A orillas del río Arlanzón, se alza la histórica ciudad de Burgos, Cabeza de Castilla y una de las más bellas ciudades de España. Fundada bajo el reinado de Alfonso III, conserva la impronta de siglos de cristiandad en cada uno de sus rincones, plazas y callejas de sabor singular. Su imponente catedral gótica apenas necesita presentación, sólo necesitas perderte por sus alrededores y respirar el halo místico de su interior.
Nota: Esta es la segunda parte del viaje que nos llevó desde Barcelona a Burgos pasando por tierras oscenses. Puedes leer la primera en este link.
Nota: Esta es la segunda parte del viaje que nos llevó desde Barcelona a Burgos pasando por tierras oscenses. Puedes leer la primera en este link.
Ficha Técnica
Viajeros: Rubén y Maria de la Roca
Duración del viaje: 3 días
Fecha: Diciembre de 2012
Destinos visitados: Burgos, Frías y Oña.
Transporte: Coche
Fecha: Diciembre de 2012
Destinos visitados: Burgos, Frías y Oña.
Transporte: Coche
Descripción del viaje
Burgos era el destino final del corto viaje en coche que hicimos justo antes de las Navidades de 2012 y que primero nos había llevado por tierras oscenses.
Llegamos a Burgos ya de noche, después de un largo trayecto de coche que se había iniciado justo después de comer en San Juan de la Peña. No nos costó demasiado encontrar el hotel, realmente céntrico. Encontrar aparcamiento ya fue harina de otro costal. Realmente nos sorprendió el nivel de tráfico que había en el centro de esa pequeña ciudad.
Era ya tarde, estábamos ya cenados y además muy cansados. Sin embargo nada de eso iba a impedir que, aunque fuera arrastrándonos, saliéramos un ratito a pasear bajo la luz de la luna y empezar a degustar el ambiente de la ciudad que nos iba a acoger en los días siguientes. Un paseo corto, por el centro de la ciudad, donde ya pudimos hacernos una idea de cómo era Burgos: muy comercial y con la gente volcada en las calles, ya fuera comprando, cenando o simplemente paseando.
El día siguiente amaneció algo nublado, amenazando lluvia, así que cogimos los paraguas y salimos bien pronto a buscar los grandes tesoros de la arquitectura burgalesa. Como siempre en nuestros viajes, el primer destino, incluso antes de desayunar, fue la Oficina de Información y Turismo, que por suerte nos caía bastante cerca del hotel. De allí salimos con las ideas bastantes claras de qué queríamos visitar.
Tras un desayuno rápido en un bar, nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad, atravesando un rico barrio residencial hasta hallar el Real Monasterio de las Huelgas. La construcción era bastante sobria, nada espectacular la verdad, pero en cualquier caso llagábamos con hambre de visitar así que no nos desilusionaríamos tan pronto. Al hacernos con los tickets nos informaron de que la visita era guiada y que el próximo grupo salía en 20 minutos. Sin duda gran idea la de la Diputación de proporcionar guía a los visitantes, ya que disfrutamos como enanos de las explicaciones, tratándose como se trata el Monasterio de un lugar que ha sido capital de la más rancia historia castellana.
Salimos del Monasterio para encontrarnos con una fina lluvia que no tenía especial pinta de remitir, con el cielo encapotado de un gris plomizo hasta donde la vista alcanzaba. Recorrimos el camino de vuelta hacia el centro de la ciudad, esta vez paseando por el bonito paseo que circula paralelo al río que cruza Burgos. Nos dirigimos a la Plaza Mayor y cerca de allí buscamos un restaurante donde poder comer. Encontramos uno llamado “La Mafia” cuyo menú nos llamó la atención y decidimos entrar en él. ¡Dios mío que hartón de comer! ¡Todo riquísimo y por un precio de menú muy asequible! Sin duda la suerte nos acompañó en la elección.
Con las piernas descansadas y la barriga llena decidimos ir a visitar la joya de la corona, la Catedral. Además coincidía que esa tarde la entrada para visitarla era gratuita. Aprovechando la coyuntura, decidimos reinvertir lo que nos habíamos ahorrado en la entrada en una audioguía. Otro gran acierto sin duda. La Catedral es enorme, llena de preciosos rincones, retablos, bajorrelieves, etc. Vimos cada uno con mayor asombro que el anterior, siempre acompañados por las interesantes descripciones de la audioguía. Cuando ya estábamos en la parte final de la visita, en una exposición sobre la figura del Cid Campeador, nos sorprendió la megafonía diciendo que se iba a proceder al cierre de la Catedral y que por favor los visitantes se dirigieran hacia la salida. Asombrados miramos el reloj y vimos que eran las 19:30, llevábamos ya tres horas y media de visita que sin embargo nos habían pasado volando.
Salimos del Monasterio para encontrarnos con una fina lluvia que no tenía especial pinta de remitir, con el cielo encapotado de un gris plomizo hasta donde la vista alcanzaba. Recorrimos el camino de vuelta hacia el centro de la ciudad, esta vez paseando por el bonito paseo que circula paralelo al río que cruza Burgos. Nos dirigimos a la Plaza Mayor y cerca de allí buscamos un restaurante donde poder comer. Encontramos uno llamado “La Mafia” cuyo menú nos llamó la atención y decidimos entrar en él. ¡Dios mío que hartón de comer! ¡Todo riquísimo y por un precio de menú muy asequible! Sin duda la suerte nos acompañó en la elección.
Con las piernas descansadas y la barriga llena decidimos ir a visitar la joya de la corona, la Catedral. Además coincidía que esa tarde la entrada para visitarla era gratuita. Aprovechando la coyuntura, decidimos reinvertir lo que nos habíamos ahorrado en la entrada en una audioguía. Otro gran acierto sin duda. La Catedral es enorme, llena de preciosos rincones, retablos, bajorrelieves, etc. Vimos cada uno con mayor asombro que el anterior, siempre acompañados por las interesantes descripciones de la audioguía. Cuando ya estábamos en la parte final de la visita, en una exposición sobre la figura del Cid Campeador, nos sorprendió la megafonía diciendo que se iba a proceder al cierre de la Catedral y que por favor los visitantes se dirigieran hacia la salida. Asombrados miramos el reloj y vimos que eran las 19:30, llevábamos ya tres horas y media de visita que sin embargo nos habían pasado volando.
La fachada de la Catedral iluminada contra un encapotado cielo invernal
Salimos de la Catedral que era ya negra noche. Aprovechamos para hacer algunas fotos del exterior de la Catedral, del precioso Arco de Santa María o de la casa del Cordón antes de ir de vuelta al hotel para tomar una revigorizante ducha. Fresquitos y cambiados decidimos volver a salir, esta vez a cenar en alguno de los locales de tapas que se encuentran en las céntricas calles tras la Catedral y que nos habían recomendado unas amables lugareñas. No soy gran amante del modelo “tapeo”, soy de los que prefiere cenar sentadito y con un buen plato delante, pero al lugar había que reconocerle encanto y ambiente a raudales. Una gran opción si no tienes demasiada hambre, ya que por poco dinero te tomabas 2 coca-colas y 4 tapas y para “tapar el hueco” ya ibas más que sobrado.
De nuevo con la barriguita llena, nos acercamos otra vez al hotel. Un poco de lectura y a dormir, que al día siguiente madrugábamos para salir de excursión.
El día siguiente amaneció bastante mejor que el anterior, frío pero soleado. El primer destino a visitar era la Cartuja de Miraflores, ya que ésta quedaba a las afueras de la ciudad, de camino hacia donde luego pensábamos dirigirnos. Cuál fue nuestra sorpresa al llegar allí y encontrárnosla cerrada, justo era el día de descanso. Debo reconocer que en ese momento nos cagamos en toda la familia de la persona que nos atendió en Información y Turismo. ¿Tanto le costaba indicarnos que uno de los tres sitios más turísticos de la ciudad estaba cerrado uno de los días que íbamos a estar allí? Sabiéndolo hubiera sido tan fácil como intercambiar las visitas entre Miraflores y las Huelgas y podríamos haberlo visto todo. Bueno, qué se le va a hacer, así como mínimo aún nos queda algún motivo para venir de nuevo a Burgos en una segunda ocasión.
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| A las puertas del castillo de los Condes de Frías |
Descendimos por las sinuosas carreteras hasta llegar al curso del Río Oca, que remontamos por una buena carretera hasta Oña, un pueblo que nos habían recomendado el día anterior en Información y Turismo, famoso por el enorme Monasterio de San Salvador. Por desgracia, dadas las fechas nos encontramos el monasterio cerrado. Sólo se podía visitar acompañados del guía local que hacía visitas cada ciertas horas (no muchas la verdad dado que era pleno invierno y por tanto temporada más que baja). La siguiente visita era a las 16:00, aún quedaban un par de horas, que decidimos emplear en dar un paseo por el pueblo y comer en uno de sus restaurantes, un lugar conocido como La Bodeguilla, con más encanto que buen comer para ser sinceros.
Allí estábamos a las 16:00, bien dispuestos a las puertas del Monasterio. Pronto descubrimos que éramos los únicos turistas del día y que por tanto el guía nos haría una visita privada. El Monasterio era digno de ser visitado y el guía un auténtico crack que amenizó la visita con anécdotas y explicaciones varias. La historia de la fundación del Monasterio por parte de Don Sancho García, Conde de Castilla, para colocar a su hija como abadesa, lo reyes y nobles allí sepultados y un montón de historias más que ahora soy incapaz de recordar. Se veía que no tenía prisa y podía recrearse con nosotros, pareciendo casi alegre de tener algo que hacer a lo largo del día.
Finalizada la visita al Monasterio de San Salvador, ya oscureciendo en el exterior, decidimos dejar de vagar por esos parajes y volver a la ciudad. Burgos nos esperaba de nuevo, acogedora, y dedicamos las últimas horas de la tarde a hacer allí algunas compras que María quería ir adelantando para las fiestas navideñas. Por último una nueva sesión de tapeo a la hora de la cena, justo antes de retirarnos de nuevo a dormir. Por desgracia al día siguiente debíamos partir de nuevo hacia casa, dejando atrás nuestro periplo castellano. Siete horas de conducción nos esperaban por delante y era mejor estar bien descansado para ello.
Burgos nos sorprendió muy gratamente. Una ciudad muy bonita y con mucho ambiente, enclavada cerca de zonas paisajísticamente preciosas. Si a eso le añades buena comida, poco más se le puede pedir a un lugar para que merezca la pena visitarlo.
Lo mejor del viaje
- Las salidas nocturnas a tomar unas tapitas. ¡Qué forma tan maravillosa de terminar una jornada vacacional!
- La visita al monasterio de Oña con "nuestro" guía particular. Un auténtico crack el tío.
- La catedral de Burgos. Una auténtica maravilla por dentro y por fuera. Una tarde entera estuvimos para visitarla... y se nos hizo corto.
Lo peor del viaje
- Información y Turismo de Burgos. De verdad, no hay tantas cosas a visitar en la ciudad, ya nos podían haber avisado que la Cartuja cerraba uno de los días que les dijimos que estábamos allí. Así a lo mejor hasta nos podemos planificar y no quedarnos sin verla.
Galería de fotos









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