Nota: Esta es la segunda parte del viaje que nos llevó desde Barcelona a Burgos pasando por tierras oscenses. Puedes leer la primera en este link.
Ficha Técnica
Fecha: Diciembre de 2012
Destinos visitados: Burgos, Frías y Oña.
Transporte: Coche
Descripción del viaje
Era ya tarde, estábamos ya cenados y además muy cansados. Sin embargo nada de eso iba a impedir que, aunque fuera arrastrándonos, saliéramos un ratito a pasear bajo la luz de la luna y empezar a degustar el ambiente de la ciudad que nos iba a acoger en los días siguientes. Un paseo corto, por el centro de la ciudad, donde ya pudimos hacernos una idea de cómo era Burgos: muy comercial y con la gente volcada en las calles, ya fuera comprando, cenando o simplemente paseando.
El día siguiente amaneció algo nublado, amenazando lluvia, así que cogimos los paraguas y salimos bien pronto a buscar los grandes tesoros de la arquitectura burgalesa. Como siempre en nuestros viajes, el primer destino, incluso antes de desayunar, fue la Oficina de Información y Turismo, que por suerte nos caía bastante cerca del hotel. De allí salimos con las ideas bastantes claras de qué queríamos visitar.
Salimos del Monasterio para encontrarnos con una fina lluvia que no tenía especial pinta de remitir, con el cielo encapotado de un gris plomizo hasta donde la vista alcanzaba. Recorrimos el camino de vuelta hacia el centro de la ciudad, esta vez paseando por el bonito paseo que circula paralelo al río que cruza Burgos. Nos dirigimos a la Plaza Mayor y cerca de allí buscamos un restaurante donde poder comer. Encontramos uno llamado “La Mafia” cuyo menú nos llamó la atención y decidimos entrar en él. ¡Dios mío que hartón de comer! ¡Todo riquísimo y por un precio de menú muy asequible! Sin duda la suerte nos acompañó en la elección.
Con las piernas descansadas y la barriga llena decidimos ir a visitar la joya de la corona, la Catedral. Además coincidía que esa tarde la entrada para visitarla era gratuita. Aprovechando la coyuntura, decidimos reinvertir lo que nos habíamos ahorrado en la entrada en una audioguía. Otro gran acierto sin duda. La Catedral es enorme, llena de preciosos rincones, retablos, bajorrelieves, etc. Vimos cada uno con mayor asombro que el anterior, siempre acompañados por las interesantes descripciones de la audioguía. Cuando ya estábamos en la parte final de la visita, en una exposición sobre la figura del Cid Campeador, nos sorprendió la megafonía diciendo que se iba a proceder al cierre de la Catedral y que por favor los visitantes se dirigieran hacia la salida. Asombrados miramos el reloj y vimos que eran las 19:30, llevábamos ya tres horas y media de visita que sin embargo nos habían pasado volando.
De nuevo con la barriguita llena, nos acercamos otra vez al hotel. Un poco de lectura y a dormir, que al día siguiente madrugábamos para salir de excursión.
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| A las puertas del castillo de los Condes de Frías |
Descendimos por las sinuosas carreteras hasta llegar al curso del Río Oca, que remontamos por una buena carretera hasta Oña, un pueblo que nos habían recomendado el día anterior en Información y Turismo, famoso por el enorme Monasterio de San Salvador. Por desgracia, dadas las fechas nos encontramos el monasterio cerrado. Sólo se podía visitar acompañados del guía local que hacía visitas cada ciertas horas (no muchas la verdad dado que era pleno invierno y por tanto temporada más que baja). La siguiente visita era a las 16:00, aún quedaban un par de horas, que decidimos emplear en dar un paseo por el pueblo y comer en uno de sus restaurantes, un lugar conocido como La Bodeguilla, con más encanto que buen comer para ser sinceros.
Allí estábamos a las 16:00, bien dispuestos a las puertas del Monasterio. Pronto descubrimos que éramos los únicos turistas del día y que por tanto el guía nos haría una visita privada. El Monasterio era digno de ser visitado y el guía un auténtico crack que amenizó la visita con anécdotas y explicaciones varias. La historia de la fundación del Monasterio por parte de Don Sancho García, Conde de Castilla, para colocar a su hija como abadesa, lo reyes y nobles allí sepultados y un montón de historias más que ahora soy incapaz de recordar. Se veía que no tenía prisa y podía recrearse con nosotros, pareciendo casi alegre de tener algo que hacer a lo largo del día.
Finalizada la visita al Monasterio de San Salvador, ya oscureciendo en el exterior, decidimos dejar de vagar por esos parajes y volver a la ciudad. Burgos nos esperaba de nuevo, acogedora, y dedicamos las últimas horas de la tarde a hacer allí algunas compras que María quería ir adelantando para las fiestas navideñas. Por último una nueva sesión de tapeo a la hora de la cena, justo antes de retirarnos de nuevo a dormir. Por desgracia al día siguiente debíamos partir de nuevo hacia casa, dejando atrás nuestro periplo castellano. Siete horas de conducción nos esperaban por delante y era mejor estar bien descansado para ello.
Lo mejor del viaje
- Las salidas nocturnas a tomar unas tapitas. ¡Qué forma tan maravillosa de terminar una jornada vacacional!
- La visita al monasterio de Oña con "nuestro" guía particular. Un auténtico crack el tío.
- La catedral de Burgos. Una auténtica maravilla por dentro y por fuera. Una tarde entera estuvimos para visitarla... y se nos hizo corto.
- Información y Turismo de Burgos. De verdad, no hay tantas cosas a visitar en la ciudad, ya nos podían haber avisado que la Cartuja cerraba uno de los días que les dijimos que estábamos allí. Así a lo mejor hasta nos podemos planificar y no quedarnos sin verla.
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