viernes, 30 de enero de 2015

Indonesia - Luna de miel exótica 2 - Yogjakarta y Solo

Si hay un lugar en Indonesia en el que directamente podamos tocar la historia ésa es la zona de Yogjakarta en la isla de Java. Allí, en poco kilómetros a la redonda nos encontramos dos enormes joyas intemporales. Por un lado el templo budista de Boro Budur, que significa el 'Santuario de muchos budas'. Boro Budur es el mayor monumento jamás erigido a Buda. Por otro el complejo de templos hinduistas de Prambanan, el legado para la eternidad de la dinastía Sanjaya, quizás sólo superado en belleza por el complejo de Siem Reap en Camboya.

Nota: El viaje a Indonesia, por su longitud, está descrito en varias entradas. Puedes leer el resto de entradas relacionadas a ésta aquí.

28/10/2013

Creo que hoy es día 28. Los días pasan y ya pierdo la cuenta. Eso quiere decir que hemos desconectado de todo, que era justo lo que buscábamos.

Hemos pasado tres días en Yogjakarta donde, después del exótico crucero fluvial por la selva de Borneo, esta vez nos hemos dedicado a hacer el guiri de una forma más estándar, visitando templos, palacios, pueblos y ciudades.

De Yogjakarta hemos visitado el templo budista de Borobudur y el hinduista de Prambanan, ambos construidos sobre el siglo IX de nuestra era. Pese a su enormidad ambos son exclusivamente templos de culto, ningún monje vivía allí en su época de apogeo. Es probable que los monjes vivieran cerca, en un poblado colindante del que actualmente no queda nada.

Borobudur es un santuario y lugar de peregrinaje budista, siendo el templo budista más grande del mundo. El templo visto desde fuera recuerda una pirámide maya, formado por sucesivos niveles cada vez más pequeños conforme subes en altura. La visita al templo comienza en la base del monumento y se le va dando la vuelta mientras poco a poco se va ascendiendo. Los primeros niveles están plagados de paneles con relieves que explican la vida de buda y otras escenas importantes de la cosmología budista.

Bajorrelieve en las paredes de Borobudur 

Cuando asciendes, se abandonan estos relieves para ser sustituidos por las estupas. De Borobudur me quedo con el recuerdo de estas estupas, una especie de campanas agujereadas en cuyo interior se encuentra la estatua de un buda. Los hay a decenas diseminadas por toda la cima del templo.

Prambanan por contra es un templo hinduista. De éste siempre recordaré su silueta en forma de constantes subidas y bajadas que en cierta forma me recuerdan a las torres de la Sagrada Familia. Explicándolo mejor, Prambanan más que un templo es un complejo de templos. Hay unos cuantos, pero hay 3 de principales, cada uno dedicado a uno de los dioses de la trinidad hinduista: Bramah (el creador), Shiva (el destructor) y Visnu (el protector).

El templo fue construido un poco después de que se terminase Borobudur y fuese probablemente una respuesta de una dinastía hinduista rival a la construcción del mismo. En vez de hacer la guerra entre ellas, las dinastías budistas e hinduistas competían entre ellas para demostrar su superioridad construyendo estos magníficos templos. No es mala solución la verdad.

Si la decoración de Borobudur era notable, la verdad ya no sabría como definir la de Prambanan. Recargada sería lo mínimo. Las paredes están completamente repletas de gárgolas y de bajorelieves que contienen escenas del Ramayana (una historia que podríamos calificar como similar a la de Romeo y Julieta pero en versión hinduista).

Los templos son impresionantes. Borobudur es majestuoso pero a nosotros realmente nos ha gustado mucho más este complejo de Prambanan. Sin duda, se trata de una de las construcciones humanas más majestuosas que han visto nuestros ojos (no quiero ni imaginarme como debe ser Angkor Wat en Camboya).

Entre la visita a ambos templos aprovechamos para ir a ver un par de mercados, el conocido como mercado de los pájaros y otro de antigüedades y arte. Como no somos demasiado de comprar hay que reconocer que éste lo liquidamos bastante rápido.

El mercado de los pájaros, llamado así porque es como empezó pero que ahora es un mercado de compra/venta de cualquier tipo de animal sí que nos impactó. Después de vivir la naturaleza en su estado salvaje en Borneo, ver a tanto pájaro y mono encerrados en jaulas minúsculas hacía que te doliera el alma. Otra cosa que llamaba la atención era la de cantidad de animales raros que tenían, desde murciélagos hasta una boa de 3 metros. No entiendo quién será el friki que se compre una de ésas.

Tras acabar la visita a los templos nos dirigimos a la ciudad de Solo, no demasiado lejos de Yogjakarta. Hay que reconocer que todas las ciudades que hemos visto hasta ahora, por humildes y llenas de gente que estuvieran, ya no nos han dado esa sensación de suciedad y dejadez de Jakarta.

De Solo nos quedaríamos con la visita al Candi Sukuh, un templo de la fecundidad enclavado en la cima de una montaña, entre selva y campos de cultivo, en un paraje magnificente. Como curiosidad recuerdo a nuestro conductor, subiendo toda la subida hasta alcanzar el templo en primera, estrujando la marcha a tope. ¡Qué forma de hacer sufrir a un motor, por Dios!

El templo de Sukuh es un templo hinduista del siglo XVI, construido por lo tanto ya en el momento en que el hinduismo estaba en declive en la isla, siendo sustituido por el islam (no siempre de forma pacífica). Nos explicaba el guía que por eso lo construyeron en ese enclave, allí donde Cristo perdió la alpargata en medio de las montañas, para que no fuera destruido por los islamistas.

Todo el templo ronda el concepto de la fecundidad, con estatuas de una diosa con barriga de embarazada o de hombres con el pene erecto y eyaculando. Por lo que nos contaban hoy en día aún siguen subiendo allí a poner incienso y rezar muchas parejas jóvenes que quieren quedarse embarazadas.


El templo de Candi Sukuh 

Finalmente también hemos visitado dos palacios reales. Por un lado el del Rey de Yogjakarta y por otro el del Príncipe de Solo.

El rey de Yogjakarta es el único de todos los sultanes de Indonesia (38 en total, 3 de ellos en la isla de Java) que aún sustenta un poder político real. Es el único que ha conseguido mantener algo de poder a través de la colonización holandesa, la japonesa y sus propias guerras interinas. En Yogjakarta es por tanto la única zona de Indonesia donde el pueblo llano no escoge a su gobernador, ya que esta elección es prerrogativa del sultán, quien pone allí a un hombre de su confianza.

Comentaba la guía del palacio que los Holandeses básicamente consiguieron colonizar Indonesia porque supieron dividir a los sultanes, aprovecharse de su codicia y sus rencillas ancestrales para que se pelearan y vigilaran entre ellos, con lo que nunca hubo una resistencia unificada contra los holandeses.

Actualmente, después de muchos años en que no han podido ni verse, las familias de los diferentes sultanatos han vuelto a retomar las relaciones, empezando incluso un proceso de reunificación en base a matrimonios concertados.

Los palacios reales son estéticamente muy sencillos. Obviamente se ven mucho más ricos que todo lo que los rodea, con grandes jardines y mármoles importados desde Italia, pero no tienen nada que ver con los suntuosos palacios a los que estamos acostumbrados por Europa. Y la verdad es que como visita es algo completamente prescindible.

Lo que si nos quedará en el recuerdo son sus bailes tradicionales. Los vimos en el palacio real de Yogjakarta. Los danzarines se desplegaban bajo uno de los enormes porches de mármol ataviados con vestidos ceñidos y llamativos, acompañados de elaboradas coronas doradas y en ciertos casos hasta máscaras. La música también es en directo, interpretada por una gran orquesta en el que eres incapaz de reconocer un solo instrumento más allá de los tambores. Es una música de una cadencia pausada, de ritmo casi hipnótico pero que acompaña muy bien los extraños pasos de los bailarines.

Desde el propio Solo nos dirigimos al aeropuerto (hay uno muy cerca de esta ciudad) pues habíamos de coger una serie de aviones encadenados que debían llevarnos hasta nuestro siguiente destino prácticamente en la otra punta de Indonesia: la isla de Papúa.

Galería de fotos


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