Nota: El viaje a Eslovenia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.
Domingo 23-7-2017 - Parque nacional de Triglav
No nos quedamos en Kranjska Gora, si no que desde allí enfilamos directamente la famosa carretera de los rusos, que sale desde esa población y cruza el paso de Vrsic. La carretera fue construida por prisioneros de guerra rusos durante la primera guerra mundial y de ahí hereda su nombre, pero es sobretodo famosa por lo revirado y empinado de su ascensión. Para llegar al pie de la montaña pero por la otra vertiente, son 50 las curvas de al menos 180 grados que debes tomar con el coche. Una experiencia no apta para aquellos que se marean, pero que sin duda merece la pena.
Las vistas conforme va ascendiendo son maravillosas y nosotros decidimos pararnos en un gran mirador que hay ya muy cerca de la cumbre. Hicimos un pequeño picnic estirados en la verde hierba, con las montañas de fondo y el viento soplando fuerte y algo frío. También rondaba por allí un pequeño rebaño de ovejas que hizo las delicias de la pequeña Alba.
Acabamos bajando la otra ladera, para acabar comiendo algo tarde en un restaurante de la población de Trenta. Muy cerca de donde comimos nos paramos a disfrutar de las aguas del río Soca, que por esas zonas no es aún muy caudaloso. El paraje allí es idílico y las aguas tan prístinas como gélidas. Eso no impidió que nos remojáramos a conciencia (bañarse es de locos ya que estaba bastante más fría que la del lago Bohinj) y disfrutáramos de una tarde muy relajada rodeados de tan privilegiada naturaleza.
Al final llegamos al apartamento bastante tarde y analizándolo no habíamos hecho ni visto nada especial en todo el día. Sin embargo, todos estábamos muy contentos con lo que había dado de sí el día. A veces algo tan simple como descansar y gozar de la naturaleza te puede llenar tanto como el turismo más "sofisticado".
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| No dejan hacer fotos en Skocjan. Así que tiro de una de google para que os hagáis una idea |
La primera visita ha ido al pueblo de Hrastovlje, donde hay una pequeña iglesia románica amurallada con mucho encanto. La iglesia, dedicada a la Santísima Trinidad, es del siglo XII y es famosa por las pinturas al fresco que decoran por completo su interior y que datan de 1490. El objetivo de las pinturas era el de acercar las escenas de la Biblia al pueblo llano iletrado. La más famosa, por lo peculiar, es la pintura que llaman "La danza de la muerte" donde se ven personas de todas las clases y edades cogidos de la mano con varios esqueletos y bailando. La iglesia es muy pequeña y enseguida la tuvimos vista, pero la verdad es que es una visita muy recomendable.
| La pequeña iglesia fortificada de Hrastovlje |
Fuimos a comer a Koper. Koper es la capital de la península de Istria, la población más importante y antigua de la costa. La parte más bonita a visitar es la plaza principal (Titov Trg) donde se encuentra la Catedral, del s. XII, que conserva la parte baja de estilo gótico y la parte superior de la fachada de estilo renacentista. También se encuentra allí en la misma plaza el Palacio Pretorio con su bella escalinata, así como el Ayuntamiento y la Armería y una casa noble con amplios porches de estilo veneciano. La zona es bonita y pasamos un buen rato allí, jugando en esa plaza peatonal con Alba, aunque es una visita totalmente desechable si no vas bien de tiempo.
Por la tarde, nos desplazamos a la vecina ciudad de Piran. Pueblo también de costa con su puerto como centro de la actividad. Habíamos leído que era una ciudad peatonal, pero no acaba de ser cierto. En principio a los turistas no nos dejan entrar con coche, pero al final entre los residentes locales y los transportes públicos, acaban habiendo bastantes vehículos circulando por el paseo del puerto y no puedes dejar de ir mirando.
La plaza principal es la de Tartinijev, que ocupa el lugar del antiguo puerto, que anegaron allá por el 1884. Dentro de la plaza encontramos el Palazzo Comunale y la Casa Tartini como edificios históricos. El resto de la plaza son casas antiguas, con fachada pintadas de colores llamativos, que combinados con los blancos y azules del vecino puerto, la convierten en un sitio muy agradable, a la par que concurrido.
Al final del pueblo, sobre una colina, se erige una bonita catedral, el Duomo de San Giorgio que es a la vez un precioso mirador desde el que ver toda la población. Es del siglo XII y reconstruida en el XVII, con lo que tiene un aspecto barroco precioso y muy bien conservado: paredes blancas y techo con artesonado de madera y pictórico. Por desgracia la tienen cerrada al público y sólo puede verse su interior desde una estrecha reja, lo que hace que la visita pierda varios enteros.
Rondamos por todo el pueblo, que básicamente son callejones empedrados de pronunciada pendiente para al final acabar parando un momento en la playa antes de irnos. La playa es bastante pequeña y es de piedras, pero estaba atestada. Disfrutamos un ratillo de la playa, sobretodo madre e hija, hasta que empezó a amenazar tormenta y de la nada se empezó a levantar una ventolera que hasta arrastró el cochecito de la niña. Así que no nos quedó más remedio que recoger rápido y emprender a la carrera el retorno hasta el parking en las afueras donde habíamos dejado el coche.
Como mínimo el viaje de retorno no nos deparó más caravanas e incluso nos regaló el arcoiris más grande y bello que Maria o yo hayamos visto nunca. Lástima que Alba ya durmiera a esas horas y no pudiera disfrutar del mismo.
Tras la despedida y las metafóricas lagrimillas de rigor por el final de las vacaciones, hemos cargado maletas y emprendido el camino de vuelta por autopista, directos hacia Nova Gorica, donde hemos parado a comer y repostar gasolina justo antes de la frontera con Italia, que eso siempre te ahorra unos últimos eurillos. Comimos con calma, en un restaurante de comida ecológica y tras eso aún nos ha dado tiempo de estar un rato en el parque con Alba. A pesar de habérnoslo tomado con calma, la última hora y media en coche, ya en tierras italianas, se le han hecho muy largas a Alba y por extensión a nosotros, que tuvimos que aguantar sus quejas y llantos hasta que llegamos al aeropuerto Marco Polo de Venecia. Una vez allí, a devolver el coche de alquiler y luego lo típico de los aeropuertos, para situarnos en unas pocas horas de vuelta en Barcelona, con una nueva experiencia viajera añadida a nuestras mochilas.
Lo mejor del viaje
- El bañito en la gélidas aguas del lago Bohinj
- Las ominosas cuevas de Skocjan y ese puente tan parecido al de Khazad-Dum de El Señor de los Anillos
- Perderse en la naturaleza, sin hacer nada especial, simplemente deleitándose de ella
Lo peor del viaje
- La multa que nos endosaron en Bled. Una multa siempre fastidia, pero en vacaciones doblemente.
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