Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.
Antiguamente, cuando los descubridores llegaban a los límites del mundo, decían: "Más allá hay dragones…" y pavorosos entonces por lo desconocido prestos viraban sus naves poniendo proa hacia lugares más seguros. Pues la isla de Rinca, debe estar más allá de los límites del mundo, porque allí vimos dragones: los míticos dragones de Komodo. A bordo de un barco de pescadores fuimos en pos del enorme reptil, avistamos el esplendoroso despliegue de las bandadas de zorros voladores e hicimos snorkel entre millones de peces tropicales. Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a éstaaquí.
16/11/2013
Llevamos dos días sobre un barco de nombre Syahriul, navegando por las azules aguas de las islas Sonda.
Poco antes de que empezara a anochecer volvimos a subirnos al barco para dirigirnos a las costas repletas de manglares de la que se conoce como "Flying-fox island". A las 18:20 en punto desde nuestro privilegiado puesto de observación sobre el techo del barco, empezamos a ver como miles de murciélagos gigantes se desplazaban de esos manglares en los que pasan el día durmiendo a la isla vecina a la que van a buscar comida (básicamente fruta, pues pese a su amenazador aspecto vampírico son animales inofensivos y frutícolas). El tamaño de los murciélagos era considerable, como el de un perro más o menos, y la verdad es que ver pasar a miles apenas unos metros por encima tuyo impresiona muchísimo.
Ayer llegamos en avión a Luanbajo a primera hora de la mañana y nos recogieron en el mismo aeropuerto para llevarnos directamente al puerto. Nos pasamos toda la mañana haciendo snorkel alrededor de la isla de Bidadarri. Creo que en la primera media hora nos bebimos la mitad del agua salada del mar. Lo de respirar por el tubito parece fácil, pero hasta que le pillas el truco hay que reconocer que toca tragar agua. Cuando al fin le pillamos el truco a la respiración con tubo pudimos disfrutar plenamente de la experiencia. Bajo el mar descubrimos un nuevo mundo lleno de preciosos corales de colores y peces de todos los tamaños, colores y formas. Todo nos maravillaba, pero nos hizo especial ilusión ver nuestros primeros peces pallaso (como Nemo, para entendernos) nadando entre los corales.
Después de comer en el mismo barco, nos desplazamos a la isla de Rinca, a visitar un poblado de pescadores autóctonos. Se les conoce como los gitanos del mar, ya que hasta no hace mucho eran todavía una cultura nómada que se iba desplazando de un lugar a otro en busca de buena pesca. La cultura es original de la isla de Sulawesi, así que han viajado bastante hasta llegar hasta aquí. Al venir de Sulawesi son de religión musulmana, a diferencia de los oriundos de las islas Sonda que son cristianos. Su vida está centrada en la pesca, los hombres están fuera toda la tarde y noche, pescando principalmente calamares y por la mañana las mujeres van a vender lo que se ha pescado a los mercados de la isla de Flores. A parte de la pesca también tienen algunos animales domésticos, todos bien cerrados en corrales porque si los tuvieran libres los dragones de Komodo se los comerían. Se ve claramente que la mayoría de familias son muy pobres, pero se les ve felices y su recibimiento ha sido muy cálido. Como visita turística no tiene nada de especial, pero personalmente agradezco estas oportunidades de mezclarnos con las culturas locales y ver cómo viven realmente.
La noche la hemos pasado en el camarote del barco. Ha sido una noche muy calurosa en la que hemos dormido bastante mal. No habíamos tenido en cuenta que al apagar el motor del barco, el aire acondicionado de nuestro camarote dejaría de funcionar.
Esta mañana a las 7:00 comenzábamos el trekking por el Parque Natural de Komodo, aunque no hemos ido en concreto a la isla de Komodo si no a la de Rinca que está justo al lado (y también pertenece al mismo parque natural). En esta isla hay contabilizados alrededor de 1800 dragones de Komodo, que obviamente eran el principal motivo de nuestra visita a la isla. Nosotros a lo largo del día hemos visto casi una docena y ya nos ha parecido más que suficiente, pues los bichos imponen lo suyo (más sabiendo que su saliva es tan tóxica que produce la muerte inminente en un humano).
Un impresionante ejemplar de dragón de Komodo
Los dragones son unos animales que se camuflan perfectamente con el entorno árido de esta isla y si no hubiera sido por el entrenado "ranger" que nos acompañaba no hubiéramos visto ni un tercio (a parte del peligro que conlleva acercarse por error más de la cuenta a uno, por supuesto). Los machos, que son algo más grandes que las hembras pueden alcanzar los 3 metros de largo y vivir entre 40 y 50 años. También nos han explicado que son una especie caníbal, y que la madre, después de cuidar los 8 meses oportunos de los huevos, se come a sus propias crías si éstas no están rápidas en encaramarse a algún árbol. ¡Curioso como poco!
El trekking ha sido bonito, porque el entorno era bastante más seco que en el resto de trekkings que hemos hecho por el país. Por el camino hemos podido ver, a parte de los dragones, a búfalos, ciervos, macacos y multitud de enormes pájaros que no sabemos clasificar.
La tarde ha sido de playas paradisíacas de arena blanca, sol, tranquilidad, chapuzones y más snorkel. Primero en la playa de Kambing y después en la minúscula isla de Guelor. La verdad es que ha sido una tarde preciosa, justo antes de volver a embarcarnos para el retorno a Luanbajo. De vuelta la mar estaba algo picada y el pobre Rubén se ha mareado bastante. ¡Como mínimo ha aguantado toda la comida dentro de sus tripas!
17/11/2013
Hoy hemos dormido alrededor de doce horas. Necesitábamos el reposo como agua de mayo. Estamos en un hotel muy mono y nuestro pequeño bungalow está encaramado a la ladera de una colina y tiene unas maravillosas vistas sobre la bahía de Luanbajo.
Hemos decidido quedarnos el día en el hotel, disfrutar de la lectura, internet y la siesta antes de partir a media tarde hacia el aeropuerto para volver hacia Bali, donde pasaremos la noche en Kuta. A la decisión ha ayudado que tampoco parece haber nada muy interesante en esta ciudad desde la perspectiva de un turista.
18/11/2013
Después de dormir en Kuta, esta mañana nos hemos levantado a primerísima hora para coger un ferry de línea regular hasta la cercana isla de Nusa Penida. Desde la agencia nos han contado que esta pequeña isla es especialmente interesante porque no se ha masificado turísticamente y por lo tanto aún conserva el sabor del Bali de hace 30 años.
Es muy divertido porque dentro de la isla nos movemos en ciclomotor, donde uno de nuestros guías nos lleva de paquete. Una forma muy singular de desplazarse, pero completamente adecuada a las carreterillas de esta isla. Nuestro día ha comenzado con la visita al mercado y tras ésta, nos hemos ido a Goa Giri Putri, el templo más sagrado de la isla, que se encuentra dentro de una cueva. Además hemos tenido suerte y hemos coincidido con una de las celebraciones rituales más importantes de la isla (se celebra dos veces al año), con lo que podremos ver el templo en su máximo esplendor.
El templo en su parte exterior es muy similar a cualquier otro de los típicos templos balineses, la gran diferencia reside en que en el lugar más sagrado del mismo lo que se encuentra es una estrecha grieta, a través de la cual, agachándote un poco, puedes acceder a una enorme (en toda la magnificencia de la palabra enorme) gruta natural, donde realmente realizan la celebración los fieles.
Aquí, al contrario de lo que nos pasó en Bali, los feligreses sí que nos han invitado a compartir con ellos la festividad. Son todos muy cordiales y se les nota que para ellos el turismo es aún algo raro y no una auténtica plaga como en Bali. Nos invitaban a cerrar y a compartir con ellos los cánticos. Nadie se molestaba por la fotos. Una experiencia única.
La cueva no deja de ser un templo natural y en ella los habitantes de Nusa Penida realizan sus cultos habituales, llenando el ambiente del humo del incienso, que creaba una especie de neblina que junto a la escasa luz resultaban en un ambiente muy enigmático.
Otro tema que me chocó muy positivamente es ver que en la cueva, había un espacio reservado para el rezo de creyentes budistas, algo que me sorprendió al ser ésta una comunidad hinduista. Nuestro guía nos explicó que había una fuerte comunidad de inmigrantes de origen chino en la isla y que por eso el budismo era allí la segunda religión. Me encantó que en vez de excluirlos, les hubieran reservado un hueco en la celebración mayoritaria hinduista. Así esa comunidad no quedaba excluida si no que se integraba perfectamente con sus conciudadanos hinduista. No se puede más que alabar tal muestra de respeto, integración y sentido común.
Después de toda la ceremonia fuimos a nuestro hotel a comer. Es un sitio muy conseguido, sencillo pero muy bonito, con unas habitaciones preciosas. Como cosa curiosa, en el hotel tenían como mascota a un macaco, de nombre Darwin, para el entretenimiento de los turistas, especialmente niños. Obviamente estaba atado y parecía bastante trastocado. La verdad es que después de ver centenares de macacos en libertad en sus diferentes hábitats naturales de las diversas islas, sabe bastante mal ver a uno aquí "encarcelado".
La tarde la teníamos libre, así que decidimos ir andando al pueblo más cercano por nuestra cuenta. Todas las personas que encontramos eran encantadoras, parecía que no hubieran visto muchos turistas por allí. Todos nos saludaban e incluso nos pedían que nos hiciéramos fotos con ellos. El pueblo no tenía nada especial, pero la sensación de tranquilidad y la amabilidad de la gente hicieron que la experiencia valiera y mucho la pena.
Mercado de carretera en Nusa Penida
Para acabar el día disfrutamos de la piscinita y de una buena cena en compañía de otra familia catalana con los que estamos compartiendo estos días en Nusa Penida. Son un matrimonio con dos hijos (uno de 11 y otro de 8) y es magnífico ver como se los llevan a todas partes y lo amplios de miras que son los chavales.
19/11/2013
Hoy hemos empezado el día montándonos en una barca para ir a hacer nuevas sesiones de snorkel. La primera del día era la más especial, pues íbamos a ver manta-rayas. Pero esta vez la suerte no estuvo con nosotros y pese a estar buscándolas un buen rato, los animalillos se mostraron esquivos y nos tuvimos que ir sin ver nada. Como mínimo, tuvimos como premio de compensación el ver algunos delfines nadando por la zona.
Tras eso fuimos a otros lugares a hacer más snorkel, desde manglares a playas paradisíacas y la biodiversidad que allí había era absolutamente espectacular. Vimos bastantes más peces que los que habíamos podido ver por ejemplo en las islas Sonda.
Hacia el mediodía fuimos a ver unos pájaros autóctonos de la zona de Bali que están en peligro de extinción. Unos pájaros preciosos de plumaje de colores blanco y azul. Nosotros pudimos verlos en una pequeña granja de reproducción que tenían en la isla. Tras esto volvimos de nuevo a Bali, de la misma forma que habíamos venido, mediante el rápido ferry, para encaminarnos a nuestro último destino: Seminyak.
20/11/2013
Seminyak. ¿Qué decir de Seminyak? Pues supongo que lo mejor es decir simplemente que no nos ha gustado nada. En esta población te sientes como un billete de dólar ambulante. Todo está masificado y todos los lugareños intentan venderte algo. Los taxistas cuando te ven caminando se paran todos a preguntarte si quieres que te lleven a algún lado. Cada 2 metros hay una tienda en que el vendedor correspondiente intenta convencerte de que entres a comprar su maravillosa mercancía. Supongo que si voy al Gran Bazar de Estambul me espero algo así, pero no en Bali, que te lo venden como un sitio paradisíaco. Pero es que esta zona de Bali está demasiado masificada y occidentalizada para resultar paradisiaca.
Encima nos ha llovido. Como mínimo el hotel es un lujo y encima está a pie de playa, así que hemos compaginado descanso, lectura, internet, piscina y paseos por la playa. Aquí hemos vuelto a la comida occidental, pizza y otras delicatesen del moderno fast-food.
Ahora toca volver. Ya estamos en el aeropuerto de Denpassar desde el que escribo estas líneas. Se acaba la aventura y la experiencia de un mes por estas tierras indonesias. Ahora toca volver a casa. Costará aclimatarse de nuevo a la rutina después de un mes entero. Pero este viaje siempre lo llevaremos en esa mochila de viajeros que llevamos en nuestros corazones.
Valoraciones
Un país que nos ha enamorado, en que cada una de sus islas es un mundo completamente diferente de los demás. Hemos hecho diez viajes en uno, todo sin salir de un mismo país. Es una experiencia más que recomendable. Pese a que, excluyendo Bali, no tenga mucho nombre como destino turístico, plantearos de verdad el acercaros a este desconocido país. Realmente merece la pena.
Lo mejor del viaje
- Remontar el río Kumai en nuestro klotoc con la selva llena de vida alrededor
- Los increíbles animales que hemos visto en libertad, desde orangutanes a dragones de Komodo pasando por delfines y zorros voladores.
- El trekking por el valle de Bailem y las horas, risas y canciones compartidas con nuestros guías y porteadores
- Los impresionantes templos de Prambanan y Borobudur
Lo peor del viaje
- Sin duda la zona sur costera de Bali (Kuta y Seminyak). Completamente masificadas y prescindibles
- El larguísimo viaje en coche para acceder a la zona de Tana Toraja. Deberían plantearse construir un aeropuerto en la zona a la voz de ya.
Si el sur de Bali es la cuna del turismo y es imposible moverte si no es entre multitudes, el norte y este de la misma son dos grandes desconocidos para el turismo de masas. Mejor para los que vamos allí porque se puede disfrutar de playas de arena negra sólo para ti, se puede coger un barco para avistar delfines o se pueden visitar construcciones tan preciosas como el Palacio de Agua de Tirtagangga, propiedad de la realeza Karangasem.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí. 12/11/2013
El día comenzó a primerísima hora, cuando un pescador local nos pasó a recoger por el hotel para llevarnos en su barca a ver los delfines por los cuales es famosa la zona. La verdad es que había tal cantidad de barquitos con "guiris", todos armados con sus respectivas cámaras de fotos, que parecía difícil que los delfines quisieran acercarse a nosotros. No quiero ni imaginarme cómo debe ser eso en temporada alta.
Pero al final empezaron a aparecer. Primero un par solitario, un tanto tímidos, pero luego fueron apareciendo más y más, hasta tener bancos enteros a nuestro alrededor. Además tuvimos suerte y nuestro "conductor" decidió quedarse más ratos que el resto de barcas, con lo que al final pudimos disfrutar de los delfines, el azul del mar y la brisa en la cara con más tranquilidad.
Tras eso volvimos al hotel a tomar un desayuno revigorizante y después de nuevo a la carretera, esta vez en dirección a Singaraja, la antigua capital de los Holandeses en la isla. Primero pasamos por el mercado de la capital. Nada nos vino de nuevo pues era muy similar al que ya habíamos estado en Sulawesi. Después aprovechamos para visitar el Pura Beji, el templo local del gremio de campesinos. Realmente el templo era precioso, probablemente el que más nos ha gustado desde que estamos en Bali.
Desde allí continuamos hacia Kintamani, una pequeña localidad sin ningún atractivo especial excepto su privilegiada situación, que la convierte en el mirador perfecto para ver el volcán Batur y el lago adyacente del mismo nombre. Este volcán es el último que ha entrado en erupción en Bali (lo hizo en el año 1994) y aún se puede ver claramente el rastro gris ceniza que dejó la lava en su camino.
A partir de aquí continuamos hacia e templo Besukit, el que aquí llaman el Templo Madre, ya que es el más grande de toda la isla. Es realmente espectacular por sus dimensiones, pero realmente a nivel de arquitectura y ornamentación es muy similar al resto de templos y nada lo hace destacar especialmente (al menos para ojos legos como los nuestros).
Después de visitar el templo el hambre vino a visitarnos con una fiereza inusitada, así que le pedimos a Mangu, nuestro guía, que nos paráramos en uno de los muchos restaurantes de carretera que había por la zona. Nos costó bastante convencerlo, ya que son bastante reticentes a salirse de los sitios turísticos, pero para cabezones nosotros y al final lo conseguimos. No teníamos ninguna intención de esperar a nuestro próximo destino para comer. Y la verdad es que comimos muy bien y copiosamente.
Ya con la barriga llena nos acercamos con toda la tranquilidad del mundo al Palacio de las Aguas de Tirtaganga. ¡Es un lugar precioso! Lleno de fuentes, estanques, piscinas y estatuas. No es demasiado grande pero probablemente sea el lugar más bonito de todos los que hemos visitado en la isla. Resulta curioso que no han reservado el lugar para el turismo, si no que las piscinas son públicas y siguen en uso, con lo que te las encuentras llenas de lugareños pasando una tarde relajada aliviándose del calor en sus aguas.
El palacio del agua de Tirtaganga
Ya con la tarde avanzada nos dirigimos a nuestro destino final, Amed, donde pasaremos un tranquilo y merecido día de relax entre tanta visita. Por cierto, aquí en Amed la habitación del hotel es también espectacular. ¡Qué bien que nos lo pasaremos!
14/11/2013
El día de descanso en Amed nos ha ido de perlas. Hemos podido bañarnos en la playa y en la piscina, hemos leído y nos hemos puesto al día gracias a internet. El Rubén ha estudiado y yo he podido grabar unos videos que tenía pendientes para el cumpleaños de mi amiga Mary.
A primera hora empezamos por la playa, donde parece que los lugareños vayan a hacer cualquier cosa. Te encuentras vacas, gallinas y cualquier animalejo doméstico pululando por allí libremente. Además siempre hay gente. Realmente da la sensación de ser el país de la calma, las cosas se hacen muy pausadamente, y siempre parece haber más gente de la necesaria para hacer cualquier tarea (en general uno va trabajando poco a poco y los otros se dedican a ir charlando), además siempre hay gente por las calles y en las playas que parecen rondar sin nada particular que hacer. ¡Qué envidia!
Para comer salimos a dar una vuelta y encontramos en el pueblo de al lado, un pequeño restaurante cuya terracita daba al mar, en la que comimos la mar de a gusto (la comida no era nada del otro mundo, buena sin más, pero el ambiente y la tranquilidad le daban un plus al sitio).
Hoy hemos salido de Amed y hemos comenzado el día asistiendo a la celebración de una ceremonia en el Templo de Klungkung, que en el dialecto local significa "cueva de los murciélagos". La celebración en el templo consistía en un grupo de mujeres que tocaban música tradicional desde un pabellón lateral, mientras la gente del pueblo iba entrando por grupos, cargados hasta arriba de ofrendas. Todos iban vestidos con la indumentaria tradicional, ellos en general con camisa blanca y ellas muy coloridas y elegantes. Sus ofrendas incluían flores y comida. Todos se agolpaban alrededor de las puertas que dan acceso al último nivel del templo, el más sagrado donde se hacen efectivas las ofrendas. A nosotros, como turistas, no nos dejaron entrar en el último nivel, con lo que nos quedamos un poco defraudados.
Al lado de la orquesta ceremonial en Klungkung
Después hemos vuelto a pasar por Ubud a comer. Pese a que eso implicaba dar un poco de vuelta, se lo hemos pedido al guía ya que queríamos pasar a comprar una estatuilla que habíamos visto la semana anterior cuando estuvimos pernoctando en Ubud y que apalabramos que pasaríamos a buscar hoy (por irla llevando con nosotros estrictamente el mínimo tiempo necesario, que es un bulto considerable). Pero al final nos quedamos sin la puñetera estatuilla, ya que el vendedor decidió aplicar unilateralmente un incremento de 100.000 rupias sobre el precio pactado, en su momento. A ver, eso son 7 euros, que no nos va a sacar de pobres y la estatuilla hubiera quedado preciosa en el comedor, pero el tema va contra nuestros principios, el vendedor sabía que nos habíamos desviado de la ruta específicamente de la ruta para ir a comprarla, así que debió pensar que nuestro interés era suficiente para subir esa pequeña cantidad, que para nosotros es poco pero para ellos es una plusvalía interesante. Pero con nosotros no se juega, si has pactado una cosa eso no se mueve un ápice, lo contrario es intentar tomarnos el pelo, da igual el importe. Así que nos fuimos sin estatuilla pero con nuestro orgullo por bandera.
Eso sí, con la historia se nos han acabado del todo las ganas de hacer compras, tanto para nosotros como para regalar. Estamos de regateos y de historias hasta el moño. El que no tenga regalo a estas alturas se queda sin él. Sorry. Después de Ubud nos dirigimos hacia la costa a ver el templo de Tana Lot. Tana Lot es muy especial por su emplazamiento. Es un templo que está en el mar, sobre una roca. Cuando la marea está baja se puede acceder sin problemas al templo, pero cuando la marea empieza a subir no hay forma de acceder que no sea mojándose o en barca. Al lado se encuentra un segundo templo, el de Uluwatu, que se sitúa en el extremo de un saliente de roca agujereado, como si se tratara de un puente natural de piedra. Los templos no son nada del otro mundo, pero el emplazamiento es realmente maravilloso y se hace difícil pasar por alto una visita a este sitio en cualquier visita que se precie a Bali. Dicen que en Tana Lot se puede ver una de las más bellas puestas de sol de la isla. No podemos dar fe de ello porque estábamos cansados y no nos quedamos a comprobarlo (aún quedaban dos o tres horas para la puesta de sol cuando nos marchamos). Fuimos a cenar y a dormir a Kuta. Zona muy muy turística y bastante fea, al menos para nuestro gusto. Al lado del hotel había un McDonalds y decidimos ir a comer allí, algo que ya va siendo tradición en nuestros viajes (allá donde vamos acabamos al menos un día en una de estas hamburgueserías). Al día siguiente volvíamos a tener que coger un avión, esta vez en dirección a las Islas Sonda.
Ubud es el centro cultural y espiritual de la turística isla de Bali. Algo alejado de las playas, los encantos de esta región interior radican en sus bellos paisajes de arrozales y en los delicados templos que allí han florecido. Su situación es inicial para hacer excursiones a lo largo de la isla, e incluso a la vecina Java a la que se puede cruzar en Ferry para visitar el volcán de azufre Kawah Ijen. Donde cadadía unos ciento cincuenta hombres desafían al volcán y penetran en su
cráter principal, soportando unas durísimas condiciones de trabajo para extraer el azufre que se utilizará en la industria farmacéutica.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a éstaaquí.
09/11/2013
En Bali hemos desembarcado en la ciudad de Ubud, en el interior, en la que llevamos un par de días. Nos comentan que al no tener playa ésta no es una de las zonas más turísticas de la isla pero la verdad es que no lo parece. La ciudad está llena de turistas, hoteles y restaurantes. Supongo que es la tónica en Bali, sin duda la isla más conocida y turística del archipiélago, pero como venimos de zonas bastante "alternativas" hemos de reconocer que nos ha llamado la atención.
Estamos en un hotel resort totalmente paradisíaco, una enorme extensión plagada de pequeños edificios y bungalows, cruzada por un pequeño riachuelo interno y salpicada aquí y allá por piscinas maravillosas. Esta tarde hemos hecho uso intensivo de la que nos caía más cerca y hay que reconocer que en sus aguas calentadas por el sol se estaba en la gloria.
Respecto a las visitas turísticas de ayer, estuvimos rondando por las cercanías de Ubud, primero visitando un templo de siglo XIV, que se llama Pura Sada, en la población de Kapal. El templo está consagrado a la Trinidad de deidades hindú y se trataba de un templo asociado a la familia real de una antigua dinastía de la zona. El templo fue destruído prácticamente en su totalidad por un terremoto en 1917, por lo que lo que se ve hoy en día es en su mayoría una reconstrucción que se alargó hasta mediados de los años cincuenta.
Tuvimos la suerte de coincidir con una procesión de feligreses que iban a entregar sus ofrendas (incienso, frutas, pan, flores, tabaco...) al templo. Fue una experiencia bonita que nos permitió además ver a los sacerdotes, que en el resto de templos no vimos. El sacerdocio hinduista no requiere una preparación académica si no que sigue el formato de aprendiz y maestro, y en muchos casos es un tema familiar, heredado de padres a hijos.
También visitamos el templo del Monte Batukaru, situada en una alta montaña y rodeado de selva. Éste se caracteriza por tener una fuente cuya agua se considera purificadora, por lo que la parte de acceso al templo está montada alrededor de una fuente que bebe de esas aguas. Estos templos son reductos de paz, con sus ubicaciones en medio de la naturaleza, su silencio y su permanente olor a incienso.
Entre los dos templos pasamos por el balneario de aguas termales de Yeh Panas. Se trataba de un balneario construido a base de aguas termales provenientes de las entrañas de uno de los volcanes del área. A estas aguas, de alto contenido en azufre, se les suponen efectos curativos en la piel (eccemas, soriasis, etc). Los balineses suelen ir allí los fines de semana, pero nosotros declinamos la amable invitación de hacer uso de las instalaciones ya que no veíamos especial interés en el tema teniendo varias piscinas en nuestro hotel. Igualmente el sitio está interesante para una visita rápida, pues es realmente bonito.
Finalmente hoy nos hemos pasado por las terrazas de arrozales que hay alrededor de la zona de Jatilui. El significado de Jatilui es "realmente maravillosa", y si el nombre hace referencia a las vistas que allí se contemplan, su nombre no es para nada exagerado. Estas vistas merecen realmente la pena y deberían ser un imprescindible en cualquier visita a Bali.
Las terrazas de arrozales de Jatilui
La tarde la estamos teniendo libre, para dedicarnos a ir de tiendas (algo muy típico aquí en Ubud, que es una población afamada por su arte) y disfrutar del hotel, que como os hemos comentado al principio del post es lo que más estamos haciendo ya que las compras no son nuestra gran pasión (aunque al final sí que le hayamos dedicado algo de tiempo).
Otra de las ventajas de Ubud, es que al ser una ciudad turística, hemos podido abandonar temporalmente nuestra forzosa dieta de arroz y verduras para volver a la menos sana comida occidental. Hemos comido una pizza a la balinesa con una Coca-Cola y de postres un helado Magnum. Nada del otro mundo pero a nosotros, después de tantos días, nos ha sabido a gloria.
10/11/2013
Hoy estamos en Ketapang en Java. Hemos abandonado Bali y vuelto a Java por un período de tiempo muy corto y con un objetivo muy claro, el Kawah Ijen. Hemos cruzado de una isla a la otra en ferry, una experiencia en sí misma.
Hemos llegado aquí ya por la tarde y estamos descansando en el hotel que tiene vistas al mar. Es normal que no hagamos nada más hoy a parte de leer y pasear por la playa, ya que el pueblo en sí no tiene ningún atractivo turístico. Además mañana nos toca levantarnos a las 3:15 de la madrugada para que a las 4:00, ya desayunados, salgamos a hacer un trekking al volcán Kawah Ijen, donde llegaremos hasta su cráter.
11/11/2013
La subida al volcán ha sido bastante dura, no por lo larga, si no por lo increíblemente empinado de la ascensión. Además el camino era muy polvoriento, lo que hacía que te comieras todo el polvo levantado por la gente que bajaba (sí, había gente que había madrugado más que nosotros para ver amanecer en la cima del volcán) o que subía delante nuestro. Hay que reconocer que después del trekking por Papúa estamos en forma, pues hemos hecho la subida prácticamente del tirón, con una sola parada corta, que casi necesitaba más el guía que nosotros. Poco a poco, conforme nos hemos acercado a la cima, la vegetación se iba haciendo más escasa y el viento se iba haciendo más intenso. Al final hemos tenido que cubrirnos la boca con pañuelos, tanto por el polvo que levantaba el viento como por el pestilente olor que éste traía desde el interior del volcán. Un olor a huevo podrido proveniente del azufre que expulsa el Kawah Ijen. Al llegar a la cresta, el viento era casi insoportable, costaba andar sin tambalearse, pero las vistas eran preciosas y ambos convenimos en que había merecido la pena la dura subida y el frío de la mañana por estar allí.
En la cima del Kawah Ijen
Pero no nos paramos en la cima, si no que hemos decidido tomar el estrecho y traicionero camino que baja hasta el fondo del volcán, en el que se encuentra un lago de aguas de un extraño verde-azulado (supongo que su peculiar color es debido también al azufre). Mientras bajábamos sorteando piedras nos hemos encontrado con los lugareños que trabajan en el volcán. Básicamente su trabajo es extraer azufre del cono del volcán y llevarlo en unas cestas a la espalda hasta el pie del volcán, donde se los compran. ¡Estos hombres suben y bajan el volcán cargados con 40 kg de azufre a la espalda! Si nosotros acabamos cansadísimos de hacerlo una sola vez y descargados, no quiero saber lo duro que ha de ser hacerlo con 40 kg a cuestas y varias veces al día (y encima por un sueldo miserable).
Hemos hecho todas las fotos que hemos querido y más, y luego hemos iniciado el camino de bajada para llegar a comer al hotel. Por la tarde hemos cogido el ferry de vuelta y ahora estamos de nuevo en la isla de Bali, esta vez en la zona norte, en el pueblo pesquero de Lovina. Después de un paseo por la playa y un ratito de compras por la zona de tiendas en la que hemos adquirido diversos regalos para la familia (con regateo incluido), hemos acabado con un chapuzón nocturno y romántico en la piscina del hotel, que a esas horas teníamos para nosotros solos.
En Sulawesi visitamos una cultura que gira entorno del culto a la muerte, herencia de su cultura animista previa a la cristianización. La manera como los Toraja afrontan la muerte es tan interesante que por asistir a un funeral ya merece la pena venir hasta esta remota zona de Indonesia. Los funerales duran días e incluso semanas y se practican meses o incluso años después de que la persona haya fallecido. En su nombre y para honrarle, se sacrifican todo tipo de animales y se reúnen miles de invitados provenientes de pueblos distintos, a veces muy lejanos.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.
05/11/2013
El vuelo de regreso desde Papúa hasta la isla de Sulawesi, nuestro siguiente destino, se hizo largo, pero nada comparado con lo que sería el viaje de casi 8 horas de coche desde el aeropuerto de la capital hasta la zona montañosa de Tana Toraja, que es el lugar que hemos venido a ver a esta isla del norte de Indonesia.
El viaje obviamente ha dado bastante de sí, tanto para poder dormir un buen rato y descansar como para que nuestro guía nos haya podido explicar alguna de las peculiaridades de la región.
Toraja es una región de religión cristiana, pero que mantiene una serie de tradiciones animistas para sus ritos funerarios. Tradiciones tan peculiares que han acabado siendo el gran incentivo turístico de la zona. Es una zona muy curiosa, donde todavía es muy importante la tradición de las clases sociales: alta, media y baja. Normalmente está ligada a la condición económica, pero no tiene porqué, pues al final es simplemente algo que se hereda del padre. La clase baja se corresponde con aquellas personas cuyos ancestros eran esclavos (en esta zona la esclavitud no se abolió hasta el 1915 gracias a la influencia de los misioneros holandeses.
Al final llegamos a nuestro hotel a horas intempestivas, así que fuimos a dormir para empezar la visita a primera hora de la mañana del día siguiente. El primer sitio que visitamos fue el mercado. Lo que más nos extrañó fue la enorme parte de éste que se dedicaba a la venta de animales vivos, especialmente búfalos. Nuestro guía nos explicó que ésto se debía a que éstos eran empleados como sacrificio en los entierros de la región. Los más caros y demandados son los búfalos albinos que alcanzan precios similares a los de un coche. Los sacrifican para que conduzcan al difunto en su camino hacia el más allá.
Otra peculiaridad de la zona son sus casas y graneros típicos y eso es lo siguiente que nos encaminamos a ver. Tienen una arquitectura propia y muy peculiar, ya que las casas tienen forma de barco y están elevadas sobre pilones de madera. La historia dice que los primeros habitantes de la región llegaron desde China en barcos y remontaron los ríos hasta la zona de Toraja. Al llegar aquí se instalaron, y la forma más rápida fue la de reutilizar los barcos como casas, elevados sobre pilares para evitar las inundaciones y los ataques de los animales nocturnos. De ahí la curiosa arquitectura.
Nuestro siguiente destino fue uno de los cementerios de la zona, en la población de Lomo. El cementerio es bastante curioso, ya que es tradicion el colgar los ataúdes en nichos horadados en la pared de los cortantes de las montañas. Cuanto más alto se cuelga el ataúd, implica que el muerto era más importante en la jerarquía social de la zona. Para transportar al difunto desde su casa hasta la montaña en la que se enterrará, se hace mediante un elaborado ataún de madera con la misma forma de barco que las casas tradicionales. Éstos no se reaprovechan si no que se abandonan a los pies de la montaña para que se pudran, permitiendo a turistas como nosotros disfrutarlos en el proceso.
A parte de los ataúdes, en las paredes de la montaña también se cuelgan una especie de balcones en los que se emplazan unos muñecos de madera. Éstos representan al difunto y para poder tener uno colgado has de haber sacrificado al menos 24 búfalos en el entierro. Curiosamente estos muñecos funerarios (se los conoce como Tau Tau) son la representación artística más famosa de la zona y los intentan colocar a los turistas (¡qué mal rollo tener uno de ellos en tu comedor!).
Los famosos muñecos Tau Tau, que representan a los difuntos
Las visitas del primer día terminaron con una corta parada en Kambira y la visita a la cueva de Londa. En Kambira vimos otra tradición animista de la zona, que es que cuando moría un bebé de menos de un año, a éste se le enterraba dentro del tronco de un gran árbol. Se consideraba que la savia del árbol sería el sustitutivo de la leche materna que les alimentaría en su camino al más allá. La verdad es que ver un árbol con decenas de mini-tumbas, sabiendo lo que hay en cada una de ellas impresiona bastante, y te deja un mal cuerpo considerable. Por suerte, con la reducción de la mortalidad infantil esta tradición está quedando en desuso.
En Londa los lugareños aprovecharon una enorme gruta natural en una de sus montañas para sepultar dentro a sus muertos en vez de colgarlos en las paredes de la montaña. Resultó interesante el entrar en las entrañas de la tierra armados con nuestras linternas y poder ver de cerca los ornamentados ataúdes y las ofrendas de todo tipo que a su lado dejan los familiares que aún les recuerdan.
A la salida de la cueva de Londa empezó a diluviar, así que nos recogimos hacia el hotel a descansar. El día siguiente también estaba bastante lleno de actividades.
06/11/2013
Empezamos el nuevo día con un desayuno copioso y tras eso nos reunimos con nuestro guía para encaminarnos hacia Ke`te Kesu, que destaca por ser un pueblecito lleno de casas típicas, principalmente de personas de clase alta, que al final acaban siendo las más vistosas y ornamentadas. Lo que sí que es verdad es que muchos tienen al lado una casa moderna, en la que realmente viven, y sólo mantienen la casa tradicional como símbolo de poder y de estatus social.
Después nos desplazamos hacia el este de la región, hasta el pueblo de Nanggala, donde por fin asistiríamos a uno de los famosos funerales de la región. Sólo puede describirse en una palabra: impresionante. Al entierro había unas 3000 personas invitadas (no me he equivocado al escribirlo no, tres mil). Nos comentaron que para montar el funeral la familia había estado ahorrando durante 3 años, con el muerto embalsamado en casa mientras reunían el dinero para pagar la fiesta y los sacrificios a realizar.
El funeral duraría 3 días enteros, en la que la familia del difunto debía recibir y alimentar a familiares y gente de los poblados vecinos que venían a presentar sus respetos. Todo invitado traía un regalo, desde tabaco o comida los que menos relación tenían hasta cerdos y bueyes para sacrificar. Nosotros fuimos el primer día, en que se estaba haciendo la recepción de invitados y la presentación de ofrendas. Creo que tuvimos suerte de no coincidir con el día de los sacrificios pues no tengo claro que sea un espectáculo de nuestro agrado.
Cientos de invitados haciendo cola para dar el pésame y decenas de bueyes para sacrificar
Después nos desplazamos hacia el norte, para hacer un pequeño trekking entre Batu Tumonga y Bori. Era un trekking muy cómodo, básicamente andar por las montañas entre los poblados de la región, que tienen una cultura funeraria algo diferente de sus vecinos, Ésta consiste en elevar enormes monolitos de piedra volcánica en honor del difunto. Hay que reconocer que el paisaje era bonito y disfrutamos del trekking, pero tampoco era nada del otro mundo.
De vuelta al hotel y a dormir pronto, que al día siguiente volvíamos a coger el coche para hacer el trayecto de 8 horas de vuelta hacia la capital, Makassar, donde cogeríamos un vuelo que nos llevara a Bali.
07/11/2013
El viaje se hizo muy largo, más que la ida porque esta vez no dormimos tanto. De bajada nos pararon en la Montaña Erótica. Básicamente era un bar/restaurante con vistas a una montaña que supuestamente tiene forma de vagina. Bueno, le daremos el beneficio de la duda, pero sólo porque en medio de ocho horas de coche te aferras a un clavo ardiendo.
También paramos a estirar las piernas en los poblados de los Barru, una etnia de pescadores que viven en unas casas elavedas sobre pilastras al borde de la playa. El espacio que queda debajo de la casa lo utilizan como taller para la construcción y mantenimiento de sus barcas típicas, para secar el pescado, etc. Una visita relámpago pero interesante.
Al fin, llegamos a Makassar y directos al aeropuerto. El avión salía con hora y media de retraso, así que aprovechamos para volver a las porquerías occidentales, metiéndonos una caja de 6 Dunkin' Donuts. No están tan buenos, pero vaya subidón de glucosa después de lo bien que estábamos comiendo en todo el viaje.
En un pequeño punto, en lo alto de las montañas de Papúa, esta un valle secreto, recorrido por el salvaje río Baliem. Visitar esta remota región es hacer un viaje en el tiempo. Es entrar en un mundo que no sólo está al otro lado del planeta. Está al otro lado de la historia. Un trekking por sus cumbres inaccesibles, por los puentes colgantes que cruzan el caudaloso río, por las aldeas con chozas de barro y cañas y escuelas abandonadas porque ningún profesor quiere ir allí. Un trekking entre tribus amables y sencillas cuya forma de vida no nos dejará indiferentes. Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.
30/10/2013
Después de dos días de viaje y tres vuelos encadenados llegamos a Wamena, la "ciudad" más cercana a las montañas donde viven las tribus que son el principal aliciente de nuestro viaje. Al llegar a Wamena nos encontramos con el aeropuerto más cutre que hayamos visto en nuestros viajes. Para que os hagáis una idea no hay cintra transportadora para recoger las maletas. Éstas las traen un grupo de lugareños en un carro y las van dejando encima de una mesa de donde tú mismo las has de recoger.
La primera visión que tuvimos fue impactante, uno de los hombres de las tribus que trabajaba en el aeropuerto con su "atuendo" típico. Y entrecomillo lo de atuendo porque al final no dejan de ir bolas excepto por una calabaza seca con la que se cubren el pene y una corona circular de paja oscura que adorna su cabeza. Eso es todo.
La segunda visión que te encuentras en Wamena son los mosquitos. Manadas de mosquitos de un tamaño más que considerable. Aquí el Relec va que vuela.
La tarde que llegamos la teníamos libre ya que el trekking no empezaba hasta el día siguiente, así que decidimos salir a dar una vuelta. Aquí todos nos miran como si fuéramos un animal de feria. Obviamente es porque somos blancos (la etnia de Papúa es de piel negra) y además parece que la altura de Rubén les impresiona sobremanera. El sitio es pobre pero la gente es muy amable, rápidamente te sonríen y te sueltan un "Hello mister" que debe ser lo único que saben decir en inglés. Lo que está claro es que aquí no están muy acostumbrados al turismo, sin duda ésta es la parte de nuestro viaje más alejada de los circuitos tradicionales de Indonesia.
Al final fuimos a un centro comercial, el único de Wamena. Por lo que nos han contado lo construyeron hace 15 años con la intención de dinamizar la ciudad. Se ha quedado 14 años vacío y sólo ahora empiezan a instalarse las primeras tiendas. Estaba prácticamente vacío, parecía un edificio fantasma. Daba cosa pasearse por allí y todo.
No dudamos que estuvimos en el mejor hotel de la ciudad y sin duda éste dejaba bastante que desear en cuanto a sus habitaciones. La plaga de mosquitos del lavabo hacía que te pensaras una y dos veces lo de ir a mear.
Hoy estamos en Kilise. Hemos hecho trekking toda la mañana desde Wamena hasta aquí. Hemos pasado por pueblos y campos muy bien cultivados que parecen colgados de las empinadas laderas de las montañas. Los paisajes que nos rodean son preciosos. Estamos a unos 1800 metros de altitud, remontando las montañas que forman el valle de Bailem en cuyo fondo discurre el río del mismo nombre.
Nos acompañan Rufus, nuestro guía, y cinco porteadores. Hombres y mujeres que llevan nuestras mochilas, así como la comida y todo lo necesario para cocinar a lo largo de los 6 días que estaremos de trekking visitando a las tribus.
Kilise es precioso, con sus cabañas y flores por todas partes, rodeado por montañas salpicadas de los campos de cultivo de la gente del pueblo. Los niños están todo el rato a nuestro alrededor, jugando con una pelota a una especie de fútbol. Es idílico. Dormiremos en una cabaña, con nuestras esterillas y sacos desplegados sobre el suelo.
El alcalde de Kilise resulta ser uno de nuestros porteadores, precisamente el único que viste de la forma autóctona de las tribus de la región. Nos ha acompañado a dar una vuelta por el pueblo y se ha acabado encaramando a un árbol del que ha bajado varios frutos para que merendáramos. Se trata de una fruta de un color verdoso por fuera y amarilla por dentro. El interior es parecido en textura a una granada, pero con un cierto toque cítrico. Ellos le llaman marquina, pero por lo que hemos entendido es una especie emparentada con el maracuyá. Están realmente deliciosas.
Ezequiel, alcalde de Kilise y uno de nuestros porteadores
31/10/2013
Después de dormir la primera noche en una cabaña de Kilise y recuperar energías hemos reemprendido el trekking. Por delante 4 horas de senderos de montaña hasta la aldea de Wamerek, que es desde donde escribo.
Es impresionante pensar que hay tantos pueblos desperdigados aquí en medio de las montañas que sólo se comunican con Wamena mediante unos pequeños senderos medio comidos por la vegetación salvaje. Caminos con subidas y bajadas agotadoras que los hombres y mujeres de la región recorren descalzos y cargados hasta arriba con los productos del campo con los que comercian.
Hoy especialmente nos hemos tirado toda la mañana enfrentándonos a unas bajadas de vértigo, por unos caminos tan estrechos que apenas caben los pies y con precipicios al lado. Hay que tener cuidado porque un pequeño resbalón puede jugarte una muy mala pasada. Rubén que es alto y pesado ha sufrido sobremanera con la bajada, mucho más que con la subida. Suerte de la ayuda de nuestros porteadores.
Es increíble cómo se manejan nuestros acompañantes en este entorno, como emplean cada cosa que tienen alrededor. Nos han enseñado que las hojas de una planta llamada Yelica son increíblemente refrescantes. Cuando estás subiendo por una de estas cuestas a pleno sol del mediodía os aseguro que saberlo es algo muy de agradecer.
También es increíble qué poco necesitamos los humanos para comunicarnos si hay interés. Excepto el guía, los porteadores no hablan ni papa de inglés, pero es curioso lo que nos llegamos a reir comunicándonos a través de signos y sonidos varios. Nuestros porteadores son superalegres y siempre están cantando y haciéndose coñas entre ellos.
Ahora ya estamos en Wamerek, donde Rubén está siendo el chico más popular del pueblo. Acaba de sacar su iPad para hacer el resumen de la segunda lección de su curso de Egiptología y los niños del pueblo han acudido en tropel a ver ese extraño aparato. Hay una quincena a su alrededor mirando fascinados los videos. Creo que hoy no estudiará mucho pero no parece importarle demasiado.
01/11/2013
La noche en Wamerek ha sido horrorosa. Nos tocaba dormir en la que era la casa del maestro del pueblo. Un maestro que hace años que no pisa la escuela ni el pueblo con lo que la casa estaba en unas condiciones deplorables: sucia, con las ventanas rotas y, para colmo de males, empezó a llover una portente tormenta que nos hizo descubrir que también había goteras. No he podido dormir nada por la confluencia de sonidos de todo tipo: los truenos, el crujir de las maderas de la casa, las goteras y los animales moviéndose en el exterior de la casa. Suerte que Rubén se ha portado bien y me ha dado conversación para tranquilizarme toda la noche.
Hoy ha sido el día de trekking más duro, muchas horas de caminata y una subida increíble. Hemos empezado con una empinada y peligrosísima bajada que nos ha llevado hasta el propio río Bailem, el cual hemos cruzado por uno de los famosos puentes colgantes de la región. El puente parecía totalmente desvencijado y se mecía ligeramente con el viento, mientras bajo nuestros pies el río bajaba con enorme fuerza formando unos rápidos. La verdad es que acojonaba batante. Todo lo que venía después de eso ha sido una subida interminable hasta la cumbre de la montaña. Y aquí no son precisamente bajitas.
Allá por donde vamos nos encontramos con los miembros de las tribus. Todos y cada uno de ellos siempre nos saludan con una sonrisa en la boca y un apretón de manos que acompañan con un "Waaa" que es el saludo típico de la zona. Aquí la gente es muy pobre, pero es feliz y tranquila. En cierto modo es para envidiarles.
Comemos en el camino, donde nos pilla. Buscamos un lugar donde acomodonarnos, nuestro cocinero enciende una hoguera (a la antigua usanza, nada de mecheros) y hacemos una sopa bien condimentada con verduras y el agua de una fuente o río cercano. Toda una experiencia.
Esta tercera noche de ruta la pasaremos en el pueblo de Wesalep. Dormiremos en la escuela del pueblo, en el suelo sobre las esterillas. No es especialmente cómodo pero sí que está bastante limpio. Además hemos aprovechado para "ducharnos", que básicamente aquí consiste en tirarse cubos de agua de lluvia de un depósito, que está más fría que todo. Aquí a las 18:00 ya anochece, cenas y a las 19:30 a dormir. Luego nos despertamos sobre las 5:00 de la mañana, con la salida del sol. Extrañamente nos hemos acostumbrado rápido a este ritmo.
Wesalep recuerda en cierta medida a los paisajes de Heidi. Es la primera noche que no nos llueve y esto nos ha permitido disfrutar de una preciosa puesta de sol rosada entre los picos montañosos que rodean la escuela. Las montañas son prominentes y verdes. Aquí estamos a unos 2100 metros de altitud.
Vista desde una de las cumbres del Valle de Bailem
Como hoy hemos ido a por faena y hemos llegado relativamente pronto a destino, hemos podido compartir una larga conversación con Rufus, nuestro guía, alrededor de una hoguera. Nos ha explicado muchas cosas interesantes sobre la isla de Papúa. Desde el porqué nos encontramos con tantas escuelas abandonadas en estos pueblos (básicamente porque los maestros se niegan a venir a estas aldeas totalmente aisladas) lo que hace que la mayoría de los niños de las tribus sean analfabetos, hasta la sensación que tienen en la isla de ser marginados políticamente por el gobierno central de Indonesia (cosa que me creo totalmente, ya que son de una etnia diferente y una religión diferente) que básicamente sólo se dedica a explotar los recursos naturales de la isla, pero no reinvierte prácticamente nada en infraestructuras en Papúa. Una conversación realmente interesante y agradable. Rufus es una persona muy culta con la que da gusto hablar.
02/11/2013
El siguiente día de trekking nos ha llevado desde Wesalep a Wuserem. Hemos empezado a caminar esta mañana un poco antes de las 8:00 y no hemos parado hasta bien bien la hora de cenar, sobre las 17:30. Ha sido sin duda el día más agotador pero también el más divertido. Es una excursión digna del programa "Humor amarillo". Hemos tenido que cruzar ríos saltando de piedra en piedra porque no había puente, caminado por senderos enfangados donde hacíamos equilibrios para no dar un paso en falso y acabar de bruces en el suelo (o peor, en un precipicio lateral), subidas y bajadas empinadísimas y resbaladizas, puentes que tiemblan y escaleras hechas con 4 maderos mal clavados que si pisas mal se desestabilizan y te llevan de nuevo al suelo. ¡Muy divertido!
Nos hemos integrado perfectamente y a todo el mundo que nos encontramos por los caminos les saludamos con una encajada de manos y un "Salamat pagi" (buenos días) o un "Waa" (hola). Los caminos, por estrechos y malos que sean bullen de vida y van llenos de personas, niños y grandes de las tribus que van a buscar agua, a cultivar sus campos, etc.
Hemos visto paisajes de una gran belleza que te hacen sentir como una hormiguita frente a la grandeza de la naturaleza. Hemos visto animales de todos los tipos y flores de todos los colores. Nuestros porteadores nos han hecho a mano unas pulseras con cañas entretejidas que nos han regalado. Hemos cantado canciones tribales en la cima de una montaña y en general nos hemos reído mucho y disfrutado de una experiencia rara (sobretodo para una luna de miel), única e inolvidable.
La última noche en las montañas la pasaremos en una casa particular. Tenemos delante nuestro la fiesta del pueblo (todos los lugareños congregados, charlando, riendo y cantando), algo que es un poco molesto porque queremos limpiarnos un poco (que os recuerdo que aquí que no hay lavabos, consiste en salir en bolas fuera de la casa a tirarse cubos de agua por encima) y aquí no se va nadie.
Nota del autor: Al final la "fiesta" se acabó en cuanto apagamos la luz de nuestra habitación que les iluminaba. Parece ser que es la única luz eléctrica del pueblo (y probablemente del valle) y para un día que alguien la encendía querían aprovecharlo al máximo.
04/11/2013
El último tramo que hicimos ayer nos condujo desde Wuserem de nuevo hasta Wamena que, en nuestras mentes y tras los días con las tribus, ha pasado de ser una ciudad de mala muerte a la cúspide de la civilización. El tramo era bastante sencillo pero a Rubén se le hizo especialmente largo y pesado. Ya tenía ganas de llegar.
A las 13:00 ya estábamos en el hotel preparados para una desinfección total. Hemos pedido en el hotel que nos hagan la colada (para lo que son los precios en Indonesia sale por un pico) y nosotros nos hemos duchado largo y tendido. Esta vez sí, con agua corriente y bien calentita.
Yo personalmente me he tenido que esmerar porque me he traído un polizón conmigo desde las montañas, una pulga. He estado contando y tengo 38 picaduras ¡la muy cabrona! Me he duchado 3 veces seguidas con agua lo más caliente que he podido soportar y hemos abandonado mi saco de dormir, pues intuimos que pueda estar allí instalada.
La tarde la aprovechamos para descansar y acercarnos a un supermercado a comprarnos algunas guarradas: chocolate, galletas, etc. Después de cinco días de trekking comiendo supersano, de verdad que apetecían cosas así.
Hoy nos hemos levantado tarde y nos hemos dirigido al aeropuerto. El avión ha salido con 2 horas de retraso, algo que parece bastante común por estos lares. A ver que nos depara nuestro próximo destino en la isla de Sulawesi.