En Sulawesi visitamos una cultura que gira entorno del culto a la muerte, herencia de su cultura animista previa a la cristianización. La manera como los Toraja afrontan la muerte es tan interesante que por asistir a un funeral ya merece la pena venir hasta esta remota zona de Indonesia. Los funerales duran días e incluso semanas y se practican meses o incluso años después de que la persona haya fallecido. En su nombre y para honrarle, se sacrifican todo tipo de animales y se reúnen miles de invitados provenientes de pueblos distintos, a veces muy lejanos.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.
05/11/2013
El vuelo de regreso desde Papúa hasta la isla de Sulawesi, nuestro siguiente destino, se hizo largo, pero nada comparado con lo que sería el viaje de casi 8 horas de coche desde el aeropuerto de la capital hasta la zona montañosa de Tana Toraja, que es el lugar que hemos venido a ver a esta isla del norte de Indonesia.
El viaje obviamente ha dado bastante de sí, tanto para poder dormir un buen rato y descansar como para que nuestro guía nos haya podido explicar alguna de las peculiaridades de la región.
Toraja es una región de religión cristiana, pero que mantiene una serie de tradiciones animistas para sus ritos funerarios. Tradiciones tan peculiares que han acabado siendo el gran incentivo turístico de la zona. Es una zona muy curiosa, donde todavía es muy importante la tradición de las clases sociales: alta, media y baja. Normalmente está ligada a la condición económica, pero no tiene porqué, pues al final es simplemente algo que se hereda del padre. La clase baja se corresponde con aquellas personas cuyos ancestros eran esclavos (en esta zona la esclavitud no se abolió hasta el 1915 gracias a la influencia de los misioneros holandeses.
Al final llegamos a nuestro hotel a horas intempestivas, así que fuimos a dormir para empezar la visita a primera hora de la mañana del día siguiente. El primer sitio que visitamos fue el mercado. Lo que más nos extrañó fue la enorme parte de éste que se dedicaba a la venta de animales vivos, especialmente búfalos. Nuestro guía nos explicó que ésto se debía a que éstos eran empleados como sacrificio en los entierros de la región. Los más caros y demandados son los búfalos albinos que alcanzan precios similares a los de un coche. Los sacrifican para que conduzcan al difunto en su camino hacia el más allá.
Otra peculiaridad de la zona son sus casas y graneros típicos y eso es lo siguiente que nos encaminamos a ver. Tienen una arquitectura propia y muy peculiar, ya que las casas tienen forma de barco y están elevadas sobre pilones de madera. La historia dice que los primeros habitantes de la región llegaron desde China en barcos y remontaron los ríos hasta la zona de Toraja. Al llegar aquí se instalaron, y la forma más rápida fue la de reutilizar los barcos como casas, elevados sobre pilares para evitar las inundaciones y los ataques de los animales nocturnos. De ahí la curiosa arquitectura.
Nuestro siguiente destino fue uno de los cementerios de la zona, en la población de Lomo. El cementerio es bastante curioso, ya que es tradicion el colgar los ataúdes en nichos horadados en la pared de los cortantes de las montañas. Cuanto más alto se cuelga el ataúd, implica que el muerto era más importante en la jerarquía social de la zona. Para transportar al difunto desde su casa hasta la montaña en la que se enterrará, se hace mediante un elaborado ataún de madera con la misma forma de barco que las casas tradicionales. Éstos no se reaprovechan si no que se abandonan a los pies de la montaña para que se pudran, permitiendo a turistas como nosotros disfrutarlos en el proceso.
A parte de los ataúdes, en las paredes de la montaña también se cuelgan una especie de balcones en los que se emplazan unos muñecos de madera. Éstos representan al difunto y para poder tener uno colgado has de haber sacrificado al menos 24 búfalos en el entierro. Curiosamente estos muñecos funerarios (se los conoce como Tau Tau) son la representación artística más famosa de la zona y los intentan colocar a los turistas (¡qué mal rollo tener uno de ellos en tu comedor!).
Los famosos muñecos Tau Tau, que representan a los difuntos
Las visitas del primer día terminaron con una corta parada en Kambira y la visita a la cueva de Londa. En Kambira vimos otra tradición animista de la zona, que es que cuando moría un bebé de menos de un año, a éste se le enterraba dentro del tronco de un gran árbol. Se consideraba que la savia del árbol sería el sustitutivo de la leche materna que les alimentaría en su camino al más allá. La verdad es que ver un árbol con decenas de mini-tumbas, sabiendo lo que hay en cada una de ellas impresiona bastante, y te deja un mal cuerpo considerable. Por suerte, con la reducción de la mortalidad infantil esta tradición está quedando en desuso.
En Londa los lugareños aprovecharon una enorme gruta natural en una de sus montañas para sepultar dentro a sus muertos en vez de colgarlos en las paredes de la montaña. Resultó interesante el entrar en las entrañas de la tierra armados con nuestras linternas y poder ver de cerca los ornamentados ataúdes y las ofrendas de todo tipo que a su lado dejan los familiares que aún les recuerdan.
A la salida de la cueva de Londa empezó a diluviar, así que nos recogimos hacia el hotel a descansar. El día siguiente también estaba bastante lleno de actividades.
06/11/2013
Empezamos el nuevo día con un desayuno copioso y tras eso nos reunimos con nuestro guía para encaminarnos hacia Ke`te Kesu, que destaca por ser un pueblecito lleno de casas típicas, principalmente de personas de clase alta, que al final acaban siendo las más vistosas y ornamentadas. Lo que sí que es verdad es que muchos tienen al lado una casa moderna, en la que realmente viven, y sólo mantienen la casa tradicional como símbolo de poder y de estatus social.
Después nos desplazamos hacia el este de la región, hasta el pueblo de Nanggala, donde por fin asistiríamos a uno de los famosos funerales de la región. Sólo puede describirse en una palabra: impresionante. Al entierro había unas 3000 personas invitadas (no me he equivocado al escribirlo no, tres mil). Nos comentaron que para montar el funeral la familia había estado ahorrando durante 3 años, con el muerto embalsamado en casa mientras reunían el dinero para pagar la fiesta y los sacrificios a realizar.
El funeral duraría 3 días enteros, en la que la familia del difunto debía recibir y alimentar a familiares y gente de los poblados vecinos que venían a presentar sus respetos. Todo invitado traía un regalo, desde tabaco o comida los que menos relación tenían hasta cerdos y bueyes para sacrificar. Nosotros fuimos el primer día, en que se estaba haciendo la recepción de invitados y la presentación de ofrendas. Creo que tuvimos suerte de no coincidir con el día de los sacrificios pues no tengo claro que sea un espectáculo de nuestro agrado.
Cientos de invitados haciendo cola para dar el pésame y decenas de bueyes para sacrificar
Después nos desplazamos hacia el norte, para hacer un pequeño trekking entre Batu Tumonga y Bori. Era un trekking muy cómodo, básicamente andar por las montañas entre los poblados de la región, que tienen una cultura funeraria algo diferente de sus vecinos, Ésta consiste en elevar enormes monolitos de piedra volcánica en honor del difunto. Hay que reconocer que el paisaje era bonito y disfrutamos del trekking, pero tampoco era nada del otro mundo.
De vuelta al hotel y a dormir pronto, que al día siguiente volvíamos a coger el coche para hacer el trayecto de 8 horas de vuelta hacia la capital, Makassar, donde cogeríamos un vuelo que nos llevara a Bali.
07/11/2013
El viaje se hizo muy largo, más que la ida porque esta vez no dormimos tanto. De bajada nos pararon en la Montaña Erótica. Básicamente era un bar/restaurante con vistas a una montaña que supuestamente tiene forma de vagina. Bueno, le daremos el beneficio de la duda, pero sólo porque en medio de ocho horas de coche te aferras a un clavo ardiendo.
También paramos a estirar las piernas en los poblados de los Barru, una etnia de pescadores que viven en unas casas elavedas sobre pilastras al borde de la playa. El espacio que queda debajo de la casa lo utilizan como taller para la construcción y mantenimiento de sus barcas típicas, para secar el pescado, etc. Una visita relámpago pero interesante.
Al fin, llegamos a Makassar y directos al aeropuerto. El avión salía con hora y media de retraso, así que aprovechamos para volver a las porquerías occidentales, metiéndonos una caja de 6 Dunkin' Donuts. No están tan buenos, pero vaya subidón de glucosa después de lo bien que estábamos comiendo en todo el viaje.
Próxima estación: Bali.
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