Carcassone - Francia

Rampa de acceso a la ciudadela medieval de Carcassone. La ciudad fue uno de los bastiones de los cátaros durante la infausta cruzada albigense.

Venecia - Italia

Si algo caracteriza a Venecia a parte de sus canales son los Carnavales y sus gentes escondidas detrás de las míticas y enigmáticas máscaras.

Borneo - Indonesia

Borneo es una de las islas más salvajes del archipiélago de Indonesia. Sus caudalosos ríos remontan sepenteantes las densas junglas y remontarlos para ver orangutanes salvajes es una experiencia imborrable.

Lisboa - Portugal

Maravilloso interior de estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, en la capital del Reino de Portugal.

Sevilla - Andalucía

Puesta de sol sobre las tranquilas aguas del río Guadalquivir, con la preciosa Torre del Oro ya iluminada en el extremo derecho de la foto.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Eslovenia. El edén olvidado de Europa 2/2


Si la primera parte de nuestro viaje a Eslovenia estuvo definida por el ruido de los ríos y cascadas, y por la serenidad de los lagos y los bosques, el gran protagonista de esta segunda parte es el extenso mundo subterráneo que se extiendo bajo este minúsculo país. Las cuevas eslovenas son una de las maravillas naturales que se pueden ver todavía en Europa. También aprovechamos los últimos días para visitar esa pequeña franja de costa que hace que podamos decir que en Eslovenia se encuentra cualquier paisaje natural que busquemos.

Nota: El viaje a Eslovenia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.

Domingo 23-7-2017 - Parque nacional de Triglav

Dado que era domingo nos costó arrancar bastante y acabamos saliendo del apartamento algo tarde. Después de estar el sábado de visita por ciudades nos apetecía volver a la exuberante naturaleza eslovena, que sin duda es lo mejor que tiene el país. Aprovechando el día soleado que nos acompañaba enfilamos hacia el norte, hasta Kranjska Gora, una coqueta y animada población que en invierno ejerce de estación de esquí, situada al pie de las enormes montañas alpinas que pertenecen al parque natural de Triglav.

No nos quedamos en Kranjska Gora, si no que desde allí enfilamos directamente la famosa carretera de los rusos, que sale desde esa población y cruza el paso de Vrsic. La carretera fue construida por prisioneros de guerra rusos durante la primera guerra mundial y de ahí hereda su nombre, pero es sobretodo famosa por lo revirado y empinado de su ascensión. Para llegar al pie de la montaña pero por la otra vertiente, son 50 las curvas de al menos 180 grados que debes tomar con el coche. Una experiencia no apta para aquellos que se marean, pero que sin duda merece la pena.

Las vistas conforme va ascendiendo son maravillosas y nosotros decidimos pararnos en un gran mirador que hay ya muy cerca de la cumbre. Hicimos un pequeño picnic estirados en la verde hierba, con las montañas de fondo y el viento soplando fuerte y algo frío. También rondaba por allí un pequeño rebaño de ovejas que hizo las delicias de la pequeña Alba.

Acabamos bajando la otra ladera, para acabar comiendo algo tarde en un restaurante de la población de Trenta. Muy cerca de donde comimos nos paramos a disfrutar de las aguas del río Soca, que por esas zonas no es aún muy caudaloso. El paraje allí es idílico y las aguas tan prístinas como gélidas. Eso no impidió que nos remojáramos a conciencia (bañarse es de locos ya que estaba bastante más fría que la del lago Bohinj) y disfrutáramos de una tarde muy relajada rodeados de tan privilegiada naturaleza.

Al final llegamos al apartamento bastante tarde y analizándolo no habíamos hecho ni visto nada especial en todo el día. Sin embargo, todos estábamos muy contentos con lo que había dado de sí el día. A veces algo tan simple como descansar y gozar de la naturaleza te puede llenar tanto como el turismo más "sofisticado".

Lunes 24-7-2017 - Cuevas de Skocjan y Postojna y Castillo de Pretjama

El lunes fuimos a ver las cuevas más conocidas del país y probablemente de Europa. Ya que el día se había despertado bajo un aguacero furibundo, pasarse la mitad del día bajo tierra parecía una buena idea a priori.

Empezamos por las menos conocidas de las dos cuevas que queríamos visitar, las cuevas de Skocjan (Skocjanske Jame). Dado que la autopista que lleva a la región de las cuevas es la misma que lleva a la costa, no pudimos librarnos de hacer algo de caravana y para más inri, al llegar allí tuvimos que hacer una hora entre cola y espera para poder acceder a las cuevas en sí. Pero una vez estuvimos dentro del complejo de grutas, se nos olvidó por completo la mala leche acumulada.

Si hay que ponerle algún pero a la visita es que se hace demasiado rápida. La tienes que hacer obligatoriamente al ritmo del guía y no te dejan separarte del grupo, eso no te permite quedarte a paladear tranquilamente las increíbles sensaciones que te embargan en estas cuevas. Obviando un poco eso, las grutas tienen un interior espectacular, precioso y majestuoso.

El complejo está dividido en dos ámbitos. Primero la Cueva Silenciosa, llamada así porque allí no se escucha el ruido del agua y el silencio es sepulcral. Allí empiezas a ver lo más destacado de estas cuevas, la enormidad de sus estancias, con sus estalactitas y estalagmitas teñidas de diferentes colores (los colores son debidos a la oxidación de los minerales que las componen). La segunda parte es la Cueva Ruidosa, presidida por la verdadera joya de estas cuevas, un cañón subterráneo por el que corre un joven río y cuyo techo se eleva a más de 100 metros de altura. Un estrecho puente cruza de un lado al otro del cañón, colgando a más de 40 metros del suelo. Allí te sientes como una hormiga minúscula. Las sensaciones que te embargan son indescriptibles.


No dejan hacer fotos en Skocjan. Así que tiro de una de google para que os hagáis una idea

Al final visitas unos 2 kilómetros de los 6 que componen este complejo de grutas. Un recorrido cargado de estrechas escaleras que obviamente hace que sea imposible el acceso con cochecito o para personas mayores o incapacitadas. Cuando acabas la visita puedes volver por una vía rápida (mediante ascensor) o a pie por un camino, que pese a que te dicen que te permite tener unas buenas vistas de la zona de antiguas cuevas colapsadas, probablemente no merezca la pena (nosotros lo hicimos y no es nada demasiado espectacular, pero sí bastante cansado).

Después de comer nos acercamos a las cuevas de Postojna. Las más grandes de Europa y probablemente las más famosas. 24 kilómetros de pasajes, galerías y salas subterráneas de las que realmente acabas visitando 6, 4 Km en un pequeño trenecito y luego otros 2 Km que se hacen a pie. Caminar es muy cómodo, todo a base de rampas asfaltadas, lo que hace que puedas visitarlas con cochecito sin problemas (ojalá lo hubiéramos sabido de antemano).

Las cuevas están muy explotadas, y alrededor de las mismas se ha creado un complejo lúdico enorme, con tiendas, bares y restaurantes por doquier. Para muchos eslovenos ir a Postojna es como para nosotros ir a Port Aventura.

En sí las cuevas son bastante diferentes a las de Skocjan. Éstas tienen salas mucho más pequeñas, pero están a rebosar de estalactitas y estalagmitas de múltiples formas. En resumen podríamos decir que son menos solemnes y ominosas, pero más preciosistas. Al ser diferentes entre ellas te permite no cansarte de tanta cueva en un día y dependerá de cada uno cual de las dos les guste más. María yo coincidimos que las de Skocjan nos impactaron a ambos más y si tuviéramos que escoger nos decantaríamos por éstas.

Al salir de las cuevas, ya era algo tarde, pero no pudimos irnos de la zona sin aprovechar para visitar el Castillo de Predjama, que está a apenas 9 Km de las cuevas. Su ubicación es única, la fortaleza se eleva incrustada dentro de una cueva de la montaña. La leyenda explica que allí vivía Erasmo, un caballero con reminiscencias de Robin Hood, que se dedicaba a expoliar a los ricos para dárselo a los pobres (supongo que quedándose un buen pellizco por el camino por las molestias).

El castillo es muy bonito, tanto que aunque llegamos ya cuando éste estaba cerrado, decidimos quedarnos a cenar en un restaurante que se encuentra a sus pies, donde cenamos comida típica, muy rica y sorprendentemente económica para estar en un sitio totalmente turístico. De allí, carretera y manta, que estábamos lejos de nuestro refugio en Bohinj.

Martes 25-7-2017 - Hrastovlje, Koper y Piran

Pese al intento de salir bastante pronto, nos encontramos con 3 horas de coche para llegar a la primera de nuestras visitas del día. Las retenciones en la autopista que va a la costa son bastante habituales por lo que parece.

La primera visita ha ido al pueblo de Hrastovlje, donde hay una pequeña iglesia románica amurallada con mucho encanto. La iglesia, dedicada a la Santísima Trinidad, es del siglo XII y es famosa por las pinturas al fresco que decoran por completo su interior y que datan de 1490. El objetivo de las pinturas era el de acercar las escenas de la Biblia al pueblo llano iletrado. La más famosa, por lo peculiar, es la pintura que llaman "La danza de la muerte" donde se ven personas de todas las clases y edades cogidos de la mano con varios esqueletos y bailando. La iglesia es muy pequeña y enseguida la tuvimos vista, pero la verdad es que es una visita muy recomendable.


La pequeña iglesia fortificada de Hrastovlje

Fuimos a comer a Koper. Koper es la capital de la península de Istria, la población más importante y antigua de la costa. La parte más bonita a visitar es la plaza principal (Titov Trg) donde se encuentra la Catedral, del s. XII, que conserva la parte baja de estilo gótico y la parte superior de la fachada de estilo renacentista. También se encuentra allí en la misma plaza el Palacio Pretorio con su bella escalinata, así como el Ayuntamiento y la Armería y una casa noble con amplios porches de estilo veneciano. La zona es bonita y pasamos un buen rato allí, jugando en esa plaza peatonal con Alba, aunque es una visita totalmente desechable si no vas bien de tiempo.

Por la tarde, nos desplazamos a la vecina ciudad de Piran. Pueblo también de costa con su puerto como centro de la actividad. Habíamos leído que era una ciudad peatonal, pero no acaba de ser cierto. En principio a los turistas no nos dejan entrar con coche, pero al final entre los residentes locales y los transportes públicos, acaban habiendo bastantes vehículos circulando por el paseo del puerto y no puedes dejar de ir mirando.

La plaza principal es la de Tartinijev, que ocupa el lugar del antiguo puerto, que anegaron allá por el 1884. Dentro de la plaza encontramos el Palazzo Comunale y la Casa Tartini como edificios históricos. El resto de la plaza son casas antiguas, con fachada pintadas de colores llamativos, que combinados con los blancos y azules del vecino puerto, la convierten en un sitio muy agradable, a la par que concurrido.

Al final del pueblo, sobre una colina, se erige una bonita catedral, el Duomo de San Giorgio que es a la vez un precioso mirador desde el que ver toda la población. Es del siglo XII y reconstruida en el XVII, con lo que tiene un aspecto barroco precioso y muy bien conservado: paredes blancas y techo con artesonado de madera y pictórico. Por desgracia la tienen cerrada al público y sólo puede verse su interior desde una estrecha reja, lo que hace que la visita pierda varios enteros.

Rondamos por todo el pueblo, que básicamente son callejones empedrados de pronunciada pendiente para al final acabar parando un momento en la playa antes de irnos. La playa es bastante pequeña y es de piedras, pero estaba atestada. Disfrutamos un ratillo de la playa, sobretodo madre e hija, hasta que empezó a amenazar tormenta y de la nada se empezó a levantar una ventolera que hasta arrastró el cochecito de la niña. Así que no nos quedó más remedio que recoger rápido y emprender a la carrera el retorno hasta el parking en las afueras donde habíamos dejado el coche.

Como mínimo el viaje de retorno no nos deparó más caravanas e incluso nos regaló el arcoiris más grande y bello que Maria o yo hayamos visto nunca. Lástima que Alba ya durmiera a esas horas y no pudiera disfrutar del mismo.

Miércoles 26-7-2017 - Vuelta a casa

El último día nos lo tomamos con bastante pachorra, pese a que el avión salía bastante tarde, decidimos no visitar nada y disfrutar del día relajadamente. Nos levantamos tarde, desayunamos con calma, acabándonos la mayoría de lo que nos quedaba por la nevera, hicimos las maletas y después nos dirigimos al río que pasaba por el pueblo donde dormíamos, a jugar y dejar que los minutos fueran deslizándose en un dulce degoteo. El día había empezado encapotado, con alguna nube que tapaba las cumbres cercanas, pero mientras estábamos en el río se ha despejado y el sol ha salido en todo su esplendor, bañando los campos plagaos de flores blancas, lilas y amarillas, y permitiéndonos despedirnos de Eslovenia como Dios manda.

Tras la despedida y las metafóricas lagrimillas de rigor por el final de las vacaciones, hemos cargado maletas y emprendido el camino de vuelta por autopista, directos hacia Nova Gorica, donde hemos parado a comer y repostar gasolina justo antes de la frontera con Italia, que eso siempre te ahorra unos últimos eurillos. Comimos con calma, en un restaurante de comida ecológica y tras eso aún nos ha dado tiempo de estar un rato en el parque con Alba. A pesar de habérnoslo tomado con calma, la última hora y media en coche, ya en tierras italianas, se le han hecho muy largas a Alba y por extensión a nosotros, que tuvimos que aguantar sus quejas y llantos hasta que llegamos al aeropuerto Marco Polo de Venecia. Una vez allí, a devolver el coche de alquiler y luego lo típico de los aeropuertos, para situarnos en unas pocas horas de vuelta en Barcelona, con una nueva experiencia viajera añadida a nuestras mochilas.


Valoraciones

El año anterior fuimos a Suiza y la verdad es que Eslovenia en muchos aspectos nos ha recordado a este país con la ventaja de no ser tan prohibitivo en cuanto a precios. Un destino sin duda recomendable para aquellos que gusten de los viajes de naturaleza.

Lo mejor del viaje

- El bañito en la gélidas aguas del lago Bohinj
- Las ominosas cuevas de Skocjan y ese puente tan parecido al de Khazad-Dum de El Señor de los Anillos
- Perderse en la naturaleza, sin hacer nada especial, simplemente deleitándose de ella

Lo peor del viaje


- Las caravanas sufridas cada vez que teníamos que coger la autopista que se dirige a la costa. 
- El barrio de Metelkova. Mucha cosa buena habíamos leído y al pasarnos por allí había que reconocer que era curioso y hasta bonito, pero por otro lado sucio y lleno de borrachos y drogadictos. No recomendable para almas cándidas como las nuestras.
- La multa que nos endosaron en Bled. Una multa siempre fastidia, pero en vacaciones doblemente.

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Eslovenia 2

jueves, 7 de septiembre de 2017

Eslovenia. El edén olvidado de Europa 1/2

El edén olvidado de Europa, así es como he decidido bautizar este post de nuestro viaje a Eslovenia. Y es que este minúsculo país es un gran desconocido para el gran público, pero cuando lo visitas te encuentras con un paraíso verde y azul. El verde de los frondosos bosques que cubren cada pequeño recoveco del país, el azul de sus prístinos ríos y lagos glaciares. Eslovenia es un vergel que pocos conocen, salvaje en muchos puntos, de una belleza paisajística que no tiene nada que envidiar a destinos mucho más renombrados como Suiza o el Tirol, pero a precios mucho más asequibles.

Nota: El viaje a Eslovenia, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la segunda entrada en el siguiente link.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca y Alba
Duración del viaje: 8 días
Fecha: Julio de 2017

Destinos visitados: Zona oriental de Eslovenia, desde los Alpes Julianos a la costa.
Transporte: Avión y coche de alquiler

Descripción del viaje


El primer viaje que hicimos con Alba fue a Bélgica, justo el verano que hacía un añito. Con dos recién cumplidos nos la llevamos a Suiza y para este 2017, con su tercer aniversario recién celebrado, escogimos como destino la poco conocida Eslovenia.

No fue este un viaje muy planificado. Habíamos tenido que desestimar por diferentes motivos algunas otras opciones que nos llamaban más la atención como Islandia o los fiordos noruegos y la verdad es que estábamos a principios de julio y sin destino fijado. Casi por casualidad nos llegó por mail una oferta para un "fly and drive" a Eslovenia desde la web de Tourist Forum. La oferta era realmente atractiva económicamente para estar buscando un viaje apenas sin margen y en temporada alta, así que lo primero que pensamos fue lo típico de ¿Y qué narices hay para visitar en Eslovenia? Un par de días de Google nos convencieron que este pequeño país podía ser un destino adecuado para unas vacaciones familiares. A continuación os describimos nuestros ocho días por tierras eslovenas.

Miércoles 19-7-2017 - Llegada a Eslovenia


A primera hora de la mañana cogimos un vuelo de la compañía Vueling que nos llevaría hasta el aeropuerto de Venecia. Efectivamente, Venecia, y es que los vuelos directos hasta Ljubljana son escasos desde nuestro país y en consecuencia suelen tener precios prohibitivos. Venecia está a apenas una hora y media en coche de la frontera con Eslovenia y precios mucho más competitivos, así que resulta una buena opción.

En el aeropuerto, tras recoger las maletas, nos dirigimos a la zona del parking reservada para las compañías de alquiler de vehículos. El proceso de alquiler del mismo es bastante tedioso y tardamos un poco en estar listos para partir hacia nuestro país de destino. Cogimos pues la autopista en dirección a Trieste y desde la misma autopista empezamos a ver los carteles que señalizaban Eslovenia, a la que acabamos accediendo por la zona de Nova Gorica.

Justo pasar la frontera nos paramos en la primera gasolinera a adquirir la famosa "Viñeta", que no deja de ser un adhesivo que te permite circular por las autopistas de peaje eslovenas. No es especialmente cara, 15 euros una con validez de 7 días que es la que adquirimos nosotros. Con la viñeta adherida al parabrisas de nuestro pequeño Fiat Punto de alquiler, pusimos nuestro destino final, el pueblo de Brod en la zona de Bohinj, en nuestro navegador.

Como íbamos bien de tiempo decidimos no ir por la autopista si no por carreteras interiores, ya que aparentemente esta segunda opción no era mucho más lenta y nos permitía disfrutar un poco más de paisajes y nos daba más facilidad para buscar un lugar donde comer.

En cuanto a las vistas y la comida, la decisión fue sin duda acertada, pues pudimos atravesar con nuestro coche todos los pueblos que se encuentran en la ribera del río Soca, al que llaman el Río Turquesa por el fascinante color de sus aguas. Son espectacularmente bellas, ¡vaya primera impresión que nos brindaba este pequeño país!

Para comer hicimos parada en un pequeño pueblo, para nada turístico llamado Kanal, en el que comimos en la pequeña cantina del pueblo, en la terraza de la misma que invadía una pequeña parte de la plaza principal, bajo una bonita pérgola y al lado de la fuente principal, cuyas aguas refrescaban la zona. Pudimos hacer el menú típico del país, de precio económico y en el que sólo se ofrece como mucho un par de platos. Pero estaba todo riquísimo y a unos asequibles 12 euros (que para lo que comimos os aseguro que era muy barato). En esta primera parada empezamos a comprobar que la gente joven del país tiene un nivel muy alto de inglés, lo que facilitaría enormemente nuestra estancia allí.

Finalizada la comida reemprendimos el viaje a través de reviradas carreteras de montaña que discurrían entre frondosos bosques de unos abetos altos y esbeltos. Las curvas a izquierda y derecha ahora descubrían una montaña, ahora una valle y nuestros ojos empezaban a deleitarse de esa belleza alpina que nos acompañaría en toda nuestra estancia en Eslovenia.

Por desgracia, unas obras en una carretera nos hicieron tener que desviarnos por una ruta alternativa que implicaba casi una hora más de viaje. Como no hay mal que por bien no venga, gracias a este rodeo nos topamos por casualidad con la iglesia de St. Primus and Felician, en la localidad de Jamnik, cuya belleza nos llamó tanto la atención que tuvimos que pararnos a hacer unas fotos.  

Se trata de una pequeña iglesia "cerkev" que se encuentra en la cima de un puerto de montaña, encaramada sobre una colina de verde hierba y que es un mirador natural sobre los valles colindantes. Sin duda una de las instantáneas del viaje. Lástima que cuando empezábamos a hacer fotos, empezara a gotear y eso en Eslovenia implica que mejor busques un lugar donde guarecerte, porque allí cuando llueve lo hace de verdad.

Así que con la lluvia sobre nuestras cabezas, llevamos por fin el coche hasta el que sería nuestro campamento base en esos 8 días de vacaciones. Estábamos en el pueblo de Brod, en una casa típica de campo que había adecuado su planta superior como un apartamento. Teníamos dos habitaciones, baño y comedor con una cocina equipada sólo para nosotros tres. Teníamos espacio de sobra y sigo reafirmándome que este formato de tener tu propia cocina es una fórmula interesantísima para el alojamiento en los viajes.

Una vez situados, tuvimos que hacer lo típico de descargar maletas, ubicar el supermercado e ir a comprar. Poco más de sí daría ese primer día. 


Jueves 20-7-2017 - Bled y Slap Savica

Abrir las ventanas a primera hora de la mañana y sentir el fresco aire proveniente de las montañas alpinas despeja bastante. Algo muy necesario cuando Alba, pese a estar de viaje, decide mantener su insana costumbre de despertar a toda la familia alrededor de las 7:30 de la mañana.

Dado que el día anterior habíamos tenido empacho de coche, decidimos quedarnos nuestro primer día completo en el país por la zona en la que pernoctábamos. Tras desayunar nos dirigimos al lago Bled, quizás el lugar más turístico y fotogénico de Eslovenia. Y eso se nota por la gran cantidad de gente que se acerca en verano cada día. Los locales van a pasar allí el día, se bañan en sus gélidas aguas (es un lago de origen glacial) y toman el sol en el césped que rodea casi todo el lago.


Lago Bled con su mítica isla en el centro
El lago en sí es precioso, pero lo que lo convierte en un lugar único es la pequeña isla que se erige en su centro, en la cual se sitúa una coqueta iglesia, la de la Asunción. Es tradición acercarse en barca hasta allí, subir sus escalinatas y hacer tocar su afamada campana, a la cual se le ha otorgado la cualidad de conceder un deseo a quien la haga sonar, cosa por la que suele escucharse su repiqueteo sin cesar. A nosotros nos pareció algo caro el trayecto en barca, así que pese a la desilusión que esto causó en Alba, decidimos no ir a la mítica isla y conformarnos con pasear por su orilla, que tiene habilitado un camino que va circunvalando todo el perímetro.

Otra cosa que teníamos claro que queríamos hacer era ver el lago desde las alturas. Para ello hay básicamente dos opciones. La más conocida es subir al castillo que cuelga de un acantilado a orillas del lago (con acceso de pago), pero habíamos leído en varios blogs que el castillo en sí no era nada del otro mundo y que prácticamente sólo merecía la pena subir por las vistas. Pero hay otra opción, que es la de subir a alguno de los dos miradores que hay en la montaña que se alza en la ribera occidental del lago.

Nosotros decidimos subir al mirador de Ojstrica. La subida es bastante empinada y resultó muy complicada de hacerla con el cochecito de la niña. Es más, en el tramo final tuvimos que abandonarlo escondido entre unos matorrales y subir sin él. Obviamente Alba se negó a subir toda esa cuesta, así que como sufrido papi, tuve que acarrear con sus 11kg toda la montaña arriba. Llegué empapado de sudor pero os digo que el esfuerzo mereció la pena. En la cima, en el mirador, han instalado un pequeño banco en el que puedes sentarte y admirar la belleza del lago que se yergue a tus pies. Es una experiencia imborrable.

Desde el mirador volvimos hasta el coche para encontrarnos que nos habían puesto una multa de aparcamiento. Así que recomendación, pagad por aparcar en Eslovenia. Los parkings no son excesivamente caros y siempre merecen más la pena que una multa, que los policías locales "tienen el gatillo fácil" con los coches con matrículas extranjeras.

Al estar cerca del apartamento pudimos ir a comer allí y por la tarde, nos acercamos hasta la Slap Savica (slap en esloveno significa cascada) que también nos quedaba cerca de allí. Debo deciros que casi me impresionó más la belleza del bosque que has de atravesar con coche hasta llegar a la cascada que la caída de agua en sí. Los bosques del parque natural del Triglav son espectaculares, como salidos de un cuento de hadas y gnomos.

Para acceder a la cascada, hay que pagar entrada y ascender por un camino muy bien mantenido, que los locales dicen que tiene 500 escalones. No me dediqué a contarlos, pero son un porrón y parece aún más cuando más de la mitad del trayecto te toca llevar de nuevo a tu hija en brazos (estaba haciendo una buen pretemporada). Uno de los grandes problemas es que por temas de seguridad, el acceso al pie de la cascada está prohibido, y tienes que mirarla desde la verja que protege a un mirador que hay a unos metros, lo que le hace perder bastante encanto (amén de que está atestada de gente).

La bajada fue una gozada para Alba, que iba saltando con nuestra ayuda los escalones de 2 en 2 o de 3 en 3. ¡Se lo pasó teta!  Para enfatizar más esa sensación de estar en un bosque feérico, en la zona del río nos encontramos un montón de tótems de piedra. No podíamos ser menos y decidimos dejar nuestra huella, haciendo cada uno nuestro tótem particular junto a su pertinente petición de deseos.

Al volver nos detuvimos a cenar en una pizzería. Son increíblemente populares en el país, supongo que por su proximidad geográfica con Italia, y la verdad es que las pizzas suelen ser grandes y deliciosas. Alba aprovechó e hizo amistad con una niña holandesa de su edad, es increíble cómo se podían comunicar tanto sin palabras. Se lo pasaron en grande hasta que tuvimos que irnos todos a dormir.


Viernes 21-7-2017 - Gargantas de Vintgar, Radovljica y lago Bohinj

La mañana del viernes debíamos madrugar para llegar pronto a las Gargantas de Vintgar, una atracción bastante famosa para el turismo interior esloveno, por lo que merece la pena ir pronto para no encontrar tanta aglomeración de gente. Pero pese a que a las 7:30 estábamos en pie como casi cada mañana, no conseguimos llegar a Vintgar hasta casi las 11:00. No me preguntéis cóo pudimos perder tanto el tiempo porque no lo sé ni yo, pero con una niña pequeña TODO lleva otro ritmo.

La penalización fue tener que hacer un cuarto de hora de cola para comprar las entradas y sobretodo que en algunas partes del recorrido había bastante gente, cosa que dado la estrechez de las pasarelas era un tanto incómodo.

Las gargantas son un lugar precioso, en las que el río ha excavado ese precioso pasaje en la roca de la zona. Siendo realista, como garantas en sí, son más impresionantes las del río Aare, que justo habíamos visitado el año anterior en nuestro viaje a Suiza. Sin embargo Vintgar gana en cuanto a belleza del paraje, con sus preciosas aguas, que en zonas son totalmente cristalinas y en otras toman toda la gama de colores desde el verde esmeralda hasta el azul turquesa.

El trayecto va siguiendo el curso del río por encima de unas estrechas pasarelas de madera, hasta llegar a un pequeño salto de agua en el punto en que finalizan las gargantas, zona que algunos locales aprovechan para el baño. Entre ida y vuelta, con zonas a ritmo de niña (otras con ella en brazos), y parando bastante a hacer fotos, el trayecto nos llevó un poco más de dos horas. 

Por lo tanto, cuando salimos de Vintgar ya acuciaba el hambre. Decidimos ir a buscar un sitio para comer en la ciudad de Radovljica. Estaba relativamente cerca y habíamos leído cosas buenas de ella en algún blog. Aparcamos al lado de la estación de autobuses, muy cerca del centro y aparcamiento gratuito, lo que no es tan sencillo en este país y luego comimos en una pizzería cercana.

Ya con la barriga llena nos dirigimos al centro histórico. Cruzamos los restos de la muralla y llegamos al casco antiguo, que es peatonal y básicamente se reduce a una enorme plaza rectangular en la que se agolpan los edificios significativos de la población. La mayoría se caracterizan por tener detalles pintados "al fresco" sobre sus fachadas, aunque la mayoría se encuentran en un estado de conservación bastante deplorable. Personalmente la visita me decepcionó bastante y no fui capaz de encontrarle la gracia a esa ciudad.

Después de salir de Radovljica volvimos hacia Bohinj ya que habíamos destinado lo que quedaba de tarde en disfrutar del lago que da nombre a la región en que nos hospedábamos. Buscamos un lugar donde dejar el coche y bajamos hasta la orilla del lago, en una zona en que todavía daba el sol bajo de la tarde. Como llegamos un poco tarde, los locales ya estaban de retirada y el lago estaba prácticamente vacío. Esa ausencia de gente hacía que la experiencia fuera aún más mágica.

Fue una experiencia preciosa el internarse por un frondoso bosque, lleno de altos abetos cubiertos de musgo que de repente se abren en una pequeña cala de piedra que se abre a las cristalinas aguas de un lago, con altas montañas alzándose majestuosas en la otra orilla. Estábamos riendo, jugando con las piedras y los peces y poco a poco nos fuimos envalentonando hasta decidirnos a bañarnos en las gélidas aguas del lago. Cuesta entrar en aguas tan frías, pero el bañarnos allí, en medio de una naturaleza tan pura fue una experiencia catártica que te revigoriza y te devuelve toda la energía que ese día a día tan desconectado de lo natural que llevamos te va consumiendo poco a poco. Disfrutamos cada segundo que estuvimos allí, sin duda la mejor experiencia del viaje y sólo nos fuimos cuando ya la noche caía sobre nosotros y debíamos irnos sí o sí a cenar.

Sábado 22-7-2017 - Ljubljana y Skofja Loka


Dado que en días previos habíamos encontrado mucho "turista local" en los sitios que habíamos visitado, decidimos que el sábado no era el mejor día para estar en sitios muy turísticos, porque a eso añadiríamos la gente que hacía excursiones de fin de semana. Así pues decidimos ir a visitar la capital: Ljubljana.

Al ser sábado pudimos aparcar muy cerca del centro (sólo se pagaba hasta las 13:30). El centro histórico es completamente peatonal (una zona muy amplia), cosa que lo hace ideal para pasear tranquilamente en familia. Ljubljana es una ciudad pequeña y coqueta, que no tiene edificios muy espectaculares y que llamen especialmente la atención, pero por la que se hace muy agradable pasear.

Nosotros desembocamos directamente en la Plaza Preseren, en la que destacan la Iglesia Franciscana de la Anunciación con su fachada color rosa chicle y su famoso e inconfundible triple puente. En la misma plaza se encuentra un punto de información y turismo donde pudimos obtener el siempre útil mapa de la ciudad. Desde la plaza fuimos en paralelo al río Ljubljanica, caminando al lado de la alargada nave porticada que es el Mercado Central y que estaba plagado de tenderetes de todos tipos y fuimos acercándonos a sus diferentes puentes. Primero el Puente del Amor, lleno a reventar de candados con los nombres de parejas de enamorados que lanzan las llaves al río. Después al Puente de los Dragones, flanqueado por 4 estatuas de este mitológico animal que hoy es el símbolo de la ciudad, ya que la leyenda dice que la ciudad se erige allá donde Jasón y sus Argonautas derrotaron a un enorme dragón.


Mis princesas posando en medio de la Plaza Preseren
Desde allí nos dirigimos hacia la Catedral que no es, desde luego, ninguna de las más bellas de Europa. Así que la visita fue bastante rápida y rápidamente enfilamos una de las empinadas cuestas que llevan hacia el Grad, el castillo. Encima de esa colina es donde se han encontrado los restos de los primeros asentamientos de celtas e ilirios y fue entorno al cual acabó creciendo el resto de la ciudad. El castillo actual es básicamente del siglo XVII. El castillo es bastante cuco y puedes visitarlo sin pagar entrada, aunque hay ciertas estancias y visitas a las que sólo puedes entrar si has comprado entrada.

Bajamos del castillo en busca de un lugar menos turístico (y caro) para comer, y acabamos encontrando un restaurante de street food muy bueno bastante cerca de la Catedral en la que servían un pescado realmente delicioso. Después de comer nos acercamos paseando hasta el Ayuntamiento de la ciudad, uno de los rincones más bonitos de la misma, con el edificio gótico del Ayuntamiento y frente a él la preciosa Fuente de los tres ríos de Carniola.

Caminamos algo más por el centro, simplemente disfrutando del ambiente y al final acabamos encaminándonos hacia el barrio donde se aloja el centro cultural de Metelkova, una antigua prisión rehabilitada por artistas de la llamada "cultura underground". Se trata de un sitio pintoresco y muchas de sus obras no te dejan indiferente, pero es también una zona sucia, que apesta a orín y alcohol barato y que no da precisamente una gran sensación de seguridad, más cuando vas con una niña de 3 años. Así que nuestra visita fue más bien corta.

Desde Metelkova fuimos directamente al coche y nos encaminamos de vuelta al apartamento. No teníamos mucho tiempo para visitarlo, pero aún así decidimos pararnos de camino en la población de Skofja Loka. Es una de las ciudades más antiguas del país y está coronada por un enorme castillo construido en su momento por y para los Obispos de Freising.

El castillo sólo pudimos verlo por fuera porque cuando llegamos ya estaba cerrado, por lo que completamos la visita con un pequeño paseo por el pueblo. En ciertos aspectos su casco antiguo es similar al de Radovljica, pero en este caso estaba todo bastante mejor conservado, con sus casas de fachadas decoradas y su columna dedicada a la Virgen erigida para protegerles de incendios y plagas. La visita personalmente me dejó un regustillo bastante positivo. Sin ser ningún imprescindible, dedicarle un par de horas a Skofja Loka si pasas por allí es algo que recomendaría.

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Eslovenia 1

miércoles, 28 de junio de 2017

Bélgica en tren

Bélgica es sin duda uno de los grandes olvidados del turismo europeo, quizás injustamente. Pocos la pondríamos entre nuestras primeras preferencias a priori, pero la verdad es que se trata de un país con bastantes atractivos, en la que es muy fácil y cómodo desplazarse en tren a lo largo del país y que para viajes de hasta una semana resulta más que recomendable. En Bélgica el sabor de la cerveza y el chocolate de sus famosas fábricas se mezcla con el sabor añejo de sus ciudades medievales salpicadas de castillos, abadías y catedrales.

Ficha Técnica

Viajeros: Rubén, Maria de la Roca y Alba
Duración del viaje: 8 días
Fecha: Agosto de 2015

Destinos visitados: Bruselas, Brujas, Gante, Amberes, Pairi Daiza y Villers-la-Ville
Transporte: Avión y tren

Descripción del viaje

Miércoles 5-8-2015 - Llegada a Bruselas


Nuestro viaje empezó con un vuelo "tempranero", seguido de un pequeño trayecto en autobús que nos dejaría en una parada cerca de la estación de tren (Gare du Midi). A partir de allí, el típico y cansado trayecto con las maletas a cuestas hasta encontrar nuestro alojamiento para esos días en la ciudad, los apartahoteles Citadines Sainte-Catherine.

La mañana la gastamos pues en temas de logística. Hacer el check-in, instalarnos, localizar restaurantes y tiendas cercanas, etc. Dado que habíamos pillado un apartahotel, tanto para reducir costes como para tener la comodidad de poder cocinar para nuestra hija a nuestro gusto, pasamos nuestro buen tiempo aprovisionando la pequeña nevera de la habitación. Lo bueno de la zona de Sainte-Catherine es que había muchas tiendas de comida ecológica, que es lo que principalmente damos a Alba, lo cual nos hizo la vida muy fácil.

Comimos pues en la misma zona, en una pequeña terraza en la misma plaza de Sainte-Catherine, con vistas a la iglesia homónima y un radiante sol sobre nuestras cabezas. Comimos bastante bien en un italiano y por la tarde ya pudimos hacer las primeras visitas. Dado que íbamos con tiempo, esa tarde fue relajada, simplemente dedicándonos a pasear por el casco histórico de Bruselas sin ningún destino concreto y empapándonos un poco de su ambiente. Para nuestra sorpresa, pronto descubrimos que había bastante más turista del que esperábamos en esa ciudad. El casco antiguo estaba directamente atestado de gente. Vimos que se organizaban visitas guiadas que salían desde la Grand Place, así que nos apuntamos los horarios ya que pretendíamos hacer ese tour el sábado.

Tampoco tuvimos tiempo de ver mucho más. El viaje y el madrugón rápidamente hicieron estragos sobre Alba, que en ese momento tenía poco más que un año. Nosotros no estábamos mucho mejor, tampoco nos engañemos, así que nos retiramos pronto al hotel, a hacer algo de cena y prepararnos para la mañana siguiente en la que ya empezaríamos con el meollo del viaje.

Jueves 6-8-2015 - Brujas

Brujas es considerada la ciudad más bella y romántica de Bélgica (aunque para mí Gante no le queda muy a la zaga) y tiene la ventaja de ser una excursión muy cómoda desde Bruselas. Coges un tren desde la estación central de Bruselas y te plantas en poco más de una hora en la estación de Brujas, que además está relativamente cerca del centro y te permite ir andando sin problemas a todos los sitios de interés (no es una ciudad especialmente grande además). Todos estos factores hacen por contra que la ciudad esté día sí y día también atestada de turistas tanto foráneos como belgas, cosa que pronto empezamos a descubrir. En algunos puntos de los más conocidos la muchedumbre era tal que le restaba bastante encanto a la visita.

En cualquier caso gastamos casi toda la mañana en caminar por sus calles empedradas y en fotografiarnos junto a sus kilométricos canales. Lo bueno de esta bucólica ciudad es que a parte de lo más conocido, el resto de la ciudad mantiene ese estilo medieval de cuento de hadas y puedes ir encontrando bellos y sorprendentes rincones en cualquier vericueto del camino. Poco a poco nos íbamos acercando al centro, pero antes de llegar al mismo decidimos pararnos a comer, que con una niña pequeña toca comer pronto. El lugar escogido era un terraza en una plaza por la que iban pasando los carruajes que paseaban a los turistas más desprendidos. El lugar era precioso, pero la comida cara, escasa y bastante deficiente.



Los bellos canales de Brujas

Después de comer seguimos para adelante, esta vez sí, ya buscando los lugares marcados en nuestra guía de viajes. Nuestro primer destino fue la Iglesia de Nuestra Señora, bastante bonita aunque estaba en rehabilitación y cubierta de andamios en la época en que fuimos a verla. Tras eso nos dirigimos a visitar la Grote Market o Plaza Mayor, una plaza enorme en la que sin duda destaca el campanario Belfort, cuya enorme silueta copa casi todas las instantáneas en esta zona de la ciudad. Pero esta plaza no sólo tiene el campanario, ya que las pintorescas casas gremiales que la rodean son también dignas de admirar.

A pocos pasos de allí desembocamos en la Plaza Burg, más pequeña pero para mi gusto más bonita que la anterior. En esta plaza se agolpan varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y sobre todos ellos la Basílica de la Santa Sangre, llamada así porque en su interior reposa una reliquia de la que dicen que contiene la sangre de Cristo. Verdad o mentira es lo de menos, porque el edificio es especialmente bonito.

Desde allí pasamos por el mítico arco que lleva al Muelle del Rosario, que no tiene nada especial a parte de ser especialmente fotogénico, que no es poco. Eso sí, la estrecha calle del arco estaba atestada como un metro de Tokyo en hora punta, imposible pararse a hacer una foto.

Desde allí enfilamos ya el camino de vuelta, pero como no era demasiado tarde, lo hicimos tranquilamente, disfrutando de los idílicos rincones del Parque Minnewater, incluido el bonito Lago del Amor con sus cisnes blancos. Unas últimas fotografías aprovechando las vistas y de vuelta para Bruselas poco más allá de las 17:00, que una niña de un año te obliga a "estar recogido" bastante pronto. Bueno, ya sabíamos que en este viaje debíamos tomarnos las cosas a otro ritmo e incluso dejarnos de ver cosas (como los molinos o el beaterio) en ciudades tan pequeñas como esta. Como ya íbamos con ese "chip" desde casa, no nos supuso ningún trauma.

Viernes 7-8-2015 - Pairi Daiza

Cuando preparaba el viaje a Bélgica me topé con un blog que hablaba de Pairi Daiza. Me sorprendió ver templos budistas, jardines chinos, etc y pensé, ¿esto es Bélgica? La curiosidad pudo conmigo, y empecé a investigar, descubriendo que en Bélgica se encuentra uno de los mejores parques botánicos y zoológicos del continente, el mencionado Pairi Daiza. Dado que se trataba de un viaje familiar, decidimos darle este "caramelito" a Alba y plantarnos allí.

Cogimos pues un tren que nos acercó hasta Bruguelette a unos treinta kilómetros de Mons. Una vez allí el acceso al parque está algo oculto, pero no tiene mucho problema, simplemente sigue al resto de la gente, ya que todos los que allí se bajan es porque van a visitar el zoológico.

Pairi Daiza es un enorme parque amurallado situado en medio de los precioso campos de la zona. Cuando entras en el parque, el exterior deja de existir. Te encuentras en un mundo a parte compuesto por ocho áreas temáticas diferenciadas, ocho biotipos construidos con gran detalle y delicadeza que representan la arquitectura, flora y fauna del lugar que representan. Pero para mí lo más precioso de todo es que la mayoría de los animales conviven en semi-libertad en estas zonas.

Rápidamente empezamos a perdernos por estos ocho mundos. Empezamos por una preciosa granja-escuela que se encuentra emplazada en la antigua Abadía de Cambron, que en su momento fue vendida a los actuales dueños del parque y que es el núcleo original de éste. A partir de ahí empiezas a moverte de un lado a otro, desde un maravilloso jardín chino con su templo budista (que está realmente consagrado), hasta una zona que recrea las maravillosas construcciones de Indonesia, pasando por la recreación de unas aldeas africanas.

Lo maravilloso de cada una de estas zonas es que los decorados no son de cartón-piedra, si no que están construidos de la forma tradicional de cada una de esas zonas y con materiales auténticos. Así los templos de la zona de Bali, están hechos con roca negra volcánica o las chozas del poblado africano están realmente hechas de adobe.

Nuestra experiencia en este lugar no pudo ser mejor y si tuvimos que dejarlo fue porque a altas horas de la tarde Alba ya estaba destrozada de haberse pasado todo el día persiguiendo y señalando animales.

Hacedme caso, si hacéis un viaje en familia a Bélgica, este zoológico es una visita imprescindible. Y si viajáis sin niños, pensároslo también, porque personalmente me pareció de lo mejor del país. Yo no dudaría en "sacrificar" otras visitas más tradicionales como Amberes o la zona del Atomium para encajar una visita a este lugar.

Sábado 8-8-2015 - Recorriendo el centro de Bruselas

El sábado al fin lo reservamos para visitar la capital del país y la ciudad que nos iba a alojar durante todo el viaje: Bruselas. Nos dirigimos un poco antes del mediodía hacia la Grand Place, el centro neurálgico de la ciudad, desde la que sabíamos que salían tours guiados gratuitos con guías españoles (más que gratuitos es que cobran "la voluntad" para entendernos).

Empezamos pues con una amplia explicación tanto arquitectónica como histórica de esta preciosa plaza, que sin duda es lo más bonito de la ciudad. Nos extendimos bastante sobre la misma, deleitándonos en las filigranas del Ayuntamiento, la mansión de los Duques de Bravante o la Casa del Rey. Hay que reconocer que la plaza es bellísima la mires por donde la mires.

Desde allí empezamos un pequeño recorrido por las calles del casco antiguo de la ciudad, donde poco a poco se nos iban desvelando algunos de los pequeños tesoros de la ciudad. Empezamos viendo algunos de los murales con temática de cómic que hay pintados a gran escala en algunas fachadas de casas de la ciudad. Sólo vimos un par o tres de los más de 50 que se cuentan en la ciudad, pero entre ellos tuve la suerte de ver el de Tintín, probablemente el personaje de cómic que más buenos recuerdos me trae de mi infancia (tengo toda la colección en casa).

Al final acabamos en un cruce de calles que estaba infernalmente atestado de gente y pronto descubrimos que el motivo era que allí se encontraba la famosa estatua que se ha convertido en el símbolo de la ciudad, el Manneken Pis. Resulta curioso que una estatuilla tan pequeña, de no especial belleza y que no deja de representar a un niño meando se haya convertido en un símbolo. Pero oye, la vida está llena de cosas curiosas.

Continuamos con la visita, pasando por delante de la elegante Bolsa de Bruselas y visitando a la estatua de la Jeanneke Pis (la niña meona) en un oscuro callejón sin salida y con olor a meado.

Visitamos posteriormente las Galerías Reales de San Huberto, las que fueron las primeras galerías comerciales cubiertas de Europa y probablemente sigan siendo unas de las más elegantes, atestada de joyerías y chocolaterías del alto standing. Resulta curioso que pese a la gran cantidad de turistas que pasan por ellas, en estas galerías se siga respirando cierto ambiente de tranquilidad.

Saliendo de las galerías, la guía condujo nuestros pasos hacia la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Una impresionante catedral de estilo gótico con un interior bastante sobrio del que apenas hay que destacar el púlpito de madera y alguna de sus vidrieras.

Desde allí empezamos a subir hasta llegar al Parque de Bruselas, donde descansamos un poco mientras la guía tenía a bien explicarnos las barbaridades que cometieron los reyes belgas durante el periodo en que tenían al Congo como colonia. Las matanzas que se hicieron en aquellas épocas no tienen nombre y te dejaban un mal cuerpo sólo de escucharlo que no sabías cómo ponerte.

Justo cruzar el parque, acabas desembocando en el Palacio Real, residencia de la Casa Real Belga, un edificio impresionante pero que sólo se puede degustar desde el exterior. Justo al lado se despliega la Plaza Real, que no tiene nada muy especial más allá de ser una gran plaza empedrada donde se sitúan algunos de los más importantes museos de la ciudad, que ocupan edificios imponentes (antiguas mansiones señoriales).

Desde la Plaza Real bajamos la animada calle que pasa por el bonito Edificio Old England, hasta acabar nuestra visita guiada en las escaleras de los Jardines del Mont des Arts, desde los que se tiene una preciosa vista de la ciudad.

Allí nos separamos de nuestros compañeros de la visita guiada, aunque nosotros seguimos dando algunas vueltas más por la ciudad, por los barrios nobles donde residen la mayoría de las embajadas extranjeras y que se sitúan por encima del Parque de Bruselas. Conforme nos sentíamos más cansados nos acabamos retirando hacia el hotel, aunque antes nos paramos en una terracita a tomar algo mientras veíamos un espectáculo callejero. Uno de esos pequeños caprichos que sólo sueles darte cuando estás de vacaciones.

Domingo 9-8-2015 - Abadía cisterciense de Villers-la-Ville

El domingo, viendo la cantidad de gente que había allá donde íbamos, decidimos alejarnos un poco de los sitios más concurridos y acercarnos a uno de esos sitios que los turistas extranjeros solemos ignorar por no salir en los folletos turísticos de las agencias de viajes principales: la abadía cisterciense abandonada de Villers-la-Ville.

A esta podemos llegar en tren, mediante la línea Bruselas-Ottignies-Charleroi. Pese a que está apenas a unos 45 kilómetros al sur de Bruselas, la línea es una cercanías y toca aguantar una hora de viaje hasta llegar a la estación pertinente. Allí te encuentras con el siguiente impedimento, la ubicación de la abadía no está bien señalizada desde la estación y aquí apenas se bajan turistas (al menos con nosotros, en una mañana lluviosa de domingo, no se bajó nadie más). Lo más sensato es preguntar por allí a algún lugareño para que te pongan en la senda correcta y puedas empezar a ver los signos que indican la abadía (que sí existen pero sólo en la zona de la carretera).

Aquí decidimos entrar en una de las tiendas locales y aprovisionarnos para comer algo en modo picnic dentro de los confines de la propia abadía, que por cierto al final localizamos. Fue cuando entramos cuando por fin nos convencimos de que no nos habíamos equivocado en la elección de este destino.

Esta abadía cisterciense se fundó en 1146 y pasó por diferentes épocas de esplendor a lo largo de su longeva existencia, auspiciadas por los poderosos Duques de Bravante primero, y luego por los Duques de Borgoña o los archiduques de Austria. La desaparición de la abadía de Villers llegó con las revoluciones del siglo XVIII. El lugar fue devastado por el ejército imperial austriaco que llegó a esta zona para sofocar la revolución francesa de 1789. Posteriormente los saqueos y el pillaje la llevaron al abandono total.

La verdad es que al pasear entre sus ruinas te invade primero una extraña sensación de melancolía, como de pena por la belleza y esplendor perdidos. Luego todo se convirtió en paz y tranquilidad, como si todo estuviera envuelto en un halo mágico y las bóvedas, arcos y rosetones abandonados y cubiertos de hiedra, fueran un portal mágico a algún reino feérico. Estuvimos más de tres horas (comida incluida) deleitándonos con este mágico lugar, que no es especialmente grande, pero induce al visitante a paladearlo lentamente, como si el tener prisa estuviera allí fuera de lugar.

Tras eso volvimos hacia el tren y nos plantamos de nuevo en Bruselas para una cena tranquila y unas horas de relax en el ecuador de nuestro viaje.

Lunes 10-8-2015 - Gante

El lunes cogimos de nuevo el tren para acercarnos a la ciudad que yo recordaba con más cariño de mi visita previa a Bélgica con los compañeros de la universidad, la ciudad de Gante. De nuevo el trayecto desde Bruselas ronda la hora de duración y te deja en la estación de Gent Saint-Pieters, que la verdad es que te deja bastante lejos del centro turístico. Hay otra estación más cercana, donde la línea que te trae de Bruselas no para, pero os animo a buscar algún transbordo o bus y acercaros hasta ella, porque el paseo desde Saint-Pieters es largo y carente de excesivos atractivos.

Si hay algo que pueda resultar medio interesante en el camino entre la estación y el centro histórico, es pasearse por el Parque de la Ciudadela, uno de los pulmones de la ciudad. El parque alberga los museos de Bellas Artes y de Arte Contemporáneo, que no teníamos ni tiempo ni intención de visitar. Aún así, el parque es bonito, con amplios caminos de paseo y un lago con cascada plagado de patos que atrajo durante un buen tiempo la atención de nuestra hija.

Al final llegamos al centro cuando ya era casi la hora de comer. Acabos seleccionando un pequeño restaurante de "healthy-food" con encanto desde el que se tenían vistas del Castillo de Gerardo el Diablo. Comimos bien, aunque algo escaso, y en un ambiente la mar de agradable.

Así que realmente empezamos la visita como tal ya después de comer. Empezamos por la Catedral de San Bavon, que por desgracia tenía su torre principal en rehabilitación, lo que afeaba ligeramente la vista exterior de la misma. Sin embargo aquí sí que merece la pena entrar, pues en su interior se pueden ver desde una obra de Rubens hasta el famoso políptico de la Adoración del Cordero Místico. Yo no soy un gran amante de la Historia del Arte en general, pero considero que merece la pena ver esta obra.

Continuamos la visita por la Torre Belfort, o lo que es lo mismo, el campanario municipal. No deja de ser ésta una enorme torre que se erige impresionante desde sus más de 90 metros de altura. Puede subirse a la parte de arriba, previo pago, y utilizarla como privilegiado mirador, pero no creo que merezca la pena lo que cobran por ello. Al lado del Belfort se encuentra la Lonja del paño, con su fachada de estilo gótico brabantino, no os la perdáis.

A apenas un minuto a pie encontramos la Iglesia de San Nicolás, que junto al Belfort y San Bavón completa la famosa tríada de grandes edificios que preside el centro de la ciudad. Se trata ésta de la más antigua de las tres, pero para mi gusto la más bonita en cuanto a sus exteriores. Del interior son renombradas sus vidrieras, aunque no les vi nada que llamara especialmente mi atención.

Justo en frente de San Nicolás se encuentra la Casa Gremial de los Albañiles, un edificio que llama poderosamente la atención por su fachada escalonada festoneada con las estatuas de bufones danzarines. Una imagen curiosa y distintiva de la ciudad que todos los turistas no podíamos estarnos de fotografiar.

Muy cerca de allí también se encuentra otro edificio de obligada visita, el Stadhuis (vamos, el ayuntamiento) que posee una de las fachadas más bonitas que yo personalmente haya visto (y recuerde), con abundantes estatuas ornamentales. Dicen que el interior es también espectacular, aunque nosotros por tiempo no entramos a verlo. Si alguien lo visita, que confirme en los comentarios si realmente vale la pena.

Nuestra siguiente parada fue el Gravensteen o Castillo de los Condes de Flandes, una de las fortalezas mejor conservadas de Europa. El castillo se erige justo al lado del río Lys y para mi ofrece una de las estampas más fotogénicas de la ciudad. Justo cuando estábamos gozando de estas vistas, una malhadada avispa tuvo los santos bemoles de picarme en el cuello, con lo que acabamos malgastando el tiempo que teníamos para la visita al interior del castillo en buscar una farmacia y comprar un Afterbite, que no veas como duele una picadita si no te pones nada.

Descartada la visita al interior del Gravensteen y ya con la hinchazón de la picadura remitiendo, no podíamos irnos de la ciudad sin un muy relajado paseo por los Muelles de las Hierbas y de los Granos. El antiguo puerto fluvial de la ciudad es un rincón realmente apasionante, en que cada edificio compite en belleza con el contiguo, atestiguando de forma directa el florecimiento de la economía de la región durante la Edad Media que permitió a los comerciantes locales costearse tan suntuosos edificios. Además el lugar está plagado de terrazas en los que locales y turistas se agolpan por igual, dándole al lugar aún más encanto. Un imprescindible de cualquier visita a la ciudad.

Ya era tarde y el camino de vuelta a la estación largo, así que aquí terminó nuestra visita a la ciudad, con varias visitas que se nos habían quedado en el tintero y que quizás nos den la excusa para volver en otra ocasión a esta preciosa ciudad.

Martes 11-8-2015 - Amberes

El martes volvimos a coger el tren hacia la ciudad de Amberes. De nuevo un trayecto corto, que no llega a una hora y que te deja en la céntrica estación de esta ciudad conocida como el centro mundial del comercio de diamantes.

El primer punto de interés turístico en la ciudad, por extraño que parezca, es la propia estación de trenes. Construida en 1905 es considerada una de las más bonitas del mundo y muchos la llaman la Basílica Ferroviaria o la Catedral de los trenes. Realmente estos apodos están bien encontrados porque, por estilo arquitectónico, esta estación tanto por dentro como por fuera parece más una catedral o un palacio que cualquier otra cosa. Escalinatas, mármoles... realmente es suntuosa y preciosa.

Salimos de la estación para empezar a pasear por la arteria principal de la ciudad, el Bulevar Meir, un paseo peatonal donde se agolpan gran cantidad de tiendas y restaurantes. Me recordó al Portal de l'Àngel de Barcelona, pero con una extensión mucho mayor. Aquí puedes gastar todo el tiempo que quieras en función de lo que te gusten las compras, pero en cualquier caso esto ya te enseña que a diferencia de otras ciudades belgas, Amberes no vive esencialmente del turismo si no que es una ciudad mucho más activa y comercial.

Lo bueno es que encima siguiendo el Bulevar acabas desembocando en el casco antiguo de la ciudad, donde empezamos por visitar la Catedral, que se sitúa en la Groenplaats. La Catedral de Nuestra Señora de Amberes es un magnífico edificio de estilo gótico brabantino, en la que destaca su estilizada torre del campanario de 123 metros y que es el símbolo de la ciudad. Su interior es también precioso, y en él destacan las obras de Rubens, sobretodo "El descendimiento de la cruz", que es una obra maestra.

Al salir de la Catedral, enfilamos la Oude Koornmarkt, una calle muy turística repleta de terracitas y tiendas que acaba desembocando en la Grote Markt, el centro neurálgico de la ciudad, y una plaza preciosa con edificios de estilo renacentista entre los que destaca el Ayuntamiento de la ciudad. En el centro de la plaza se alza la preciosa estatua de Silvio Bravo, quien según la leyenda le cortó la mano al gigante Antigón para luego lanzarla a las aguas del río Escalda.

Desde allí nos movimos hasta la zona del puerto fluvial del Escalda, que no es especialmente bonita, y en la que sólo merece la pena visitar el Castillo de Steen. Es bastante bonito y data del siglo XIII, aunque reside en el mismo lugar del original erigido en el siglo IX y derruido hasta los cimientos en un ataque vikingo. Actualmente alberga el Museo de la Marina, una temática que no nos llamaba especialmente, con lo que sólo visitamos las escasas zonas que no requerían entrada.




Castillo de Steen en Amberes

Si vais por la zona del puerto, tened en cuenta que allí apenas hay restaurantes, que es lo que nos pasó a nosotros, con lo que tuvimos que regresar hacia el casco antiguo en busca de un lugar donde comer y al final acabamos en un McDonalds dado lo avanzado de la tarde.

Poco más nos cundió el día. Aprovechamos la tarde para volver al Bulevar Meir y darle un gustazo a María, permitiéndole entrar en algunas tiendas. Luego, de nuevo tren para Bruselas y a descansar antes de afrontar nuestro último día en Bélgica.

Miércoles 12-8-2015 - Atomium y Mini-Europe

El viaje llegaba a su fin. El miércoles era el día que salía nuestra avión de vuelta a Barcelona, pero dado que éste salía bien avanzada la tarde, aún nos quedaba una mañana que disfrutar en tierras belgas. Decidimos ir a la zona del Atomium para aprovechar estas horas.

Cogimos el metro y nos presentamos en las afueras, en la estación de Heysel, que desemboca a apenas 500 metros de este enorme edificio. El Atomium es una de las estructuras más famosas del país y fue creada para la exposición universal de 1958. Se levanta 102 metros desde el suelo, y sus esferas de acero se supone que representan a escala la estructura de una molécula de cristal de hierro.

Cinco de las esferas están abiertas al público y se pueden visitar, pero nosotros decidimos no hacerlo y nos conformamos con las fotos de rigor al pie de la misma. Tras ellas nos dirigimos hacia el parque Mini-Europe, que está justo allí al lado. Mini-Europe no deja de ser un parque temático donde se exponen miniaturas de los monumentos más emblemáticos de toda Europa. Es el más grande que hay en cuanto a miniaturas en nuestro continente (hay más de 350 maquetas que representan monumentos de más de 80 ciudades).

La visita es interesante, sin más. Curioso al principio, luego conforme te vas acercando al final del recorrido ya vas más rápido porque se te va haciendo un poco pesado. La calidad de las maquetas es indiscutible, la elección de los monumentos representativos de un país es en algunos casos discutible. Por ejemplo de Barcelona se enseña una maqueta del puerto, que no tiene realmente nada distintivo de Barcelona y podría ser el puerto de cualquier otra ciudad, en vez de mostrar la Sagrada Familia, la Pedrera o algo así.

Como "filler" para el último día no estuvo mal la experiencia, pero sin duda de lo más prescindible del viaje. Comimos en el mismo Mini-Land que tiene unos cuantos restaurantes justo en la salida y tras ello volvimos al hotel a recoger las maletas de la consigna y ya nos dirigimos hacia el aeropuerto. Un viaje más había llegado a su fin.


Valoraciones

Bélgica no es el mejor de los destinos turísticos que te puedes plantear en Europa. Pero para un viaje de no excesiva duración sí que tiene suficientes atractivos. Además reúne varias características que lo hacen ideal como destino turístico cuando tienes un niño pequeño, no quieres renunciar a tus vacaciones pero te da miedo meterle demasiado "tute" al pequeño: el vuelo hasta allí es muy cortito y sobretodo que puedes hacer base en Bruselas y visitar todo desde allí en tren (en hora y media como mucho te plantas en cualquiera de los destinos turísticos principales).

Lo mejor del viaje

- La visita a Pairi Daiza, que es la demostración viviente de que un estilo diferente de zoológicos son posibles.
- La mágica visita bajo la lluvia a la abadía abandonada de Villers-la-Ville.
- Gante, que habiendo estado dos veces en Bélgica, me reafirmo en mi sensación de que es la ciudad con más encanto del país.

Lo peor del viaje



- Para mi sorpresa la enorme cantidad de gente. La verdad es que en los cascos históricos de Brujas o Gante era prácticamente imposible moverse libremente. 
- La gastronomía local. De verdad, tendría que estar penado basar su gastronomía en patatas fritas, mejillones al vapor, chocolate, gofres y cerveza.

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