Suiza es el país de la naturaleza. Sus paisajes son una delicia que no debe dejarse de degustar en ningún momento de los que pasas dentro de las fronteras de este país centroeuropeo. Allá donde estés tendrás las escarpadas montañas de cumbres nevadas cerca. Allá donde estés estará presente la más pura y cristalina de las aguas, sea en profundos y tranquilos lagos, o en bulliciosas y feroces cascadas. Allá donde mires verás el verde de su frondosa vegetación en contraste con el azul intenso de sus cielos. Allá donde mires no podrás dejar de enamorarte.
Nota: El viaje a Suiza, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.
Ficha TécnicaViajeros: Rubén, Maria de la Roca, Alba, Josep Maria y Lourdes
Duración del viaje: 9 días
Fecha: Julio de 2016
Destinos visitados: Región de Interlaken, Berna, Lucerna, Zug, Friburgo, Saint Gallen, Cataratas del Rin, Bellinzona...
Transporte: Avión y coche de alquiler
Descripción del viaje
Martes 19-7-2016 - Castillo de Chillon y Gruyeres
Galería de fotos
Martes 19-7-2016 - Castillo de Chillon y Gruyeres
El viaje empezó de madrugada. Tocaba levantarse a las 4 de la mañana para poder coger el vuelo de Easyjet que nos llevaría de El Prat a Ginebra. La verdad es que la puntualidad y comodidad de esta compañía en este vuelo nos resultó a todos sorprendente. Muy satisfechos con la experiencia.
El día que nos esperaba en Ginebra era sorprendentemente caluroso. El sol picaba con fuerza y las temperaturas se elevaron hasta los 30 grados, algo que por lo que habíamos leído es poco común por estos lares.
Cogimos el coche de alquiler en el mismo aeropuerto, cargamos el maletero hasta arriba de nuestros bártulos y empezamos la ruta planeada. La visita a la propia ciudad de Ginebra la dejamos para más adelante, así que pillamos la autopista y nos encaminamos a la otra orilla del lago Leman, hasta la turística ciudad de Montreaux, en cuyas cercanías se erige el carimástico Castillo de Chillon. Hay que reconocer que conducir por Suiza, si vas armado con un GPS, es extremadamente sencillo y cómodo.
Este castillo es considerado una de las estampas más fotogénicas de Suiza y en cuanto lo ves entiendes el porqué. La fortaleza no es muy grande, pero es bastante bonita y su emplazamiento, con las turquesas aguas del lago Leman lamiendo las piedras de sus murallas, es simplemente idílica.
Al lado del castillo hay un parking donde se puede dejar el coche de forma gratuita durante 4 horas, tiempo más que sobrado para ver el castillo y sus alrededores. Del mismo aparcamiento salen unas pequeñas escaleras que bajan a un paseo que bordea el lago. Desde este paseo se puede ir al castillo y resulta especialmente recomendable ya que desde allí se pueden sacar algunas de las mejores estampas del castillo.
La visita al castillo es algo cara (pero qué no es caro en este país) aunque merece la pena y yo la recomendaría sin dudar. La visita empieza por la parte baja de la fortaleza, con sus bodegas, silos y prisiones (las que inspiraron la famosa obra de Lord Byron), hasta aquí nada especialmente espectacular a pesar de que el estado de conservación es notable. Pero conforme continúas la visita y vas ascendiendo hasta la parte más noble del edificio, ésta va mejorando exponencialmente, hasta terminar en el camino de ronda, cuyas vistas al lago son para perder un buen rato en su disfrute.
Al final, al ir con Alba, la visita se nos largó bastante (casi 3 horas) y nos ocupó toda la mañana, con lo que tuvimos que cambiar los planes y quedarnos a comer allí. Los restaurantes de allí cerca son bastante caros y nada del otro mundo, pero como ya era tarde para la niña no teníamos muchas más opciones. Al final hay que reconocer que comimos bastante bien.
Al terminar volvimos al coche para dirigirnos a nuestro siguiente destino: Gruyeres. Previamente, en el mismo Montreaux, vimos un Lidl y nos paramos a hacer unas compras allí. Es buena idea ya que es uno de los sitios más económicos donde se puede comprar en el país.
Gruyeres es un idílico pueblo medieval. Muy pequeño, apenas una calle principal que corona en el castillo de la población. El pueblo, pese a que cada casa es una tienda o restaurante, es muy bonito y merece la pena acercarse y pasar allí un rato. Pese a lo pequeño del pueblo, da bastante juego, con el castillo en el que suele haber una interesante exposición de arte y el museo Giger, que nosotros no visitamos por no acomodarse excesivamente a los gustos de mis compañeros de viaje. En cualquier caso, como digo, resulta una visita más que interesante.
De allí nos encaminamos ya directamente al apartamento que habíamos alquilado, en Grindelwald, cerca de Interlaken, en el corazón de Suiza, lo que nos permitiría tenerla como base de operaciones y montar todas la excursiones desde allí sin tener que movernos, algo que aprendimos de nuestra propia experiencia en Bélgica que resulta muy cómodo cuando viajas con niños.
El apartamento era bastante coqueto y perfectamente acondicionado, debo reconocer que no tengo ninguna queja del mismo, más bien al contrario. Cuando llegamos allí eran ya las 20:00, una hora lo suficientemente tardía para que nos planteáramos quedarnos ya allí y descansar, que habiéndonos despertado a las 4 de la mañana había sido un día muy largo.
Miércoles 20-7-2016 - Jungfraujoch
Nuestro primer amanecer en Suiza vino acompañado de un sol tan radiante como el que nos había recibido el día anterior. El día se planteaba despejado y soleado así que tomamos rápidamente la decisión de utilizar el día en subir al Jungfraujoch. Habíamos leído en muchos foros y blogs que la visita era espectacular pero que sólo se disfrutaba plenamente si tenías un día despejado que te permitiera gozar de las espectaculares vistas. Sabíamos por la consulta de las páginas de predicciones meteorológicas que éste iba a ser nuestro mejor día en ese aspecto, así que, tras desayunar, caminamos apenas los 200 metros escasos que nos separaban de la estación y nos compramos los billetes para la cima del Jungfrau.
Como fue una decisión de última hora ya eran las 9:30 cuando nos plantamos en la estación, algo que pronto descubrimos que era una hora bastante tardía para la excursión. Si tuviera que recomendarlo a alguien le diría que intentara estar allí para coger los trenes que salen de 7:00 a 8:00, lo que le permitirá evitarse muchas colas.
El precio de la subida al Jungfraujoch es entre prohibitiva y escandalosa. Es mejor no pensar demasiado en lo que realmente te estás gastando para una excursión de un día. Si no andas muy boyante económicamente hablando, debo reconocer que es una excursión que puedes saltarte. Lo que se ve en la cima es espectacular, aunque resulta muy dudoso si vale todo lo que cuesta.
| Vistas desde la cima del Jungfrau |
Pero dejándonos de temas económicos y yendo directamente a lo que interesa, la subida al Jungfrau es una experiencia en sí misma. Las vistas de la primera parte del trayecto son realmente espectaculares. A partir de Kleine Scheidegg sin embargo, pasas a subir por un extensísimo túnel excavado en la roca de la montaña, con lo que ya no puedes disfrutar más de las mismas.
Cuando llegas a la cima te das cuenta de lo bien organizado que está eso montado (empresarialmente hablando). Desde restaurantes a tiendas, hasta una zona donde te puedes tirar con tirolina o bajar en trineo. A parte de eso hay cosas muy interesantes, como una gruta de hielo artificial en la que pueden verse unas preciosas esculturas de hielo y como es obvio, un seguido de miradores desde los que se tienen unas vistas espectaculares de los picos adyacentes, del glaciar y mucho más abajo, de los territorios de los diversos países que bordean suiza. Como decía María, allí te sientes de nuevo una particula microscópica respecto a este universo tan maravilloso en el que vivimos.
Nosotros empleamos unas 4 horitas en visitar todo lo que hay por allí arriba, eso yendo a ritmo de niña y teniendo que comer allí (en un self service que extrañamente tenía una comida bastante decente). Supongo que un visitante normal puede verlo todo en unas 2 horas y media.
Al final, entre colas en las estaciones, el trayecto en tren que supera la hora tanto en la subida como en la bajada y las 4 horas propiamente de la visita, nos tiramos todo el día con la visita al Jungfraujoch. Apenas llegamos a tiempo a Grindelwald para comprar algo en el supermercado antes de que cerraran, para poder cocinar la cena.
Jueves 21-7-2016 - Cataratas del Rin, Stein am Rhein y Saint Gallen
El jueves amaneció bastante más nublado y pese a que pequeños chubascos nos acompañaron a lo largo del día, tuvimos la suerte de que éstos siempre cayeron mientras nos desplazábamos en coche y nos respetaron las visitas que teníamos planeadas.
El primer desplazamiento fue el más largo de todos, pues nos fuimos directamente a las Cataratas del Rin, que se encuentran pegadas a la frontera, a 2h45' de nuestro apartamento. Pero sin duda el desplazamiento valió la pena porque estas cataratas son un espectáculo natural que uno no puede perderse si viene a Suiza.
No son estas unas cataratas muy espectaculares por tener una enorme caída de agua, más bien al contrario, el salto es bastante pequeño, pero el caudal del río es tan enorme y desciende allí con tanta fuerza que resulta un espectáculo abrumador.
Te cobran entrada por ver las cascadas (no es excesivamente cara) y eso te permite bajar un serie de escaleras hasta acercarte a una serie de plataformas prácticamente al pie de la cascada. Debo reconocer que si prefieres no gastar tanto (que suficientemente caro es todo en este país) puedes ahorrarte este gasto mirando las cascadas desde el otro lado, al que puede accederse mediante un puente de forma gratuita. Esto es algo menos espectacular porque no te permite acercarte tanto al salto de agua, pero te permite verlo perfectamente. Existen también unos barcos que te llevan prácticamente al pie mismo de la cascada. Sin duda las fotos que de allí pueden sacarse deben ser espectaculares pero nosotros decidimos no coger ninguno,
Desde las cataratas nos dirigimos a la población de Stein am Rhein, que no queda excesivamente lejos de allí. Se trata ésta de una población medieval característica por sus casas adornadas con frescos en sus fachadas. Básicamente son sólo dos o tres calles las que contienen las casas así ornamentadas, pero éstas son realmente espectaculares, auténticas obras de arte. Para mí esta población es un auténtico imprescindible en Suiza. La combinación de las cascadas del Rin y de esta preciosa población hizo que el panzón de coche mereciera completamente la pena.
Comimos allí mismo, en una pequeña crepería que se encuentra en la calle principal, no demasiado lejos de la puerta de entrada a la muralla. La verdad es que comimos muy bien y el precio era razonable para lo que es este país. Después de comer, acabamos de visitar la población y salimos hacia nuestro próximo destino. Éste lo decidimos allí mismo en el coche, ya que teníamos en mente el poder visitar tanto Winterthur, al que llaman la Florencia suiza, como Saint Gallen. Al final nos decidimos por éste último, ya que yo tenía un interés especial por visitar su famosa biblioteca.
El desplazamiento a Saint Gallen nos llevó una hora más en coche y para mi desgracia fue por nada, pues allí nos encontramos con la biblioteca que tanto ansiaba ver estaba cerrada. Fue la primera vez que dimos con una mala costumbre que tienen nuestros amigos los suizos, que es fastidiarle la vida a los turistas cerrando todo lo visitable a las 17:00.
Como consuelo, la catedral del mismo complejo abacial donde se encuentra la biblioteca sí que se podía visitar y ésta está decorada en el mismo estilo rococó que la biblioteca, con unos frescos pintados en el techo de una vistosidad y preciosismo inusitados.
Después aprovechamos para visitar el resto del casco histórico de la ciudad, que está muy cuidado y es realmente animado y bullicioso, pero que siendo sinceros, tampoco tiene nada que merezca especialmente la pena. Así que tras una rápida visita y alguna compra de última hora, nos recogimos para nuestro campo base, pues teníamos casi tres horas de viaje aún por delante.
Viernes 22-7-2016 - Trummenbachfalle, Mürren, Thun y Oberhofen
El viernes lo teníamos reservado para visitar cosas cerce de Grindelwald y amaneció con el cielo tapado por completo por una espesa capa de nubes grises. Enseguida se puso a llover, antes incluso de empezar nuestra primera visita. Una lluvia que no nos abandonaría en todo el día.
Nuestro primer destino fue el complejo de cascadas de Trummenbachfalle, cerca de la población de Lauterbrunnen. Es un complejo de 10 cascadas subterráneas, cuyo rápido caudal proviene de las nevadas cumbres de los enormes picos cercanos (el Jungfrau, el Eiger y el Monch). El sitio está muy bien acondicionado y acaba siendo una visita realmente espectacular que puede terminarse en apenas 30-40 minutos. Pero cada uno de los 11 francos que vale la entrada merece la pena pagarlos.
Si vais con niños pequeños tened en cuenta, eso sí, que por razones de seguridad está prohibida la entrada a niños menores de 4 años. Nosotros no lo sabíamos y fue un chasco cuando nos dijeron en la garita de compra de tickets que Alba no podía entrar. Lo salvamos entrando por turnos, primero mis suegros y cuando ellos acabaron la visita se quedaron con Alba y pudimos entrar María y yo. Pero claro, perdimos bastante tiempo con la jugada.
A apenas unos 5km de las cascadas, se encuentra la población de Stechelberg, desde la que se puede coger un funicular que sube hasta la cima del Schilthorn, famosa por que en ella hay un restaurante giratorio que salió en una película de James Bond (no me hagáis decir cuál que no soy muy fan de la saga del espía británico). Nosotros sin embargo no subimos hasta la cima si no que sólo llegamos hasta la pequeña población de Mürren. Se trata ésta de una aldea muy bien cuidada e increíblemente bucólica (de verdad que parece sacada de una postal), pero que no tiene nada especial a parte de sus magníficas vistas de los picos cercanos y el valle que se extiende a sus pies. No me arrepiento para nada de la visita, pero siendo sincero es una de las cosas más prescindibles si andáis escasos de tiempo.
El plan de la tarde era bastante más sencillo. Se trataba de ir bordeando por una carretera secundaria el lago Thunersee, con origen y final en Interlaken, para ver algunos de los interesantes pueblos que se encuentran a orillas de éste. Al final nos dio tiempo a visitar un par, la ciudad de Thun y el pueblo de Oberhofen, aunque en ambos sitios no pudimos ver el interior de sus respectivos castillos por cerrar éstos a las 17:00.
Oberhofen es una adinerada población de veraneo que a ojos del turista se resume básicamente en su precioso castillo cuyas murallas son lamidas por las aguas del lago (de forma similar a como pasa en Chillon). El castillo es muy bonito y realmente merece la pena hacer una parada y dedicarle unos minutos.
| Castillo de Oberhofen |
Thun es una ciudad bastante grande, cuyo casco histórico es espectacular, con su castillo y su iglesia encaramados a la cima de una colina que domina la ciudad, con sus características paredes encaladas de blanco. La zona es muy bonita, pero Thun no se queda ahí, siendo una ciudad muy animada, con rincones muy bonitos a la orilla del río que la cruza, plagados de cafés y restaurantes donde perder un buen rato. Personalmente me parece una visita más que recomendable.
Tras visitar estas dos poblaciones, la noche se nos echó encima acompañada de una fuerte tormenta, por lo que tuvimos que volvernos para el apartamento dejándonos en el tintero la visita a Spiez, que también teníamos en la lista de visitables.






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