Ubud es el centro cultural y espiritual de la turística isla de Bali. Algo alejado de las playas, los encantos de esta región interior radican en sus bellos paisajes de arrozales y en los delicados templos que allí han florecido. Su situación es inicial para hacer excursiones a lo largo de la isla, e incluso a la vecina Java a la que se puede cruzar en Ferry para visitar el volcán de azufre Kawah Ijen. Donde cada día unos ciento cincuenta hombres desafían al volcán y penetran en su
cráter principal, soportando unas durísimas condiciones de trabajo para extraer el azufre que se utilizará en la industria farmacéutica.
Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.
09/11/2013
En Bali hemos desembarcado en la ciudad de Ubud, en el interior, en la que llevamos un par de días. Nos comentan que al no tener playa ésta no es una de las zonas más turísticas de la isla pero la verdad es que no lo parece. La ciudad está llena de turistas, hoteles y restaurantes. Supongo que es la tónica en Bali, sin duda la isla más conocida y turística del archipiélago, pero como venimos de zonas bastante "alternativas" hemos de reconocer que nos ha llamado la atención.
Estamos en un hotel resort totalmente paradisíaco, una enorme extensión plagada de pequeños edificios y bungalows, cruzada por un pequeño riachuelo interno y salpicada aquí y allá por piscinas maravillosas. Esta tarde hemos hecho uso intensivo de la que nos caía más cerca y hay que reconocer que en sus aguas calentadas por el sol se estaba en la gloria.
Respecto a las visitas turísticas de ayer, estuvimos rondando por las cercanías de Ubud, primero visitando un templo de siglo XIV, que se llama Pura Sada, en la población de Kapal. El templo está consagrado a la Trinidad de deidades hindú y se trataba de un templo asociado a la familia real de una antigua dinastía de la zona. El templo fue destruído prácticamente en su totalidad por un terremoto en 1917, por lo que lo que se ve hoy en día es en su mayoría una reconstrucción que se alargó hasta mediados de los años cincuenta.
Tuvimos la suerte de coincidir con una procesión de feligreses que iban a entregar sus ofrendas (incienso, frutas, pan, flores, tabaco...) al templo. Fue una experiencia bonita que nos permitió además ver a los sacerdotes, que en el resto de templos no vimos. El sacerdocio hinduista no requiere una preparación académica si no que sigue el formato de aprendiz y maestro, y en muchos casos es un tema familiar, heredado de padres a hijos.
También visitamos el templo del Monte Batukaru, situada en una alta montaña y rodeado de selva. Éste se caracteriza por tener una fuente cuya agua se considera purificadora, por lo que la parte de acceso al templo está montada alrededor de una fuente que bebe de esas aguas. Estos templos son reductos de paz, con sus ubicaciones en medio de la naturaleza, su silencio y su permanente olor a incienso.
Entre los dos templos pasamos por el balneario de aguas termales de Yeh Panas. Se trataba de un balneario construido a base de aguas termales provenientes de las entrañas de uno de los volcanes del área. A estas aguas, de alto contenido en azufre, se les suponen efectos curativos en la piel (eccemas, soriasis, etc). Los balineses suelen ir allí los fines de semana, pero nosotros declinamos la amable invitación de hacer uso de las instalaciones ya que no veíamos especial interés en el tema teniendo varias piscinas en nuestro hotel. Igualmente el sitio está interesante para una visita rápida, pues es realmente bonito.
Finalmente hoy nos hemos pasado por las terrazas de arrozales que hay alrededor de la zona de Jatilui. El significado de Jatilui es "realmente maravillosa", y si el nombre hace referencia a las vistas que allí se contemplan, su nombre no es para nada exagerado. Estas vistas merecen realmente la pena y deberían ser un imprescindible en cualquier visita a Bali.
| Las terrazas de arrozales de Jatilui |
Otra de las ventajas de Ubud, es que al ser una ciudad turística, hemos podido abandonar temporalmente nuestra forzosa dieta de arroz y verduras para volver a la menos sana comida occidental. Hemos comido una pizza a la balinesa con una Coca-Cola y de postres un helado Magnum. Nada del otro mundo pero a nosotros, después de tantos días, nos ha sabido a gloria.
10/11/2013
Hoy estamos en Ketapang en Java. Hemos abandonado Bali y vuelto a Java por un período de tiempo muy corto y con un objetivo muy claro, el Kawah Ijen. Hemos cruzado de una isla a la otra en ferry, una experiencia en sí misma.
Hemos llegado aquí ya por la tarde y estamos descansando en el hotel que tiene vistas al mar. Es normal que no hagamos nada más hoy a parte de leer y pasear por la playa, ya que el pueblo en sí no tiene ningún atractivo turístico. Además mañana nos toca levantarnos a las 3:15 de la madrugada para que a las 4:00, ya desayunados, salgamos a hacer un trekking al volcán Kawah Ijen, donde llegaremos hasta su cráter.
11/11/2013
La subida al volcán ha sido bastante dura, no por lo larga, si no por lo increíblemente empinado de la ascensión. Además el camino era muy polvoriento, lo que hacía que te comieras todo el polvo levantado por la gente que bajaba (sí, había gente que había madrugado más que nosotros para ver amanecer en la cima del volcán) o que subía delante nuestro.
Hay que reconocer que después del trekking por Papúa estamos en forma, pues hemos hecho la subida prácticamente del tirón, con una sola parada corta, que casi necesitaba más el guía que nosotros.
Poco a poco, conforme nos hemos acercado a la cima, la vegetación se iba haciendo más escasa y el viento se iba haciendo más intenso. Al final hemos tenido que cubrirnos la boca con pañuelos, tanto por el polvo que levantaba el viento como por el pestilente olor que éste traía desde el interior del volcán. Un olor a huevo podrido proveniente del azufre que expulsa el Kawah Ijen.
Al llegar a la cresta, el viento era casi insoportable, costaba andar sin tambalearse, pero las vistas eran preciosas y ambos convenimos en que había merecido la pena la dura subida y el frío de la mañana por estar allí.
Pero no nos paramos en la cima, si no que hemos decidido tomar el estrecho y traicionero camino que baja hasta el fondo del volcán, en el que se encuentra un lago de aguas de un extraño verde-azulado (supongo que su peculiar color es debido también al azufre). Mientras bajábamos sorteando piedras nos hemos encontrado con los lugareños que trabajan en el volcán. Básicamente su trabajo es extraer azufre del cono del volcán y llevarlo en unas cestas a la espalda hasta el pie del volcán, donde se los compran. ¡Estos hombres suben y bajan el volcán cargados con 40 kg de azufre a la espalda! Si nosotros acabamos cansadísimos de hacerlo una sola vez y descargados, no quiero saber lo duro que ha de ser hacerlo con 40 kg a cuestas y varias veces al día (y encima por un sueldo miserable).
Hemos hecho todas las fotos que hemos querido y más, y luego hemos iniciado el camino de bajada para llegar a comer al hotel. Por la tarde hemos cogido el ferry de vuelta y ahora estamos de nuevo en la isla de Bali, esta vez en la zona norte, en el pueblo pesquero de Lovina.
Después de un paseo por la playa y un ratito de compras por la zona de tiendas en la que hemos adquirido diversos regalos para la familia (con regateo incluido), hemos acabado con un chapuzón nocturno y romántico en la piscina del hotel, que a esas horas teníamos para nosotros solos.
Hay que reconocer que después del trekking por Papúa estamos en forma, pues hemos hecho la subida prácticamente del tirón, con una sola parada corta, que casi necesitaba más el guía que nosotros.
Poco a poco, conforme nos hemos acercado a la cima, la vegetación se iba haciendo más escasa y el viento se iba haciendo más intenso. Al final hemos tenido que cubrirnos la boca con pañuelos, tanto por el polvo que levantaba el viento como por el pestilente olor que éste traía desde el interior del volcán. Un olor a huevo podrido proveniente del azufre que expulsa el Kawah Ijen.
Al llegar a la cresta, el viento era casi insoportable, costaba andar sin tambalearse, pero las vistas eran preciosas y ambos convenimos en que había merecido la pena la dura subida y el frío de la mañana por estar allí.
| En la cima del Kawah Ijen |
Después de un paseo por la playa y un ratito de compras por la zona de tiendas en la que hemos adquirido diversos regalos para la familia (con regateo incluido), hemos acabado con un chapuzón nocturno y romántico en la piscina del hotel, que a esas horas teníamos para nosotros solos.
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