partir de ahí poco más, conducción de vuelta a Granada ciudad e ir a dejar el coche a la agencia de alquiler.



Martes 15/02/2011

El martes ya era el día en que nuestro avión salía de vuelta para Barcelona. Pero como el mismo era alrededor de las 15:00, teníamos algunas horas de la mañana que aún podíamos aprovechar.

Así que nos dirigimos de nuevo a la Carrera del Darro, donde entramos en los Bañuelos, unos baños árabes del siglo XI que están maravillosamente conservados y que te dejan una clara idea de lo avanzada que era la sociedad musulmana de Granada en muchos aspectos con respecto a sus vecinos cristianos. La visita no es un imprescindible, pero la entrada es gratuita y si vas bien de tiempo resulta sin duda interesante.

Luego nos encaminamos de nuevo hacia el Albaicín a hacer la segunda visita gratuita de la mañana y la que sería nuestra última visita del viaje: el Palacio de Dar-Al-Horra. Resulta increíble lo mal señalizado y lo difícil de encontrar que es la entrada de este monumento. Y resulta más extraño aún cuando se trata de un palacete que es especialmente bonito. Diseñado originalmente como residencia para la madre de un caudillo árabe, pasó después de la reconquista a ser un convento de monjas, las cuales tuvieron a bien mantener intacta la belleza arquitectónica del lugar, de la que ahora se puede disfrutar. Un auténtico descubrimiento de última hora.

Al salir del Dar-Al-Horra ya era media mañana, así que nos dirigimos ya a coger el autobús que nos llevaría al aeropuerto y, por desgracia, de retorno a la cotidianidad laboral en Barcelona.



Valoraciones

Granada es preciosa. No es sólo la Alhambra como mucha gente cree, si no que tiene muchos rincones preciosos y un legado cultural e histórico imprescindible. Todo el mundo debería visitar Granada alguna vez.

Lo mejor del viaje

- Los Palacios Nazaríes de la Alhambra. Vale, no soy original, pero que más da.
- Pasear por el Carmen de los Mártires y sus preciosos jardines acompañados del guardia del recinto haciéndonos de guía improvisado.
- La Cartuja, un pequeño desconocido de la ciudad. 

Lo peor del viaje

- El bus turístico. De verdad que si lo hubiera pagado ex-profeso me habría parecido un timo mayúsculo.
- La visita al Parque de las Ciencias y nuestra falta de previsión absoluta que hizo que nos plantáramos allí el día que estaba cerrado.


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