"Es tal la abundancia y la riqueza de esta gran capital que observarlas es una maravilla". Éstas fueron las palabras del embajador castellano que llegó en 1404 a Samarkanda para rendir visita a Tamerlán, el conquistador que gobernaba sobre media Asia. Y 600 años después, los ecos de esas palabras siguen siendo tan reales como lo fueron en su momento, pues Samarkanda sigue exhibiéndose tan hermosa y exuberante como siempre lo ha hecho desde que fuera el corazón mismo de la Ruta de la Seda y cruce de caminos para comerciantes y guerreros de todas las épocas.
Nota: El viaje a Uzbekistán, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.
Sábado 14-7-2011 - Bukhara - Shakrisabs - Samarkanda
El día prácticamente estaba ocupado por el viaje en autobús desde Bukhara a Samarcanda, pero haciendo diversas "paradas técnicas" que hicieron el traslado bastante llevadero.
Empezamos por una última visita en la propia Bukhara, la madraza Chor Minor, una construcción más bien pequeña pero fotogénica, coronada por cuatro torreones de cúpulas azules. La verdad es que, aunque no lo parezca, se trata de una construcción reciente de apenas un par de siglos, pero que tiene un extraño magnetismo y encanto especial.
Desde Chor Minor cogemos el autobús que nos llevará a la visita que tenemos planeada de camino, Shakrisabs, localidad natal de Tamerlán, sin duda el personaje más legendario del país, que instalado posteriormente en Samarkanda conquistaría los territorios asiáticos desde la India a Turquía.
Shakrisabs está ubicada en un fértil valle entre montañas, a apenas 90 kilómetros de Samarcanda y es conocida como "la ciudad verde" por sus jardines. Al ser su ciudad natal, Tamerlán construyó allí en el siglo XIV su residencia de verano. Lo que se puede visitar hoy en día en la ciudad son las ruinas de ese palacio y de todos los edificios que se erigieron alrededor de éste.
Lo que más llama sin duda la atención son los restos del Palacio Ak Saray (palacio blanco) del que apenas queda nada hoy en día. Tamerlán decidió construir uno de los arcos de acceso más impresionantes del mundo para su palacio y en él situó la inscripción "Quienes duden de nuestro poder y magnificencia que miren nuestros edificios". Por desgracia el arco colapsó y ahora sólo pueden verse los pilones laterales que lo sostenían, pero que son suficientes para hacernos una idea de la enormidad de lo que fue aquel palacio.
Prácticamente al lado se encuentra el complejo Dorous Siadat, un mausoleo que mandó construir Tamerlán en ocasión de la muerte de su hijo predilecto. Allí también acabó enterrando a otro de sus hijos e incluso mandó construir un lugar para él, aunque al final nunca lo ocupó.
El último de los grandes sitios de esta pequeña ciudad es la Mezquita de Kok Gumbaz, fácilmente reconocible por su cúpula azul. Aquí cuando llegamos estaban en plena oración, así que lo más respetuosamente que pudimos, nos quedamos a compartir ese momento con los feligreses. De esos momentos que se te quedan en la memoria.
Tras la visita a Kok Gumbaz y la preceptiva comida, completamos el trayecto que nos llevaba a Samarkanda, a la que llegamos mediada la tarde. Esto nos permitió instalarnos en el hotel e ir a ver algunas de las cosas que visitaríamos al día siguiente. Esta es una experiencia que recomiendo encarecidamente, Samarkanda es sin duda la ciudad más preparada para el turismo y como tal, casi todos sus monumentos están bien iluminados y verlos de noche es una experiencia en sí misma, completamente diferente a ver los mismos durante el día.
Domingo 15-7-2011 - Samarkanda
Empezamos el día visitando el Mausoleo Guri Emir (Tumba del soberano) ya que quedaba a apenas 200 metros de nuestro hotel. Este lugar es conocido por ser la tumba de Tamerlán, el gran héroe y conquistador uzbeco. Lo que es curioso es que en verdad lo hizo construir no para él, si no para un nieto suyo. Tamerlán dejó escrito su deseo expreso de ser enterrado en su ciudad natal de Shakrisabs, en una tumba apenas ornamentada. Estaba claro que en vida nadie se atrevía a llevarle la contraria, pero una vez murió, su propio nieto le contradijo y le hizo enterrar aquí, en la tumba más fastuosa de todo el país.
Este edificio para mi es especial, porque no sólo es bello su exterior, si no que el interior de la enorme estancia donde reposan los restos de Tamerlán, dos de sus hijos y su nieto preferido, Ulug Beg, es también de una belleza exquisita. El ornamentado interior dorado de la gran cúpula de este mausoleo es una de la más impresionantes que yo haya visto.
Desde allí nos desplazamos a la que probablemente sea una de las plazas más bonitas del mundo, la Plaza del Registán. La que durante tanto tiempo fuera punto de encuentro de los diversos caminos de la Ruta de la Seda, ahora se encuentra enmarcada por tres enormes madrazas que representan la cúspide del poder del imperio timúrida: las madrazas de Ulug Beg, Sher Dor y Tilli-Kari. Son construcciones enormes de una belleza cautivadora. No soy ni mucho menos un especialista en historia del arte, así que poco os aportarían las descripciones que pudiera aportaros de cada una de las madrazas. Creo que las fotos que adjunte a la entrada harán mayor justicia que cualquier cosa que intente explicaros.
Sin duda el Registán es una parada obligatoria en cualquier viaje al país y merece la pena gastar el máximo de tiempo posible en su visita. Otro punto interesante a tener en cuenta es la presencia de gran cantidad de policías corruptos en la plaza, de tal forma que si deseas subir a uno de los minaretes a sacar alguna foto privilegiada, puede hacerse negociando un pequeño soborno con uno de los mismos. La verdad es que fue el único punto del país donde nos encontramos con esta situación.
Desde el Registán continuamos avanzando por una de las avenidas principales de la ciudad hasta llegar a la mezquita Bibi Khanum, otro edificio espectacular, aunque quizás en exceso restaurado (en algunos puntos parece "demasiado nuevo"). La mezquita la mandó construir una de las esposas de Tamerlán, empleando el generoso botín obtenido en el saqueo de la ciudad india de Delhi. Dice la leyenda que el arquitecto encargado de la obra se enamoró perdidamente de la reina y que para terminar la obra a tiempo (la reina quería que estuviera acabada para cuando Tamerlán regresara de Delhi) pidió a cambio un beso de la reina. Ésta tuvo que concedérselo y la mezquita se terminó en plazo. Al final, Tamerlán se enteró del trato y arrojó al osado arquitecto desde lo alto de uno de los minaretes que acababa de construir.
La tarde la teníamos libre, y decidimos emplearla en conocer un poco la Samarkanda real. En esta ciudad sí que tienes la sensación de que el gobierno uzbeco está haciendo esfuerzos para atraer el turismo, y parece que entre esos "esfuerzos" se encuentra el ocultar la pobreza de la verdadera Samarkanda. Las avenidas principales que comunican los grandes monumentos son muy modernas y las calles que salen de las mismas están cerradas con una especie de vallas de madera pintadas que tapan la visión de lo que hay detrás. En las vallas hay unas pequeñas portezuelas por las que acceden las personas que han de cruzar tan extraño elemento. El ver entrar y salir a gente de esas puertas nos extrañó tanto que decidimos investigar qué había detrás, qué era lo que intentaban ocultar. Pues justo algo increíblemente atrayente para cualquier viajero, el día a día de esas amables gentes, sus casas, talleres y hornos, los niños jugando en la calle, corriendo y riendo. No entiendo el porqué de intentar esconder eso.
Estuvimos toda la tarde paseando por allí, comprando en su panaderías un pan acabado de hornear que se fundía en la boca. Además pudimos aprovechar un rato cuando cayó la noche para volver alrededor de la plaza Registán y dialogar con una pareja joven local que hablaban inglés a buen nivel. La verdad es que los uzbekos son muy amables y abiertos y es una lástima que el inglés no esté muy extendido y haya esa clara barrera idiomática. Así, hablando tranquilamente bajo los iluminados monumentos de la Plaza del Registán disfrutamos de nuestra segunda noche en la antigua capital del Imperio Timúrida.
Lunes 16-7-2011 - Samarkanda
El día empieza con un pequeño trayecto en autobús que nos acerca a la pequeña colina sobre la que se puede encontrar el Museo de la ciudad antigua de Afrosiab. Afrosiab es el germen de Samarcanda, la original ciudad creada en ese lugar en el siglo VII a.C. por la dinastía Aqueménida.
El museo no es especialmente espectacular y sólo es recomendable si te gusta mucho la historia o dispones de tiempo de sobra en la ciudad y te apetece comprender al detalle su origen, historia y evolución, ya que en el mismo se puede comprender el paso de las diferentes civilizaciones que han dejado huella en esta ciudad, desde Alejandro Magno a los sátrapas persas, desde los mongoles de Gengis Khan a la dinastía timúrida y la ocupación soviética.
Mención aparte merece la pieza estrella del museo, un fresco de 3 paredes del siglo VII que representa al rey local recibiendo a un grupo de dignatarios extranjeros en su corte. Aunque dañado e incompleto da para hacerse una idea de la belleza que debía poseer originalmente. Lo mejor del museo sin duda.
Cerca del museo se encuentra nuestra segunda visita, el Observatorio Ulugh Beg. Ulugh Beg fue nieto de Tamerlán, matemático, astrónomo y poeta y probablemente la segunda personalidad en importancia en la historia uzbeca. Gran patrón de las ciencias y de las artes, mandó construir el sextante de piedra más grande del mundo para sus observaciones astrológicas y eso es precisamente lo que puede visitarse aquí. Un pequeño pedazo de la historia de la ciencia, aunque no es una visita excesivamente espectacular más allá de su significado histórico.
Si las visitas de la mañana fueron en cierto modo algo decepcionantes, lo que nos deparaba la tarde, fue sin duda todo lo contrario. Después de comer visitamos la necrópolis de Shah-i-Zinda un complejo de tumbas, templos y panteones que surgió en la edad media. Su nombre significa "Tumba del rey vivo" y viene derivado de una leyenda en la cual se cuenta que en el siglo VII los árabes que habían traído el islam ya a Samarcanda se vieron sorprendidos por un ataque de seguidores del Zoroastro y Qusam Ibn-Abbas, primo del profeta Mahoma, fue herido y ocultado en un pozo para salvarle, en donde permanece vivo para la eternidad. Ése pozo, sito en Shah-i-Zinda, es el lugar de peregrinaje más sagrado de la ciudad.
Personalmente es la visita que más me impresionó en toda Samarkanda. Aquí no se observa la enormidad y majestuosidad del Registán, pero cada una de las innumerables tumbas que se extienden a lo largo Shah-i-Zinda es una explosión de refinado arte a base de esos mosaicos de turquesa y lapislázuli que tanto caracterizan a la arquitectura timúrida. Si sólo me dejaran volver a un sitio de todos los que visitamos en el viaje, probablemente escogería Shah-i-Zinda.
El resto de la tarde, que era libre, nos lo pasamos reposando en el hotel, ya que una pequeña gastroenteritis estaba haciendo mella en nuestro sistema digestivo y hacía algo incómodas las visitas. Es lo que tiene el amor, que compartes los virus aunque no quieras.
Martes 17-7-2011 - Hartang y Tashkent
Después del desayuno en el hotel, partimos de Samarkanda, parándonos en la pequeña villa de Hartang (está a apenas 25 kilómetros de Samarkanda) donde fuimos a visitar el Mausoleo del Imam Al-Bukhari, un famoso teólogo del s. IX y autor del segundo libro más importante para los musulmanes después de Corán.
Considerado un hombre santo, su tumba aquí en Hartang siempre había sido un lugar de peregrinación para muchos musulmanes, pero durante la época soviética se prohibió toda muestra de fervor religioso y la tumba cayó en el abandono y casi en el olvido. En 1998 tras la independencia de Uzbekistán, una de las primeras acciones del nuevo gobierno fue restaurar la memoria histórica de este lugar de peregrinación y con ello decidieron construir un maravilloso mausoleo al estilo timúrida, para lo que se trajeron a los mayores artesanos del país.
Así pues este mausoleo no es una obra histórica si no una que data del último cambio de siglo, pero que mantiene el mismo espíritu que el resto de grandes monumentos del país. Visitándolo te puedes hacer una idea de cómo debían ser los grandes monumentos uzbecos 500 años atrás, cuando se construyeron. El lugar es muy bonito y al estar bastante cerca de Samarkanda, sería una visita que recomendaría para todo aquél que tenga algo de tiempo para acercarse.
Cuando concluimos la visita, volvimos a coger al autobús para completar el círculo y volver a la capital, Tashkent. Allí aprovechamos la tarde para visitar algunas cosas que se nos habían quedado en el tintero la primera vez que estuvimos en la ciudad. Mientras que en nuestra primera estancia nos dedicamos a visitar la parte histórica de la misma, en ésta fuimos a ver la parte más moderna, básicamente las plazas de la Independencia y de Amir Temur que son los centros neurálgicos de la ciudad. Sitios de arquitectura con claras influencias soviéticas, donde los enormes espacios son la norma y se puede dar un agradable paseo mientras se visitan las diferentes estatuas y memoriales que salpican su amplia extensión.
Tampoco alargamos mucho el apacible paseo, pues al día siguiente debíamos levantarnos aún de madrugada para encaminarnos al aeropuerto. El viaje al exótico corazón de la Ruta de la Seda concluía aquí.
Nota: El viaje a Uzbekistán, por su longitud, está descrito en dos entradas. Puedes leer la primera entrada en el siguiente link.
Sábado 14-7-2011 - Bukhara - Shakrisabs - Samarkanda
El día prácticamente estaba ocupado por el viaje en autobús desde Bukhara a Samarcanda, pero haciendo diversas "paradas técnicas" que hicieron el traslado bastante llevadero.
Empezamos por una última visita en la propia Bukhara, la madraza Chor Minor, una construcción más bien pequeña pero fotogénica, coronada por cuatro torreones de cúpulas azules. La verdad es que, aunque no lo parezca, se trata de una construcción reciente de apenas un par de siglos, pero que tiene un extraño magnetismo y encanto especial.
Desde Chor Minor cogemos el autobús que nos llevará a la visita que tenemos planeada de camino, Shakrisabs, localidad natal de Tamerlán, sin duda el personaje más legendario del país, que instalado posteriormente en Samarkanda conquistaría los territorios asiáticos desde la India a Turquía.
Shakrisabs está ubicada en un fértil valle entre montañas, a apenas 90 kilómetros de Samarcanda y es conocida como "la ciudad verde" por sus jardines. Al ser su ciudad natal, Tamerlán construyó allí en el siglo XIV su residencia de verano. Lo que se puede visitar hoy en día en la ciudad son las ruinas de ese palacio y de todos los edificios que se erigieron alrededor de éste.
Lo que más llama sin duda la atención son los restos del Palacio Ak Saray (palacio blanco) del que apenas queda nada hoy en día. Tamerlán decidió construir uno de los arcos de acceso más impresionantes del mundo para su palacio y en él situó la inscripción "Quienes duden de nuestro poder y magnificencia que miren nuestros edificios". Por desgracia el arco colapsó y ahora sólo pueden verse los pilones laterales que lo sostenían, pero que son suficientes para hacernos una idea de la enormidad de lo que fue aquel palacio.
Prácticamente al lado se encuentra el complejo Dorous Siadat, un mausoleo que mandó construir Tamerlán en ocasión de la muerte de su hijo predilecto. Allí también acabó enterrando a otro de sus hijos e incluso mandó construir un lugar para él, aunque al final nunca lo ocupó.
El último de los grandes sitios de esta pequeña ciudad es la Mezquita de Kok Gumbaz, fácilmente reconocible por su cúpula azul. Aquí cuando llegamos estaban en plena oración, así que lo más respetuosamente que pudimos, nos quedamos a compartir ese momento con los feligreses. De esos momentos que se te quedan en la memoria.
Tras la visita a Kok Gumbaz y la preceptiva comida, completamos el trayecto que nos llevaba a Samarkanda, a la que llegamos mediada la tarde. Esto nos permitió instalarnos en el hotel e ir a ver algunas de las cosas que visitaríamos al día siguiente. Esta es una experiencia que recomiendo encarecidamente, Samarkanda es sin duda la ciudad más preparada para el turismo y como tal, casi todos sus monumentos están bien iluminados y verlos de noche es una experiencia en sí misma, completamente diferente a ver los mismos durante el día.
Domingo 15-7-2011 - Samarkanda
Empezamos el día visitando el Mausoleo Guri Emir (Tumba del soberano) ya que quedaba a apenas 200 metros de nuestro hotel. Este lugar es conocido por ser la tumba de Tamerlán, el gran héroe y conquistador uzbeco. Lo que es curioso es que en verdad lo hizo construir no para él, si no para un nieto suyo. Tamerlán dejó escrito su deseo expreso de ser enterrado en su ciudad natal de Shakrisabs, en una tumba apenas ornamentada. Estaba claro que en vida nadie se atrevía a llevarle la contraria, pero una vez murió, su propio nieto le contradijo y le hizo enterrar aquí, en la tumba más fastuosa de todo el país.
Este edificio para mi es especial, porque no sólo es bello su exterior, si no que el interior de la enorme estancia donde reposan los restos de Tamerlán, dos de sus hijos y su nieto preferido, Ulug Beg, es también de una belleza exquisita. El ornamentado interior dorado de la gran cúpula de este mausoleo es una de la más impresionantes que yo haya visto.
Desde allí nos desplazamos a la que probablemente sea una de las plazas más bonitas del mundo, la Plaza del Registán. La que durante tanto tiempo fuera punto de encuentro de los diversos caminos de la Ruta de la Seda, ahora se encuentra enmarcada por tres enormes madrazas que representan la cúspide del poder del imperio timúrida: las madrazas de Ulug Beg, Sher Dor y Tilli-Kari. Son construcciones enormes de una belleza cautivadora. No soy ni mucho menos un especialista en historia del arte, así que poco os aportarían las descripciones que pudiera aportaros de cada una de las madrazas. Creo que las fotos que adjunte a la entrada harán mayor justicia que cualquier cosa que intente explicaros.
Sin duda el Registán es una parada obligatoria en cualquier viaje al país y merece la pena gastar el máximo de tiempo posible en su visita. Otro punto interesante a tener en cuenta es la presencia de gran cantidad de policías corruptos en la plaza, de tal forma que si deseas subir a uno de los minaretes a sacar alguna foto privilegiada, puede hacerse negociando un pequeño soborno con uno de los mismos. La verdad es que fue el único punto del país donde nos encontramos con esta situación.
Desde el Registán continuamos avanzando por una de las avenidas principales de la ciudad hasta llegar a la mezquita Bibi Khanum, otro edificio espectacular, aunque quizás en exceso restaurado (en algunos puntos parece "demasiado nuevo"). La mezquita la mandó construir una de las esposas de Tamerlán, empleando el generoso botín obtenido en el saqueo de la ciudad india de Delhi. Dice la leyenda que el arquitecto encargado de la obra se enamoró perdidamente de la reina y que para terminar la obra a tiempo (la reina quería que estuviera acabada para cuando Tamerlán regresara de Delhi) pidió a cambio un beso de la reina. Ésta tuvo que concedérselo y la mezquita se terminó en plazo. Al final, Tamerlán se enteró del trato y arrojó al osado arquitecto desde lo alto de uno de los minaretes que acababa de construir.
| Mezquita Bibi Khanum |
Estuvimos toda la tarde paseando por allí, comprando en su panaderías un pan acabado de hornear que se fundía en la boca. Además pudimos aprovechar un rato cuando cayó la noche para volver alrededor de la plaza Registán y dialogar con una pareja joven local que hablaban inglés a buen nivel. La verdad es que los uzbekos son muy amables y abiertos y es una lástima que el inglés no esté muy extendido y haya esa clara barrera idiomática. Así, hablando tranquilamente bajo los iluminados monumentos de la Plaza del Registán disfrutamos de nuestra segunda noche en la antigua capital del Imperio Timúrida.
Lunes 16-7-2011 - Samarkanda
El día empieza con un pequeño trayecto en autobús que nos acerca a la pequeña colina sobre la que se puede encontrar el Museo de la ciudad antigua de Afrosiab. Afrosiab es el germen de Samarcanda, la original ciudad creada en ese lugar en el siglo VII a.C. por la dinastía Aqueménida.
El museo no es especialmente espectacular y sólo es recomendable si te gusta mucho la historia o dispones de tiempo de sobra en la ciudad y te apetece comprender al detalle su origen, historia y evolución, ya que en el mismo se puede comprender el paso de las diferentes civilizaciones que han dejado huella en esta ciudad, desde Alejandro Magno a los sátrapas persas, desde los mongoles de Gengis Khan a la dinastía timúrida y la ocupación soviética.
Mención aparte merece la pieza estrella del museo, un fresco de 3 paredes del siglo VII que representa al rey local recibiendo a un grupo de dignatarios extranjeros en su corte. Aunque dañado e incompleto da para hacerse una idea de la belleza que debía poseer originalmente. Lo mejor del museo sin duda.
Cerca del museo se encuentra nuestra segunda visita, el Observatorio Ulugh Beg. Ulugh Beg fue nieto de Tamerlán, matemático, astrónomo y poeta y probablemente la segunda personalidad en importancia en la historia uzbeca. Gran patrón de las ciencias y de las artes, mandó construir el sextante de piedra más grande del mundo para sus observaciones astrológicas y eso es precisamente lo que puede visitarse aquí. Un pequeño pedazo de la historia de la ciencia, aunque no es una visita excesivamente espectacular más allá de su significado histórico.
Si las visitas de la mañana fueron en cierto modo algo decepcionantes, lo que nos deparaba la tarde, fue sin duda todo lo contrario. Después de comer visitamos la necrópolis de Shah-i-Zinda un complejo de tumbas, templos y panteones que surgió en la edad media. Su nombre significa "Tumba del rey vivo" y viene derivado de una leyenda en la cual se cuenta que en el siglo VII los árabes que habían traído el islam ya a Samarcanda se vieron sorprendidos por un ataque de seguidores del Zoroastro y Qusam Ibn-Abbas, primo del profeta Mahoma, fue herido y ocultado en un pozo para salvarle, en donde permanece vivo para la eternidad. Ése pozo, sito en Shah-i-Zinda, es el lugar de peregrinaje más sagrado de la ciudad.
Personalmente es la visita que más me impresionó en toda Samarkanda. Aquí no se observa la enormidad y majestuosidad del Registán, pero cada una de las innumerables tumbas que se extienden a lo largo Shah-i-Zinda es una explosión de refinado arte a base de esos mosaicos de turquesa y lapislázuli que tanto caracterizan a la arquitectura timúrida. Si sólo me dejaran volver a un sitio de todos los que visitamos en el viaje, probablemente escogería Shah-i-Zinda.
El resto de la tarde, que era libre, nos lo pasamos reposando en el hotel, ya que una pequeña gastroenteritis estaba haciendo mella en nuestro sistema digestivo y hacía algo incómodas las visitas. Es lo que tiene el amor, que compartes los virus aunque no quieras.
Martes 17-7-2011 - Hartang y Tashkent
Después del desayuno en el hotel, partimos de Samarkanda, parándonos en la pequeña villa de Hartang (está a apenas 25 kilómetros de Samarkanda) donde fuimos a visitar el Mausoleo del Imam Al-Bukhari, un famoso teólogo del s. IX y autor del segundo libro más importante para los musulmanes después de Corán.
Considerado un hombre santo, su tumba aquí en Hartang siempre había sido un lugar de peregrinación para muchos musulmanes, pero durante la época soviética se prohibió toda muestra de fervor religioso y la tumba cayó en el abandono y casi en el olvido. En 1998 tras la independencia de Uzbekistán, una de las primeras acciones del nuevo gobierno fue restaurar la memoria histórica de este lugar de peregrinación y con ello decidieron construir un maravilloso mausoleo al estilo timúrida, para lo que se trajeron a los mayores artesanos del país.
Así pues este mausoleo no es una obra histórica si no una que data del último cambio de siglo, pero que mantiene el mismo espíritu que el resto de grandes monumentos del país. Visitándolo te puedes hacer una idea de cómo debían ser los grandes monumentos uzbecos 500 años atrás, cuando se construyeron. El lugar es muy bonito y al estar bastante cerca de Samarkanda, sería una visita que recomendaría para todo aquél que tenga algo de tiempo para acercarse.
| Artesanas locales en pleno trabajo |
Cuando concluimos la visita, volvimos a coger al autobús para completar el círculo y volver a la capital, Tashkent. Allí aprovechamos la tarde para visitar algunas cosas que se nos habían quedado en el tintero la primera vez que estuvimos en la ciudad. Mientras que en nuestra primera estancia nos dedicamos a visitar la parte histórica de la misma, en ésta fuimos a ver la parte más moderna, básicamente las plazas de la Independencia y de Amir Temur que son los centros neurálgicos de la ciudad. Sitios de arquitectura con claras influencias soviéticas, donde los enormes espacios son la norma y se puede dar un agradable paseo mientras se visitan las diferentes estatuas y memoriales que salpican su amplia extensión.
Tampoco alargamos mucho el apacible paseo, pues al día siguiente debíamos levantarnos aún de madrugada para encaminarnos al aeropuerto. El viaje al exótico corazón de la Ruta de la Seda concluía aquí.
Valoraciones
Uzbekistán es un país único de entre los que hemos visitado. Su arquitectura es muy diferente de todo lo que hemos visto y eso hace el viaje especial en nuestra memoria. Uzbekistán resultó un descubrimiento, el asombrarse con las cosas que ves, que no deja de ser el auténtico espíritu del viajero.
Lo mejor del viaje
- La visita al alba a una dormida ciudad de Khiva
- Los sinuosos recovecos de la necrópolis de Shah-i-Zinda en Samarkanda
- Disponer de un guía con amplios conocimientos de historia, teología e historia del arte, que convertía cualquier visita en una pequeña y enriquecedora lección
Lo peor del viaje
Lo mejor del viaje
- La visita al alba a una dormida ciudad de Khiva
- Los sinuosos recovecos de la necrópolis de Shah-i-Zinda en Samarkanda
- Disponer de un guía con amplios conocimientos de historia, teología e historia del arte, que convertía cualquier visita en una pequeña y enriquecedora lección
Lo peor del viaje
- El viaje en autocar desde Khiva a Bukhara, 14 horas que se hicieron eternas
- Las corruptelas de los policías locales en la plaza del Registán, es algo que da una imagen pésima del país
- Las aduanas en el aeropuerto de Tashkent eran complicadas, estrictas y muy tediosas de pasar. Nosotros tuvimos algunos problemas que alargaron innecesariamente el trámite.
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