Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Eslovenia. El edén olvidado de Europa 2/2


Si la primera parte de nuestro viaje a Eslovenia estuvo definida por el ruido de los ríos y cascadas, y por la serenidad de los lagos y los bosques, el gran protagonista de esta segunda parte es el extenso mundo subterráneo que se extiendo bajo este minúsculo país. Las cuevas eslovenas son una de las maravillas naturales que se pueden ver todavía en Europa. También aprovechamos los últimos días para visitar esa pequeña franja de costa que hace que podamos decir que en Eslovenia se encuentra cualquier paisaje natural que busquemos.

Nota: El viaje a Eslovenia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.

Domingo 23-7-2017 - Parque nacional de Triglav

Dado que era domingo nos costó arrancar bastante y acabamos saliendo del apartamento algo tarde. Después de estar el sábado de visita por ciudades nos apetecía volver a la exuberante naturaleza eslovena, que sin duda es lo mejor que tiene el país. Aprovechando el día soleado que nos acompañaba enfilamos hacia el norte, hasta Kranjska Gora, una coqueta y animada población que en invierno ejerce de estación de esquí, situada al pie de las enormes montañas alpinas que pertenecen al parque natural de Triglav.

No nos quedamos en Kranjska Gora, si no que desde allí enfilamos directamente la famosa carretera de los rusos, que sale desde esa población y cruza el paso de Vrsic. La carretera fue construida por prisioneros de guerra rusos durante la primera guerra mundial y de ahí hereda su nombre, pero es sobretodo famosa por lo revirado y empinado de su ascensión. Para llegar al pie de la montaña pero por la otra vertiente, son 50 las curvas de al menos 180 grados que debes tomar con el coche. Una experiencia no apta para aquellos que se marean, pero que sin duda merece la pena.

Las vistas conforme va ascendiendo son maravillosas y nosotros decidimos pararnos en un gran mirador que hay ya muy cerca de la cumbre. Hicimos un pequeño picnic estirados en la verde hierba, con las montañas de fondo y el viento soplando fuerte y algo frío. También rondaba por allí un pequeño rebaño de ovejas que hizo las delicias de la pequeña Alba.

Acabamos bajando la otra ladera, para acabar comiendo algo tarde en un restaurante de la población de Trenta. Muy cerca de donde comimos nos paramos a disfrutar de las aguas del río Soca, que por esas zonas no es aún muy caudaloso. El paraje allí es idílico y las aguas tan prístinas como gélidas. Eso no impidió que nos remojáramos a conciencia (bañarse es de locos ya que estaba bastante más fría que la del lago Bohinj) y disfrutáramos de una tarde muy relajada rodeados de tan privilegiada naturaleza.

Al final llegamos al apartamento bastante tarde y analizándolo no habíamos hecho ni visto nada especial en todo el día. Sin embargo, todos estábamos muy contentos con lo que había dado de sí el día. A veces algo tan simple como descansar y gozar de la naturaleza te puede llenar tanto como el turismo más "sofisticado".

Lunes 24-7-2017 - Cuevas de Skocjan y Postojna y Castillo de Pretjama

El lunes fuimos a ver las cuevas más conocidas del país y probablemente de Europa. Ya que el día se había despertado bajo un aguacero furibundo, pasarse la mitad del día bajo tierra parecía una buena idea a priori.

Empezamos por las menos conocidas de las dos cuevas que queríamos visitar, las cuevas de Skocjan (Skocjanske Jame). Dado que la autopista que lleva a la región de las cuevas es la misma que lleva a la costa, no pudimos librarnos de hacer algo de caravana y para más inri, al llegar allí tuvimos que hacer una hora entre cola y espera para poder acceder a las cuevas en sí. Pero una vez estuvimos dentro del complejo de grutas, se nos olvidó por completo la mala leche acumulada.

Si hay que ponerle algún pero a la visita es que se hace demasiado rápida. La tienes que hacer obligatoriamente al ritmo del guía y no te dejan separarte del grupo, eso no te permite quedarte a paladear tranquilamente las increíbles sensaciones que te embargan en estas cuevas. Obviando un poco eso, las grutas tienen un interior espectacular, precioso y majestuoso.

El complejo está dividido en dos ámbitos. Primero la Cueva Silenciosa, llamada así porque allí no se escucha el ruido del agua y el silencio es sepulcral. Allí empiezas a ver lo más destacado de estas cuevas, la enormidad de sus estancias, con sus estalactitas y estalagmitas teñidas de diferentes colores (los colores son debidos a la oxidación de los minerales que las componen). La segunda parte es la Cueva Ruidosa, presidida por la verdadera joya de estas cuevas, un cañón subterráneo por el que corre un joven río y cuyo techo se eleva a más de 100 metros de altura. Un estrecho puente cruza de un lado al otro del cañón, colgando a más de 40 metros del suelo. Allí te sientes como una hormiga minúscula. Las sensaciones que te embargan son indescriptibles.


No dejan hacer fotos en Skocjan. Así que tiro de una de google para que os hagáis una idea

Al final visitas unos 2 kilómetros de los 6 que componen este complejo de grutas. Un recorrido cargado de estrechas escaleras que obviamente hace que sea imposible el acceso con cochecito o para personas mayores o incapacitadas. Cuando acabas la visita puedes volver por una vía rápida (mediante ascensor) o a pie por un camino, que pese a que te dicen que te permite tener unas buenas vistas de la zona de antiguas cuevas colapsadas, probablemente no merezca la pena (nosotros lo hicimos y no es nada demasiado espectacular, pero sí bastante cansado).

Después de comer nos acercamos a las cuevas de Postojna. Las más grandes de Europa y probablemente las más famosas. 24 kilómetros de pasajes, galerías y salas subterráneas de las que realmente acabas visitando 6, 4 Km en un pequeño trenecito y luego otros 2 Km que se hacen a pie. Caminar es muy cómodo, todo a base de rampas asfaltadas, lo que hace que puedas visitarlas con cochecito sin problemas (ojalá lo hubiéramos sabido de antemano).

Las cuevas están muy explotadas, y alrededor de las mismas se ha creado un complejo lúdico enorme, con tiendas, bares y restaurantes por doquier. Para muchos eslovenos ir a Postojna es como para nosotros ir a Port Aventura.

En sí las cuevas son bastante diferentes a las de Skocjan. Éstas tienen salas mucho más pequeñas, pero están a rebosar de estalactitas y estalagmitas de múltiples formas. En resumen podríamos decir que son menos solemnes y ominosas, pero más preciosistas. Al ser diferentes entre ellas te permite no cansarte de tanta cueva en un día y dependerá de cada uno cual de las dos les guste más. María yo coincidimos que las de Skocjan nos impactaron a ambos más y si tuviéramos que escoger nos decantaríamos por éstas.

Al salir de las cuevas, ya era algo tarde, pero no pudimos irnos de la zona sin aprovechar para visitar el Castillo de Predjama, que está a apenas 9 Km de las cuevas. Su ubicación es única, la fortaleza se eleva incrustada dentro de una cueva de la montaña. La leyenda explica que allí vivía Erasmo, un caballero con reminiscencias de Robin Hood, que se dedicaba a expoliar a los ricos para dárselo a los pobres (supongo que quedándose un buen pellizco por el camino por las molestias).

El castillo es muy bonito, tanto que aunque llegamos ya cuando éste estaba cerrado, decidimos quedarnos a cenar en un restaurante que se encuentra a sus pies, donde cenamos comida típica, muy rica y sorprendentemente económica para estar en un sitio totalmente turístico. De allí, carretera y manta, que estábamos lejos de nuestro refugio en Bohinj.

Martes 25-7-2017 - Hrastovlje, Koper y Piran

Pese al intento de salir bastante pronto, nos encontramos con 3 horas de coche para llegar a la primera de nuestras visitas del día. Las retenciones en la autopista que va a la costa son bastante habituales por lo que parece.

La primera visita ha ido al pueblo de Hrastovlje, donde hay una pequeña iglesia románica amurallada con mucho encanto. La iglesia, dedicada a la Santísima Trinidad, es del siglo XII y es famosa por las pinturas al fresco que decoran por completo su interior y que datan de 1490. El objetivo de las pinturas era el de acercar las escenas de la Biblia al pueblo llano iletrado. La más famosa, por lo peculiar, es la pintura que llaman "La danza de la muerte" donde se ven personas de todas las clases y edades cogidos de la mano con varios esqueletos y bailando. La iglesia es muy pequeña y enseguida la tuvimos vista, pero la verdad es que es una visita muy recomendable.


La pequeña iglesia fortificada de Hrastovlje

Fuimos a comer a Koper. Koper es la capital de la península de Istria, la población más importante y antigua de la costa. La parte más bonita a visitar es la plaza principal (Titov Trg) donde se encuentra la Catedral, del s. XII, que conserva la parte baja de estilo gótico y la parte superior de la fachada de estilo renacentista. También se encuentra allí en la misma plaza el Palacio Pretorio con su bella escalinata, así como el Ayuntamiento y la Armería y una casa noble con amplios porches de estilo veneciano. La zona es bonita y pasamos un buen rato allí, jugando en esa plaza peatonal con Alba, aunque es una visita totalmente desechable si no vas bien de tiempo.

Por la tarde, nos desplazamos a la vecina ciudad de Piran. Pueblo también de costa con su puerto como centro de la actividad. Habíamos leído que era una ciudad peatonal, pero no acaba de ser cierto. En principio a los turistas no nos dejan entrar con coche, pero al final entre los residentes locales y los transportes públicos, acaban habiendo bastantes vehículos circulando por el paseo del puerto y no puedes dejar de ir mirando.

La plaza principal es la de Tartinijev, que ocupa el lugar del antiguo puerto, que anegaron allá por el 1884. Dentro de la plaza encontramos el Palazzo Comunale y la Casa Tartini como edificios históricos. El resto de la plaza son casas antiguas, con fachada pintadas de colores llamativos, que combinados con los blancos y azules del vecino puerto, la convierten en un sitio muy agradable, a la par que concurrido.

Al final del pueblo, sobre una colina, se erige una bonita catedral, el Duomo de San Giorgio que es a la vez un precioso mirador desde el que ver toda la población. Es del siglo XII y reconstruida en el XVII, con lo que tiene un aspecto barroco precioso y muy bien conservado: paredes blancas y techo con artesonado de madera y pictórico. Por desgracia la tienen cerrada al público y sólo puede verse su interior desde una estrecha reja, lo que hace que la visita pierda varios enteros.

Rondamos por todo el pueblo, que básicamente son callejones empedrados de pronunciada pendiente para al final acabar parando un momento en la playa antes de irnos. La playa es bastante pequeña y es de piedras, pero estaba atestada. Disfrutamos un ratillo de la playa, sobretodo madre e hija, hasta que empezó a amenazar tormenta y de la nada se empezó a levantar una ventolera que hasta arrastró el cochecito de la niña. Así que no nos quedó más remedio que recoger rápido y emprender a la carrera el retorno hasta el parking en las afueras donde habíamos dejado el coche.

Como mínimo el viaje de retorno no nos deparó más caravanas e incluso nos regaló el arcoiris más grande y bello que Maria o yo hayamos visto nunca. Lástima que Alba ya durmiera a esas horas y no pudiera disfrutar del mismo.

Miércoles 26-7-2017 - Vuelta a casa

El último día nos lo tomamos con bastante pachorra, pese a que el avión salía bastante tarde, decidimos no visitar nada y disfrutar del día relajadamente. Nos levantamos tarde, desayunamos con calma, acabándonos la mayoría de lo que nos quedaba por la nevera, hicimos las maletas y después nos dirigimos al río que pasaba por el pueblo donde dormíamos, a jugar y dejar que los minutos fueran deslizándose en un dulce degoteo. El día había empezado encapotado, con alguna nube que tapaba las cumbres cercanas, pero mientras estábamos en el río se ha despejado y el sol ha salido en todo su esplendor, bañando los campos plagaos de flores blancas, lilas y amarillas, y permitiéndonos despedirnos de Eslovenia como Dios manda.

Tras la despedida y las metafóricas lagrimillas de rigor por el final de las vacaciones, hemos cargado maletas y emprendido el camino de vuelta por autopista, directos hacia Nova Gorica, donde hemos parado a comer y repostar gasolina justo antes de la frontera con Italia, que eso siempre te ahorra unos últimos eurillos. Comimos con calma, en un restaurante de comida ecológica y tras eso aún nos ha dado tiempo de estar un rato en el parque con Alba. A pesar de habérnoslo tomado con calma, la última hora y media en coche, ya en tierras italianas, se le han hecho muy largas a Alba y por extensión a nosotros, que tuvimos que aguantar sus quejas y llantos hasta que llegamos al aeropuerto Marco Polo de Venecia. Una vez allí, a devolver el coche de alquiler y luego lo típico de los aeropuertos, para situarnos en unas pocas horas de vuelta en Barcelona, con una nueva experiencia viajera añadida a nuestras mochilas.


Valoraciones

El año anterior fuimos a Suiza y la verdad es que Eslovenia en muchos aspectos nos ha recordado a este país con la ventaja de no ser tan prohibitivo en cuanto a precios. Un destino sin duda recomendable para aquellos que gusten de los viajes de naturaleza.

Lo mejor del viaje

- El bañito en la gélidas aguas del lago Bohinj
- Las ominosas cuevas de Skocjan y ese puente tan parecido al de Khazad-Dum de El Señor de los Anillos
- Perderse en la naturaleza, sin hacer nada especial, simplemente deleitándose de ella

Lo peor del viaje


- Las caravanas sufridas cada vez que teníamos que coger la autopista que se dirige a la costa. 
- El barrio de Metelkova. Mucha cosa buena habíamos leído y al pasarnos por allí había que reconocer que era curioso y hasta bonito, pero por otro lado sucio y lleno de borrachos y drogadictos. No recomendable para almas cándidas como las nuestras.
- La multa que nos endosaron en Bled. Una multa siempre fastidia, pero en vacaciones doblemente.

Galería de fotos

Eslovenia 2

jueves, 7 de septiembre de 2017

Eslovenia. El edén olvidado de Europa 1/2

El edén olvidado de Europa, así es como he decidido bautizar este post de nuestro viaje a Eslovenia. Y es que este minúsculo país es un gran desconocido para el gran público, pero cuando lo visitas te encuentras con un paraíso verde y azul. El verde de los frondosos bosques que cubren cada pequeño recoveco del país, el azul de sus prístinos ríos y lagos glaciares. Eslovenia es un vergel que pocos conocen, salvaje en muchos puntos, de una belleza paisajística que no tiene nada que envidiar a destinos mucho más renombrados como Suiza o el Tirol, pero a precios mucho más asequibles.

Nota: El viaje a Eslovenia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca y Alba
Duración del viaje: 8 días
Fecha: Julio de 2017

Destinos visitados: Zona oriental de Eslovenia, desde los Alpes Julianos a la costa.
Transporte: Avión y coche de alquiler

Descripción del viaje


El primer viaje que hicimos con Alba fue a Bélgica, justo el verano que hacía un añito. Con dos recién cumplidos nos la llevamos a Suiza y para este 2017, con su tercer aniversario recién celebrado, escogimos como destino la poco conocida Eslovenia.

No fue este un viaje muy planificado. Habíamos tenido que desestimar por diferentes motivos algunas otras opciones que nos llamaban más la atención como Islandia o los fiordos noruegos y la verdad es que estábamos a principios de julio y sin destino fijado. Casi por casualidad nos llegó por mail una oferta para un "fly and drive" a Eslovenia desde la web de Tourist Forum. La oferta era realmente atractiva económicamente para estar buscando un viaje apenas sin margen y en temporada alta, así que lo primero que pensamos fue lo típico de ¿Y qué narices hay para visitar en Eslovenia? Un par de días de Google nos convencieron que este pequeño país podía ser un destino adecuado para unas vacaciones familiares. A continuación os describimos nuestros ocho días por tierras eslovenas.

Miércoles 19-7-2017 - Llegada a Eslovenia


A primera hora de la mañana cogimos un vuelo de la compañía Vueling que nos llevaría hasta el aeropuerto de Venecia. Efectivamente, Venecia, y es que los vuelos directos hasta Ljubljana son escasos desde nuestro país y en consecuencia suelen tener precios prohibitivos. Venecia está a apenas una hora y media en coche de la frontera con Eslovenia y precios mucho más competitivos, así que resulta una buena opción.

En el aeropuerto, tras recoger las maletas, nos dirigimos a la zona del parking reservada para las compañías de alquiler de vehículos. El proceso de alquiler del mismo es bastante tedioso y tardamos un poco en estar listos para partir hacia nuestro país de destino. Cogimos pues la autopista en dirección a Trieste y desde la misma autopista empezamos a ver los carteles que señalizaban Eslovenia, a la que acabamos accediendo por la zona de Nova Gorica.

Justo pasar la frontera nos paramos en la primera gasolinera a adquirir la famosa "Viñeta", que no deja de ser un adhesivo que te permite circular por las autopistas de peaje eslovenas. No es especialmente cara, 15 euros una con validez de 7 días que es la que adquirimos nosotros. Con la viñeta adherida al parabrisas de nuestro pequeño Fiat Punto de alquiler, pusimos nuestro destino final, el pueblo de Brod en la zona de Bohinj, en nuestro navegador.

Como íbamos bien de tiempo decidimos no ir por la autopista si no por carreteras interiores, ya que aparentemente esta segunda opción no era mucho más lenta y nos permitía disfrutar un poco más de paisajes y nos daba más facilidad para buscar un lugar donde comer.

En cuanto a las vistas y la comida, la decisión fue sin duda acertada, pues pudimos atravesar con nuestro coche todos los pueblos que se encuentran en la ribera del río Soca, al que llaman el Río Turquesa por el fascinante color de sus aguas. Son espectacularmente bellas, ¡vaya primera impresión que nos brindaba este pequeño país!

Para comer hicimos parada en un pequeño pueblo, para nada turístico llamado Kanal, en el que comimos en la pequeña cantina del pueblo, en la terraza de la misma que invadía una pequeña parte de la plaza principal, bajo una bonita pérgola y al lado de la fuente principal, cuyas aguas refrescaban la zona. Pudimos hacer el menú típico del país, de precio económico y en el que sólo se ofrece como mucho un par de platos. Pero estaba todo riquísimo y a unos asequibles 12 euros (que para lo que comimos os aseguro que era muy barato). En esta primera parada empezamos a comprobar que la gente joven del país tiene un nivel muy alto de inglés, lo que facilitaría enormemente nuestra estancia allí.

Finalizada la comida reemprendimos el viaje a través de reviradas carreteras de montaña que discurrían entre frondosos bosques de unos abetos altos y esbeltos. Las curvas a izquierda y derecha ahora descubrían una montaña, ahora una valle y nuestros ojos empezaban a deleitarse de esa belleza alpina que nos acompañaría en toda nuestra estancia en Eslovenia.

Por desgracia, unas obras en una carretera nos hicieron tener que desviarnos por una ruta alternativa que implicaba casi una hora más de viaje. Como no hay mal que por bien no venga, gracias a este rodeo nos topamos por casualidad con la iglesia de St. Primus and Felician, en la localidad de Jamnik, cuya belleza nos llamó tanto la atención que tuvimos que pararnos a hacer unas fotos.  

Se trata de una pequeña iglesia "cerkev" que se encuentra en la cima de un puerto de montaña, encaramada sobre una colina de verde hierba y que es un mirador natural sobre los valles colindantes. Sin duda una de las instantáneas del viaje. Lástima que cuando empezábamos a hacer fotos, empezara a gotear y eso en Eslovenia implica que mejor busques un lugar donde guarecerte, porque allí cuando llueve lo hace de verdad.

Así que con la lluvia sobre nuestras cabezas, llevamos por fin el coche hasta el que sería nuestro campamento base en esos 8 días de vacaciones. Estábamos en el pueblo de Brod, en una casa típica de campo que había adecuado su planta superior como un apartamento. Teníamos dos habitaciones, baño y comedor con una cocina equipada sólo para nosotros tres. Teníamos espacio de sobra y sigo reafirmándome que este formato de tener tu propia cocina es una fórmula interesantísima para el alojamiento en los viajes.

Una vez situados, tuvimos que hacer lo típico de descargar maletas, ubicar el supermercado e ir a comprar. Poco más de sí daría ese primer día. 


Jueves 20-7-2017 - Bled y Slap Savica

Abrir las ventanas a primera hora de la mañana y sentir el fresco aire proveniente de las montañas alpinas despeja bastante. Algo muy necesario cuando Alba, pese a estar de viaje, decide mantener su insana costumbre de despertar a toda la familia alrededor de las 7:30 de la mañana.

Dado que el día anterior habíamos tenido empacho de coche, decidimos quedarnos nuestro primer día completo en el país por la zona en la que pernoctábamos. Tras desayunar nos dirigimos al lago Bled, quizás el lugar más turístico y fotogénico de Eslovenia. Y eso se nota por la gran cantidad de gente que se acerca en verano cada día. Los locales van a pasar allí el día, se bañan en sus gélidas aguas (es un lago de origen glacial) y toman el sol en el césped que rodea casi todo el lago.


Lago Bled con su mítica isla en el centro
El lago en sí es precioso, pero lo que lo convierte en un lugar único es la pequeña isla que se erige en su centro, en la cual se sitúa una coqueta iglesia, la de la Asunción. Es tradición acercarse en barca hasta allí, subir sus escalinatas y hacer tocar su afamada campana, a la cual se le ha otorgado la cualidad de conceder un deseo a quien la haga sonar, cosa por la que suele escucharse su repiqueteo sin cesar. A nosotros nos pareció algo caro el trayecto en barca, así que pese a la desilusión que esto causó en Alba, decidimos no ir a la mítica isla y conformarnos con pasear por su orilla, que tiene habilitado un camino que va circunvalando todo el perímetro.

Otra cosa que teníamos claro que queríamos hacer era ver el lago desde las alturas. Para ello hay básicamente dos opciones. La más conocida es subir al castillo que cuelga de un acantilado a orillas del lago (con acceso de pago), pero habíamos leído en varios blogs que el castillo en sí no era nada del otro mundo y que prácticamente sólo merecía la pena subir por las vistas. Pero hay otra opción, que es la de subir a alguno de los dos miradores que hay en la montaña que se alza en la ribera occidental del lago.

Nosotros decidimos subir al mirador de Ojstrica. La subida es bastante empinada y resultó muy complicada de hacerla con el cochecito de la niña. Es más, en el tramo final tuvimos que abandonarlo escondido entre unos matorrales y subir sin él. Obviamente Alba se negó a subir toda esa cuesta, así que como sufrido papi, tuve que acarrear con sus 11kg toda la montaña arriba. Llegué empapado de sudor pero os digo que el esfuerzo mereció la pena. En la cima, en el mirador, han instalado un pequeño banco en el que puedes sentarte y admirar la belleza del lago que se yergue a tus pies. Es una experiencia imborrable.

Desde el mirador volvimos hasta el coche para encontrarnos que nos habían puesto una multa de aparcamiento. Así que recomendación, pagad por aparcar en Eslovenia. Los parkings no son excesivamente caros y siempre merecen más la pena que una multa, que los policías locales "tienen el gatillo fácil" con los coches con matrículas extranjeras.

Al estar cerca del apartamento pudimos ir a comer allí y por la tarde, nos acercamos hasta la Slap Savica (slap en esloveno significa cascada) que también nos quedaba cerca de allí. Debo deciros que casi me impresionó más la belleza del bosque que has de atravesar con coche hasta llegar a la cascada que la caída de agua en sí. Los bosques del parque natural del Triglav son espectaculares, como salidos de un cuento de hadas y gnomos.

Para acceder a la cascada, hay que pagar entrada y ascender por un camino muy bien mantenido, que los locales dicen que tiene 500 escalones. No me dediqué a contarlos, pero son un porrón y parece aún más cuando más de la mitad del trayecto te toca llevar de nuevo a tu hija en brazos (estaba haciendo una buen pretemporada). Uno de los grandes problemas es que por temas de seguridad, el acceso al pie de la cascada está prohibido, y tienes que mirarla desde la verja que protege a un mirador que hay a unos metros, lo que le hace perder bastante encanto (amén de que está atestada de gente).

La bajada fue una gozada para Alba, que iba saltando con nuestra ayuda los escalones de 2 en 2 o de 3 en 3. ¡Se lo pasó teta!  Para enfatizar más esa sensación de estar en un bosque feérico, en la zona del río nos encontramos un montón de tótems de piedra. No podíamos ser menos y decidimos dejar nuestra huella, haciendo cada uno nuestro tótem particular junto a su pertinente petición de deseos.

Al volver nos detuvimos a cenar en una pizzería. Son increíblemente populares en el país, supongo que por su proximidad geográfica con Italia, y la verdad es que las pizzas suelen ser grandes y deliciosas. Alba aprovechó e hizo amistad con una niña holandesa de su edad, es increíble cómo se podían comunicar tanto sin palabras. Se lo pasaron en grande hasta que tuvimos que irnos todos a dormir.


Viernes 21-7-2017 - Gargantas de Vintgar, Radovljica y lago Bohinj

La mañana del viernes debíamos madrugar para llegar pronto a las Gargantas de Vintgar, una atracción bastante famosa para el turismo interior esloveno, por lo que merece la pena ir pronto para no encontrar tanta aglomeración de gente. Pero pese a que a las 7:30 estábamos en pie como casi cada mañana, no conseguimos llegar a Vintgar hasta casi las 11:00. No me preguntéis cóo pudimos perder tanto el tiempo porque no lo sé ni yo, pero con una niña pequeña TODO lleva otro ritmo.

La penalización fue tener que hacer un cuarto de hora de cola para comprar las entradas y sobretodo que en algunas partes del recorrido había bastante gente, cosa que dado la estrechez de las pasarelas era un tanto incómodo.

Las gargantas son un lugar precioso, en las que el río ha excavado ese precioso pasaje en la roca de la zona. Siendo realista, como garantas en sí, son más impresionantes las del río Aare, que justo habíamos visitado el año anterior en nuestro viaje a Suiza. Sin embargo Vintgar gana en cuanto a belleza del paraje, con sus preciosas aguas, que en zonas son totalmente cristalinas y en otras toman toda la gama de colores desde el verde esmeralda hasta el azul turquesa.

El trayecto va siguiendo el curso del río por encima de unas estrechas pasarelas de madera, hasta llegar a un pequeño salto de agua en el punto en que finalizan las gargantas, zona que algunos locales aprovechan para el baño. Entre ida y vuelta, con zonas a ritmo de niña (otras con ella en brazos), y parando bastante a hacer fotos, el trayecto nos llevó un poco más de dos horas. 

Por lo tanto, cuando salimos de Vintgar ya acuciaba el hambre. Decidimos ir a buscar un sitio para comer en la ciudad de Radovljica. Estaba relativamente cerca y habíamos leído cosas buenas de ella en algún blog. Aparcamos al lado de la estación de autobuses, muy cerca del centro y aparcamiento gratuito, lo que no es tan sencillo en este país y luego comimos en una pizzería cercana.

Ya con la barriga llena nos dirigimos al centro histórico. Cruzamos los restos de la muralla y llegamos al casco antiguo, que es peatonal y básicamente se reduce a una enorme plaza rectangular en la que se agolpan los edificios significativos de la población. La mayoría se caracterizan por tener detalles pintados "al fresco" sobre sus fachadas, aunque la mayoría se encuentran en un estado de conservación bastante deplorable. Personalmente la visita me decepcionó bastante y no fui capaz de encontrarle la gracia a esa ciudad.

Después de salir de Radovljica volvimos hacia Bohinj ya que habíamos destinado lo que quedaba de tarde en disfrutar del lago que da nombre a la región en que nos hospedábamos. Buscamos un lugar donde dejar el coche y bajamos hasta la orilla del lago, en una zona en que todavía daba el sol bajo de la tarde. Como llegamos un poco tarde, los locales ya estaban de retirada y el lago estaba prácticamente vacío. Esa ausencia de gente hacía que la experiencia fuera aún más mágica.

Fue una experiencia preciosa el internarse por un frondoso bosque, lleno de altos abetos cubiertos de musgo que de repente se abren en una pequeña cala de piedra que se abre a las cristalinas aguas de un lago, con altas montañas alzándose majestuosas en la otra orilla. Estábamos riendo, jugando con las piedras y los peces y poco a poco nos fuimos envalentonando hasta decidirnos a bañarnos en las gélidas aguas del lago. Cuesta entrar en aguas tan frías, pero el bañarnos allí, en medio de una naturaleza tan pura fue una experiencia catártica que te revigoriza y te devuelve toda la energía que ese día a día tan desconectado de lo natural que llevamos te va consumiendo poco a poco. Disfrutamos cada segundo que estuvimos allí, sin duda la mejor experiencia del viaje y sólo nos fuimos cuando ya la noche caía sobre nosotros y debíamos irnos sí o sí a cenar.

Sábado 22-7-2017 - Ljubljana y Skofja Loka


Dado que en días previos habíamos encontrado mucho "turista local" en los sitios que habíamos visitado, decidimos que el sábado no era el mejor día para estar en sitios muy turísticos, porque a eso añadiríamos la gente que hacía excursiones de fin de semana. Así pues decidimos ir a visitar la capital: Ljubljana.

Al ser sábado pudimos aparcar muy cerca del centro (sólo se pagaba hasta las 13:30). El centro histórico es completamente peatonal (una zona muy amplia), cosa que lo hace ideal para pasear tranquilamente en familia. Ljubljana es una ciudad pequeña y coqueta, que no tiene edificios muy espectaculares y que llamen especialmente la atención, pero por la que se hace muy agradable pasear.

Nosotros desembocamos directamente en la Plaza Preseren, en la que destacan la Iglesia Franciscana de la Anunciación con su fachada color rosa chicle y su famoso e inconfundible triple puente. En la misma plaza se encuentra un punto de información y turismo donde pudimos obtener el siempre útil mapa de la ciudad. Desde la plaza fuimos en paralelo al río Ljubljanica, caminando al lado de la alargada nave porticada que es el Mercado Central y que estaba plagado de tenderetes de todos tipos y fuimos acercándonos a sus diferentes puentes. Primero el Puente del Amor, lleno a reventar de candados con los nombres de parejas de enamorados que lanzan las llaves al río. Después al Puente de los Dragones, flanqueado por 4 estatuas de este mitológico animal que hoy es el símbolo de la ciudad, ya que la leyenda dice que la ciudad se erige allá donde Jasón y sus Argonautas derrotaron a un enorme dragón.


Mis princesas posando en medio de la Plaza Preseren
Desde allí nos dirigimos hacia la Catedral que no es, desde luego, ninguna de las más bellas de Europa. Así que la visita fue bastante rápida y rápidamente enfilamos una de las empinadas cuestas que llevan hacia el Grad, el castillo. Encima de esa colina es donde se han encontrado los restos de los primeros asentamientos de celtas e ilirios y fue entorno al cual acabó creciendo el resto de la ciudad. El castillo actual es básicamente del siglo XVII. El castillo es bastante cuco y puedes visitarlo sin pagar entrada, aunque hay ciertas estancias y visitas a las que sólo puedes entrar si has comprado entrada.

Bajamos del castillo en busca de un lugar menos turístico (y caro) para comer, y acabamos encontrando un restaurante de street food muy bueno bastante cerca de la Catedral en la que servían un pescado realmente delicioso. Después de comer nos acercamos paseando hasta el Ayuntamiento de la ciudad, uno de los rincones más bonitos de la misma, con el edificio gótico del Ayuntamiento y frente a él la preciosa Fuente de los tres ríos de Carniola.

Caminamos algo más por el centro, simplemente disfrutando del ambiente y al final acabamos encaminándonos hacia el barrio donde se aloja el centro cultural de Metelkova, una antigua prisión rehabilitada por artistas de la llamada "cultura underground". Se trata de un sitio pintoresco y muchas de sus obras no te dejan indiferente, pero es también una zona sucia, que apesta a orín y alcohol barato y que no da precisamente una gran sensación de seguridad, más cuando vas con una niña de 3 años. Así que nuestra visita fue más bien corta.

Desde Metelkova fuimos directamente al coche y nos encaminamos de vuelta al apartamento. No teníamos mucho tiempo para visitarlo, pero aún así decidimos pararnos de camino en la población de Skofja Loka. Es una de las ciudades más antiguas del país y está coronada por un enorme castillo construido en su momento por y para los Obispos de Freising.

El castillo sólo pudimos verlo por fuera porque cuando llegamos ya estaba cerrado, por lo que completamos la visita con un pequeño paseo por el pueblo. En ciertos aspectos su casco antiguo es similar al de Radovljica, pero en este caso estaba todo bastante mejor conservado, con sus casas de fachadas decoradas y su columna dedicada a la Virgen erigida para protegerles de incendios y plagas. La visita personalmente me dejó un regustillo bastante positivo. Sin ser ningún imprescindible, dedicarle un par de horas a Skofja Loka si pasas por allí es algo que recomendaría.

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Eslovenia 1