Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.
Si el sur de Bali es la cuna del turismo y es imposible moverte si no es entre multitudes, el norte y este de la misma son dos grandes desconocidos para el turismo de masas. Mejor para los que vamos allí porque se puede disfrutar de playas de arena negra sólo para ti, se puede coger un barco para avistar delfines o se pueden visitar construcciones tan preciosas como el Palacio de Agua de Tirtagangga, propiedad de la realeza Karangasem.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí. 12/11/2013
El día comenzó a primerísima hora, cuando un pescador local nos pasó a recoger por el hotel para llevarnos en su barca a ver los delfines por los cuales es famosa la zona. La verdad es que había tal cantidad de barquitos con "guiris", todos armados con sus respectivas cámaras de fotos, que parecía difícil que los delfines quisieran acercarse a nosotros. No quiero ni imaginarme cómo debe ser eso en temporada alta.
Pero al final empezaron a aparecer. Primero un par solitario, un tanto tímidos, pero luego fueron apareciendo más y más, hasta tener bancos enteros a nuestro alrededor. Además tuvimos suerte y nuestro "conductor" decidió quedarse más ratos que el resto de barcas, con lo que al final pudimos disfrutar de los delfines, el azul del mar y la brisa en la cara con más tranquilidad.
Tras eso volvimos al hotel a tomar un desayuno revigorizante y después de nuevo a la carretera, esta vez en dirección a Singaraja, la antigua capital de los Holandeses en la isla. Primero pasamos por el mercado de la capital. Nada nos vino de nuevo pues era muy similar al que ya habíamos estado en Sulawesi. Después aprovechamos para visitar el Pura Beji, el templo local del gremio de campesinos. Realmente el templo era precioso, probablemente el que más nos ha gustado desde que estamos en Bali.
Desde allí continuamos hacia Kintamani, una pequeña localidad sin ningún atractivo especial excepto su privilegiada situación, que la convierte en el mirador perfecto para ver el volcán Batur y el lago adyacente del mismo nombre. Este volcán es el último que ha entrado en erupción en Bali (lo hizo en el año 1994) y aún se puede ver claramente el rastro gris ceniza que dejó la lava en su camino.
A partir de aquí continuamos hacia e templo Besukit, el que aquí llaman el Templo Madre, ya que es el más grande de toda la isla. Es realmente espectacular por sus dimensiones, pero realmente a nivel de arquitectura y ornamentación es muy similar al resto de templos y nada lo hace destacar especialmente (al menos para ojos legos como los nuestros).
Después de visitar el templo el hambre vino a visitarnos con una fiereza inusitada, así que le pedimos a Mangu, nuestro guía, que nos paráramos en uno de los muchos restaurantes de carretera que había por la zona. Nos costó bastante convencerlo, ya que son bastante reticentes a salirse de los sitios turísticos, pero para cabezones nosotros y al final lo conseguimos. No teníamos ninguna intención de esperar a nuestro próximo destino para comer. Y la verdad es que comimos muy bien y copiosamente.
Ya con la barriga llena nos acercamos con toda la tranquilidad del mundo al Palacio de las Aguas de Tirtaganga. ¡Es un lugar precioso! Lleno de fuentes, estanques, piscinas y estatuas. No es demasiado grande pero probablemente sea el lugar más bonito de todos los que hemos visitado en la isla. Resulta curioso que no han reservado el lugar para el turismo, si no que las piscinas son públicas y siguen en uso, con lo que te las encuentras llenas de lugareños pasando una tarde relajada aliviándose del calor en sus aguas.
El palacio del agua de Tirtaganga
Ya con la tarde avanzada nos dirigimos a nuestro destino final, Amed, donde pasaremos un tranquilo y merecido día de relax entre tanta visita. Por cierto, aquí en Amed la habitación del hotel es también espectacular. ¡Qué bien que nos lo pasaremos!
14/11/2013
El día de descanso en Amed nos ha ido de perlas. Hemos podido bañarnos en la playa y en la piscina, hemos leído y nos hemos puesto al día gracias a internet. El Rubén ha estudiado y yo he podido grabar unos videos que tenía pendientes para el cumpleaños de mi amiga Mary.
A primera hora empezamos por la playa, donde parece que los lugareños vayan a hacer cualquier cosa. Te encuentras vacas, gallinas y cualquier animalejo doméstico pululando por allí libremente. Además siempre hay gente. Realmente da la sensación de ser el país de la calma, las cosas se hacen muy pausadamente, y siempre parece haber más gente de la necesaria para hacer cualquier tarea (en general uno va trabajando poco a poco y los otros se dedican a ir charlando), además siempre hay gente por las calles y en las playas que parecen rondar sin nada particular que hacer. ¡Qué envidia!
Para comer salimos a dar una vuelta y encontramos en el pueblo de al lado, un pequeño restaurante cuya terracita daba al mar, en la que comimos la mar de a gusto (la comida no era nada del otro mundo, buena sin más, pero el ambiente y la tranquilidad le daban un plus al sitio).
Hoy hemos salido de Amed y hemos comenzado el día asistiendo a la celebración de una ceremonia en el Templo de Klungkung, que en el dialecto local significa "cueva de los murciélagos". La celebración en el templo consistía en un grupo de mujeres que tocaban música tradicional desde un pabellón lateral, mientras la gente del pueblo iba entrando por grupos, cargados hasta arriba de ofrendas. Todos iban vestidos con la indumentaria tradicional, ellos en general con camisa blanca y ellas muy coloridas y elegantes. Sus ofrendas incluían flores y comida. Todos se agolpaban alrededor de las puertas que dan acceso al último nivel del templo, el más sagrado donde se hacen efectivas las ofrendas. A nosotros, como turistas, no nos dejaron entrar en el último nivel, con lo que nos quedamos un poco defraudados.
Al lado de la orquesta ceremonial en Klungkung
Después hemos vuelto a pasar por Ubud a comer. Pese a que eso implicaba dar un poco de vuelta, se lo hemos pedido al guía ya que queríamos pasar a comprar una estatuilla que habíamos visto la semana anterior cuando estuvimos pernoctando en Ubud y que apalabramos que pasaríamos a buscar hoy (por irla llevando con nosotros estrictamente el mínimo tiempo necesario, que es un bulto considerable). Pero al final nos quedamos sin la puñetera estatuilla, ya que el vendedor decidió aplicar unilateralmente un incremento de 100.000 rupias sobre el precio pactado, en su momento. A ver, eso son 7 euros, que no nos va a sacar de pobres y la estatuilla hubiera quedado preciosa en el comedor, pero el tema va contra nuestros principios, el vendedor sabía que nos habíamos desviado de la ruta específicamente de la ruta para ir a comprarla, así que debió pensar que nuestro interés era suficiente para subir esa pequeña cantidad, que para nosotros es poco pero para ellos es una plusvalía interesante. Pero con nosotros no se juega, si has pactado una cosa eso no se mueve un ápice, lo contrario es intentar tomarnos el pelo, da igual el importe. Así que nos fuimos sin estatuilla pero con nuestro orgullo por bandera.
Eso sí, con la historia se nos han acabado del todo las ganas de hacer compras, tanto para nosotros como para regalar. Estamos de regateos y de historias hasta el moño. El que no tenga regalo a estas alturas se queda sin él. Sorry. Después de Ubud nos dirigimos hacia la costa a ver el templo de Tana Lot. Tana Lot es muy especial por su emplazamiento. Es un templo que está en el mar, sobre una roca. Cuando la marea está baja se puede acceder sin problemas al templo, pero cuando la marea empieza a subir no hay forma de acceder que no sea mojándose o en barca. Al lado se encuentra un segundo templo, el de Uluwatu, que se sitúa en el extremo de un saliente de roca agujereado, como si se tratara de un puente natural de piedra. Los templos no son nada del otro mundo, pero el emplazamiento es realmente maravilloso y se hace difícil pasar por alto una visita a este sitio en cualquier visita que se precie a Bali. Dicen que en Tana Lot se puede ver una de las más bellas puestas de sol de la isla. No podemos dar fe de ello porque estábamos cansados y no nos quedamos a comprobarlo (aún quedaban dos o tres horas para la puesta de sol cuando nos marchamos). Fuimos a cenar y a dormir a Kuta. Zona muy muy turística y bastante fea, al menos para nuestro gusto. Al lado del hotel había un McDonalds y decidimos ir a comer allí, algo que ya va siendo tradición en nuestros viajes (allá donde vamos acabamos al menos un día en una de estas hamburgueserías). Al día siguiente volvíamos a tener que coger un avión, esta vez en dirección a las Islas Sonda.
Ubud es el centro cultural y espiritual de la turística isla de Bali. Algo alejado de las playas, los encantos de esta región interior radican en sus bellos paisajes de arrozales y en los delicados templos que allí han florecido. Su situación es inicial para hacer excursiones a lo largo de la isla, e incluso a la vecina Java a la que se puede cruzar en Ferry para visitar el volcán de azufre Kawah Ijen. Donde cadadía unos ciento cincuenta hombres desafían al volcán y penetran en su
cráter principal, soportando unas durísimas condiciones de trabajo para extraer el azufre que se utilizará en la industria farmacéutica.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a éstaaquí.
09/11/2013
En Bali hemos desembarcado en la ciudad de Ubud, en el interior, en la que llevamos un par de días. Nos comentan que al no tener playa ésta no es una de las zonas más turísticas de la isla pero la verdad es que no lo parece. La ciudad está llena de turistas, hoteles y restaurantes. Supongo que es la tónica en Bali, sin duda la isla más conocida y turística del archipiélago, pero como venimos de zonas bastante "alternativas" hemos de reconocer que nos ha llamado la atención.
Estamos en un hotel resort totalmente paradisíaco, una enorme extensión plagada de pequeños edificios y bungalows, cruzada por un pequeño riachuelo interno y salpicada aquí y allá por piscinas maravillosas. Esta tarde hemos hecho uso intensivo de la que nos caía más cerca y hay que reconocer que en sus aguas calentadas por el sol se estaba en la gloria.
Respecto a las visitas turísticas de ayer, estuvimos rondando por las cercanías de Ubud, primero visitando un templo de siglo XIV, que se llama Pura Sada, en la población de Kapal. El templo está consagrado a la Trinidad de deidades hindú y se trataba de un templo asociado a la familia real de una antigua dinastía de la zona. El templo fue destruído prácticamente en su totalidad por un terremoto en 1917, por lo que lo que se ve hoy en día es en su mayoría una reconstrucción que se alargó hasta mediados de los años cincuenta.
Tuvimos la suerte de coincidir con una procesión de feligreses que iban a entregar sus ofrendas (incienso, frutas, pan, flores, tabaco...) al templo. Fue una experiencia bonita que nos permitió además ver a los sacerdotes, que en el resto de templos no vimos. El sacerdocio hinduista no requiere una preparación académica si no que sigue el formato de aprendiz y maestro, y en muchos casos es un tema familiar, heredado de padres a hijos.
También visitamos el templo del Monte Batukaru, situada en una alta montaña y rodeado de selva. Éste se caracteriza por tener una fuente cuya agua se considera purificadora, por lo que la parte de acceso al templo está montada alrededor de una fuente que bebe de esas aguas. Estos templos son reductos de paz, con sus ubicaciones en medio de la naturaleza, su silencio y su permanente olor a incienso.
Entre los dos templos pasamos por el balneario de aguas termales de Yeh Panas. Se trataba de un balneario construido a base de aguas termales provenientes de las entrañas de uno de los volcanes del área. A estas aguas, de alto contenido en azufre, se les suponen efectos curativos en la piel (eccemas, soriasis, etc). Los balineses suelen ir allí los fines de semana, pero nosotros declinamos la amable invitación de hacer uso de las instalaciones ya que no veíamos especial interés en el tema teniendo varias piscinas en nuestro hotel. Igualmente el sitio está interesante para una visita rápida, pues es realmente bonito.
Finalmente hoy nos hemos pasado por las terrazas de arrozales que hay alrededor de la zona de Jatilui. El significado de Jatilui es "realmente maravillosa", y si el nombre hace referencia a las vistas que allí se contemplan, su nombre no es para nada exagerado. Estas vistas merecen realmente la pena y deberían ser un imprescindible en cualquier visita a Bali.
Las terrazas de arrozales de Jatilui
La tarde la estamos teniendo libre, para dedicarnos a ir de tiendas (algo muy típico aquí en Ubud, que es una población afamada por su arte) y disfrutar del hotel, que como os hemos comentado al principio del post es lo que más estamos haciendo ya que las compras no son nuestra gran pasión (aunque al final sí que le hayamos dedicado algo de tiempo).
Otra de las ventajas de Ubud, es que al ser una ciudad turística, hemos podido abandonar temporalmente nuestra forzosa dieta de arroz y verduras para volver a la menos sana comida occidental. Hemos comido una pizza a la balinesa con una Coca-Cola y de postres un helado Magnum. Nada del otro mundo pero a nosotros, después de tantos días, nos ha sabido a gloria.
10/11/2013
Hoy estamos en Ketapang en Java. Hemos abandonado Bali y vuelto a Java por un período de tiempo muy corto y con un objetivo muy claro, el Kawah Ijen. Hemos cruzado de una isla a la otra en ferry, una experiencia en sí misma.
Hemos llegado aquí ya por la tarde y estamos descansando en el hotel que tiene vistas al mar. Es normal que no hagamos nada más hoy a parte de leer y pasear por la playa, ya que el pueblo en sí no tiene ningún atractivo turístico. Además mañana nos toca levantarnos a las 3:15 de la madrugada para que a las 4:00, ya desayunados, salgamos a hacer un trekking al volcán Kawah Ijen, donde llegaremos hasta su cráter.
11/11/2013
La subida al volcán ha sido bastante dura, no por lo larga, si no por lo increíblemente empinado de la ascensión. Además el camino era muy polvoriento, lo que hacía que te comieras todo el polvo levantado por la gente que bajaba (sí, había gente que había madrugado más que nosotros para ver amanecer en la cima del volcán) o que subía delante nuestro. Hay que reconocer que después del trekking por Papúa estamos en forma, pues hemos hecho la subida prácticamente del tirón, con una sola parada corta, que casi necesitaba más el guía que nosotros. Poco a poco, conforme nos hemos acercado a la cima, la vegetación se iba haciendo más escasa y el viento se iba haciendo más intenso. Al final hemos tenido que cubrirnos la boca con pañuelos, tanto por el polvo que levantaba el viento como por el pestilente olor que éste traía desde el interior del volcán. Un olor a huevo podrido proveniente del azufre que expulsa el Kawah Ijen. Al llegar a la cresta, el viento era casi insoportable, costaba andar sin tambalearse, pero las vistas eran preciosas y ambos convenimos en que había merecido la pena la dura subida y el frío de la mañana por estar allí.
En la cima del Kawah Ijen
Pero no nos paramos en la cima, si no que hemos decidido tomar el estrecho y traicionero camino que baja hasta el fondo del volcán, en el que se encuentra un lago de aguas de un extraño verde-azulado (supongo que su peculiar color es debido también al azufre). Mientras bajábamos sorteando piedras nos hemos encontrado con los lugareños que trabajan en el volcán. Básicamente su trabajo es extraer azufre del cono del volcán y llevarlo en unas cestas a la espalda hasta el pie del volcán, donde se los compran. ¡Estos hombres suben y bajan el volcán cargados con 40 kg de azufre a la espalda! Si nosotros acabamos cansadísimos de hacerlo una sola vez y descargados, no quiero saber lo duro que ha de ser hacerlo con 40 kg a cuestas y varias veces al día (y encima por un sueldo miserable).
Hemos hecho todas las fotos que hemos querido y más, y luego hemos iniciado el camino de bajada para llegar a comer al hotel. Por la tarde hemos cogido el ferry de vuelta y ahora estamos de nuevo en la isla de Bali, esta vez en la zona norte, en el pueblo pesquero de Lovina. Después de un paseo por la playa y un ratito de compras por la zona de tiendas en la que hemos adquirido diversos regalos para la familia (con regateo incluido), hemos acabado con un chapuzón nocturno y romántico en la piscina del hotel, que a esas horas teníamos para nosotros solos.