lunes, 24 de agosto de 2015

Indonesia - Luna de miel exótica 6 - La costa de Bali

Si el sur de Bali es la cuna del turismo y es imposible moverte si no es entre multitudes, el norte y este de la misma son dos grandes desconocidos para el turismo de masas. Mejor para los que vamos allí porque se puede disfrutar de playas de arena negra sólo para ti, se puede coger un barco para avistar delfines o se pueden visitar construcciones tan preciosas como el Palacio de Agua de Tirtagangga, propiedad de la realeza Karangasem.

Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.

12/11/2013

El día comenzó a primerísima hora, cuando un pescador local nos pasó a recoger por el hotel para llevarnos en su barca a ver los delfines por los cuales es famosa la zona. La verdad es que había tal cantidad de barquitos con "guiris", todos armados con sus respectivas cámaras de fotos, que parecía difícil que los delfines quisieran acercarse a nosotros. No quiero ni imaginarme cómo debe ser eso en temporada alta. 

Pero al final empezaron a aparecer. Primero un par solitario, un tanto tímidos, pero luego fueron apareciendo más y más, hasta tener bancos enteros a nuestro alrededor. Además tuvimos suerte y nuestro "conductor" decidió quedarse más ratos que el resto de barcas, con lo que al final pudimos disfrutar de los delfines, el azul del mar y la brisa en la cara con más tranquilidad.



Tras eso volvimos al hotel a tomar un desayuno revigorizante y después de nuevo a la carretera, esta vez en dirección a Singaraja, la antigua capital de los Holandeses en la isla. Primero pasamos por el mercado de la capital. Nada nos vino de nuevo pues era muy similar al que ya habíamos estado en Sulawesi. Después aprovechamos para visitar el Pura Beji, el templo local del gremio de campesinos. Realmente el templo era precioso, probablemente el que más nos ha gustado desde que estamos en Bali.

Desde allí continuamos hacia Kintamani, una pequeña localidad sin ningún atractivo especial excepto su privilegiada situación, que la convierte en el mirador perfecto para ver el volcán Batur y el lago adyacente del mismo nombre. Este volcán es el último que ha entrado en erupción en Bali (lo hizo en el año 1994) y aún se puede ver claramente el rastro gris ceniza que dejó la lava en su camino.

A partir de aquí continuamos hacia e templo Besukit, el que aquí llaman el Templo Madre, ya que es el más grande de toda la isla. Es realmente espectacular por sus dimensiones, pero realmente a nivel de arquitectura y ornamentación es muy similar al resto de templos y nada lo hace destacar especialmente (al menos para ojos legos como los nuestros).

Después de visitar el templo el hambre vino a visitarnos con una fiereza inusitada, así que le pedimos a Mangu, nuestro guía, que nos paráramos en uno de los muchos restaurantes de carretera que había por la zona. Nos costó bastante convencerlo, ya que son bastante reticentes a salirse de los sitios turísticos, pero para cabezones nosotros y al final lo conseguimos. No teníamos ninguna intención de esperar a nuestro próximo destino para comer. Y la verdad es que comimos muy bien y copiosamente.

Ya con la barriga llena nos acercamos con toda la tranquilidad del mundo al Palacio de las Aguas de Tirtaganga. ¡Es un lugar precioso! Lleno de fuentes, estanques, piscinas y estatuas. No es demasiado grande pero probablemente sea el lugar más bonito de todos los que hemos visitado en la isla. Resulta curioso que no han reservado el lugar para el turismo, si no que las piscinas son públicas y siguen en uso, con lo que te las encuentras llenas de lugareños pasando una tarde relajada aliviándose del calor en sus aguas.


El palacio del agua de Tirtaganga

Ya con la tarde avanzada nos dirigimos a nuestro destino final, Amed, donde pasaremos un tranquilo y merecido día de relax entre tanta visita. Por cierto, aquí en Amed la habitación del hotel es también espectacular. ¡Qué bien que nos lo pasaremos!

14/11/2013

El día de descanso en Amed nos ha ido de perlas. Hemos podido bañarnos en la playa y en la piscina, hemos leído y nos hemos puesto al día gracias a internet. El Rubén ha estudiado y yo he podido grabar unos videos que tenía pendientes para el cumpleaños de mi amiga Mary.

A primera hora empezamos por la playa, donde parece que los lugareños vayan a hacer cualquier cosa. Te encuentras vacas, gallinas y cualquier animalejo doméstico pululando por allí libremente. Además siempre hay gente. Realmente da la sensación de ser el país de la calma, las cosas se hacen muy pausadamente, y siempre parece haber más gente de la necesaria para hacer cualquier tarea (en general uno va trabajando poco a poco y los otros se dedican a ir charlando), además siempre hay gente por las calles y en las playas que parecen rondar sin nada particular que hacer. ¡Qué envidia!

Para comer salimos a dar una vuelta y encontramos en el pueblo de al lado, un pequeño restaurante cuya terracita daba al mar, en la que comimos la mar de a gusto (la comida no era nada del otro mundo, buena sin más, pero el ambiente y la tranquilidad le daban un plus al sitio).

Hoy hemos salido de Amed y hemos comenzado el día asistiendo a la celebración de una ceremonia en el Templo de Klungkung, que en el dialecto local significa "cueva de los murciélagos". La celebración en el templo consistía en un grupo de mujeres que tocaban música tradicional desde un pabellón lateral, mientras la gente del pueblo iba entrando por grupos, cargados hasta arriba de ofrendas. Todos iban vestidos con la indumentaria tradicional, ellos en general con camisa blanca y ellas muy coloridas y elegantes. Sus ofrendas incluían flores y comida. Todos se agolpaban alrededor de las puertas que dan acceso al último nivel del templo, el más sagrado donde se hacen efectivas las ofrendas. A nosotros, como turistas, no nos dejaron entrar en el último nivel, con lo que nos quedamos un poco defraudados.


Al lado de la orquesta ceremonial en Klungkung

Después hemos vuelto a pasar por Ubud a comer. Pese a que eso implicaba dar un poco de vuelta, se lo hemos pedido al guía ya que queríamos pasar a comprar una estatuilla que habíamos visto la semana anterior cuando estuvimos pernoctando en Ubud y que apalabramos que pasaríamos a buscar hoy (por irla llevando con nosotros estrictamente el mínimo tiempo  necesario, que es un bulto considerable). Pero al final nos quedamos sin la puñetera estatuilla, ya que el vendedor decidió aplicar unilateralmente un incremento de 100.000 rupias sobre el precio pactado, en su momento. A ver, eso son 7 euros, que no nos va a sacar de pobres y la estatuilla hubiera quedado preciosa en el comedor, pero el tema va contra nuestros principios, el vendedor sabía que nos habíamos desviado de la ruta específicamente de la ruta para ir a comprarla, así que debió pensar que nuestro interés era suficiente para subir esa pequeña cantidad, que para nosotros es poco pero para ellos es una plusvalía interesante. Pero con nosotros no se juega, si has pactado una cosa eso no se mueve un ápice, lo contrario es intentar tomarnos el pelo, da igual el importe. Así que nos fuimos sin estatuilla pero con nuestro orgullo por bandera.

Eso sí, con la historia se nos han acabado del todo las ganas de hacer compras, tanto para nosotros como para regalar. Estamos de regateos y de historias hasta el moño. El que no tenga regalo a estas alturas se queda sin él. Sorry.

Después de Ubud nos dirigimos hacia la costa a ver el templo de Tana Lot. Tana Lot es muy especial por su emplazamiento. Es un templo que está en el mar, sobre una roca. Cuando la marea está baja se puede acceder sin problemas al templo, pero cuando la marea empieza a subir no hay forma de acceder que no sea mojándose o en barca. Al lado se encuentra un segundo templo, el de Uluwatu, que se sitúa en el extremo de un saliente de roca agujereado, como si se tratara de un puente natural de piedra. 

Los templos no son nada del otro mundo, pero el emplazamiento es realmente maravilloso y se hace difícil pasar por alto una visita a este sitio en cualquier visita que se precie a Bali. Dicen que en Tana Lot se puede ver una de las más bellas puestas de sol de la isla. No podemos dar fe de ello porque estábamos cansados y no nos quedamos a comprobarlo (aún quedaban dos o tres horas para la puesta de sol cuando nos marchamos).

Fuimos a cenar y a dormir a Kuta. Zona muy muy turística y bastante fea, al menos para nuestro gusto. Al lado del hotel había un McDonalds y decidimos ir a comer allí, algo que ya va siendo tradición en nuestros viajes (allá donde vamos acabamos al menos un día en una de estas hamburgueserías).

Al día siguiente volvíamos a tener que coger un avión, esta vez en dirección a las Islas Sonda.

Galería de fotos



Costas de Bali

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