Suiza aún nos deparaba grandes maravillas por ver, desde Lucerna y Berna, probablemente las ciudades más bellas de este país, hasta el impresionante recorrido entre paredes verticales de las gargantas del río Aare. De preciosos enclaves medievales como pueden ser Murten o Bellinzona, a maravillas paisajísticas como el valle de Meiental o las cristalinas aguas del río a los pies de Lavertezzo. Pero al final, independientemente de lo que fueras a ver, lo grande de este país es que cada rincón en el que posas tus ojos parece sacado de una postal.
Nota: El viaje a Suiza, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.
Nota: El viaje a Suiza, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.
Sábado 23-7-2016 - Berna, Friburgo y Murten
El sábado era uno de los días destinados en su totalidad a visitar poblaciones, dejando algo de lado tanta cascada y lago. Un poco de cambio de aires nos vendría bien.
Nuestro primer destino fue la capital del país: Berna. Se trata ésta de una ciudad que puedes visitar en apenas un par de horas, sin mucho esfuerzo, ya que casi todo lo realmente importante de la ciudad se agolpa en una amplísima avenida que va desde la plaza de la estación hasta el famoso foso de los osos.
Nosotros empezamos la visita por la plaza de la estación y desde allí empezamos a avanzar por esta imponente avenida, deleitándonos con sus típicos soportales y con los locales que se localizan en sus sotanillos, algo que no había visto en ninguna otra ciudad de las que he estado.
El avance se ve amenizado cada pocos metros con una impresionante fuente ornamentada con una escultura lacada en vivos colores. Cada una es diferente y tiene su nombre propio que todos los berneses conocen: la fuente del gaitero, la fuente del ogro, etc. Si se sigue avanzando por la bulliciosa calle acabas topándote con la torre que contiene el famoso reloj astronómico. A las horas en punto se ponen en movimiento sus autómatas, pero nosotros no tuvimos la paciencia de quedarnos a esperar este evento.
Otros lugares de interés están en calles paralelas a esta avenida principal y se merecen como mínimo una visita rápida, desde la sede del parlamento suizo, hasta el ayuntamiento. También en una calle paralela se encuentra la catedral de la ciudad. Su interior es bastante anodino, sin embargo su puerta principal, adornada con un bajorrelieve que representa el juicio final es bastante bonita. Detrás de la misma se abre un amplio parque desde cuyas terrazas se tiene una magnífica vista del río Aare a su paso por la ciudad. Aunque menos conocido, también es recomendable una visita al "Kornhaus Keller", ahora reconvertido en un restaurante, pero al que se puede bajar a hacer algunas fotos sin problemas.
Al final, la amplia avenida cruza el río por un amplio puente hasta finalizar en el foso de los osos, el animal que según las leyendas da nombre a la ciudad. Esos animales siempre impresionan de ver, y Alba quedó realmente fascinada con los "cosos" como ella los llamaba.
Desde el foso de los osos a deshacer todo el camino hasta el coche, para dirigirnos conduciendo hasta la ciudad de Friburgo. He de reconocer que de lo visto en el viaje esta ciudad es de lo que más nos decepcionó. Cierto es que tiene algunos lugares que permiten sacar fotos realmente vistosas (como las que se obtienen desde el río enfocando hacia arriba, al ayuntamiento colgado en lo alto de la colina), pero en conjunto nos pareció bastante mediocre. Apenas salvaría la visita a la catedral y sus preciosas vidrieras.
Como la ciudad no nos acabó de gustar la abandonamos antes, con tiempo suficiente para acercarnos a la pintoresca villa de Murten. Y aquí nos pasó lo contrario, no habíamos leído mucho sobre ella y la teníamos en nuestra lista de visitas más como un "filler" que otra cosa, y sin embargo nos encantó de cabo a rabo. Se trata de una pequeña villa amurallada, en cuyo interior encuentras calles empedradas y bellas y ricas casas. Además, uno puede encaramarse a la muralla y recorrer su camino de ronda, que es realmente espectacular y con una magníficas villas. Si aceptáis mi consejo, borrad Friburgo de vuestros itinerarios y añadid Murten a los mismos.
Domingo 24-7-2016 - Gargantas del Aare, Ballenberg e Interlaken
El domingo empezaba por una de esas visitas que yo llevaba marcada en negrita desde casa, las Gargantas del río Aare, en las afueras del pueblo de Meiringen. Se trata de una impresionantes gargantas excavadas en la roca por la fuerza de las aguas del río Aare y es una maravilla de la naturaleza. Sólo puedo decir que mis expectativas eran muy altas y que en ningún momento me defraudaron, más bien al contrario. La visita es bastante asequible (aunque tiene sus tramos de escalera, así que los que vayáis con nichos mejor hacerla con mochila que con cochecito) y puede tomar entre una hora y hora y media en función del ritmo.
De allí nos dirigimos al museo Ballenberg, que queda muy cerca de Brienz. Es una visita que yo personalmente no hubiera hecho (un museo de arquitectura costumbrista no está dentro de mis aficiones) pero que mis suegros tenían especial ganas de ver y está claro que cuando viajas con más gente a veces toca hacer alguna cosa que no te apetece plenamente.
Avisaros también que el precio de la entrada al museo es bastante alto, 24CHF por cabeza, así que mejor que os aseguréis que os gusta el tema antes de ir allí. Pero una vez estás dentro, hay que reconocer que el lugar está muy bien montado y es enorme. Nosotros estuvimos un poco más de dos horas visitándolo y no vimos ni la mitad de lo que hay allí, así que si os gusta la temática asumid que os pasaréis allí prácticamente todo el día. A parte en ciertas zonas tienen algunos animales, a similitud de lo que sería una granja-escuela, así que ya os podéis imaginar que estuvimos haciendo María y yo con Alba mientras mi suegros se dedicaban a visitar las casas típicas.
Tras salir de Ballenberg nos dirigimos a Interlaken, la cual, aunque sabíamos que no tenía nada muy especial, nos apetecía visitar por ser la ciudad grande que había al lado de nuestro apartamento. Ciertamente no tiene mucho para ver, una amplia avenida comercial con muchísimo ambiente y un minúsculo casco histórico sin ningún atractivo especial. Sin embargo nos llenó una horita de nuestra agenda, que comiendo un helado durante la visita se nos pasó realmente rápido.
Salíamos de Interlaken que eran casi las 18:00, pero decidimos alagar un poco más el día y acercarnos a Spiez, que nos había quedado pendiente del día que circunvalamos el lago Thunersee. Pero Spiez resultó ser la ciudad maldita del viaje, pues cuando llegábamos a la misma, empezó a caer el diluvio universal, lo que nos hizo desistir de nuestro intento de visita, teniéndonos que contentar con ver su castillo de lejos y desde el coche.
Lunes 25-7-2016 - Lucerna y Zug
Este lunes era el que teníamos marcado en nuestra agenda como segundo día dedicado a visitar ciudades. Empezaríamos el día por Lucerna, la que según muchos de los blogs que habíamos leído era la ciudad más bonita de Suiza. No sé si por el hecho de llevar unas expectativas tan altas al final ésta nos decepcionó un poco, no porque no fuera una ciudad bonita, que sin duda lo es, si no porque no la vimos sustancialmente más atractiva que otras, incluso la mayoría de nuestra expedición convenía en que Berna nos había gustado más.
El día en Lucerna empezó con un plato fuerte, la visita a su mítico puente de madera, el Puente de la Capilla. Hay muchos puentes de este estilo por Suiza, pero éste es sin duda especialmente bonito, por su longitud, por tener una torre de piedra adosada emergiendo en mitad del río y por las preciosas pinturas que adornan su interior (ilustran escenas de la historia de la propia ciudad y del país, incluyendo la biografía de los santos patronos de la ciudad, Leodegardo y Mauricio). Muchos dicen que es el puente más bonito del mundo. No soy un especialista en puentes precisamente, pero aunque pueda parecerme una afirmación un tanto exagerada, este puente es una maravilla y sin duda una visita obligada si estás en Suiza.
Tras esto nos perdimos un rato por las callejuelas y plazas de su casco antiguo, desde la propia Plaza de la Capilla hasta las fachadas pintadas del Weinmarkt, para acabar volviendo a los pies de las aguas del río Reuss casi donde éste se encuentra con la antigua muralla de la ciudad. Desde allí deshicimos camino, pero esta vez yendo por las calles más comerciales y animadas de la ciudad (ojo a las suculentas pastelerías que se encuentran en estas calles), hasta alcanzar el parque donde se encuentra la famosa estatua del Leon moribundo (el Löwendenkmal). Se trata de un estatua espectacular y que tampoco deberéis perderos. El emplazamiento nos gustó tanto que sacamos allí los bocadillos y comimos a los pies de tan magnífica escultura.
Ya después de comer terminamos la visita a Lucerna pasándonos por su Catedral, que pese a no ser especialmente espectacular sí que merece la pena ser vista. Tras salir de la misma, nos dirigimos al aparcamiento cerca de la estación de tren donde teníamos nuestro coche de alquiler, para encaminarnos a nuestro segundo destino del día, la ciudad de Zug. Ya en el coche nos dimos cuenta de que nos habíamos ido de Lucerna sin visitar su también renombrada Iglesia de los Jesuitas. Deberemos dejarlo pues para otra ocasión.
Zug fue una de las gratas sorpresas de nuestro viaje. Se trata ésta de una ciudad que apenas tiene renombre entre los turistas y que por lo tanto apenas es visitada. Sin embargo, sin ser espectacular, sí que es una ciudad muy cuidada y coqueta, situada a orillas de un lago, lo que la hace muy agradable. Apenas hay turistas en la misma y es una gozada pasear tan tranquilo por sus calles, sin esos agobios y multitudes que caracterizan los lugares más turísticos. Si tenéis poco tiempo en Suiza, obviamente es un lugar de visita más que prescindible, pero sólo dejadme que os diga que si a día de hoy debiera replantearme el viaje a Suiza, pondría muy seriamente en la balanza el que Zug fuera nuestro campamento base.
Martes 26-7-2016 - El Tesino
Era nuestro último día al completo en Suiza y decidimos aprovecharlo al máximo, levantándonos a primera hora (las 6:00 a.m.) y volviendo tarde a casa (pasadas las 23:00), para visitar una de las zonas más peculiares de Suiza, el Tesino.
El viaje al Tesino es un viaje largo, de casi 3 horas, pero que es una experiencia en sí mismo y que no puedo dejar de recomendar. Desde Interlaken, en vez de ir todo el rato por autopista vía Lucerna, cogimos la carretera que cruza el Valle de Meiental, ascendiendo al puerto de Sustenpass. Os juro que es un paisaje que no olvidaréis, con decenas de cascadas cayendo por las laderas de las montañas hasta el valle que circula por debajo, viendo nacer un río en la cola de un glaciar. Es realmente espectacular. Y tras el paso por Meiental, empalmas con el mítico túnel de San Gotardo, otra cosa difícil de olvidar, pues un túnel de 17 kilómetros difícilmente pasa desapercibido.
Cuando pasas San Gotardo te encuentras ya en el Tesino, que hay que reconocer que es un mundo a parte del resto de Suiza, tanto el paisaje, como el ambiente y la comida son más italianos que suizos. Lo único que te recuerda que sigues en Suiza es el precio de las cosas, que en eso sí que están armonizados con el resto del país.
Nuestro primer destino fue la ciudad de Bellinzona. Otra que recomiendo encarecidamente, para mí una de las ciudades más bonitas de las que visitamos. Iniciamos la visita por el Castelgrande, el castillo principal de la ciudad, bonito y que puede visitarse gratuitamente (sólo te cobran si quieres entrar al pequeño museo histórico que hay en parte de sus estancias). En Bellinzona hay otros dos castillos, el de Montebello y el de Sasso Corbaro, aunque nosotros, dado que queríamos ver muchas cosas en el día decidimos no visitar todos los castillos si no el principal.
En lugar de visitar el resto de castillos nos decidimos a pasear por su casco histórico, en toda la zona histórica que va desde Piazza Nosetto hasta la Piazza del Governo. Es una zona muy bonita, adoquinada, con grandes mansiones, enormes y oscuras iglesias, patios restaurados, fuentes y monumentos, torres de inspiración italiana y el impresionante ayuntamiento rodeado de casas burguesas con balcones de hierro.
Tras esta visita cogimos de nuevo el coche, para desplazarnos hasta la ciudad de Locarno, donde lo primero que hicimos tras aparcar fue buscar un lugar donde comer. Tras llenar el estómago paseamos un poco por el casco antiguo, hasta acercarnos al Castello Visconteo el cual decidimos visitar. El castillo no está especialmente bien conservado y debo reconocer que es una visita prescindible, pero por otro lado tiene un aura de autenticidad difícil de explicar y que hizo que a nosotros nos gustara la visita.
De nuevo en coche, subimos las empinadas calles que llevan a Orselina para ir a visitar la gran atracción de Locarno, la iglesia de la Madonna del Sasso. Esta iglesia de espectacular ubicación, colgada de una roca desde la que se tienen espectaculares vistas del lago, justifica por si sola el acercarse a Locarno. Es una iglesia pequeña pero preciosa y que además puede visitarse gratuitamente. Ojo eso sí si viajáis con personas mayores o con movilidad reducida porque hay más de 100 escalones para acceder a la iglesia.
Al salir de allí ya era entrada la tarde, pero decidimos alargar el día un poco más, yendo a visitar el Valle de Verzasca, uno de los valles más bonitos de la zona según algunos blogs que había leído. Nuestra primera parada en el valle fue en la Diga di Verzasca, una impresionante presa (de las más altas de Europa) que se hizo famosa porque James Bond saltaba desde ella en la película Goldeneye. Ahora organizan allí saltos de puenting para emular al agente 007. Será que soy muy cobarde pero yo no me tiraba ni aunque me pagaran. Sólo mirar hacia abajo desde la plataforma de salto resulta mareante.
Seguimos remontando el valle hasta llegar al romántico pueblo de Lavertezzo, sin duda uno de los rincones más bonitos que he tenido el placer de visitar en mis viajes y que no os podéis perder si estáis mínimamente cerca. Ver las cristalinas aguas del Verzasca fluir como jade líquido entre los lechos de piedra del paisaje, con la pequeña iglesia de Lavertezzo y su mítico puente de piedra de doble arco de fondo, es una imagen que difícilmente olvidaréis.
Contemplando las aguas del Verzasca se nos echaron encima tanto la lluvia como la oscuridad de la noche, signo inequívoco de que debíamos recogernos. Aún nos quedaban 3 horas de coche por delante hasta llegar a nuestro apartamento en Gridelwald, retorno que sí que hicimos por autopista, pues las curvas del Meiental de noche no parecían la mejor de las ideas.
Miércoles 27-7-2016 - El retorno
Nos habíamos reservado el último día para ver lo que pudiéramos de Ginebra, ya que teníamos que volver allí a tomar el avión que nos devolvería a casa. La verdad es que apenas pudimos ver nada de esta ciudad.
El palizón del día anterior en el Tesino pasó factura y al final nos levantamos bastante más tarde de lo deseable. Entre hacer maletas, saldar cuentas con los dueños del apartamento, salíamos de Grindelwald pasadas las 11:00, lo que nos llevó a llegar a Ginebra pasadas las 14:00.
Aparcamos en el centro, prácticamente al lado del Jet d'Eau, el famoso chorro de agua que propulsan 140 metros en vertical. En Ginebra apenas tuvimos tiempo de comer y ver un poco del animoso ambiente de sus calles más comerciales. Unas pocas fotos para certificar que habíamos estado en la ciudad pero apenas nada más, pues a las 15:45 salíamos de nuevo hacia el aeropuerto, a dejar el coche de alquiler y coger el avión de vuelta. Un vuelo de nuevo sin ningún tipo de problema. Alrededor de las 20:00 llegábamos a tierras catalanas de nuevo, dando por concluido nuestro viaje por tierras helvéticas.
El sábado era uno de los días destinados en su totalidad a visitar poblaciones, dejando algo de lado tanta cascada y lago. Un poco de cambio de aires nos vendría bien.
Nuestro primer destino fue la capital del país: Berna. Se trata ésta de una ciudad que puedes visitar en apenas un par de horas, sin mucho esfuerzo, ya que casi todo lo realmente importante de la ciudad se agolpa en una amplísima avenida que va desde la plaza de la estación hasta el famoso foso de los osos.
Nosotros empezamos la visita por la plaza de la estación y desde allí empezamos a avanzar por esta imponente avenida, deleitándonos con sus típicos soportales y con los locales que se localizan en sus sotanillos, algo que no había visto en ninguna otra ciudad de las que he estado.
El avance se ve amenizado cada pocos metros con una impresionante fuente ornamentada con una escultura lacada en vivos colores. Cada una es diferente y tiene su nombre propio que todos los berneses conocen: la fuente del gaitero, la fuente del ogro, etc. Si se sigue avanzando por la bulliciosa calle acabas topándote con la torre que contiene el famoso reloj astronómico. A las horas en punto se ponen en movimiento sus autómatas, pero nosotros no tuvimos la paciencia de quedarnos a esperar este evento.
Otros lugares de interés están en calles paralelas a esta avenida principal y se merecen como mínimo una visita rápida, desde la sede del parlamento suizo, hasta el ayuntamiento. También en una calle paralela se encuentra la catedral de la ciudad. Su interior es bastante anodino, sin embargo su puerta principal, adornada con un bajorrelieve que representa el juicio final es bastante bonita. Detrás de la misma se abre un amplio parque desde cuyas terrazas se tiene una magnífica vista del río Aare a su paso por la ciudad. Aunque menos conocido, también es recomendable una visita al "Kornhaus Keller", ahora reconvertido en un restaurante, pero al que se puede bajar a hacer algunas fotos sin problemas.
Al final, la amplia avenida cruza el río por un amplio puente hasta finalizar en el foso de los osos, el animal que según las leyendas da nombre a la ciudad. Esos animales siempre impresionan de ver, y Alba quedó realmente fascinada con los "cosos" como ella los llamaba.
Desde el foso de los osos a deshacer todo el camino hasta el coche, para dirigirnos conduciendo hasta la ciudad de Friburgo. He de reconocer que de lo visto en el viaje esta ciudad es de lo que más nos decepcionó. Cierto es que tiene algunos lugares que permiten sacar fotos realmente vistosas (como las que se obtienen desde el río enfocando hacia arriba, al ayuntamiento colgado en lo alto de la colina), pero en conjunto nos pareció bastante mediocre. Apenas salvaría la visita a la catedral y sus preciosas vidrieras.
| El ayuntamiento de Friburgo desde las escaleras que bajan al río |
Como la ciudad no nos acabó de gustar la abandonamos antes, con tiempo suficiente para acercarnos a la pintoresca villa de Murten. Y aquí nos pasó lo contrario, no habíamos leído mucho sobre ella y la teníamos en nuestra lista de visitas más como un "filler" que otra cosa, y sin embargo nos encantó de cabo a rabo. Se trata de una pequeña villa amurallada, en cuyo interior encuentras calles empedradas y bellas y ricas casas. Además, uno puede encaramarse a la muralla y recorrer su camino de ronda, que es realmente espectacular y con una magníficas villas. Si aceptáis mi consejo, borrad Friburgo de vuestros itinerarios y añadid Murten a los mismos.
Domingo 24-7-2016 - Gargantas del Aare, Ballenberg e Interlaken
El domingo empezaba por una de esas visitas que yo llevaba marcada en negrita desde casa, las Gargantas del río Aare, en las afueras del pueblo de Meiringen. Se trata de una impresionantes gargantas excavadas en la roca por la fuerza de las aguas del río Aare y es una maravilla de la naturaleza. Sólo puedo decir que mis expectativas eran muy altas y que en ningún momento me defraudaron, más bien al contrario. La visita es bastante asequible (aunque tiene sus tramos de escalera, así que los que vayáis con nichos mejor hacerla con mochila que con cochecito) y puede tomar entre una hora y hora y media en función del ritmo.
De allí nos dirigimos al museo Ballenberg, que queda muy cerca de Brienz. Es una visita que yo personalmente no hubiera hecho (un museo de arquitectura costumbrista no está dentro de mis aficiones) pero que mis suegros tenían especial ganas de ver y está claro que cuando viajas con más gente a veces toca hacer alguna cosa que no te apetece plenamente.
Avisaros también que el precio de la entrada al museo es bastante alto, 24CHF por cabeza, así que mejor que os aseguréis que os gusta el tema antes de ir allí. Pero una vez estás dentro, hay que reconocer que el lugar está muy bien montado y es enorme. Nosotros estuvimos un poco más de dos horas visitándolo y no vimos ni la mitad de lo que hay allí, así que si os gusta la temática asumid que os pasaréis allí prácticamente todo el día. A parte en ciertas zonas tienen algunos animales, a similitud de lo que sería una granja-escuela, así que ya os podéis imaginar que estuvimos haciendo María y yo con Alba mientras mi suegros se dedicaban a visitar las casas típicas.
Tras salir de Ballenberg nos dirigimos a Interlaken, la cual, aunque sabíamos que no tenía nada muy especial, nos apetecía visitar por ser la ciudad grande que había al lado de nuestro apartamento. Ciertamente no tiene mucho para ver, una amplia avenida comercial con muchísimo ambiente y un minúsculo casco histórico sin ningún atractivo especial. Sin embargo nos llenó una horita de nuestra agenda, que comiendo un helado durante la visita se nos pasó realmente rápido.
Salíamos de Interlaken que eran casi las 18:00, pero decidimos alagar un poco más el día y acercarnos a Spiez, que nos había quedado pendiente del día que circunvalamos el lago Thunersee. Pero Spiez resultó ser la ciudad maldita del viaje, pues cuando llegábamos a la misma, empezó a caer el diluvio universal, lo que nos hizo desistir de nuestro intento de visita, teniéndonos que contentar con ver su castillo de lejos y desde el coche.
Lunes 25-7-2016 - Lucerna y Zug
Este lunes era el que teníamos marcado en nuestra agenda como segundo día dedicado a visitar ciudades. Empezaríamos el día por Lucerna, la que según muchos de los blogs que habíamos leído era la ciudad más bonita de Suiza. No sé si por el hecho de llevar unas expectativas tan altas al final ésta nos decepcionó un poco, no porque no fuera una ciudad bonita, que sin duda lo es, si no porque no la vimos sustancialmente más atractiva que otras, incluso la mayoría de nuestra expedición convenía en que Berna nos había gustado más.
El día en Lucerna empezó con un plato fuerte, la visita a su mítico puente de madera, el Puente de la Capilla. Hay muchos puentes de este estilo por Suiza, pero éste es sin duda especialmente bonito, por su longitud, por tener una torre de piedra adosada emergiendo en mitad del río y por las preciosas pinturas que adornan su interior (ilustran escenas de la historia de la propia ciudad y del país, incluyendo la biografía de los santos patronos de la ciudad, Leodegardo y Mauricio). Muchos dicen que es el puente más bonito del mundo. No soy un especialista en puentes precisamente, pero aunque pueda parecerme una afirmación un tanto exagerada, este puente es una maravilla y sin duda una visita obligada si estás en Suiza.
Tras esto nos perdimos un rato por las callejuelas y plazas de su casco antiguo, desde la propia Plaza de la Capilla hasta las fachadas pintadas del Weinmarkt, para acabar volviendo a los pies de las aguas del río Reuss casi donde éste se encuentra con la antigua muralla de la ciudad. Desde allí deshicimos camino, pero esta vez yendo por las calles más comerciales y animadas de la ciudad (ojo a las suculentas pastelerías que se encuentran en estas calles), hasta alcanzar el parque donde se encuentra la famosa estatua del Leon moribundo (el Löwendenkmal). Se trata de un estatua espectacular y que tampoco deberéis perderos. El emplazamiento nos gustó tanto que sacamos allí los bocadillos y comimos a los pies de tan magnífica escultura.
Ya después de comer terminamos la visita a Lucerna pasándonos por su Catedral, que pese a no ser especialmente espectacular sí que merece la pena ser vista. Tras salir de la misma, nos dirigimos al aparcamiento cerca de la estación de tren donde teníamos nuestro coche de alquiler, para encaminarnos a nuestro segundo destino del día, la ciudad de Zug. Ya en el coche nos dimos cuenta de que nos habíamos ido de Lucerna sin visitar su también renombrada Iglesia de los Jesuitas. Deberemos dejarlo pues para otra ocasión.
Zug fue una de las gratas sorpresas de nuestro viaje. Se trata ésta de una ciudad que apenas tiene renombre entre los turistas y que por lo tanto apenas es visitada. Sin embargo, sin ser espectacular, sí que es una ciudad muy cuidada y coqueta, situada a orillas de un lago, lo que la hace muy agradable. Apenas hay turistas en la misma y es una gozada pasear tan tranquilo por sus calles, sin esos agobios y multitudes que caracterizan los lugares más turísticos. Si tenéis poco tiempo en Suiza, obviamente es un lugar de visita más que prescindible, pero sólo dejadme que os diga que si a día de hoy debiera replantearme el viaje a Suiza, pondría muy seriamente en la balanza el que Zug fuera nuestro campamento base.
Martes 26-7-2016 - El Tesino
Era nuestro último día al completo en Suiza y decidimos aprovecharlo al máximo, levantándonos a primera hora (las 6:00 a.m.) y volviendo tarde a casa (pasadas las 23:00), para visitar una de las zonas más peculiares de Suiza, el Tesino.
El viaje al Tesino es un viaje largo, de casi 3 horas, pero que es una experiencia en sí mismo y que no puedo dejar de recomendar. Desde Interlaken, en vez de ir todo el rato por autopista vía Lucerna, cogimos la carretera que cruza el Valle de Meiental, ascendiendo al puerto de Sustenpass. Os juro que es un paisaje que no olvidaréis, con decenas de cascadas cayendo por las laderas de las montañas hasta el valle que circula por debajo, viendo nacer un río en la cola de un glaciar. Es realmente espectacular. Y tras el paso por Meiental, empalmas con el mítico túnel de San Gotardo, otra cosa difícil de olvidar, pues un túnel de 17 kilómetros difícilmente pasa desapercibido.
Cuando pasas San Gotardo te encuentras ya en el Tesino, que hay que reconocer que es un mundo a parte del resto de Suiza, tanto el paisaje, como el ambiente y la comida son más italianos que suizos. Lo único que te recuerda que sigues en Suiza es el precio de las cosas, que en eso sí que están armonizados con el resto del país.
Nuestro primer destino fue la ciudad de Bellinzona. Otra que recomiendo encarecidamente, para mí una de las ciudades más bonitas de las que visitamos. Iniciamos la visita por el Castelgrande, el castillo principal de la ciudad, bonito y que puede visitarse gratuitamente (sólo te cobran si quieres entrar al pequeño museo histórico que hay en parte de sus estancias). En Bellinzona hay otros dos castillos, el de Montebello y el de Sasso Corbaro, aunque nosotros, dado que queríamos ver muchas cosas en el día decidimos no visitar todos los castillos si no el principal.
En lugar de visitar el resto de castillos nos decidimos a pasear por su casco histórico, en toda la zona histórica que va desde Piazza Nosetto hasta la Piazza del Governo. Es una zona muy bonita, adoquinada, con grandes mansiones, enormes y oscuras iglesias, patios restaurados, fuentes y monumentos, torres de inspiración italiana y el impresionante ayuntamiento rodeado de casas burguesas con balcones de hierro.
Tras esta visita cogimos de nuevo el coche, para desplazarnos hasta la ciudad de Locarno, donde lo primero que hicimos tras aparcar fue buscar un lugar donde comer. Tras llenar el estómago paseamos un poco por el casco antiguo, hasta acercarnos al Castello Visconteo el cual decidimos visitar. El castillo no está especialmente bien conservado y debo reconocer que es una visita prescindible, pero por otro lado tiene un aura de autenticidad difícil de explicar y que hizo que a nosotros nos gustara la visita.
De nuevo en coche, subimos las empinadas calles que llevan a Orselina para ir a visitar la gran atracción de Locarno, la iglesia de la Madonna del Sasso. Esta iglesia de espectacular ubicación, colgada de una roca desde la que se tienen espectaculares vistas del lago, justifica por si sola el acercarse a Locarno. Es una iglesia pequeña pero preciosa y que además puede visitarse gratuitamente. Ojo eso sí si viajáis con personas mayores o con movilidad reducida porque hay más de 100 escalones para acceder a la iglesia.
Al salir de allí ya era entrada la tarde, pero decidimos alargar el día un poco más, yendo a visitar el Valle de Verzasca, uno de los valles más bonitos de la zona según algunos blogs que había leído. Nuestra primera parada en el valle fue en la Diga di Verzasca, una impresionante presa (de las más altas de Europa) que se hizo famosa porque James Bond saltaba desde ella en la película Goldeneye. Ahora organizan allí saltos de puenting para emular al agente 007. Será que soy muy cobarde pero yo no me tiraba ni aunque me pagaran. Sólo mirar hacia abajo desde la plataforma de salto resulta mareante.
Seguimos remontando el valle hasta llegar al romántico pueblo de Lavertezzo, sin duda uno de los rincones más bonitos que he tenido el placer de visitar en mis viajes y que no os podéis perder si estáis mínimamente cerca. Ver las cristalinas aguas del Verzasca fluir como jade líquido entre los lechos de piedra del paisaje, con la pequeña iglesia de Lavertezzo y su mítico puente de piedra de doble arco de fondo, es una imagen que difícilmente olvidaréis.
| Las preciosas aguas del Verzasca a la altura de Lavertezzo |
Contemplando las aguas del Verzasca se nos echaron encima tanto la lluvia como la oscuridad de la noche, signo inequívoco de que debíamos recogernos. Aún nos quedaban 3 horas de coche por delante hasta llegar a nuestro apartamento en Gridelwald, retorno que sí que hicimos por autopista, pues las curvas del Meiental de noche no parecían la mejor de las ideas.
Miércoles 27-7-2016 - El retorno
Nos habíamos reservado el último día para ver lo que pudiéramos de Ginebra, ya que teníamos que volver allí a tomar el avión que nos devolvería a casa. La verdad es que apenas pudimos ver nada de esta ciudad.
El palizón del día anterior en el Tesino pasó factura y al final nos levantamos bastante más tarde de lo deseable. Entre hacer maletas, saldar cuentas con los dueños del apartamento, salíamos de Grindelwald pasadas las 11:00, lo que nos llevó a llegar a Ginebra pasadas las 14:00.
Aparcamos en el centro, prácticamente al lado del Jet d'Eau, el famoso chorro de agua que propulsan 140 metros en vertical. En Ginebra apenas tuvimos tiempo de comer y ver un poco del animoso ambiente de sus calles más comerciales. Unas pocas fotos para certificar que habíamos estado en la ciudad pero apenas nada más, pues a las 15:45 salíamos de nuevo hacia el aeropuerto, a dejar el coche de alquiler y coger el avión de vuelta. Un vuelo de nuevo sin ningún tipo de problema. Alrededor de las 20:00 llegábamos a tierras catalanas de nuevo, dando por concluido nuestro viaje por tierras helvéticas.
Valoraciones
Suiza es el primer destino eminentemente paisajístico al que hemos viajado. Ir allí y dedicarse a visitar ciudades es perder el tiempo, porque hay cientos de lugares mejores para eso. Pero el verde de sus montañas, sus cumbres nevadas y el agua fluyendo desde los glaciares en impenitentes cascadas hasta cristalinos lagos es algo que todo viajero debe ver.
Lo mejor del viaje
- El viaje en coche al despuntar el Alba por el idílico valle de Meiental
- Las sombrías gargantas del Aare y las cascadas subterráneas de Trümmelbachfälle
- La preciosa villa de Lavertezzo. Si hay un enclave de ensueño es éste
Lo peor del viaje
Lo mejor del viaje
- El viaje en coche al despuntar el Alba por el idílico valle de Meiental
- Las sombrías gargantas del Aare y las cascadas subterráneas de Trümmelbachfälle
- La preciosa villa de Lavertezzo. Si hay un enclave de ensueño es éste
Lo peor del viaje
- Lo prohibitivo de los precios para cualquier cosa que quieras hacer allí. Aunque no seas viajero de estilo mochilero acabas tirando de bocadillo y cualquier otra cosa que te permita ahorrar para que el presupuesto no se agote demasiado pronto.
- Para nosotros Friburgo, una ciudad a la que no supimos encontrarle el encanto pese a venir precedida de buena fama
- Los horarios. Que muchas de las atracciones turísticas cierren en temporada alta a las 17:00 me parece una pésima política.
- Los horarios. Que muchas de las atracciones turísticas cierren en temporada alta a las 17:00 me parece una pésima política.
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